Entradas

El interruptor que mueve nuestra vida

La imagen del interruptor es clara para todos. Es cierto que los avances tecnológicos, seguramente en breve, harán que tengamos casas o edificios en los que no haya ninguno visible. Por ahora nos sigue siendo útil jugar con su imagen.

Muchas personas dicen que actúan en su vida igual que un interruptor. En su vida de cada día el interruptor está encendido y en sus días de descanso lo apagan. No dudo que hay gente que lo hace y que le funciona muy bien. Principalmente cuando todo está más pautado es más fácil. Vida de lunes a viernes y vida de fin de semana.

Pero después de periodos más largos, en ambos casos, tanto de actividad normal (por decirlo de una forma fácil de entender) o de descanso, este proceso cuesta más. Parece que el interruptor no hace las conexiones adecuadas. Todo me pesa, va a un ritmo al que yo no puedo o incluso no quiero ir, etc. Esto nos puede generar situaciones de estrés y/o ansiedad que no nos ayudan.

En septiembre observar esto es muy fácil. Volver de vacaciones y en los primeros días te invade esa sensación de no llegar a lo que quieres. Pretender rendir lo mismo que mayo o junio.

Lo ves por todos lados. Jugadores que empiezan la pretemporada y literalmente no meten una o parece que jueguen con un melón en lugar de con una pelota. Entrenadores que pretenden que sus equipos cometan los mismos errores que en febrero. Profesionales que para hacer un proyecto necesitan el doble de tiempo. Podéis añadir más ejemplos que seguro que en estos días habéis visto unos cuantos.

Escuchas frases que hablan de conectar, de estar presente, etc. pero observas que falla algo. La frustración sobrevuela el ambiente.

Todo esto es normal. Ese interruptor que nos ayuda durante gran parte del año, ahora no. Pero nos olvidamos que ese interruptor ha estado quieto, sin moverse nada, durante unas semanas o meses. Y pretendemos que luego su conexión sea estable, perfecta. Me parece complicado. ¿Qué te ha pasado a ti cuando has estado toda la tarde tumbado en el sofá? ¿Te has levantado y andado sin ningún problema ni molestia de ningún tipo? ¿No has notado nada diferente?

Ahora imagínate que te estás en el sofá, en la misma posición durante un mes. ¿Te levantarás y estarás preparado para correr al ritmo habitual? No, seguro que no.

Dale tiempo al interruptor para que rehaga las conexiones, que reaprenda e incluso sume nuevas opciones que te hagan conectar y desconectar más fácilmente. Paciencia y perspectiva suele funcionar más que el estrés y la ansiedad.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Cuando calienta el sol

El sol es imprescindible en nuestras vidas. El estado de ánimo de muchas personas depende de si ven o no el sol a lo largo del día. Cuando a la presencia del sol le sumas otras situaciones como pasa en julio, pueden pasar muchas cosas. Incluso alguna de impensable.

En julio el ambiente que se respira es distinto y esto también se alarga a agosto. Estés de vacaciones o trabajando, hay algo distinto en el aire. No voy a ocultar que el verano también es un momento tenso para muchas personas. La estructura de tiempo que nos acompaña el resto del año se rompe, incluso se hace añicos. Esto no es fácil para muchos.

Ese ambiente. Ese sol omnipresente, aunque su presencia ya se esté reduciendo no somos conscientes de ello hasta finales de agosto. Todo esto nos afecta, nos lleva a hacer cosas. De esas que no hacemos el resto del año, con lo bueno y lo malo que eso puede conllevar.

Puedes encontrarte de todo. Personas que caminan, que cada día están en una terraza distinta con distintas personas o en la misma terraza con las mismas personas, que hacen algún curso de formación para ser mejores profesionales o simplemente porque les apetece, etc. ¡Incluso puedes encontrarte a gente que lee libros!

Todo esto está genial, que quede claro. Pero a mí me lleva a realizarme una pregunta. ¿De verdad no puedes hacer nada de esto el resto del año? Para los que rápidamente contestan NO, les preguntaría lo siguiente: ¿seguro que no hay nada que puedas cambiar y que te permita hacer alguna de estas cosas si así lo deseas?

