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Números que marcan tu forma de vivir

Me gustan los números. Contar y calcular cosas me sale de forma natural. No puedo evitarlo. No lo intento, no os voy a engañar. Como muchas personas, también tengo mis números favoritos o números que me hacen especial gracia. No soy un obseso de ellos pero me gustan. Ya sean por sonoridad o por algún vínculo especial que he establecido con ellos.

Últimamente han ganado importancia otros números. La verdad es que siempre han estado ahí pero ahora he decidido que marquen para bien mi vida. Me encanta que así sea y lo disfruto. Sin presionarme ni obsesionarme con ellos pero saboreándolos. Mejor que os los presente.

Estos son los números que marcan mi vida y que te animo a que introduzcas en tu vida: 60, 3.600, 86.400, 2.592.000 y 31.536.000. Hay un detalle que no os había dicho. A estos números hay que ponerle una palabra que los acompaña y que los dota de sentido. Esa no es otra que segundos. Esa palabra los convierte en algo único y yo decido lo que hago con cada uno de ellos.

Tomarme durante el día 60 segundos para tomar aire me permite enfocar mi actividad para rendir y aprovechar el siguiente segundo al máximo. Pero esos segundos también los aprovecho para evaluar, buscar mejoras y ponerlas en práctica al llegar a 60.

Pensar en los 3.600 segundos que tiene una hora me aporta energía para aprovechar esa actividad desde el primero de ellos hasta el último.

Los 86.400 segundos que tengo cada mañana al levantarme con el día que para mí nace me llenan de sensaciones espectaculares para sacarle el máximo provecho que considere a cada día.

Los 2.592.000 segundos de un mes (de 30 días) me permiten organizarme de una forma atractiva para mi cerebro y que me hace ver más posibilidades de las que de otra forma he visto hasta ahora.

Por últimos los 31.536.000 segundos que tienen un año me ayudan a ver la multitud de opciones que existen y las que tengo opción de generar.

¿Pero por qué en segundos y no en horas o días? Fácil. La vida cambia en un segundo. Cuando tomas una decisión, el segundo posterior a ella es distinto en función de la decisión que tomas. Cuando la aplicas pasa lo mismo. Todo cambia en un momento, en un segundo.

Lo mejor de todo es que, si no te sirven estos, siguiendo con el razonamiento puedes crearte los tuyos totalmente personalizados. Puede que te sirvan los 4.500 de un entreno de baloncesto. O los 2.700 que utilizas cuando estudias al máximo. O los 1.800 de cuando sales a hacer running, lees en el sofá o quedas para tomar algo con algún amigo o amiga.

Eso es cosa tuya. Adopta estos, créate los tuyos. Lo que quieras. ¡Pero disfrútalos!

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Artículo originalmente publicado en  Daniel Barreña Coaching

Frases populares que frenan mi desarrollo

La cultura popular es muy rica. Tiene frases que prácticamente todo el mundo ha utilizado o escuchado alguna vez en su vida. Pero claro, una gran mayoría de estas tienen su origen en situaciones que no eran muy propensas al optimismo, a la creación, al riesgo…

Este origen hace que si te pones a analizar un poco algunas frases populares, lo que estas promueven no sean los hábitos, actitudes, formas de pensar que te llevan a realizar una evolución personal o profesional. Y puedes detectar de forma muy sencilla cuando las escuchas el uso de multitud de personas para frenar según qué anhelos de las personas que las reciben.

Vamos a ver algunas de ellas a ver qué os parecen y, lo más importante, pensad la de veces que las habréis escuchado.

Empezamos por una que seguro os va a encantar y que estoy convencido que habréis sentido en cientos de ocasiones: “Más vale pájaro en mano que ciento volando”. Estaréis conmigo en que es una frase que invita al riesgo… Al margen de ironías es una frase que en muchos procesos de toma de decisiones sale a la luz y que decanta la decisión hacia la más conservadora.

