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Juego menos minutos de los que me merezco

El reparto de los minutos de juego de los jugadores de un equipo es algo que siempre crea polémica. Personalmente, no conozco el deporte de equipo, o por lo menos ahora no caigo en ninguno, en el que no pase. Y cada día más.

A lo largo de la temporada, es habitual que algún jugador considere que se está siendo injusto con su participación. Sí, no me he equivocado. He dicho injusto. La justicia, entendida de muy diversas formas, es una palabra que suele salir en estas conversaciones.

Otro aspecto que me gustaría dejar claro es que a veces puede ser verdad. Es posible que algún jugador o jugadora pueda estar jugando menos de lo que su nivel de juego merece o incluso cumpliendo con lo que se le exige. Puede ser, es una posibilidad.

El problema es cómo se afronta esta situación. Cada uno lo ve desde su perspectiva. El entrenador de una y, por lo general en estos casos, el jugador de otra bastante distinta. Sin una comprensión del punto de vista y, sobre todo, de cómo está viviendo la situación ambas partes, el entendimiento es imposible.

Hablo de entender la situación y mirar de encontrar puntos en común. El jugador quiere jugar más. Personalmente no quiero en un equipo a nadie que no lo quiera hacer (siempre consciente de sus posibilidades actuales). El entrenador quiere que todos sus jugadores puedan aportar lo máximo posible por el bien del equipo. Se trata de gestión de personas, de equipo, para lograr un objetivo común cumpliendo también con los individuales de cada componente del grupo.

Esta parte la entiendo, la respeto. Hay otra que no me gusta y que cada vez conlleva más problemas en el deporte formativo. Aquí entran en juego las familias y esto complica la situación.

Se pueden producir en todas las edades pero suele haber un momento en las que estas se disparan. Es la temporada en la que, por edad o nivel competitivo, el reglamento varia y ya no existe una obligatoriedad en el tiempo mínimo y máximo de juego. Aunque un jugador que antes estuviera obligado a jugar 10 o 15 minutos, juegue la misma cantidad, el hecho de hacerlo con otra distribución, ya genera un problema. Podríamos hablar de crispación familiar incluso.

La solución a esto es más complicada y viene acompañada de diferentes puntos sobre los que todos debemos reflexionar cuando esto pasa. Algunos de estos puntos son el papel de las familias en el deporte, cómo transmitimos los valores deportivos dentro del club, la relación de los equipos y clubes con el entorno familiar y muchos otros que por sí solos ya dan para una gran cantidad de artículos.

Lo importante es el jugador y la jugadora. Conocer cómo vive la situación, a qué lo atribuye, buscar puntos de conexión y soluciones reales y aplicables. Claro, todo esto se puede hacer si existe una relación de confianza entre ambas partes y si el jugador cree que de verdad el entrenador quiere contar con él. De lo contrario el conflicto no servirá para crecer e irá a peor.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Todo lo que envuelve un torneo

Un torneo es especial en muchos sentidos. Para los que lo organizan es un esfuerzo enorme, la culminación de muchos días de trabajo. En caso de existir un equipo anfitrión, es algo especial poder disfrutar de una actividad así creada por el club al que perteneces. Para el resto de participantes también es algo especial ya que es un evento que rompe la rutina competitiva a lo largo de la temporada. Por último, asistir como espectador suele darte la opción de ver partidos igualados, competitivos,… en un ambiente distinto a una jornada de liga habitual.

He asistido a muchos y en general me encantan. Acabas muy cansado si haces un seguimiento exhaustivo de toda la competición que allí se desarrolla o si participas en él. Pero por lo general los he disfrutado. Observar las relaciones que se establecen entre los distintos participantes y el buen rollo que suele haber también es muy agradable de ver. Son esos momentos que te hacen ver de primera mano la importancia del deporte y sus valores.

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Claro que también son eventos donde puede existir una gran carga emocional concentrada en pocas horas. Malos partidos que se encadenan y que todos ellos suceden en el mismo día por ejemplo. Más las habituales gestiones que se tienen que ir solventando habitualmente en los equipos (juego poco, este no la pasa, no entiendo el cambio,…). Son momentos en los que la gestión emocional del jugador por parte de los entrenadores sale a la luz. La gestión colectiva también, por supuesto.

