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Excusándose en el talento y en el reglamento

Os expongo tres casos para poneros en situación.

Caso 1: Chico premini de segundo año (8-9 años) muy grande en todos los sentidos,  muy alto para la edad y muy ancho, con las dificultades de movilidad que todo esto conlleva. En defensa esta a mucha distancia del suyo y persigue la pelota a la mínima que puede siempre que se acerca a su aro. En ataque hace lo mismo, juega alrededor del aro. Si recibe la pelota fuera de esa zona no mira la canasta, no bota nunca ni tampoco pasa, sus compañeros cogen la pelota en un mano a mano. Una vez que la pasa, su entrenador le dice: “Espera a que vengan a cogerla y luego a tu zona, en la que estás cómodo”. Ante la cara de sorpresa del árbitro y del entrenador rival, dice: “Tengo que proteger su talento”.

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Caso 2: Chico mini de primer año (10-11 años) con una estructura corporal normal para la edad. Tira de una forma muy rápida para edad y con una efectividad bastante elevada, desde una distancia como mucho de 5 metros. No bota. En una ocasión recibe en un contraataque y da un bote para finalizar en una entrada no muy bien hecha. Su entrenador le dice: “Bien pero recuerda que eres tirador y que desde fuera de la zona vale de 3. Tira siempre”. Se gira y le dice a su ayudante “Es lo que sabe hacer y además nos beneficia por el reglamento, pues que tire”.

Caso 3: Chico mini de segundo año (11-12 años) algo grande y con una buena movilidad, pero bastante discontinuo en su esfuerzo. En defensa casi no defiende y en ataque si tiene la pelota tira de cualquier sitio o intenta hacer un 1 contra 1 de la forma que sea. No pasa ni una a los compañeros. Las veces que no tiene la pelota, hace directamente un bloqueo directo a su compañero para que este penetre o se la pase en la continuación. El árbitro le comenta al entrenador que no debería hacer bloqueos ya que el reglamento no lo permite. La respuesta del entrenador es: “El reglamento no dice nada de eso (es cierto), no están prohibidos. Además yo no se lo he enseñado, es su forma jugar”. Una persona de la mesa le comenta que podría decir al niño que no los hiciera y su respuesta es: “Yo no voy a cohibir su talento si esa es su forma de jugar y además mete puntos”.

Después de estos casos, dos que me explicaron y uno que lo viví como entrenador contrario, empecé a pensar. Últimamente se lee y se publica mucho sobre proteger el talento y dejar que los jugadores se expresen libremente. Es algo en lo que estoy de acuerdo y sobre lo que yo también escribo. Existen muchas personas que sólo valoran esto en función del resultado obtenido y del beneficio que pueden obtener. De igual forma que otras pasan de un extremo a otro, rígidos al máximo como robots (haz sólo lo que te he dicho que hagas) o libertad que realmente es libertinaje (me da igual lo que hagas si consigues canasta). Además buscan lo que les interesa del reglamento para que los ayude a darle mayor credibilidad a esta farsa que los disfraza de defensores del talento.

Debemos poner todos de nuestra parte y tener claro que al margen de las distintas formaciones para los entrenadores, el día a día es el principal centro de aprendizaje. Todos tenemos nuestra función para ayudar a formar sin matar la creatividad de los noveles ni actuar con prepotencia por tener más experiencia. Humildad entre los entrenadores para que de esta forma todos nos podamos centrar en crear el marco idóneo para que todos los jugadores y jugadoras se desarrollen en su máximo potencial. Para eso deben mantener y mejorar/perfeccionar lo que les es natural y aprender e ir puliendo lo que más les cuesta, menos les gusta.

El equilibrio no es fácil, pero esa es la gracia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La receta de lo simple

A veces el dinero, los focos y todo lo que rodea al deporte profesional de élite nos aleja de la esencia del juego. Existe la convicción (equivocada, o no) que el rendimiento va ligado necesariamente al nivel de recompensa económica e incluso social de tu trabajo. En el caso que aquí nos ocupa, del rendimiento como deportista. Es innegable que sentir el reconocimiento a tu esfuerzo y valor como deportista/persona es un motor de energía incalculable para potenciar tu rendimiento en cualquier faceta. A todos nos gusta que se nos pague justamente y se nos valore en nuestro trabajo. Eso, sin duda, ayuda a que trabajemos mejor y más a gusto.

En el deporte seguramente pase lo mismo porque, no nos olvidemos, los deportistas de élite que se esconden detrás de las portadas de la prensa, los anuncios de television, las fiestas de alto standing… también son personas como tú o como yo. Y aunque los billetes puedan llenar sus bolsillos más de lo que jamás muchos de nosotros podamos imaginar, lo que verdaderamente les permitirá brillar en sus respectivos campos será ser fieles a la esencia del juego, a la pasión. La misma que seguramente les movió cuando eran niños y que les hace conectar con su ‘yo’ lejos de todo aquello que pueda rodear su figura en este preciso momento.

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Actualmente existen dos casos de éxito que evidencian el por qué el juego está por encima de todas las cosas. No seré yo quien descubra a Stephen Curry o el tridente formado por Messi, Suárez o Neymar. Pero ya sea en baloncesto, fútbol o aquello que queráis desarrollar parece bastante claro que una de las grandes claves para alcanzar la cima es simplemente disfrutar de lo que haces. Y este es el denominador común en el caso de Curry con los Warriors o la famosa ‘MSN’ del FC Barcelona. Ambos gozan de reconocimiento mundial, mueven cifras mareantes de dinero, nunca les faltarán aduladores allá por donde caminen pero en el juego, a la hora de saltar a una pista o un terreno de juego el objetivo sigue siendo el mismo que cuando Stephen, Messi o Neymar comenzaban a descubrir los secretos del baloncesto y el fútbol a edades tan tempranas como las de aquellos a los que hoy muchos de nosotros tenemos en nuestras manos en tantos y tantos equipos de barrio.