La siguiente muchas veces acompaña a la anterior: “Quien todo lo quiere, todo lo pierde”. Vamos que si tienes algo, con todo lo relativo que tiene en sí el verbo tener, pero pretendes conseguir algo más y no conformarte…. ¿Qué haces?

Apostaría tranquilamente a que esta la sentís tranquilamente una vez a la semana: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Otra gran frase que promueve el cambio…

Para acabar, ya que podría poner muchas más, os dejo mi favorita: “La curiosidad mató al gato”. Lejos de su uso original, se mira en muchas ocasiones de frenar un posible desarrollo personal inflando posibles circunstancias negativas asociadas a él. Como persona curiosa que soy, ni os digo la de veces que la he escuchado.

No voy a obviar que existen otras que fomentan precisamente lo contrario pero me he querido focalizar en las negativas. Dejo para otro día las positivas.

¿Cuál es la frase negativa que más escucháis? ¿Qué frase os frenó y evitó que tomarais una decisión más arriesgada?

Os invito a que me las hagáis llegar y haré un nuevo artículo con ellas. ¡También me podéis enviar las positivas y así creamos el artículo contrario entre todos!

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Acepta todos los lados de las cosas

Todos somos conscientes que las situaciones que vivimos diariamente tienen diferentes lados, caras. Aunque seguramente no todos somos conscientes de cómo realmente son todos esos lados. Normalmente nos quedamos con el lado bueno y el lado malo. En función de cada uno y de la actividad, daremos más peso a uno o a otro. Aunque es bastante habitual tratar de eliminar el lado malo.

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Siempre existen diferentes lados. Seguramente tanto buenos como malos, aunque seguramente el etiquetarlos sea el primer error que muchos cometen. Estamos habituados a hablar y oír hablar de ellos. En la excelente película “El lado bueno de las cosas” miran de mostrar que en toda situación, hay algo de positivo. También lo encontramos en el primer libro de Anxo Pérez, “Los 88 peldaños del éxito”, cuando nos habla sobre aceptar la base del cubo. Me parecen dos buenos ejemplos, distintos entre sí, pero que muestran de forma clara la clave de todo esto.

Nos gusta etiquetar las cosas. Y las que no nos gustan tratamos de cambiarlas, borrarlas, eliminarlas… Ya he dicho antes que probablemente este sea el primer error. Básicamente lo es porque te enfocas en juzgar esa actividad. Al juzgarla, muchas veces se maximiza todo y lo que no te gusta buscas cambiarlo. Y si es posible lo más rápido que puedas. Así que reaccionas lo más rápido posible y posiblemente de la forma más precipitada posible. Es posible que alguna vez te salga bien. Pero cuando no es así, fácilmente las emociones negativas que ese juicio ha despertado en ti, son más profundas.

¿Entonces qué puedo hacer? Aceptar todo lo que envuelve a tus decisiones y tus acciones. Todo lo que hagas genera diferentes resultados, esos lados o caras que comentamos. Descúbrelos, conócelos y acéptalos para así poderlos disfrutar y ver que existen lados de todo tipo y todos ellos te enseñan, te hacen una persona mejor.

Pero sobre todo, te hacen una persona que puede saborear mucho más todo lo que hace. Disfrutarlo de forma natural. Toda decisión, toda acción afecta a algo. Para que eso no pase, no tendrías que hacer nada. Esta opción no me convence. Prefiero aceptar lo que pase y disfrutar de todos esos lados aprendiendo de ellos.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El líder se siente amenazado

Es algo habitual y que se puede observar en muchas ocasiones. El terreno deportivo es un buen ejemplo de esto, aunque extrapolable a todos los sectores. Un club ficha a un o unos entrenadores y a la temporada siguiente ya no siguen. Motivos pueden haber muchos pero en más de un caso, al investigar, descubres que el líder del club se ha sentido amenazado y ha reaccionado.