También hay que sumar algo que particularmente pienso que antes no era tan visible. Ves a muchos scouts mirando jugadores, a padres/ madres entablando relaciones con otros clubs con intenciones de cambiar en un futuro, etc. Esas cosas que pervierten un poco el espíritu de los torneos. Seguramente siempre han existido, pero hoy día son muy visibles y se producen de forma descontrolada.

Todo torneo tiene de todo. Yo prefiero quedarme con la parte competitiva, las relaciones que se establecen y en definitiva vivir los torneos como experiencias puntuales que pueden proporcionar un plus en el aprendizaje general de toda la temporada.

La otra parte, siempre está ahí e incluso se puede decir que forma parte del juego. Con que no lo condicione tengo bastante.

Un torneo es una fiesta. No conozco ninguno que no desee que todos los participantes lo vivan así. Disfrutemos de ellos y valoremos todo el esfuerzo que hay detrás.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El líder se siente amenazado

Es algo habitual y que se puede observar en muchas ocasiones. El terreno deportivo es un buen ejemplo de esto, aunque extrapolable a todos los sectores. Un club ficha a un o unos entrenadores y a la temporada siguiente ya no siguen. Motivos pueden haber muchos pero en más de un caso, al investigar, descubres que el líder del club se ha sentido amenazado y ha reaccionado.

¿Pero está actuando como líder?

No. Ha percibido lo que ha interpretado como una amenaza, un peligro, y ha tomado una decisión.

¿El peligro es real?

Para el líder sí que lo es y eso es lo que cuenta, sobre todo si, como pasa en muchos casos, tiene el poder de decisión único o prácticamente único.

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¿El peligro es para él o para el proyecto/empresa/negocio/etc?

Para él en la gran mayoría de ocasiones aunque en su percepción e interpretación suele existir un razonamiento de “defensa a…” o “es lo mejor para…” que le ayuda a convencerse de la decisión.

Entonces, se puede decir que actúa contra lo que él defiende. ¿De qué clase de amenaza se trata?

Una amenaza a su posición de líder. Pueden ser de diferente tipo pero en muchas ocasiones se mezclan inseguridades personales de diversa índole con otras de carácter profesional  como una falta de habilidades directivas, de gestión, de comunicación,…en general, falta de capacidad de liderazgo.

¿Entonces como puede actuar en esos momentos?

Lo mejor es actuar antes de que se puedan percibir esas situaciones. Es decir, que el líder, como tal sea un ejemplo en el desarrollo personal y profesional que le permitan ampliar su mapa perceptivo. Una vez ya percibidas las amenazas, existen diferentes alternativas y habría que ver qué objetivos persigue realmente ya que eso determina su estrategia de actuación.

Para el buen líder, por lo general, no existen las amenazas a su posición. Esto ya elimina gran parte de la carga emocional que en estos casos influye en la toma de decisiones. En las amenazas al proyecto, equipo, empresa… su decisión se rige por una serie de valores, normas, directrices, etc. conocidas por los afectados. Esto hace que sus decisiones tengan el peso positivo del liderazgo (credibilidad y confianza por ejemplo).

El buen líder no se siente amenazado.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Imparcialidad periodística

Seguramente la explicación más fácil es la que se escuda en la envidia. Pero no deja de decir bastantes cosas de la sociedad en la que vivimos cuando pasan estas cosas. Y no precisamente buenas. Pero voy a centrarme en el periodismo deportivo.

Cuando nos encontramos con un deportista o equipo del deporte que sea que genera un entusiasmo general por ser distinto a lo habitual, ser mejor, más espectacular, innovador, marcar diferencias o incluso puede estar pasando a la historia por todos estos motivos, rápidamente salen los que desean su fracaso.

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Se disfraza de rivalidad deportiva pero la información tiene un elevado porcentaje de subjetividad. Más de lo habitual. Además las informaciones que se persiguen también tienen un objetivo claro: destruir.