Se divierten, disfrutan, se solidarizan, son insaciables y saben qué necesitan de sus compañeros para ser los mejores. El otro día leía una entrevista a Neymar donde le preguntaban acerca de cómo gestionan los egos tres cracks mundiales de la talla como los que forman la actual delantera azulgrana. La respuesta fue: “No hay egos. Solo queremos divertirnos”. Y discrepo. Ego sí hay, todos lo tenemos en mayor o menor medida, pero si el ego no te deja disfrutar plenamente de lo que haces jamás alcanzarás una plenitud de rendimiento. Precisamente por eso nada de lo que les ocurre es casualidad. Y no deja de ser curioso que en la complejidad de un mundo repleto de focos y presión diaria extrema sea lo más simple la receta para triunfar e, incluso en sus casos, para DOMINAR. Tienen talento, han trabajado pero se lo pasan bien. Y ahí está su verdadero motor. El famoso “Sal y disfruta” de Johan Cruyff antes de la final de la Copa de Europa de 1992 o como le dijo Guardiola a Simeone en pleno apogeo del Pep Team con el ‘Cholo’ visitando técnicos de alto nivel para completar su formación: “Tengo la gran suerte de tener un grupo de jugadores a los que les enloquece jugar a la pelota”. Y no seré yo quien le quite méritos a la labor de Pep Guardiola al frente del Barça pero impacta que, al final, una de las grandes claves para dibujar al mejor Barça de la historia sea que simplemente a Iniesta, Xavi o Messi les apasione reencontrarse cada mañana con el balón.

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Y llegados a este punto dejénme hacer un pequeña reflexión. Si los más ‘grandes’ simplifican – entendido como la imperiosa necesidad de disfrutar y divertirse – el día a día en el deporte de élite para triunfar hasta ese mínimo punto… ¿Por qué en un porcentaje muy elevado el resto de terrestres nos empeñamos en hacer de los más pequeños jugadores de élite donde el GANAR pasa por encima de lo más elemental? El ego del entrenador es grande (enorme, en ocasiones) pero no olvidemos que nuestros jugadores/as necesitan pasárselo bien y conectar con el juego de la misma manera que Curry o Messi lo hacían y, lo más importante, lo siguen haciendo. Y esto no es precisamente lo mismo que pretender que aquellos a los que intentamos formar hagan las cosas como Curry o la ‘MSN’  para – no nos engañemos – únicamente saciar nuestro hambre (personal) de victorias y palmaditas en la espalda. Preguntémonos si hacemos que nuestros jugadores/as disfrutan a la vez que les ayudamos a crecer deportivamente. Y que nadie me malinterprete, la competición no es incompatible con la diversión. Como jugador he disfrutado como nadie compitiendo, sufriendo, trabajando y sinténdome exigido. Es imprescindible saber trazar la línea donde no encorsetar a los jugadores y ahogarles alejándoles de la propia esencia del juego. Una pelota, una canasta. Cinco contra cinco. Tan fácil pero tan complicado. Que nuestro ansia por querer controlarlo todo jamás les corte las alas a aquellos que quieren volar. Ahí estará nuestro éxito… ¡y el suyo! Ahí reside el maravilloso secreto de los dos entes que dominan hoy el baloncesto y el fútbol mundial. Siéntense y sobre todo… ¡Veánles divertirse! El día que dejen de pasárselo así de bien será el día en que no vibraremos viéndoles jugar. Que les dure por mucho tiempo.

Sergio Vera

Entrenador y periodista

@sergio_vera87

 

Cuando “juega fácil” cohíbe el talento

Hoy día el talento está en boca de todos, incluso de los que no tienen muy claro qué es eso del talento. Al margen de la filosófica discusión sobre si la persona con talento nace o se hace o sobre qué es en sí el talento… los procesos de enseñanza-aprendizaje están en tela de juicio por su respeto o no hacia algo tan preciado y, se supone, tan valorado por la sociedad. Históricamente el deporte ha sido, es y será (espero) uno de los escenarios más habituales de expresión del talento y todo lo que lo envuelve.

Sólo es necesario pasarse por un partido del deporte que sea para poder observar y disfrutar de alguna de sus muestras. También es habitual, principalmente cuando se trata de un deporte de equipo, escuchar una frase. Una frase que se ha convertido en un clásico, ya sea dicha por la grada o por el entrenador o entrenadora en cuestión. Esa frase no es otra que “juega fácil”. Frase que, por cierto, se suele decir únicamente cuando el resultado no es bueno.

descarga (5)El entrenador entiende que lo intentado o realizado por el jugador o equipo, es difícil, complicado o forzado. Pero ¿y cuando esto no es así? Cuando la ejecución que acabamos de ver ha fluido de forma natural y todo el proceso de toma de decisiones es el adecuado con el único pero en algún pequeño detalle de ejecución. ¿La responsabilidad es exclusiva del jugador o los entrenadores tenemos nuestra parte? ¿Estamos valorando la globalidad del proceso o únicamente el resultado de este?