¿Pero está actuando como líder?

No. Ha percibido lo que ha interpretado como una amenaza, un peligro, y ha tomado una decisión.

¿El peligro es real?

Para el líder sí que lo es y eso es lo que cuenta, sobre todo si, como pasa en muchos casos, tiene el poder de decisión único o prácticamente único.

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¿El peligro es para él o para el proyecto/empresa/negocio/etc?

Para él en la gran mayoría de ocasiones aunque en su percepción e interpretación suele existir un razonamiento de “defensa a…” o “es lo mejor para…” que le ayuda a convencerse de la decisión.

Entonces, se puede decir que actúa contra lo que él defiende. ¿De qué clase de amenaza se trata?

Una amenaza a su posición de líder. Pueden ser de diferente tipo pero en muchas ocasiones se mezclan inseguridades personales de diversa índole con otras de carácter profesional  como una falta de habilidades directivas, de gestión, de comunicación,…en general, falta de capacidad de liderazgo.

¿Entonces como puede actuar en esos momentos?

Lo mejor es actuar antes de que se puedan percibir esas situaciones. Es decir, que el líder, como tal sea un ejemplo en el desarrollo personal y profesional que le permitan ampliar su mapa perceptivo. Una vez ya percibidas las amenazas, existen diferentes alternativas y habría que ver qué objetivos persigue realmente ya que eso determina su estrategia de actuación.

Para el buen líder, por lo general, no existen las amenazas a su posición. Esto ya elimina gran parte de la carga emocional que en estos casos influye en la toma de decisiones. En las amenazas al proyecto, equipo, empresa… su decisión se rige por una serie de valores, normas, directrices, etc. conocidas por los afectados. Esto hace que sus decisiones tengan el peso positivo del liderazgo (credibilidad y confianza por ejemplo).

El buen líder no se siente amenazado.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

¡Me subo por las paredes!

Por lo general, me gusta encontrarme con gente por la calle o en los sitios a los que voy y poder charlar un momento con estos conocidos o incluso que la charla se alargue tomando algo en algún sitio para poder hablar tranquilamente. Los días que la gente suele tener menos cosas que hacer, estas situaciones suelen ser más fáciles (fines de semana, puentes, vacaciones,…). Esos momentos en los que todos tenemos menos actividades, para muchas personas son sus momentos más tensos, más estresantes. Más de una vez la frase “cuando no hago nada me subo por la paredes” o alguna de similar, sale en la charla.

¿Por qué ocurre esto? Respuestas hay muchas y cada uno tendrá sus motivos, tanto personales como profesionales. Los dos casos que más me he encontrado en estas situaciones son los que comentaré a continuación, aunque hay otras opciones.

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El primero de ellos es la clásica rutina. Enfocada de la siguiente forma según cuando se suba el protagonista por las paredes. En fines de semana o puentes se rompe la dinámica establecida para muchos en cuanto a horarios (laborales y personales) y según tu situación personal o familiar se pueden romper también los momentos de espacio personal. Por otro lado, si hablamos de en vacaciones… aquí muchos perciben que los horarios y el espacio personal no es que se rompa, se destruye directamente.

El segundo es qué hacer en esos momentos libres. Es más, puede que no os hayáis dado cuenta pero hay bastantes personas que no utilizan la palabra tiempo libre. Utilizan tiempo de ocio, en familia, para estar con los amigos, para leer, para…lo que sea. Pero no dicen libre. Le dan un enorme poder a la palabra libre. Simplemente porque entienden que en esos momentos están forzados a decidir qué hacer. Vamos, a tomar decisiones ellos mismos. Algo que me ahorro si digo que es tiempo para la familia (ya decidirá la familia) o los amigos (siempre habrá alguno que tenga alguna idea válida).

Estás dos situaciones, junto con otras, pueden crear esos momentos en los que de repente quieras huir de donde estés al margen de lo que tengas delante, sea una pared o cualquier otra cosa que para ti lo represente.