Por otro lado, tener claro un momento del año en el que realizar cosas distintas, a mucha gente le va muy bien y le funciona a la perfección. Vuelvo a dejar claro que no estoy hablando de las vacaciones y punto. Personas que trabajan todo el verano, también incluyen diferentes actividades en este tiempo.

Eso sí, te voy a proponer algo. Intenta mantener alguna de esas actividades que incluyes en verano el resto del año. Pongamos que añades tres actividades distintas, ¿una de ellas no puedes seguir haciéndola a partir de septiembre? Puede que no igual, pero estoy seguro que no es necesario dejar de hacerla.

Alguno aquí puede asociar esto al mito de los 21 días necesarios para crear un hábito. No creo en él así que, por favor no hagáis esta vinculación.

¡Que el sol caliente vuestras vidas! Pero tampoco es necesario pasarse de calor si eso…

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

¿Soy consciente de todo lo que hago?

Suena el despertador. Son las 6:30 de la mañana. Cinco minutos más… puede que sean 10. Tengo tiempo. Voy al lavabo. ¡Qué sueño tengo! Será mejor que me meta en la ducha. ¡Qué bien se está! Oigo ruido, ya se han levantado. Será mejor salir y vestirse.

Son las 7. Toca ver qué tal va todo. La grande se ha levantado ya y el pequeño también. Bien, hoy podrán desayunar sin correr, vamos bien.

Ya estamos todos desayunando. A ver qué hora es… las 7:15. Perfecto. A y media ya estaremos y a menos veinte podremos irnos sin prisas, tranquilos.

¡Ya vamos mal! ¡Ya teníamos que haber salido! ¡Son menos cuarto! Por fin arranco el coche y… el semáforo de las narices. Ya está, como cojamos otro… no llegamos al instituto a las 8. ¡Ui! Casi cogemos este. Menos mal. Vale, mi hija en el instituto Ahora a dejar al pequeño en casa de su amigo para que vayan juntos al cole y a la reunión a las 9. Sobrados.

¡Qué hace ese camión ahí! ¡Ahora pasas a recoger la basura! ¡Vaya tela! 5 minutos al garete. ¡Por fin! Llegamos. Niño con su amigo A ver qué hora es… ¡Mierda! Y media. El camión de las… Voy a avisar de que llegaré justo, justo pero muy justo al inicio de la reunión. ¡Este semáforo no! Ya no llego.

stopwatch-60204_1280

Ya he llegado. Son las 9:10. Por suerte, no ha empezado la reunión. Pero la de hoy es larga. O empezamos ya o entre una cosa y otra… no podré hacer el resto de cosas. Ya llegan todos. Bien. Sólo son y cuarto. Si no hay nada imprevisto a las 12 como mucho estamos fuera. Podré llamar a esos dos clientes antes de comer y después repaso los otros proyectos y fuera. Día hecho.

¡Las una y media! ¡Ahora salimos! Esa manía del “ya que estamos todos aquí…” y añadir puntos al guión de las reuniones. Ya no puedo llamar a los clientes. Mejor voy a comer.

Ya está. A casa. Y eso que uno de los clientes se ha enrollado con una tontería. Pero bueno, sólo es media hora más tarde lo normal. Ahora a casa a descansar. ¡Ups! Tengo que comprar y pasar a recoger al pequeño de inglés. Primero lo recojo y luego, de camino a recoger a su hermana de kick boxing paramos a comprar.

¡Vaya! Hoy sale tarde de inglés. Ahí sale. Sí que hay circulación hoy. ¡Y el supermercado está a reventar! A ver la lista… no hay nada urgente. Bueno si, algo para cenar… la verdad es que no tengo ganas de cocinar… ¿Pedimos unas pizzas para cenar hijo?

Ya estamos en casa. ¡Qué tarde! Haced los deberes mientras pido y vienen las pizzas. Espero que tengan tiempo…

Ya hemos cenado y todo recogido y se han ido a dormir. Un poco de relax. No mucho que casi son las 11.

¡Ostras las 12! Me preparo y a dormir que ya es tarde.