Una de las responsabilidades del entrenador, principalmente de los entrenadores de formación, es generar los escenarios más propicios para que sus jugadores puedan desarrollar el máximo de sus aptitudes, incluyendo la competición como otro de esos escenarios. De esta manera favorecer el proceso creativo que facilita la innovación y la expresión del talento en la toma de decisiones y en las ejecuciones técnicas.

Si esto no es así, y nos dedicamos a entrenar unas estructuras rígidas, es cuando “juega fácil” se traduce por NO hagas/hagáis esto. Son esas veces en las que no va acompañado de nada más, de ninguna otra información de utilidad para el receptor del mensaje. Estamos tratando de controlar un proceso que no se puede controlar ya que su expresión natural es la de fluir libremente. Cohibimos esa expresión natural que además es propia del juego.

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También es cierto que hay ocasiones en las que se utiliza bajo la concepción de que un juego sencillo sin grandes complejidades ni estructuras es la que más favorece el desarrollo de este talento. Pero no suele ser la mentalidad con la que el entrenador, a raíz de su percepción, utiliza esta frase.

Como expresión natural, el talento es una parte imprescindible del juego. Su puesta en escena genera muchos vínculos emocionales (del protagonista con el juego, entre compañeros, con el entrenador o entrenadora, con el público…). Normalmente incrementa la diversión e incluso con el tiempo, esa muestra creativa, innovadora de un gesto puede lograr ser considerada como un gesto básico del juego. ¿O alguien se imagina ahora el baloncesto sin la “Bomba” de Navarro?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Época de cambios. De minibasket a baloncesto, la etapa de la frustación

Con 12 años o casi, los niños y niñas se encuentran con diversos cambios en su vida. El principal es claramente, el paso de la educación primaria a la educación secundaria. Incluso para los que no cambian de centro escolar ya que pueden seguir cursando los estudios en el mismo centro, este es un cambio muy importante. En los deportes también hay un cambio. En baloncesto se acaba la etapa de mini o alevín para pasar a preinfantil o infantil. Se acaba el minibasket y se pasa al baloncesto más común, el de los mayores como se suele decir.

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Cambia la canasta y puede que también cambien las dimensiones del balón, según se compita en preinfantil o infantil. El baloncesto cambia en muchos aspectos, el juego varia y la importancia de algunos jugadores puede variar simplemente tras el paso del verano que hay entremedio de una temporada y otra. Eso es duro, muy duro. Y si sumas el resto de aspectos de la vida de este niño/niña preadolescentes que cambian como el académico, la influencia de los amigos y amigas y la aparición de nuevos intereses, puede tratarse de un año tremendamente complicado.

Además y en función del nivel competitivo que tenga cada jugador o equipo, el paso a esta nueva categoría es algo extraño. El último año de minibasket es un año de disfrute máximo con multitud de torneos y de gran competitividad en los máximos niveles de la categoría. De toda esta vorágine se pasa a un año puro de formación en todos los niveles. Un año imprescindible para la evolución de todo jugador o jugadora y su futuro rendimiento.

La frustración está muy presente durante gran parte de la temporada por diversos motivos. Jugadores referencia hasta ese momento que tienen dificultades para adaptarse a las nuevas circunstancias que lo rodean, ver como un jugador inferior en todos los niveles pero con un punto de maduración más avanzado es capaz de superarte una y otra vez, acciones que hacías con los ojos cerrados ahora te cuestan por falta de físico y tampoco puedes aprovechar todo lo que ves y te gustaría hacer ya que se transforma en una pérdida de balón tras otra.

A esta frustración sobre aspectos individuales, se suma la que producen ciertas situaciones de juego que cada vez más equipos realizan. Planteamientos tácticos colectivos que en principio forman parte de un repertorio correspondiente a una edad más avanzada o por lo menos con un nivel técnico/táctico individual superior al que tienen los jugadores que lo realizan.

Seguramente es la temporada en la que más se convive con el error. Además se tratan de unas equivocaciones que fácilmente el jugador había dejado atrás en su etapa de minibasket y que ahora vuelven a su vida como si le persiguieran.

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En esta etapa es clave valorar el procedimiento por encima del resultado. Enseñar a valorar ese esfuerzo diario por aprender y mejorar muy por encima del meter o no canasta. Disfrutar de los avances que se realizan. Conseguir adquirir hábitos de trabajo, disciplina, autoexigencia, autoevaluación, etc. Tomar consciencia de la importancia de cometer errores para poder ajustar las ejecuciones y dotarlas de mayor calidad sin que eso conlleve iniciar una cadena de errores que nos desquicie. Tener retos y objetivos asumibles para cada momento y entender que cuando consigo algo debo seguir trabajando en ello para perfeccionarlo y buscarle la vuelta de más para hacerlo propio y seguir avanzando apuntando a mayores retos.

Todos estos aprendizajes son necesarios para que el jugador y la jugadora de baloncesto puedan llegar a desarrollar todas las aptitudes que conforman su talento y traducirlo en la máxima expresión de su forma de entender ese deporte con el que disfrutan y rendir lo más alto que puedan. Valorar el presente y el proceso que vivo para poder conformar el futuro y superar los límites que surjan ante uno.