Respira, relájate y quítale importancia a esos momentos. Vívelos en presente y disfrútalos como te venga en gana en ese momento, sin juzgarlos. Dejarás de ver paredes donde en realidad lo que tienes es el inmenso placer de poder decidir qué hacer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La República de la Ingenuidad

Cuando era pequeño y conocía a alguien que era abogado, maestro, ingeniero, médico, bombero,… daba por supuesto que estas personas tenían unas características especiales. Vas creciendo y empiezas a ver que algunas de esas características no se cumplen en muchos casos pero sigues pensando que unos mínimos si se cumplen. Incluso puedes empezar a conocerlos con la palabra valor. De golpe eres adulto y observas como esos valores no están presentes en las personas que se dedican a esas profesiones. En muchos casos, desgraciadamente, ni siquiera los mínimos que se podrían considerar valores profesionales básicos.

Personalmente opino que lo peor es que todo esto nos parece normal. Nos parece normal un médico de familia poco empático, un maestro o profesor egoísta, un político corrupto… en general nos parece normal un mal profesional.

Ante todo debemos respetar que todas las personas somos diferentes. Pero en función del rol que desarrollamos y lo que eso implica a nivel relacional, pienso que hay unos mínimos de profesionalidad y exigirlos es nuestro derecho y deber.

Más complicado es cuando en tu propia actividad profesional te encuentras rodeado de compañeros y compañeras que no cumplen esos mínimos. Si te centras en eso, tu propia actividad profesional (rendimiento) se verá afectado. Seguramente también serán los compañeros que más exigirán en general y más te exigirán a ti en particular. La decisión es tuya.

Cada uno actúa como considera y si tú lo haces en función de esos valores mínimos y los otros no, cada uno ha tomado su decisión. Asúmela pese a lo que te digan, pese a lo que te cueste. Decide tu respuesta ante esa situación sin excusarte en ella.

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Seguramente te dirán que eres ingenuo, que actuando así tal y cual, que la vida real no es como imaginas y que tu forma de actuar lo único que te proporcionará será dolor de cabeza.

Yo he decidido ser ingenuo. Lo he sido hasta ahora, lo soy en la actualidad en mis profesiones y lo seré (espero que siempre tome la decisión de serlo) en el futuro. No pienso obligar a nadie a serlo. Si me preguntan, explicaré mis motivos de forma asertiva, sin intentar convencer a nadie. Mis motivos son válidos para mí pero no tienen porqué serlo para otro. El que quiera ser invitado a esta República de la Ingenuidad, descubrirá que se trata de una autoinvitación. Nadie decide si entras o no en ella, lo decides tú.

Vivo en la República de la Ingenuidad de forma consciente, no vivo sólo, estoy muy bien acompañado. En ella siempre hay sitio para el que lo desee. Te esperamos si quieres.

#LaRepúblicadelaIngenuidad

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Jugar con una tranquilidad rápida

Todos los entrenadores tenemos nuestro estilo de juego predilecto. Ese que haríamos si dispusiéramos de los jugadores o jugadoras acordes. Es más, existen muchos entrenadores que sólo tienen ese estilo y tratan de hacerlo realidad siempre. Esto no es ni bueno ni malo, pero este tema lo dejaremos para otra ocasión. La cuestión es que a muchos nos gusta que nuestros equipos, siempre de una forma adaptada al nivel, edad, competición,… jueguen de una forma alegre. Esto tiene sus pros y sus contras, claro está.

Ese juego alegre, rápido, intenso tanto en ataque como en defensa obliga por lo general a pensar a alta velocidad afectando esto a la toma de decisiones durante las acciones del partido. Fácilmente se llega a la precipitación en diversas acciones, ya sea por la velocidad de ejecución o por el cansancio acumulado por la intensidad del juego y la “falta de aire” que muchas veces se dice para pensar con clarividencia, dando la imagen de un juego nervioso o convirtiéndose en eso.