Buenas noches. Las 12:30. En seis horas en pie. ¡No he preparado la lavadora de mañana! Lo hago al levantarme… Y algo más tenía que hacer…. ¿qué era? No recuerdo. ¡Bufff! La 1, ya me acordaré.

Esto, con variaciones personales de cada uno, se parece mucho a un día habitual de muchas personas. ¿Somos conscientes de la cantidad de cálculos que hacemos a lo largo de un día? Esta historia es en parte mía y en parte de Lluís Segarra, divulgador de matemáticas, que la utilizó para demostrar la presencia de las matemáticas y el cálculo en la vida diaria sin que nos demos cuenta de ello.

Yo le doy otra vuelta de tuerca. ¿Eres consciente de la cantidad de pensamientos y acciones que haces a lo largo de un día? Seguramente no. Presta algo de atención y descubrirás algún pensamiento o alguna acción que puede que desees cambiar. También podrás disfrutar más de esos pensamientos y acciones. Toma consciencia y disfruta más de todo.

¡Ah! Y si decides cambiar algo, estaré encantado de que me lo cuentes.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La reflexión conduce al cambio

Por lo general, a las personas les gusta llegar a un cierto nivel que les proporcione una rutina. En muchos casos el esfuerzo necesario para llegar a lograr esa rutina, conseguir una forma de actuar y organizarse que casi convierta el día a día en una cadena de automatismos, ha sido grande, incluso muy grande. Por eso, una vez logrado ese objetivo, el siguiente suele ser vivir esa rutina sin darle muchas más vueltas.

Pero, ¿qué pasa cuando esto se altera? Puede ser de mil formas: un hecho inesperado, alguien te comenta algo que te parece atractivo, te das cuenta de que los días pasan sin más,… Muchas veces esto activa una parte de ti que empieza a hacerte preguntas. Estas preguntas también suelen activar en ti otra parte de ti que intenta acallarlas. Pero empiezas a pensar sobre lo que haces.

16357411958_cdf81cd974_b

Esta reflexión te hace descubrir y valorar aspectos de esa rutina que te pasaban desapercibidos. En numerosas ocasiones, tu percepción sobre cómo estás viviendo el tiempo, tu tiempo, empieza a hacerte ver que no lo estás viviendo, simplemente lo estás pasando, seguramente ni lo ves pasar. Pero ahora que te has parado y reflexionas sí que lo ves. De forma automática te surgen una serie de preguntas.

Más reflexiones y cada vez ves más aspectos que no te acaban de convencer u opinas que de otra forma podrían gustarte más. En ese momento la otra parte de ti, esa activada por las preguntas que te cuestionan, se alza con fuerza para recordarte lo que te ha costado llegar hasta donde estás, que todo va bien, para qué arriesgarte,…

Es el momento. ¿Qué decides hacer? Las opciones son múltiples y certeza lo que se dice realmente certeza de cómo va a salir todo, no la tienes. ¿Hacia dónde se inclina la balanza dentro de tu cerebro?

Todo esto es fruto de pensar. Reflexionar y ver cosas a cambiar, a muchos les asusta. Por eso deciden pasar su tiempo en lugar de vivirlo. ¿Qué tiene de malo cambiar? Nada, pero los humanos muchas veces lo enjuiciamos todo y ese juicio nos frena.

Pensar, reflexionar sobre lo que haces en sí no es ni bueno ni malo. Y si pensar te lleva a cambiar algo en la forma de afrontar, de vivir tu vida, es tu decisión. El problema no es reflexionar y cambiar, el problema es cuando cambias por lo que otros reflexionan. Eso sí que es un problema.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Mi formación como jugador

Como apasionado de la formación continua que soy, no deja de sorprenderme encontrarme con jugadores y jugadoras que se complacen con lo que ya conocen, saben o dominan en un momento concreto de su vida. Incluso algunos de estos, que entienden y llegan a ser conscientes que puede que en un futuro, próximo o lejano, necesiten una evolución de estos conocimientos o incorporar nuevos, no toman la decisión de hacer algo al respecto.

Las razones de esto son diversas y de muy diferente origen. No vamos a ocultar que los estímulos que reciban los jugadores y jugadoras de sus respectivos entornos familiares y deportivos tienen su peso en este proceso. Los entrenadores que hayan tenido también tienen su influencia en estos casos. Pero me voy a centrar en los propios jugadores.