Una temporada dura de formación personal y deportiva que puede marcar el desarrollo de este niño o niña si sigue viviendo en el pasado (lo que hacía la temporada pasada) o está excesivamente presionado por el futuro (la siguiente temporada de infantil A y la competitividad que en ella hay). Vivir el presente, valorar ese momento y disfrutar de las nuevas experiencias que el cambio de categoría te ofrece. Asumir ese reto y demostrar la pasión por el baloncesto jugando, trabajando y divirtiéndose. Aprender sin parar para ponerlo en práctica y mejorar. Incorporar el error como una información para pulir algo y seguir adelante. Esa es la clave.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Trabajo cooperativo en educación física: crear una coreografía

Aunque en alguna ocasión esporádica me había tocado preparar danzas para alguna fiesta escolar, desde un par de años es algo fijo en mi programación anual. En el colegio en el que trabajo, los alumnos de quinto y sexto de primaria no bailaban una danza tradicional de algún lugar del mundo. Ellos bailaban una coreografía de alguna canción conocida o actual. Coreografía creada con más o menos ayuda directa del profesor/a.

Decidimos seguir con esta tradición que los alumnos ya daban por segura. Pero decidí cambiar el enfoque: en lugar de trabajar un baile para una fiesta del colegio realizaríamos un trabajo cooperativo todo el grupo clase que consistiría en crear una coreografía sin mi ayuda.

Las primeras reticencias a esta propuesta me llegaron por parte de algunos compañeros y compañeras más preocupados por la imagen que se podría dar el día de la fiesta ante las familias que por lo que podrían aprender los alumnos. Poco a poco fueron superadas al ver mi tranquilidad ante el proyecto, pasando del miedo inicial al apoyo sin reservas.

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Los alumnos reaccionaron con ilusión y miedo. Ilusión por poder crear y dar rienda suelta a la creatividad. Miedo por la responsabilidad que eso conlleva. La ilusión nos ayudó a implicar al grupo en todo momento. El miedo nos dio ocasión de trabajar individualmente y en grupo aspectos de autoconfianza, confianza en el grupo, respeto y otros aspectos y valores importantes a nivel educativo.

A partir de ese año, contando con las aportaciones de los distintos grupos que han ido realizando la actividad, hemos establecido el procedimiento en el que todo esto se desarrolla. Un procedimiento flexible en el que lo más importante es procurar que todo el mundo pueda exponer su talento y su creatividad,  contribuir, sentirse respetado y, por encima de todo, sentir que están creando algo propio y que el reto, trabajando en equipo, es asumible y realizable.

Primer paso. Propuestas de canciones. Los alumnos proponen canciones bajo las normas y consejos siguientes:

  • Letras adecuadas para un colegio.
  • Se recomiendan canciones que tengan una duración máxima de 4 minutos o que en su defecto se puedan cortar de forma que la canción no pierda su protagonismo.
  • Deben imaginarse a ellos y a sus compañeros bailando esa canción. En este aspecto, se nota una gran diferencia entre las canciones que proponen los de quinto y los de sexto que ya tienen la experiencia del curso anterior. Las de estos últimos se adaptan más a sus posibilidades.
  • No se pueden copiar las coreografías que aporte la propia canción o su vídeo musical.
  • Prohibido Esta norma está básicamente por mi salud mental.

Segundo paso. Elección de la canción. De todas las canciones propuestas, escojo entre 8-10 de las de los alumnos en función de las que cumplan los anteriores requisitos. Yo les aporto entre 4-6 canciones más hasta un máximo de 15 canciones. Mis propuestas aportan variedad a las que ellos has proporcionado y también ofrecerles la opción de conocer algún grupo o canción que por su edad se les pueda escapar.

Se escuchan las canciones y se les otorga un tiempo de reflexión individual máximo de una semana. Después de ese tiempo, se escuchan de nuevo en formato abreviado y se procede a la primera votación en la que cada uno de los alumnos debe votar dos canciones. En función del reparto de los votos, se procederá a otra votación hasta quedarnos con las dos canciones finalistas.

La votación final se realizará en la siguiente clase de educación física para facilitar otro pequeño intervalo de reflexión. De esta forma en la votación final todo el mundo puede formular su voto. Así se consigue que todos acepten la decisión final ya que todos han podido expresar su opinión durante todo el proceso, hecho que ayuda a la implicación en el proyecto.

 

Tercer paso. Crear la coreografía: Una vez escogida la canción y conocida la fecha para la que la coreografía debe estar finalizada, mis funciones son de mero facilitador. El tiempo del que suelen disponer es de unas 8 semanas. Durante ese tiempo, en las clases de educación física se seguirán trabajando otros contenidos, que se combinaran en la distribución del tiempo. Existe la opción de ensayar de forma voluntaria durante 10 minutos durante el recreo algún día de la semana en los que yo pueda estar presente, pero deben avisarme con anterioridad y ser un mínimo del 50% del grupo para poder realizar dicho ensayo.

Con todos estos aspectos claros, yo me dedico a poner y quitar la música y aconsejar la distribución del tiempo en las partes que van trabajando de la canción, para ayudar en la focalización de su energía creativa. También les hago muchas preguntas durante todo el proceso, principalmente orientadas al proceso de creación y las aportaciones de todos ellos.

Un aspecto muy enriquecedor se produce cuando en un ensayo voluntario del recreo se juntan los grupos de quinto y sexto y cada uno opina sobre el proceso del otro. A partir de ese feedback, la unión y cooperación de cada grupo se incrementa de forma espectacular.

Cuarto paso y final. Ensayo general: Pocos días antes de la fiesta, se realiza un ensayo general. Ese día, generalmente sin margen para la corrección posterior antes de la fiesta, se muestra por primera vez la coreografía por completo a otros grupos o maestros.

aprendizaje-cooperativo-1-638Aquí concluye el trabajo. El día de la fiesta es un día de disfrute que yo no tengo en cuenta para valorar el trabajo que han realizado.  Para mí ya han cumplido y se lo he hecho saber para qué aún valoren más lo que han creado y se sientan más orgullosos del esfuerzo invertido. Llegan con el trabajo hecho y, al margen de la calidad de la coreografía, todos y todas disfrutan de mostrar su creación.