En sentido contrario también pasa. Todo se ensalza de forma excesiva e incluso se mira de ridiculizar al resto con odiosas comparaciones. Como si todo el mundo tuviera que pensar igual.

Ambas actitudes subjetivas pueden provocar lo mismo. La infravaloración por un extremo y la sobrevaloración por otro, en general el fanatismo en uno u otro sentido, genera una valoración irreal de lo aportado por el deportista o equipo.

Los dos extremos inciden y alteran el desarrollo propio de la situación. Dotan a todo de un poder de influencia mayor del real y lo utilizan en su beneficio. Generan un entorno de nube en la que todo es maravilloso a la que cuesta aceptar los malos tiempos o de infierno que sólo apaga sus llamas con la desgracia ajena.

Los dos extremos se conectan, se comunican con una de las velocidades más elevadas que existen. El sentido común llama al equilibrio pero este se rompe constantemente con la excusa de la venta de diarios, suscripciones, tráfico o audiencia.

¿Sería posible transmitir la información de forma clara y objetiva? Está claro que las opiniones que se forman a partir de la información coherente y veraz son interesantes. Para mí sería mucho más interesante poder leer y escuchar informaciones claras, asertivas y sobre todo que diferencian claramente la parte objetiva de la subjetiva.

Así se podría informar de todo, opinar de todo y sobre todo disfrutar y valorarlo todo en su justa medida, sin tener que polarizar el deporte. Cuando esto pasa, los valores que el deporte aporta a la sociedad se desvirtúan y eso es algo que ninguna sociedad se puede permitir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cultura e incultura deportiva

Con los años, y siempre que quieras, puedes aprender muchas cosas. Si eres una persona crítica y constructiva y analizas sin machacarte las experiencias vividas, puedes sacarles un jugo que te aporte muchos aprendizajes, al margen de que la experiencia sea positiva o negativa. Además la experiencia te permite que desde una actitud de primero comprender lo que pasa, poder aportar diferentes enfoques de cara a que la situación sea más enriquecedora o generar posibles cambios.

Por lo que veo en general en los deportes y lo que me comunican muchos conocidos, amigos o personas con las que me relaciono a nivel profesional gracias al coaching y mentoring deportivo y educativo, algo que se hace notar en el deporte de formación es un descenso en el nivel de cultura deportiva de la sociedad y en especial de las familias y los hábitos deportivos.

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El deporte y la actividad física se basan en unos valores que les dan sentido y les otorgan la importancia que tienen a nivel formativo humano. Podemos discutir sobre cuáles son estos valores ya que hay personas que los amplían en exceso y otros que los reducen al mínimo. Da igual el caso, algunos valores son claramente visibles en los deportes al margen de la edad.

Uno de estos valores es el compromiso. Sea una actividad individual o de equipo, el compromiso con tu aprendizaje y con el del resto de tus compañeros es algo inseparable de la práctica deportiva. Muchas veces cumplir con el compromiso que adquieres al realizar una actividad deportiva requiere también de una priorización ante otras y de una adecuada planificación temporal con el resto de actividades que realizamos las personas. En ningún momento digo que unas sean más importantes que otras, es algo a valorar.

Otro valor importantísimo es el respeto. Hablo tanto del respeto por uno mismo, como por el resto de compañeros o los rivales si estos existen. Este valor o la falta del mismo se puede mostrar de muy diversas formas, desde la impuntualidad (también puede considerarse desde el compromiso) o el menospreciar a un compañero con menos nivel hasta no aceptar que otro compañero o rival es mejor que uno mismo o que mi hijo/a y realizar acciones que así lo demuestren (hay tanto ejemplos de este tipo que prefiero no poner ninguno).

El tercero que quiero destacar es el valor de la superación. Cuando aprendes, es habitual que llegue un momento en el que el siguiente aprendizaje sea difícil. Incluso se puede entrar en una crisis individual o de equipo. Muchas veces se olvida que las crisis son las antesalas de los futuros aprendizajes o éxitos y se tiende a buscar culpables huyendo de la responsabilidad, el esfuerzo,… creando una sobreprotección que limita el desarrollo.