He hablado muchas veces de este tema con diversos amigos. Cada uno desde su punto de vista y su forma de procurar llevarlo a cabo, argumenta sus matices personales. Pero existen conexiones comunes para lo que es jugar rápido pero tranquilo o con una tranquilidad rápida. Seguramente no es la mejor forma de decirlo a nivel lingüístico pero pienso que así es fácil de entender. Una tranquilidad llena de energía por cierto.

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Para lograr jugar así o por lo menos tener alguna opción de conseguirlo es necesario que los jugadores no tengan ningún miedo al error. Se van a cometer equivocaciones seguro, se perderá alguna pelota y se concederá alguna canasta fácil. Esta forma de jugar tiene su riesgo y se debe asumir y analizar desde el origen del error no lo que este produce. Ya sea por una mala ejecución técnica o por una toma de decisiones no adecuada.

Este aspecto es muy importante. Jugar así implica que todos los actores en escena tomen decisiones de forma prácticamente constante, principalmente los protagonistas de las escenas: los jugadores. Este aspecto tiene que estar entrenado a conciencia ya que también afecta a la gestión emocional del propio jugador y del equipo, tanto para bien como para mal. Es decir, una serie de decisiones erróneas perturbará la confianza del equipo en su juego y también al revés. Decisiones consecutivas positivas pueden alterar el grado de activación óptimo de los jugadores cayendo en la precipitación. El control adecuado de todo ese despliegue de energía es necesario para jugar así.

La gestión de todo esto por parte del entrenador es clave. Además, saber transmitir esta idea de velocidad desde la tranquilidad para poder pensar y ejecutar de forma congruente y ayudando a generar la activación física y mental adecuada no es fácil. El estilo de dirección de equipo, de entrenamiento y de partido debe estar en consonancia para poder crear la base de confianza necesaria en el grupo.

Estos apuntes son extrapolables a la gran mayoría de estilos de juego. El caso es que es muy fácil observar a un entrenador o entrenadora con su equipo dirigiéndolo en un entrenamiento y/o partido mirando de jugar rápido pero alterándose al mínimo error en la toma de decisiones del jugador. O jugadores tomando decisiones rápidas y acertadas pero mal ejecutadas a nivel técnico produciendo esto que tomen decisiones erróneas en las siguientes acciones. Es el pan de cada entrenamiento o partido. Esto lo he observado mucho más en los entrenadores que tratan de jugar así que no en los que buscan un control férreo sobre todo lo que pasa en la pista y tienen un estilo de juego de menos posesiones.

Personalmente disfruto con los equipos que me transmiten esa tranquilidad rápida, a alta velocidad de ejecución en todos los sentidos. Opino que se trata de un estilo de juego en el que los jugadores y jugadoras pueden crecer y desarrollarse plenamente y transferir esos aprendizajes a otros ámbitos. Esos equipos y jugadores que te transmiten energía desde la inteligencia e intensidad en el juego son una delicia de ver o entrenar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cuando decir basta (no es abandonar)

Siempre que nos planteamos nuevos retos, nuevos objetivos, intentar hacer realidad deseos que aparecen en nuestra mente o que ya estaban instalados en ella, partimos de una situación inicial que nos permite alguna esperanza de lograr lo que nos proponemos. Por lo general si no ves ninguna opción de conseguir ese deseo, ni lo intentas.

Estos objetivos pueden ser de muchos tipos y pueden implicarnos exclusivamente a nosotros o a nosotros junto a otra persona o a un grupo de personas. De tratarse de una meta con otra u otras personas, estas pueden ser conscientes de este deseo o no como podrían ser objetivos de mejorar relaciones personales. Hacer realidad algo propio en relación a otros.