Esta actividad también se convierte en un punto de inflexión en las dinámicas de los grupos. Si con anterioridad al proyecto y durante su creación existen conflictos relacionales entre ellos, estos se reducen considerablemente a partir del día de ensayo general. Incluso cuando los alumnos de quinto, llegan a sexto, lo primero que hacen es preguntarte si este año podrán crear otra coreografía y ahí ya nace otra nueva conexión entre ellos que los hace crecer como colectivo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El banquillo como escenario

En toda profesión, lo que uno transmite al resto es un apartado esencial para el desarrollo de su actividad. Si quieres ser realmente bueno en algo debes conseguir dominar los diferentes escenarios en los que tu actividad se desenvuelve o por lo menos una gran mayoría de ellos y de las diferentes situaciones que se pueden producir en cada uno de esos escenarios a lo largo del desarrollo de dicha actividad.

Cuando voy a ver partidos, principalmente de baloncesto, además de disfrutar o no del juego en sí y de lo que realizan los jugadores, no puedo dejar de observar los banquillos y lo que sucede en ellos. Y claro está, por extensión, a los entrenadores.

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Tradicionalmente se ha dicho que el hábitat natural de un entrenador de baloncesto es la pista de entrenamiento y el banquillo durante el partido. Hoy día sigue siendo así aunque otros escenarios en los el entrenador se relaciona con su staff técnico, con los jugadores o con miembros del club también deberían serlo e incluso llegan a tener más peso o influencia en su trabajo del que más de uno piensa. Y de estos dos, por lo general, el que tiene más peso y es más visible es el banquillo y lo que allí pasa durante el partido.

Existen ocasiones en las que además conozco la forma de entrenar de ese entrenador. Ya sea por método o características que lo definen durante la semana que forman parte de su esencia de entrenador o por la dinámica y forma de entrenar concreta a un determinado equipo. Esto me permite ver la coherencia o no entre esos dos escenarios principales.

Cada entrenador tiene su personalidad y su forma de comportarse. En un partido pueden producirse muchas situaciones distintas y en todas ellas se deben tomar decisiones, por lo general rápidas y en algunas situaciones muy rápidas. El entrenador que de verdad domina este escenario en el que se convierte un banquillo de baloncesto durante un partido se basa en aspectos muy claros y que todos ellos son trabajables.

Lo controlable es todo aquello que depende exclusivamente de la persona y de cómo se relaciona con el entorno. Pienso que esta es la base de todo buen entrenador: procurar llevar todo lo que sucede o pueda suceder a terrenos que uno mismo reconozca. De esta forma podrá transmitir de forma consciente lo que desee transmitir en cada momento.  Aunque muchos piensan que esto se acaba cuando el balón es lanzado al aire, realmente existen más momentos que son controlables. Muchos de ellos se basan en tener un buen conocimiento de uno mismo y un excelente control emocional que en los que son excepcionales llega a situaciones de transmitir una emoción pero realmente tener otra.

images (11)Lo previsible no deja de ser una ramificación de lo controlable. En este caso se basa más en lo que puede suceder o las acciones que pueden realizar los rivales o los propios jugadores. Si la relación, conocimiento y comunicación con tus jugadores es de alto nivel, se pueden prever y actuar para ayudar de la forma adecuada en un número alto de las situaciones que se producen a lo largo de un partido. Lo mismo de los rivales, ya sea de los jugadores o de los entrenadores.

Lo reactivo. Este ya es un tema más delicado. Depende de la interpretación que realizamos de lo que vivimos y nuestra reacción ante ello. Más acciones de las que nos pensamos son realmente previsibles con lo que se puede actuar de forma proactiva y anticiparse así a que nos afecte de forma emocional y reaccionemos de una forma más instintiva…menos racional. Estas reacciones menos racionales en ocasiones son buenas y aporta esa imprevisibilidad propia del deporte. De igual manera, la necesidad de educar las emociones de los entrenadores es un punto básico en su progresión y evolución, junto con los otros aspectos más tradicionales.

 

Lo transmitido une todo esto en la puesta en escena segundo tras segundo. Aquí es donde se observan todos estos aspectos y las virtudes y/o defectos en cada apartado para que todo esto fluya de una forma natural que no dificulte la expresión del talento de los jugadores. También se podrá observar en las relaciones que el entrenador tenga con el árbitro o árbitros así como con la mesa anotadora.

Mantener bajo control todos estos detalles no es fácil. Sí que es fácil observar entrenadores que pierden por momentos el control del partido o mejor dicho sobre sí mismos (a todos nos pasa) y otros que viven de forma constante en un limbo sin orden que provoca el caos en todo su entorno. Algunos de estos últimos, dicen crear este caos perpetuo y constante de forma voluntaria… Aunque incluso estos, cuando se observan grabados, pocos se reconocen y tampoco perciben lo que en principio ellos dicen que transmiten.

“No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va”

Séneca

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Quiero la pelota

Tener jugadores decisivos es algo que todo entrenador desea. Seguramente, en función de la forma de pensar y jugar que cada uno disponga y del deporte en que se compita, la cantidad deseada por cada entrenador de tener jugadores decisivos en sus plantillas variará. ¿Pero cuántos jugadores son realmente decisivos?images (3)

Muchas veces hemos escuchado o leído aquello de “no rinde en los momentos importantes”. Es una información muy fácil de encontrarse en los momentos cumbre de las diferentes competiciones. Jugadores importantes a lo largo de la temporada, básicos en los esquemas de juego que incluso han decidido partidos, pero que hacen el peor partido en el momento clave, en ese cruce, en esa final. Casi ni aparecen en el partido o sus aportaciones positivas al conjunto del equipo son inferiores a las habituales.