Cada vez es más habitual ver más familias que no respetan estos valores por falta de una mínima cultura deportiva. Existen muchas formas de hacerlo: asistir a entrenamientos o partidos sólo si no coinciden con otras actividades sin tener en cuenta lo que eso puede afectar a un equipo, no mirar un calendario de competición y sorprenderse por competir en según qué fechas que puede que no cuadren con el calendario escolar, celebrar goles o canastas en los entrenamientos sin tener en cuenta lo que eso puede suponer o si ese era el objetivo del ejercicio, etc. Muchas veces se puede resumir todo esto en que algunas familias utilizan el deporte como un guarda niños/as y el resto no lo valoran.

En los últimos años estas actitudes de incultura deportiva se han extendido y es necesario que se vuelvan a recuperar. Cierto es que es necesario que se recuperen aspectos culturales generales para toda la sociedad. La cultura deportiva aporta a las personas unos beneficios en cuanto a salud y relaciones sociales que ayudan a generar o regenerar otros valores culturales de mayor riqueza y fácil transferencia a otros ámbitos de la vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Abandonados a su suerte

Es una sensación que tengo desde hace ya unos años y que por desgracia crece cada año. Es desagradable y genera un grado de impotencia considerable. Tengo la sensación de que la sociedad tiende a abandonar a su suerte a una serie de colectivos.

Niños y niñas de familias que llevan a sus hijos e hijas a la escuela de primaria, podemos incluir a los adolescentes de secundaria obligatoria, por obligación legal. No tienen ningún interés más allá de cumplir legalmente así que su colaboración con la escuela es la estrictamente necesaria. Otro caso son los que si tienen interés pero se encuentran con unos Servicios Sociales hipersaturados para poder orientarles u ofrecerles diferentes servicios que les podrían aportar beneficios a su situación actual y futura.

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Universitarios o estudiantes de ciclos que siguen avanzando por la inercia de los estudios, pocas veces claramente integrados en la realidad. Muchas veces al iniciarlos se encuentran con que no saben qué hacen allí. Otra opción, aún más común, es acabarlos, incluida una formación post universitaria, y a no ser que se encuentren directamente engullidos por un puesto de trabajo, no saben hacia dónde dirigir sus pasos. Llevan 22-23 años dirigidos y ahora….

Incluso muchos de los engullidos por una oferta laboral se encuentran de golpe en un mundo que les es desconocido. Esto hace ampliar el tiempo de adaptación y el tiempo necesario para aportar rendimiento a la empresa. Provocando esto que en muchas ocasiones esa primera experiencia laboral post estudios no acabe bien. Muchas veces fruto de aspectos no directamente ligados al puesto laboral.

En distintas edades, por diversos motivos, antes de llegar a la plena madurez, la sociedad tira a los leones a sus jóvenes directa o indirectamente. No pretendo decir que se los proteja ni mucho menos pero si ayudarlos a desarrollarse de forma competente para que puedan aportar y mejorar la sociedad actual, no sólo sufrirla.

En este abandono hay jóvenes de toda clase, que de forma adaptada a su entorno, son dejados de lado ya que no cumplen las expectativas, los dogmas.

Todas estas personas son carne de cañón. De esta forma, aunque muchas veces se piense que se siembra una paz y estabilidad social, lo que realmente se está sembrando es la semilla de la decadencia social. Una decadencia que en algún momento sale a la luz de la manera más insospechada.

Los jóvenes son el futuro de toda sociedad y en ellos hay que volcarse para que construyan, renueven, evolucionen la sociedad actual con los valores humanos que hayan podido experimentar. No se puede pretender que una persona sea justa cuando no para de percibir actos de injusticia en todo su entorno próximo y también en aspectos universales. Pero no para que copien y ya está. Deben poder aportar, incluso aspectos que de inicio puede chocar. Los grandes avances, la creatividad, la evolución suele chocar con la actualidad.

La sociedad futura se siembra hoy.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

La República de la Ingenuidad

Cuando era pequeño y conocía a alguien que era abogado, maestro, ingeniero, médico, bombero,… daba por supuesto que estas personas tenían unas características especiales. Vas creciendo y empiezas a ver que algunas de esas características no se cumplen en muchos casos pero sigues pensando que unos mínimos si se cumplen. Incluso puedes empezar a conocerlos con la palabra valor. De golpe eres adulto y observas como esos valores no están presentes en las personas que se dedican a esas profesiones. En muchos casos, desgraciadamente, ni siquiera los mínimos que se podrían considerar valores profesionales básicos.