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La cuestión es cuándo decir basta durante el proceso que realizamos para poder optar a lograr esa meta. Es decir o como muchos se lo dicen a sí mismos, cuándo abandonar. Usar esta palabra, aceptándola con las connotaciones habituales que se le suelen otorgar,  es uno de los motivos por los que muchas veces seguimos buscando lograr alguna cosa de cualquier forma y que en muchas ocasiones nos tapa algo en lo que no pensamos hasta llegar al final de la situación: el precio pagado por ello. Si a uno la palabra abandonar lo motiva para seguir buscando alternativas para lograr su meta de una forma ecológica para él, adelante. Yo prefiero otras alternativas.

Lo que tengo claro es que no igualo en significado las acciones de decir basta y de abandonar. Puede parecer una ridiculez, pero son distintas. Un símil que he utilizado con jugadores es que abandonar es apretar el STOP e irte a otro tema pero decir basta es darle a la PAUSA, darte tiempo para ver el conjunto para poder evaluar, plantearte alternativas, reorientar tus acciones o dotarlas de mayor sentido y posteriormente continuar con más opciones, con más energía para poder alcanzar lo deseado.

¿Es posible que la PAUSA se convierta en un STOP? Sí, es posible. Pero esa decisión será tomada con un análisis que te facilita la PAUSA que también te ayudará a gestionar tus emociones y poder pensar con mayor claridad.

El día a día de la sociedad nos ayuda a vivir en los extremos, pasar de uno a otro y perdernos todo lo que hay en medio. Pensamos que todo va a alta velocidad y que no existe el tiempo necesario para poder pensar relajadamente y otorgamos las mismas características a cosas que no son iguales. Todo esto hace que como sólo pensamos en los extremos, se nos complique aún más algo que por lo general cuesta: la toma de decisiones.

Las palabras finalmente tienen las connotaciones que cada uno le da. La dotas de un valor, de un poder que provoca una reacción en ti. Cada uno decide pero enriquece tu vocabulario y no hagas sinónimos exactos dónde no los hay. Un BASTA a tiempo seguro que ayudaría a solventar mucho problemas o situaciones que surgen simplemente por la inercia del día a día.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Venirse arriba

La planificación personal es algo en lo que una gran mayoría de las personas podemos mejorar. Algunos lo intentamos e incluso en algunas cosas lo conseguimos. Otros directamente se excusan en el “yo soy así” cuando se dan de bruces con un problema ocasionado por una pésima organización personal. Un problema que cuando alguien se lo razona, ve que era muy fácil de evitar, pero claro… admitir que la otra persona tiene razón…

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Hay momentos clave a lo largo del año y alguno de ellos es cuando empiezan determinadas formaciones (cursos, postgrados o másters) o actividades de diferente índole. El quererse formar de manera continua es algo básico en mi forma de entender mi vida. Tener ilusión por aprender diferentes cosas, algunas propias de tu rama laboral o académica u otras que pueden no estarlo, y por realizar actividades nuevas o no, que te gusten o puedan llegar a gustarte, es algo que aporta vitalidad y energía a la vida, siempre y cuando lo lleves a la realidad y finalmente lo hagas. Pero muchas veces esa ilusión nos desborda. Nos venimos arriba de una forma espectacular.

Te plantas ante diversas opciones, todas ellas te gustan y como el tomar decisiones y priorizar es algo que por desgracia nos cuesta horrores… ¿Que levante la mano el que en algún momento de su vida no ha tenido un subidón y se ha apuntado a más cosas de las que podía hacer? Entonces priorizas por narices y si el máster es más caro, después de trabajar vas al máster, pero al gimnasio o a las clases de inglés de la academia pues va a ser que no vas a ir tanto como pensabas. De inicio en lugar de 3 días irás 2, luego 1 y después ya veremos. Te convertirás en el cliente estrella del gimnasio y la academia, que paga pero no va. Porque la mayoría siguen pagando, no vaya a ser que un día pueda ir y ya no pueda.