Siendo claros, cuando afrontas un proceso de formación, debes estar dispuesto a pagar el precio que eso supone. No me refiero al precio económico, que también influye. Principalmente voy a hablar de dos: el tiempo y la certidumbre.

5ce57304fa30eb3922e7af0b3c7ad172

Todo proceso de mejora necesita de una inversión de tiempo por parte del que desea mejorar. Es algo de sentido común pero algunas veces no le damos el valor o peso cuando tomamos la decisión que después realmente tiene. Para poder mejorar, aprender, evolucionar, perfeccionar o como lo quieras llamar que te parezca más atractivo, vas a tener que dedicar una parte de tu tiempo a aquello en lo que quieras ser mejor. Esto es algo que por lo general todo el mundo tiene claro. Lo que no se tiene claro, aunque parezca mentira, es que entonces no tendré tiempo para otras cosas o que me tendré que organizar de otra forma. Esta es una de las razones más utilizadas como excusa para dejar un proceso de aprendizaje.

Pues sí, el tiempo del que disponemos es finito. No ya la vida sino las 24 horas que tiene el día. Pero hay tiempo de sobra para hacer lo que quieras si sabes organizarte y priorizar en cada momento. Habrá una parte que no dependa de ti pero otra si y en esa puedes actuar seguro (si no hay ninguna que dependa de ti, seguramente deberías hacer otro planteamiento).

Valoro mucho mi tiempo y pienso en él cada vez que deseo hacer algo, de lo más mínimo o insignificante o lo más complejo. Y esto lo ligo con la certidumbre. Cuando empiezo a leer desde el más pequeño artículo o libro o asisto a una formación lo primero que me planteo es si estoy preparado para que ataquen mi certidumbre sobre las cosas. Puede que atacar no guste a más de uno pero es una forma de entender mucho más extendida de lo que reconocemos cuando alguien se atreve a poner en duda alguna de nuestras creencias. Si en ese momento no me apetece plantearme nada, no lo hago. Valoro mi tiempo y mis creencias.

Pero cuando deseas aprender debes estar dispuesto a esto. No es fácil ver como se tambalea algo a lo que tú le das un valor. Incluso cuando buscas perfeccionar un movimiento concreto, esa duda surge y también te puede llevar a dejar el proceso de mejora.

Algunos lo reducen a la motivación y puede ser. Es cierto que cuando el objetivo planteado no centra tu atención, aparecen el resto de distractores o impulsos que te llevan a otros lados. Sobre esto no tengo dudas aunque tiendo a pensar que el origen es otro, es a lo que mi experiencia me ha llevado a pensar.

Este no es más que el plantearse el objetivo de una forma poco real o adaptada a la persona. Existen muchas fórmulas mágicas para plantearlos y no todas son válidas para todos. Lo que sí que pienso y defiendo es que es muy importante que este objetivo expresado se genere partiendo de unas expectativas realistas y se pueda dividir en mini objetivos que me ayuden a logran el gran objetivo. Esto me ayudará a gestionar la posible frustración en algún momento y a mantener la motivación centrándome en esos mini objetivos evitando que me atraigan otros estímulos puntuales.

27762951--644x362

En todo deporte hay ejemplos de deportistas que mejoran sin parar en sus prestaciones a lo largo de toda su carrera. Puede que uno de los más claros actualmente sea el de Felipe Reyes pero estoy seguro que se pueden encontrar en todos los deportes y a todos los niveles. Tener un modelo de formación continua, un referente, también ayuda y mucho.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

66182_300x439

El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El average, ¿reto o limitación?

Muchas competiciones de diversos deportes empiezan ahora o ya lo han hecho la segunda vuelta de sus respectivas ligas. Hasta este momento el average general o diferencia de puntos o goles realizados y encajados determina el orden clasificatorio en caso de empate a puntos o victorias. Pero ahora empezará a coger importancia el average particular entre los equipos.