Por el contrario también existen los jugadores que siempre aparecen en esos momentos y que rinden por encima de lo que suele ser habitual. Al margen de aspectos económicos o contractuales que también pueden influir, ¿qué es lo que pasa?

Las respuestas son múltiples. Una de las primeras que se suele escuchar es la capacidad de liderazgo del jugador. Pero para que alguien pueda liderar de una forma positiva primero debe estar en unas condiciones psicológicas propias adecuadas que le permitan transmitir al resto ese liderazgo del que puede o no disponer. Un líder excelente pero que no controla en un momento puntual su propia ansiedad, ¿qué transmite a su equipo?

Expectativas, ansiedad, estrés, responsabilidad, autoconfianza, presión, miedos,… Todos estos aspectos influyen. Cierto es que hay personas que de forma natural saben afrontarlos, convivir con ellos y seguir consiguiendo un rendimiento alto o incluso óptimo. Una gran mayoría no es capaz de realizar este trabajo. También existen los que son capaces de rendir cuando todo transcurre de forma positiva, fluye de forma natural, hasta que en un momento se encuentran cometiendo errores de forma consecutiva por más que se esfuercen.

La capacidad de vivir en el presente es la base para poder superar estos momentos. El presente es el único momento en que uno puede actuar, mostrar su talento y todas sus aptitudes y actitudes. Este es un aspecto entrenable y que se puede mejorar trabajándolo de diversas formas.  Con tiempo, de forma preventiva y como un aprendizaje, una competencia imprescindible para todo jugador. De esta forma la cantidad de jugadores decisivos, resolutivos, se podrán incrementar o por lo menos mejorar la capacidad competitiva de todos.

Puede que igualmente, en momentos cumbre, no todos quieran la pelota pero por lo menos si les llega estén preparados para poder contribuir de forma positiva.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

“La vida puede ser maravillosa”

Estoy seguro que la gran mayoría de aficionados al deporte y principalmente al baloncesto reconocen está frase de Andrés Montes. Cuando somos niños y empezamos a jugar nuestra vida es así, simplemente maravillosa. Por desgracia esto suele perderse con el tiempo y es algo que no podemos permitirlo ni los jugadores ni los entrenadores.

Como entrenador tengo siempre en mi memoria un día concreto en que esta sensacional frase se lleno por completo de significado. Entrenaba a la escuela de iniciación al baloncesto de un colegio vinculado al club donde también ejercía de entrenador. Niños de primero y segundo de primaria. Un día, justo antes de empezar, una madre vino a hablar conmigo ya que sabía que hasta primero no podía ser pero su hijo de P5 quería apuntarse a la escuela de baloncesto. Le dije que no se preocupara y que un día se quedarán y su hijo probará tranquilamente. “Pues ahí lo tienes” me dijo señalándome a la pista. Lo que vi al girarme fue un peque con un balón de minibasket casi tan grande como él y su sonrisa de oreja a oreja tirando a la canasta de minibasket (y metiéndolas dicho sea de paso) sin parar. Entro en la escuela y nos lo pasamos genial lo que quedaba de temporada. Lamentablemente la temporada siguiente, yo dejé la escuela de iniciación y esta cambió de días lo que hizo que este niño no pudiera seguir asistiendo. Una pena.sergio-chacho-rodriguez_0

Seguramente el ejemplo más claro de jugar, divertirse y divertir es Sergio Rodríguez  el Chacho. Cada vez hay más fans del Chachísmo  o del Chachowtime. Su juego ha evolucionado de manera exponencial pasando ya hace tiempo de un estado de forma óptimo como muchos decían y José Díaz explico tan bien en uno de sus fantásticos artículos. Admito que soy de los que pensaba que botaba demasiado y quería acaparar demasiado protagonismo (no digo que de forma consciente). Pienso que ha encontrado un equipo, unos compañeros y un entrenador que le han permitido evolucionar y destapar aún más su talento, quitar botes a su juego por el dinamismo de sus compañeros y las situaciones que se generan para él o para ellos e incluso poder dar más pases no sólo asistencias (algo básico en mi opinión para un base), dinamizando aún más a todo su equipo. Todo esto suma adeptos a su causa. Un excelente programa como es Informe Robinson ha realizado un fantástico reportaje sobre él y su vida.

Sergio Rodríguez también es un ejemplo de flow. Hay un momento en el reportaje que hace referencia a eso, no querer que el segundo cuarto acabe. Fluir, algo básico para la felicidad que te da el juego. La expresión máxima del talento se produce en esos momentos en los que simplemente juegas.

Los entrenadores y los clubes deberíamos ser capaces de poder canalizar todo el talento del que disponemos y hacerlo fluir. Estar en la competición adecuada también es algo importante y que la reglamentación ayude no estaría de más. El baloncesto, y todos los deportes, necesitan más gente feliz practicándolos. No sólo jugadores, también equipos. Como también decía Montes: “¿Por qué todos los jugones sonríen igual?”. Aunque la barba no deje verla del todo, se necesitan más sonrisas como las de Sergio Rodríguez.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Me adapto. Se adaptan

Gran parte de los entrenadores deportivos están a punto de comenzar, los que no lo hayan hecho ya, la temporada con sus respectivos grupos. Previamente han planificado la temporada. Ataque, defensa, reglamento interno, situaciones especiales…. Estás y muchas otras palabras están presentes en los entrenadores mientras escriben la planificación. Un gran porcentaje de ellos también tendrá presente el adaptarse a sus jugadores o jugadoras para crear la forma en la que su equipo jugará a lo largo de la temporada. Cuántos lo tendrán presente a lo largo de toda la temporada y lo respetaran al margen de los resultados es la incógnita. Pasar de me adapto a ellos a ellos se adaptan a mí, por desgracia, sigue siendo lo habitual.

