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Imparcialidad periodística

Seguramente la explicación más fácil es la que se escuda en la envidia. Pero no deja de decir bastantes cosas de la sociedad en la que vivimos cuando pasan estas cosas. Y no precisamente buenas. Pero voy a centrarme en el periodismo deportivo.

Cuando nos encontramos con un deportista o equipo del deporte que sea que genera un entusiasmo general por ser distinto a lo habitual, ser mejor, más espectacular, innovador, marcar diferencias o incluso puede estar pasando a la historia por todos estos motivos, rápidamente salen los que desean su fracaso.

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Se disfraza de rivalidad deportiva pero la información tiene un elevado porcentaje de subjetividad. Más de lo habitual. Además las informaciones que se persiguen también tienen un objetivo claro: destruir.

En sentido contrario también pasa. Todo se ensalza de forma excesiva e incluso se mira de ridiculizar al resto con odiosas comparaciones. Como si todo el mundo tuviera que pensar igual.

Ambas actitudes subjetivas pueden provocar lo mismo. La infravaloración por un extremo y la sobrevaloración por otro, en general el fanatismo en uno u otro sentido, genera una valoración irreal de lo aportado por el deportista o equipo.

Los dos extremos inciden y alteran el desarrollo propio de la situación. Dotan a todo de un poder de influencia mayor del real y lo utilizan en su beneficio. Generan un entorno de nube en la que todo es maravilloso a la que cuesta aceptar los malos tiempos o de infierno que sólo apaga sus llamas con la desgracia ajena.

Los dos extremos se conectan, se comunican con una de las velocidades más elevadas que existen. El sentido común llama al equilibrio pero este se rompe constantemente con la excusa de la venta de diarios, suscripciones, tráfico o audiencia.

¿Sería posible transmitir la información de forma clara y objetiva? Está claro que las opiniones que se forman a partir de la información coherente y veraz son interesantes. Para mí sería mucho más interesante poder leer y escuchar informaciones claras, asertivas y sobre todo que diferencian claramente la parte objetiva de la subjetiva.

Así se podría informar de todo, opinar de todo y sobre todo disfrutar y valorarlo todo en su justa medida, sin tener que polarizar el deporte. Cuando esto pasa, los valores que el deporte aporta a la sociedad se desvirtúan y eso es algo que ninguna sociedad se puede permitir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Después, más tarde…

Estoy seguro, completamente seguro, sin ningún ápice de duda por mi parte. Todo ser humano con un mínimo de edad y comprensión del lenguaje ha escuchado en alguna ocasión a alguien decir que ya hará algo después, más tarde o mañana. Es más. Aunque admito que puede existir alguien (persona que ya tiene mi más absoluta admiración), un elevadísimo porcentaje de nosotros hemos pronunciado estas palabras. No es una acusación. Aunque hay diferencias. Una cosa es decirlo en algún momento o contexto concreto y otra cosa es tenerlo como estilo de vida.descarga10

Personalmente he tenido momentos de todo. Etapas de mi vida que llevado por la forma habitual de proceder de mi entorno, básicamente algún amigo o en ocasiones mis hermanos con los que convivía, eran habituales esas palabras en mi vocabulario. Casi todos mis recuerdos de esas situaciones acaban igual: haciendo algo después del primer momento en el que podía hacerlo y generalmente de forma urgente. ¡Qué estresantes eran esos momentos!

Pero hay personas que viven permanentemente así, postergando por la vida se puede decir. Después compraré el pan, mañana llamaré a tal, es que ahora…luego te miro “eso”… Por supuesto que “eso” no se mira nunca. Y luego a buscar excusas ante según qué situación. Pese a todo, siguen actuando igual.

Pienso que cuando una forma de actuar lo que más te genera son excusas a repartir a tus allegados y principalmente a ti mismo es el momento de replanteársela. Por lo menos pensar si esa forma es la que de verdad deseas que sea la base de tu vida. Alguno puede pensar que con esto de la base de tu vida…exagero un poco. Pero si lo analizáis bien, esta es la primera forma en la que te relacionas con todo lo que pasa, con todo lo que vives. Reaccionas, de forma instintiva si quieres (aquí tienes una excusa que no comparto para nada), pero es el primer paso que das ante lo que vives, piensas e incluso lo que sientes.

Prefiero actuar a reaccionar. Tomar la iniciativa o estar plenamente inmerso en lo que me está pasando en ese momento. ¡Buufff! Pensará algún postergador… ¡Qué estrés! ¡ !Qué cansancio! Pues no. Eso sí, tienes una intensidad en la vida que transmites constantemente en tu forma de actuar. Son (me gustaría poner somos pero aún no toca) esas personas que te transmiten energía, alegría, ilusión,… y un sinfín de emociones y sensaciones que por sí solas te llenan. Con las que quedas un rato y ese rato se convierte en toda la tarde. Conectas.