Es extraño que exista un entrenador o un jugador que no tenga experiencias propias en este tema. Conseguir derrotar en la segunda vuelta a un rival directo que te ganó en la primera vuelta y hacerlo por más diferencia es una experiencia enriquecedora para todo deportista. No tengo la menor duda de que existen momentos en los que el hecho de superar una diferencia de puntos adversa se convierte en una motivación, un reto que te exige dar el máximo del global de tus capacidades para poder conseguirlo. No dudo que en esas circunstancias, el average particular (también el general, aunque hablaré más del particular) puede considerarse un reto enriquecedor. Incluso en casos en los que finalmente no se consiga ese objetivo. ¿Pero siempre es así?images

Hace unos años, me encontré con un amigo entrenador de baloncesto poco después de acabar nuestras respectivas temporadas competitivas. Lo que en aquel momento me explicó es la semilla de esta reflexión. No estaba contento con la temporada que había realizado su equipo, pese a problemas y excusas varias, estaba convencido que había dejado pasar una gran oportunidad de poder jugar fases de ascenso de categoría e incluso ascender y tenía especialmente una espina clavada: el basket average. No había conseguido darle la vuelta a ninguno en toda la segunda fase. Lo más llamativo es que en todos esos encuentros, hubo algún momento a lo largo del partido en que su equipo estuvo con average a favor, incluso en todos los partidos en los que la diferencia era superior a los 10 puntos o en partidos como visitante. Sin embargo, nunca consiguió concluir el partido con average a su favor e incluso hubo 4 partidos que acabó perdiendo. Ambos factores hicieron que se quedaran fuera de las fases de ascenso, empatados con el último clasificado para estas, uno de los equipos a los que no consiguieron darle la vuelta a la diferencia de la ida.

Darle la vuelta a la diferencia y ponerla a tu favor y perderla finalmente. Además de en el resultado pienso que también debemos fijarnos en el juego. ¿Cuántas veces hemos visto grandes remontadas con un juego atractivo, descarado, rápido y efectivo y al dar la vuelta al marcador ese juego desaparece y el equipo de la remontada  acaba perdiendo el partido? Lo mismo se puede aplicar a muchos casos en los que la diferencia de puntos suponga una diferencia clasificatoria. Pienso que en estos casos el reto se transforma en una limitación.

Una limitación que muy posiblemente se genere en las dudas, en el miedo, en el ¿y ahora qué? en unos casos y en otros también interviene un posible exceso de confianza o relajación al lograr el objetivo momentáneamente. En las remontadas muchas veces juega un papel importante la actitud de perdidos al rio, total como esto ya está perdido… y de repente no lo está… ¿seguimos jugando igual? Dudas, miedo. En el caso del average, aunque hay situaciones en las que también, existen otras variables.

Una es el factor tiempo. El entorno de una remontada se crea a lo largo del partido, pero conseguir un average general o superar uno particular se tiene en la cabeza en los entrenamientos previos e incluso puede darse el caso de tenerlo en la cabeza, no presente de forma constante, desde la conclusión del partido de ida. Este proceso previo favorece que al conseguirlo en un momento puntual del partido, pueda considerarse que el objetivo se ha cumplido y se produzca un descenso del rendimiento. Nos encontramos ante una situación que puede ayudarnos a dar el máximo de nosotros mismos pero que también puede producirnos un descenso de rendimiento en otras.

BezBJtzCYAAWNoH

Superar los retos no es algo fácil y siempre aparecerán sombras que se entrometan y intenten evitar que los superes. Una limitación de rendimiento puntual es comprensible y previsible. Y que yo sepa, ante la mayoría de cosas previsibles uno puede actuar y decidir cuánto dura esa limitación. Puedes prepararte para que cuando lleguen las puedas superar. Cuando las sombras aparecen al estar superando un reto, siempre hay que recordar que algo bueno has hecho ya. Ya estás en el buen camino. Bienvenidas las sombras y los miedos. Cualquier reto es superable. Una buena guía es la imagen aportada por Inspiras (@tu_inspiras) con tweets de Rafael Sansores (@sores25). Cada uno debe encontrar la forma en que superar los retos que se plantee y hacer frente a las limitaciones que se le presenten. Si la encuentras, tus opciones de conseguirlos se multiplican exponencialmente.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5