Personalmente opino que lo peor es que todo esto nos parece normal. Nos parece normal un médico de familia poco empático, un maestro o profesor egoísta, un político corrupto… en general nos parece normal un mal profesional.

Ante todo debemos respetar que todas las personas somos diferentes. Pero en función del rol que desarrollamos y lo que eso implica a nivel relacional, pienso que hay unos mínimos de profesionalidad y exigirlos es nuestro derecho y deber.

Más complicado es cuando en tu propia actividad profesional te encuentras rodeado de compañeros y compañeras que no cumplen esos mínimos. Si te centras en eso, tu propia actividad profesional (rendimiento) se verá afectado. Seguramente también serán los compañeros que más exigirán en general y más te exigirán a ti en particular. La decisión es tuya.

Cada uno actúa como considera y si tú lo haces en función de esos valores mínimos y los otros no, cada uno ha tomado su decisión. Asúmela pese a lo que te digan, pese a lo que te cueste. Decide tu respuesta ante esa situación sin excusarte en ella.

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Seguramente te dirán que eres ingenuo, que actuando así tal y cual, que la vida real no es como imaginas y que tu forma de actuar lo único que te proporcionará será dolor de cabeza.

Yo he decidido ser ingenuo. Lo he sido hasta ahora, lo soy en la actualidad en mis profesiones y lo seré (espero que siempre tome la decisión de serlo) en el futuro. No pienso obligar a nadie a serlo. Si me preguntan, explicaré mis motivos de forma asertiva, sin intentar convencer a nadie. Mis motivos son válidos para mí pero no tienen porqué serlo para otro. El que quiera ser invitado a esta República de la Ingenuidad, descubrirá que se trata de una autoinvitación. Nadie decide si entras o no en ella, lo decides tú.

Vivo en la República de la Ingenuidad de forma consciente, no vivo sólo, estoy muy bien acompañado. En ella siempre hay sitio para el que lo desee. Te esperamos si quieres.

#LaRepúblicadelaIngenuidad

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Dicen por ahí… Digo yo…

Dicen por ahí  que aceptes lo que tienes y luches para no perderlo pero no trates de cambiar nada a mejor ya que te arriesgas a perder lo que tienes.

Dicen por ahí que más vale pájaro en mano que ciento volando.

Dicen por ahí que contra lo que no puedes luchar lo que tienes que hacer es agachar la cabeza y seguir sin mirar hacia atrás, no vaya a ser que veas alternativas que podrías haber hecho y te arrepientas de algo.

Dicen por ahí que si esa voz estridente y torturadora que a veces escuchas dentro de tu cabeza te dice algo, algo habrás hecho tú para que te lo diga y que lo que te toca es aguantarte y hacerle caso.

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Dicen por ahí que esforzarse al máximo es muy importante siempre y cuando te esfuerces en lo que ellos te han dicho que tienes que lograr.

Dicen por ahí que el que no llora no mama.

Dicen por ahí que dónde fueras haz lo que vieras.

Dicen por ahí que si todos te dicen algo, por algo será.

Dicen por ahí que te dejes llevar por la corriente, si todos hacen lo mismo eso es lo bueno.

Dicen por ahí que los resultados son lo que hablan de tu trabajo, da igual las formas, los resultados son lo que la gente recuerda.

Dicen por ahí….

Dicen sin parar de decir y tú tienes que escuchar sin pararte a pensar,  ya que ya lo han hecho ellos por ti.

Y digo yo, ¿por qué no hablar uno mismo en lugar de escuchar lo que otros dicen por ti?

Digo yo que cada uno piensa y actúa en función del contexto de lo que vive y como lo percibe, así que no existe respuesta, acción, sentimiento o pensamiento perfecto para cada situación.