Vosotros, ¿qué clase de personas sois? ¿Postergáis o actuáis? ¿Y qué clase de persona deseáis ser?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Saber (y/o) Transmitir

“Una cosa es saber y otra saber enseñar”

Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

Todo Entrenador (definición muy personal en ““E” de Entrenador”), en su formación y aprendizaje continuo, busca “saber más” para “transmitir mejor”. Resulta obvio que el que más sabe y el que mejor transmite lo que sabe es un Entrenador tan ideal como utópico. Ni en el deporte ni en ningún otro aspecto de la vida se puede saber todo ni transmitir a la perfección todo ese conocimiento. En el extremo contrario, nada se puede transmitir si nada se sabe… ¿o sí? Si “se sabe” mucho… ¿es posible no transmitir nada? De aquí la reflexión: ¿cómo equilibrar saber y transmitir?, ¿es necesario equilibrarlos?, ¿por qué?, ¿cuál debe prevalecer sobre el otro? La mejora del rendimiento a través del conocimiento y la comunicación eficaz. No parece tan sencillo…

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Red Auerbach

En el recomendable The Inside Game, de Wayne Embry, este relata la huella que le dejó el mítico Red Auerbach. Según todos los que le conocieron, Auerbach no era el mejor a nivel de conocimientos técnicos o tácticos, pero transmitía un liderazgo que permitía liberar todo el potencial de los jugadores y conseguía que el todo, el Equipo, rindiese por encima de las partes, los jugadores que lo componían. Sí, la famosa química. Auerbach parecía conectar con las necesidades de cada jugador, sabía cómo pulsar las teclas adecuadas, era un gran motivador y su gestión del grupo marcaba la diferencia. Dicen lo mismo de Phil Jackson y qué decir del maestro John Wooden, su huella transciende el deporte. Parece clave en sus trayectorias que “sabían”, pero, sobre todo, “sabían transmitir” y sacar el máximo partido de lo que sabían.

Se dice que los jugadores de mucho talento valoran más a un Entrenador que los comprenda y les haga sentir cómodos por encima de sus conocimientos, mientras los jugadores menos talentosos, esos que llevan colgada la etiqueta de “jugador de equipo”, prefieren un Entrenador que sepa mucho y les ayude a mejorar. ¿Puede ser el mismo Entrenador para ambos casos? Con esta teoría, “saber demasiado” puede ser un problema si se coarta el talento de los jugadores o si estos no tienen capacidad para llevar a la práctica los conocimientos del Entrenador, pero… ¿si no sabe suficiente? En una apasionante conversación entre el Entrenador Jordi Juste y el maestro Xavi García, este respondía al planteamiento de “mucha libertad para el talento individual” con una extraordinaria reflexión:”La libertad viene de saber más o de saber menos? Sies de saber más, bien, porque en cualquier momento tomas el mando…”. Pero… ¿cuánto es suficiente?, ¿cuánto es “demasiado”?

En las categorías de formación, en las categorías de base (de “básicas”, ¿no?) el perfil del Entrenador que sabe“demasiado” también puede ser un problema si trata de lucir todo lo que sabe antes de tiempo y no se sabe adaptar al nivel de los jugadores, pero saber más de lo que se enseña a esos niveles puede resultar clave si ese Entrenador puede visualizar lo que el equipo y el jugador de proyección necesita en cada momento para dar el salto, para estar capacitado para competir no solo en cada etapa sino en la élite. De ahí la importancia de los maestros y los grandes conocedores del juego en estas y en todas las etapas (Félix Bañobre: Entrenador, gran ejemplo de lo comentado). ¿Puede un entrenador ayudar a crecer a un  jugador si sabe “poco”? No hablamos de transmitir pasión por el juego, valores, espíritu de equipo…eso es imprescindible independientemente del nivel de conocimiento que se tenga. Hablamos de cómo ayudar a un jugador y a un equipo a mejorar su juego, hablamos del método de enseñanza y, lo que es más importante, del proceso de aprendizaje.

Transmitir todo lo que se sabe no parece tan importante como seleccionar cómo y qué transmitir de entre lo que se sabe. Transmitir desde la emoción, desde la autenticidad, desde la empatía también es sin duda imprescindible como conexión y vínculo con el Equipo. Transmitir desde ahí complementa y equilibra el conocimiento. Liderar desde ahí: creo que ese es uno de los mayores retos del Entrenador.

Jorge Álvarez

Entrenador de Baloncesto.