Todo esto no es más que una mala planificación personal. Una sobrestimación de lo que puedes hacer y un menosprecio  hacia actividades básicas (limpiar tu casa o comprar comida) y que necesitan un tiempo y espacios libres y flexibles para que uno haga lo que desea o pueda afrontar con calma imprevistos. Olvidamos que los imprevistos existen y sólo nos acordamos de ellos en medio del ataque de ansiedad que nos producen cuando aparecen.

Controlar la euforia y conducirla hacia la cantidad de actividades que realmente uno puede hacer sin estresarse en función de los compromisos y obligaciones que tenga. Elegir y priorizar para aprovechar esa euforia en la actividad, ya sea un postgrado o desestresarse con una partida de pádel a la semana con los amigos, y sacarle partido integrando el beneficio.

Así, el venirse arriba lo disfrutas y no te genera nada que no apetezca tener en tu vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Elegir una formación e implicarte en ella

Hoy día las opciones para formarse o autoformarse son muchísimas. Algunos dicen que pueden que haya demasiadas y lo que miran de hacer es desprestigiar algunas. Personalmente opino que las opciones que conozco para formarse pueden ser válidas o no serlo en función de lo que se adapten o no a tu situación personal y a tus intereses. Tengas la situación que tengas y busques una formación de un estilo o de otro, lo que es seguro es que tendrás que filtrar entre todas las opciones que encontrarás.

Para realizar este filtrado, cada uno usará los filtros que considere. Personalmente, cada vez que he tenido que elegir, estos tres siempre han estado presentes:

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¿En qué me quiero formar? Puede parecer hasta ridículo pero ¿cuántas veces habéis visto a alguien buscar formaciones en el ordenador y tener bastantes páginas abiertas con formaciones muy distintas o incluso opuestas? Lo he visto y a mí también me ha pasado. Esto suele pasar por dos motivos. Uno es que buscas un curso por motivos erróneos, es decir por obligación o casi. Aquí podrían entrar también las personas que empiezan a realizar cursos de cualquier cosa en vista a acumular méritos en unas futuras oposiciones. El otro motivo es que tengas tantos intereses y curiosidades que te cueste decantarte por algo. Prioriza. No hay más. De forma progresiva ves reduciendo opciones.

¿Cómo me quiero formar? Presencial, semipresencial u online, incluyendo webinars o no. En este apartado las experiencias de cada uno pueden marcar. Mi consejo es que no generalices. Hay de todo. Infórmate, busca referencias, contrasta, mira las fechas…lo básico.

¿Dónde hago la formación? Las experiencias vuelven a marcar. Públicos, privados, centros de formación,… Igual que antes, hay de todo. Cursos en sitios de muy buena calidad que dejan mucho que desear y sitios no muy conocidos con formación de alta calidad. ¿Qué es lo que buscas con la formación? ¿Teoría? ¿Aplicabilidad? ¿Titulitis? Puede que responder esta pregunta te ayude a responder la primera.

Esta es la primera parte. Ahora viene la segunda. Una vez escogida la formación a realizar, toca hacerla. Y aquí la predisposición o actitud de cada uno marca, en función de lo que cada uno entienda por actitud.

Por mi experiencia, cuando me preguntan sobre tal curso o tal formación suelo dividir mi respuesta en la forma en que esta se desarrollaba, el contenido de la misma, la persona formadora o el grupo de formadores y los compañeros.  Por lo general también, cuando hablo de los compañeros la gente se sorprende, no entendiendo que les otorgue tanta importancia.

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Para mi es sencillo, si el grupo está implicado en la formación todos los aprendizajes serán más ricos y las pausas y descansos también serán de alta calidad formativa (para desconectar o para afianzar los aprendizajes). Puede que esto, en las formaciones online sea complicado, no voy a negarlo. Pero en los otros modelos es básico. Se trata de vivir la formación.