Antes de continuar me gustaría aclarar que, aunque el escrito se basa en el ámbito deportivo, el tema tratado es totalmente adaptable a otros. A la gran mayoría diría yo. Lo único necesario para que sea aplicable es que existan relaciones humanas. No importa dónde se produzcan estas. Da igual que sea un campo de fútbol, una clase de un instituto o una oficina de una empresa. No hay que darle muchas vueltas para hacerlo encajar.

MouEl entrenador, como líder de un grupo, es el máximo responsable. Esto es lo que dice la teoría y con matices puntuales o no, es lo que ocurre en la gran mayoría de los casos. La forma en que ejerza ese liderazgo distinguirá a su grupo. Digo grupos y no digo equipos porqué es posible que el equipo no llegue a crearse a lo largo de una temporada y aunque alguno quiera engañarse pensando que el primer día de la pretemporada ya tiene el un equipo en sus manos, incluso aunque no haya habido cambios de personas de una temporada a otra, es falso.  Es un grupo y se convertirá en un equipo en función de muchas variables. Una de ellas, y en muchos casos la primordial, es el líder que hay al frente y como desarrolle su liderazgo ante el grupo.

Cuando planificas toda la teoría la tienes en la cabeza y es muy normal decir la famosa frase “me adaptaré a mis jugadores para desarrollar el juego que mejor se adapte a sus capacidades”. Esta frase ya tiene trampa por sí sola. Es una frase más centrada en el rendimiento actual que no en las posibilidades futuras. Incluso si la tienes presente a lo largo de la temporada, estás buscando únicamente el rendimiento inmediato no el facilitar el desarrollo de sus potencialidades. Aunque a veces pueda pasar o se pueda interpretar así.

Adaptarse de verdad es buscar la forma de potenciar el desarrollo de todas las capacidades que los jugadores tienen. Potenciar el desarrollo de todo su talento. Si esto es así, y entrenas en consonancia, lo más normal es que el juego que desarrolle el equipo sea diferente a principio y a final de temporada. Tendrá rasgos comunes, señales de identidad propias. Pero la expresión de talento, la parte impredecible del juego y que depende de la creatividad, la libertad en la toma de decisiones y el hábito de expresar esto con total confianza en sus posibilidades, tendrá mucha más presencia en el juego. Seguramente también los jugadores serán más felices.

Suele ocurrir lo contrario. Por lo general a lo largo de la temporada se desarrollan una serie de hábitos, esquemas predeterminados que van limitando estas expresiones de talento (hasta llegar a los momentos finales de los partidos). De forma gradual adaptamos el equipo a nuestros esquemas (en ocasiones también a los de los contrarios), la concepción que el entrenador tiene del juego: su baloncesto, su fútbol, su balonmano,…. Estoy seguro que en algún momento de nuestra carrera de entrenador lo hemos hecho todos, yo sí, por unos motivos o por otros, puede que no tuviéramos más opción… No juzgo, simplemente quiero que seamos conscientes de ello.

Error. El baloncesto, el fútbol, el balonmano y todos los deportes son de sus practicantes, los jugadores. Los entrenadores somos necesarios e imprescindibles (como árbitros, clubes, entorno de los jugadores, etc.) siempre y cuando nos dediquemos a lo que nos toca: favorecer el desarrollo de ese potencial. No hay fórmula mágica o yo no la conozco. Hay que estar dispuesto a aprender siempre y adaptarse. Cada jugador/a es distinto/a a otro/a y en un grupo tenemos tantas personalidades como personas lo forman. Sin eso, el grupo no pasa a ser equipo y en la gran mayoría de casos, el equipo es necesario e imprescindible para favorecer el desarrollo del talento.

Phil Kobe MichaelLas planificaciones deben ser flexibles en muchos aspectos y tener otros inmutables como tótems. Entre esos tótems no suele estar el adaptarse constantemente a los jugadores salvo para exprimir su rendimiento presente al máximo. Cierto es que parece que las cosas van mejorando en este aspecto y se ven brotes verdes, pero aún queda mucho por hacer.

¿Damos un paso adelante en esta temporada?

El talento primero, los sistemas después

No le expliques a Navarro, Jordan, Bryant o Rudy, nada de sistemas…

Últimos minutos de un partido ajustado, Navarro, Rudy, Jordan, Bryant, Petrovic, etc… no deja de ser curioso que siempre salgan los más talentosos en esos momentos, pero mi pregunta es… ¿Por qué les dejamos que salgan solo en esos minutos? ¿Por qué no desde el primer minuto dejamos fluir el talento natural de los jugadores?.