Digo yo que como todos somos diferentes, todos tenemos derecho a decidir en función de nuestros pensamientos, valores y sentimientos y que lo que tengo que hacer es ser congruente con ellos, con los míos, y si puede ser con lo del resto mejor ya que no dejo de ser un animal social.

Digo yo que si no me gusta lo que veo puedo mirar de cambiarlo y si para ello me equivoco, ¿dónde está el drama? Pruebo otra forma.

Y también puedo decir yo sin parar, pero lo que puede resumirlo todo es:

Digo yo que si cada uno se centra en su proceso de vivir y se dice a sí mismo lo que quiere escuchar, seguro que encontrará alternativas para crear sus propias estructuras acordes a los diferentes contextos y ser él mismo en todo lo que haga.

¡Digo yo que es así de fácil!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Del deporte y la escuela a la vida

Desde de los principios de la historia el ser humano ha ido realizando actividades que al margen de sus objetivos principales, contenían otro objetivo que era ocuparles su tiempo. Con el tiempo, y cuando las necesidades básicas se iban cubriendo de una forma más rápida gracias a los diferentes avances, nació la que con el tiempo se ha transformado en una de las actividades humanas por excelencia: el deporte. Ya sea practicándolo, observándolo, informándote, etc. ¿alguien es capaz de imaginarse una sociedad sin deporte?

Lo que nació como un pasatiempo, un juego para entretener, se ha convertido en indispensable para el ser humano. Este aspecto genera una responsabilidad. El deporte debe hacerse responsable de sus aportaciones sociales. La forma en que se enseña el deporte es la base para que estas contribuciones sean enriquecedoras para la sociedad. La educación física escolar y las iniciaciones deportivas propias de cada deporte marcan en muchos casos las aportaciones deportivo- sociales de cada persona. Además de la propia educación deportiva de base, cuyos valores son básicos para el crecimiento personal aunque es cierto que se pueden ver pervertidos por el camino, existen muchos aspectos propios de la práctica deportiva que se transfieren a otras áreas de la vida.

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Practicar un deporte nos obliga a distribuir nuestra energía para realizar las acciones necesarias. Corro, salto, observo, analizo, decido, esquivo, flexiono y una larga lista de acciones de las cuáles puedo realizar a la vez o de forma encadenada varias de ellas sin prácticamente darme cuenta, repartiendo y redistribuyendo mi energía momentáneamente de la actividad principal del deporte, por ejemplo correr por la montaña como  Kilian Jornet. La relación entre los pensamientos, los sentimientos y las acciones son permanentes en el ser humano pero seguramente son más fáciles de observar, entrenar y mejorar en el deporte, en unos más que en otros.

El dominio de estos tres procesos y la influencia que tienen entre sí para influir unos en otros es algo con lo que cualquier deportista convive a diario. Centrar sus pensamientos en la acción que está realizando, canalizar sus sentimientos y emociones puntuales para aportar mayor fuerza y energía a un movimiento, forzar a los músculos del cuerpo a luchar contra el cansancio que me dice mi mente y conseguir así romper mis supuestos límites.

Estas enseñanzas deportivas son fácilmente transferibles a la vida diaria. El deporte te enseña que para avanzar en el dominio de algo debes estar centrado en su práctica, la concentración totalmente focalizada en el objetivo pese a las influencias que puedan existir y distraerte de tu objetivo. ¿Alguien imagina a Marc Márquez desconcentrado en una carrera? ¿Alguien duda de que esta elevada capacidad de concentración también la tenga en otros aspectos de su vida? Cierto es, que como dice Sir Ken Robinson, estar subido a una moto es su elemento. Pero no dudo de que el tener identificado los momentos en que todo su potencial fluye de forma natural, también le ayuda a concentrarse en otros ámbitos de la vida. No con la misma exigencia pero si con una mayor efectividad que si no tuviera ese hábito desarrollado por su práctica profesional.

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Pienso que ese es otra de las grandes aportaciones que la correcta educación deportiva puede y debe aportar a la vida de las personas, la creación de hábitos saludables de forma natural. En este caso el término saludable no tiene únicamente relación con la salud física. También con la relación adaptativa real a las posibilidades, deseos y realidades de cada persona a partir de sus motivaciones e intereses. Los hábitos de entrenamiento están ligados a toda práctica deportiva, ya sea competitiva o lúdica.