Cada uno decide. Cada uno participa en sus experiencias vitales, aunque alguno no sea consciente de ello. Elegir con decisión e implicarte en la decisión tomada. Fácil decirlo y más fácil de hacerlo de lo que puede parecer. ¿Te atreves a intentarlo? Seguro que notarás el cambio.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Un clinic diferente

Jueves 1 de noviembre de 2012 a las 10 de la mañana más de 50 entrenadores de baloncesto se reúnen en Manresa para asistir a un clinic de Ricard Casas y Xavier Garcia. Zona 2-3, balance defensivo, definición de espacios, defensa del pick & roll….nada de eso. La necesidad de ser creativos y la inteligencia del cambio eran los títulos de los dos bloques a trabajar hasta las 19:30 de la tarde.

No tengo muy claro cuántos de los que estábamos allí presentes éramos conscientes aproximadamente de lo que escucharíamos. Si que tengo claro que al finalizar esta jornada de formación, la gran mayoría tenía claro que había hecho bien en dedicar este día festivo en ir a Manresa a una formación distinta. Esa parte de la formación de los entrenadores y de las personas en general a la que se le dedica poco tiempo o por lo menos no el que a mi parecer debería tener en los diferentes cursos de entrenador u otras formaciones que realizamos a lo largo de nuestra vida.

Conozco a pocos entrenadores que no tengan claro que la parte emocional de la persona es básica para poder realizar un deporte al máximo nivel que uno tenga. Conozco a muy pocos que de verdad le dediquen tiempo a analizar correctamente su estado emocional o el de sus jugadores, a no ser que pase algo negativo. Algo que nos trastoque nuestros planes. Entonces sí, las prisas de encontrar la respuesta.

Buscar eso mágico que nos proporcionará la solución para volver a ganar…. Las soluciones mágicas no existen. Generalmente, las soluciones únicas tampoco. La personalidad de cada uno de nosotros junto con nuestras experiencias previas nos hace enfocar estos momentos de una forma o de otra muy distinta. ¿Los problemas son algo malo o son algo natural que puede pasar? La respuesta a esta simple pregunta ya te marca el siguiente paso en la búsqueda de la ansiada respuesta. Esa ansiedad evita que no podamos ver, en gran parte de las ocasiones, los problemas en su globalidad.

¿Cómo reacciono en estas situaciones? ¿Qué transmito a mi equipo o staff técnico? ¿Cómo actúo para girar esa situación? ¿Con todo esto tengo que convivir? ¡Qué miedo! Mejor dejo de ser entrenador….mejor dejo de ser persona y que otros actúen por mí…..

No existe entrenador que en ningún momento de su carrera no haya tenido problemas. En el cómo los afrontó encontramos la respuesta a cómo es hoy día. Tomar decisiones cuando todo va de cara, se suele decir que es fácil. No estoy del todo de acuerdo, pienso que no se suelen tomar decisiones en esos momentos. ¡Virgencita, virgencita qué me quede como estoy!… se suele decir.

La toma de decisiones es otro punto débil en las personas de hoy. Más aún cuándo debes tomarlas sí o sí. Se ve todo el entorno como algo negativo y no se asumen las cosas con la normalidad que te permite analizarlas lo más objetivamente posible. Esa normalidad que te da la pausa para pensar de forma inteligente y busca las soluciones posibles. Siempre hay soluciones.

Ricard Casas y Xavier García ofrecieron de forma transparente su forma de enfocar estos aspectos. Buscar soluciones a problemas que debemos asumir con normalidad, protagonizar tus actos y tus decisiones, cómo se pueden utilizar los miedos que todos tenemos (el que diga que no miente), el trato con el talento, aprender a cambiar con inteligencia cuando sea necesario y si no aportar nuevos registros a nuestra vida,….

Todo para que la esencia que te define como entrenador y también como persona siga ahí, reforzada y mejor día tras día.