Cuando empecé a entrenar hace unos años en categorías cadete-júnior-senior, lo hice utilizando sistemas (imagino que como la gran mayoría), pero cada temporada me convencía menos, no estaba identificado con esta forma de jugar. Continuamente me preguntaba a mi mismo, que me gustaba y que no en los 16 años que pasé como DSCF2178jugador. La respuesta era bastante sencilla, si algo no me gustaba, era jugar con sistemas… maldecía cuando mi base mandaba eso de “Puño”, “Cuernos”, “Camiseta”, etc… y pensaba para mi, “en esta jugada no tocaré balón, en esta otra puede que si, y en esta, si cogemos rebote ofensivo y mandan otra, a lo mejor me toca participar del ataque, en esta otra solo pondré bloqueos para que otro tire”. Y la verdad, si por lo que fuera, la pelota llegaba a mis manos, la concentración en ese ataque en el que ya no tenía previsto tirar, hacia que normalmente nada bueno saliera de esa acción. Y otra cosa que me venía a la cabeza continuamente era la de que a mí me costaba menos defender un sistema en el que ya sabía dónde podía ir el balón, que la improvisación de mí oponente cuando decidía encararme en 1c1.

Mis conclusiones a todo esto como entrenador son fáciles. No sé qué jugador viene “enchufado” a cada partido. Por lo tanto, ¿para qué jugar para él? Si igual ese día tira 10 y no mete ni una y otro jugador que igual venia motivado, no le hemos dejado demostrar su potencial ni sus buenas vibraciones, porque había que ceñirse a los sistemas monótonos y preestablecidos de cada fin de semana.

Los últimos años he decidido atacar por conceptos sea la categoría que sea, conceptos en los que priman que todos los jugadores estén de cara a balón siempre (nada de jugadores que se pierden el partido haciendo bloqueos de espalda al balón), donde ni yomismo se quien va a tirar en cada posesión, ni quién va a tomar la iniciativa para mover a todos sus compañeros. Es decir, dejar salir el talento y la inspiración de cada jugador y ver quién está en condiciones de afrontar ese partido, pero desde el minuto uno, no solo cuando quedan 5 minutos. Curiosamente, cuando todo el mundo deja de jugar sistemas y le da el balón al “enchufado” del día.

Es algo que siempre me ha llamado la atención, basquet control 35 minutos, todo sistematizado y en esos 5 minutos sale el talento, el juego libre, el entusiasmo, y se anota más y más divertido que en los 15 minutos anteriores. Comentarios habituales de gente que no es tan apasionada del baloncesto y que todos habremos escuchado… “yo solo miro los últimos 5 minutos que son los divertidos”.

Por mi experiencia con esta forma de jugar, he comprobado dos cosas muy satisfactorias para mi manera de entender el baloncesto.

La primera, es que jugadores que empezaron la temporada jugando apenas minutos, al utilizar formas jugadas donde todos pueden tener protagonismo, y por lo tanto, posibilidad de probar y evolucionar, y no convertirse en un jugador especialista (reboteador, ponedor de bloqueos, en la esquina sin participar, defensor, etc…), sino DSCF2181todo lo contrario, un jugador al que se le permite hacer de todo y ser más completo que cuando empezó la temporada. Y la segunda, no deja de ser curioso, que los dos máximos anotadores en un partido, no son habitualmente los mismos que en el siguiente ni el anterior. Como me gusta decir, “vamos a ver quién se ha levantado con el pie derecho hoy y quién merece los minutos”. De esta forma, los jugadores también saben que depende de ellos estar en el partido y el nivel competitivo del grupo aumenta en cada entreno y partido, todos se sienten importantes, y esto no hace más que defender mi teoría, de que es bueno, dar oportunidades a todos de inicio y ver el feeling que te transmite cada jugador. Porque aunque muchos entrenadores nos cerremos, no a cada jugador le va igual jugar contra todos los equipos, y eso, como entrenadores, creo que deberíamos averiguarlo durante el partido y no estipularlo de antemano. Algo que hace que el día que no tienes a los habituales, no pase nada y como todos los jugadores se sienten protagonistas domingo tras domingo y con la libertad de participar en cada momento del ataque, y no simplemente verse forzados a seguir un sistema, pasarla aquí o pasarla allá, hace que todo el mundo tenga confianza en sus posibilidades y no solo el día que se lesionan los tres titulares de turno.

En estas últimas temporadas he dejado de dedicar horas y horas a robotizar mis jugadores en los entrenos practicando insaciablemente los sistemas, para pasar a dedicar todo ese tiempo a la mejora individual de los jugadores y que sobretodo, aprendan a dar un paso adelante en los partidos, nadie se esconde, todo el mundo con este forma de jugar aprende a tomar decisiones y ser valiente.

Obvio que siempre introduzco algún sistema, no soy tonto, y sé que no cada equipo es igual, y un equipo necesitará la ayuda de 2 sistemas y otro, por sus características, puede necesitar 4 o 5. Pero llega un momento, que hay partidos que no se llegan a utilizar, y si hemos atacado 70 veces, todas han sido conceptualmente. Creo que el baloncesto se ha vuelto monótono y previsible y llega un momento que si te enfrentas a 15 rivales, 10 o 12 de ellos tienen sistemas parecidos y juegan a lo mismo (excepto los últimos minutos o cuando toca remontar, que entonces sale la improvisación tan reclamada por mi parte).

Y por último, para resumir esta filosofía. Mejor ir dando los conceptos que tu equipo necesite durante la temporada, ir metiendo los recursos solo necesarios, más cerrados o más abiertos, pero no inundarlos de 20 sistemas en agosto y cohibir por completo la máxima expresividad que tiene un jugador, efectivamente…

¡¡¡SU TALENTO!!!

Se pueden ganar o perder partidos por esto, pero también se ganan y pierden con la otra forma… ¿Por qué no probarlo?

Iván Faure

Fotógrafo y viajero.

www.ivanfaure.com