Existen corrientes pedagógicas que ven los hábitos como una imposición social sobre el niño, omiten la opción de que el hábito nazca de un deseo, una necesidad propia del niño o de la niña. La opción de que mejore mi forma de correr para que pueda estar más tiempo corriendo, mejora mi técnica de carrera para que no dañar mis articulaciones, conseguir los beneficios físicos del running sin el hábito de salir a correr de forma regular me parece imposible. Y si corro por estos motivos y no porqué la moda me lo impone, ¿dónde está el problema?

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La clave está en querer hacerlo y a partir de ahí ver cómo lograrlo. Todas las personas que conozco que han practicado un deporte y lo practican pero no les gusta hacerlo, a la mínima opción de dejarlo que han tenido lo han hecho o buscan, incluso desesperadamente, la excusa que les permita hacerlo. Como el resto de cosas de la vida, ya sea un trabajo o los estudios.

Cuando un jugador de baloncesto mejora su concentración para poder mejorar su rendimiento, ese aprendizaje también le ayuda en su vida diaria. En caso de ser un estudiante, si es capaz de ver las características comunes que pueden existir entre la necesidad deportiva y la necesidad académica, también mejorará. La influencia positiva de un aprendizaje se verá ampliada al aplicarla en diferentes ámbitos, mejorando muchos aspectos pero principalmente uno vital para aprender: la autoconfianza.

Tanto en mis labores como entrenador de baloncesto como en las de maestro de primaria, en las clases de lengua o en las de educación física, como en las de coach, mediante la psicología coaching miro de facilitar estos aprendizajes y también la aplicabilidad de estos en distintos hábitos de la vida. Siempre partiendo de los deseos, objetivos, necesidades, intereses de la persona para que esta adquiera una mayor consciencia de sí mismo y de su realidad para aprovecharla, transformarla, enriquecerla y de esta manera tener claro lo que quiere conseguir, como puede hacerlo y adquirir el compromiso consigo mismo para pasar a la acción, obteniendo como resultado mínimo una persona con mayor confianza en sus posibilidades.

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Por desgracia aplicar esto en la escuela no es fácil ya que aunque oficialmente todo el mundo diga que la escuela debe formar personas para el futuro, realmente lo que se quiere es un cierto tipo de persona que cumpla los estándares estipulados. Dejando al margen el desarrollo propio de la persona a nivel de capacidad de concentración, activación o relajación para afrontar las tareas del día a día o su desarrollo emocional y expresarlo sin que eso sea una situación social incómoda por ejemplo.

En la escuela en la que trabajo lo aplico con dos objetivos muy claros: mejorar la expresión oral y la creación de hábitos individuales. El primero nos ha servido para que los alumnos pongan mayor interés en el aprendizaje de vocabulario propio de sus intereses para poderlos expresar. Además, el hecho de hablar de los propios intereses favorece la fluidez lingüística. El segundo ha logrado aumentar el nivel de conciencia individual y a partir de ahí actuar en consecuencia con las necesidades y deseos que ellos querían, tomando decisiones en los factores que de verdad dependían de ellos mismos, huyendo de las habituales excusas. Este trabajo también ayuda a la mejora de la conexión, comprensión y proximidad entre el alumnado y a una implicación y un clima mucho más favorable para el aprendizaje general en el centro.

Tanto desde del deporte como desde la escuela deben promulgarse estilos pedagógicos que favorezcan el desarrollo pleno de la persona teniendo en cuenta que están ligados entre sí y el feedback continuo que nos aportan los niños y niñas. Y así poderlas adecuar lo más rápidamente posible en su beneficio. Si las formas de aprender se alimentan entre sí les permitirá ampliar mucho más sus aportaciones que si estas se oponen y crean aprendizajes desvinculados unos de otros. No existe la diferencia entre el deporte, la escuela o la “vida real” como en ocasiones se escucha. Todas se relacionan entre sí para el crecimiento de la persona y la sociedad.

Artículo originalmente publicado en el blog Psicología- Coaching & Co

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

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