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Conmigo-contigo juega mejor

Es algo habitual. Un jugador o jugadora sube o dobla con el equipo superior y juega mejor que con el suyo. Bueno esto es lo que se suele decir. O lo que te dicen. O lo que piensas como entrenador. ¿Pero esto por qué pasa? Si es que pasa claro…

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, dentro de un equipo, los jugadores tienen un rol, una responsabilidad, un liderazgo incluso. Todo esto influye en esos momentos en los que, desde la dirección técnica de un club, ya sea por necesidades, premios, apuestas de futuro del club, … se decide que un jugador juegue un segundo partido con el equipo superior.

Esto último, un segundo partido en el mismo fin de semana, también es algo a tener presente. Es algo que influye y que, a no ser que esté absolutamente planificado, más tarde o más temprano, pasa factura.

Pero ¿por qué juega mejor? ¿Por qué el entrenador del equipo con el que dobla me dice esto? ¿Por qué, como entrenador habitual suyo, pienso eso cuando lo veo jugar con el equipo superior? Vamos por partes.

¿Qué es jugar mejor? Los casos que yo conozco, salvo en situaciones de urgencias por ausencias en el equipo superior, los jugadores y jugadoras que doblaban, incluso las promesas del club, cumplían con su papel en su equipo. Sino no subían. Así que se supone que en su equipo ya juega bien, al nivel que se le espera o que puede dar o por encima. Entonces, ¿mejor? En general, estamos hablando de rendir por encima de las expectativas. ¿Qué expectativas son esas? ¿Están ajustadas a la realidad? Respuestas importantes para todo este proceso.

¿Por qué el entrenador con el que dobla me dice esto? Depende. Puede ser para molestarte si sabe que eso te va a molestar… Pocas veces me lo he encontrado. Puede ser que sea para aportarte una información que tú no tienes ni puedes tener, por ejemplo, como se adapta a un rol diferente o como rinde con el mismo en otro equipo. Esta me la he encontrado mucho más y esa información es muy valiosa.

¿Por qué pienso eso cuando lo veo jugar con el equipo superior? Dos son las situaciones que más me he encontrado. La propia inseguridad del entrenador en el trabajo que está realizando con ese jugador es una de ellas. Esto lo tienes trabajar tú contigo mismo, no depende del jugador. Otra opción es que las expectativas que tienes puestas en ese jugador y en su papel en su equipo no se estén cumpliendo. Si dobla por necesidad puede pasar… pero si no es así, puede que sea tu forma de percibir lo que hace o que las expectativas que tienes son demasiado altas.

En todos los casos existen más opciones y aspectos a puntualizar. También hay que tener en cuenta, y mucho, lo que el propio jugador opine de esta situación y de su propio proceso de formación y expectativas, motivaciones… Ante esto puede responder de muy diversas formas. Muy importante una comunicación muy clara.

Esta situación es habitual en todos los clubs temporada tras temporada y en más de un caso genera algún conflicto que no se sabe reconducir. Lo importante es que huir del conmigo-contigo y centrarse en la experiencia que se produce y todo lo que nos aporta dentro del proceso de evolución del jugador, de creación del equipo y de expectativas del club.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

 

Gestionar la derrota. ¿Perder o ganar de cualquier forma?

Soy consciente que voy a tocar un tema delicado. Perder un partido, una derrota es algo que no gusta ni a entrenadores ni a jugadores. Muchas veces nos llenamos la boca con frases típicas estilo “unas veces se gana y otras se pierde” para no afrontar la derrota de forma directa. Es más, si hablas y escuchas atentamente a muchos entrenadores y jugadores (da igual el deporte) lo ves claramente. Unos de forma más directa y otros menos, te transmiten la idea de que es mejor ganar jugando a la peor versión tuya o de tu equipo que puedas imaginar que perder. Se podría entender en categorías senior o profesionales, pero también pasa en formación.

Diría que ya se empieza a ver mi opinión. No me gusta perder pero tampoco me gusta ganar cuando mi equipo no lo merece. Entiendo que tanto la victoria como la derrota en un partido son uno de los aspectos a tener en cuenta para valorar el trabajo, la trayectoria, etc en función del objetivo. No son el aspecto determinante generalmente. Admito que cambiar según qué aspectos de los grupos puede ser más fácil con las victorias que con las derrotas. Pero no me gusta la huida de muchos entrenadores o jugadores de la derrota.

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¿Qué es lo que me he encontrado muchas veces? Varias situaciones de las que voy a comentar las más habituales o las que más me llaman la atención.

La primera sería algo así como la trascendencia. Se le otorga a toda derrota, a todo partido perdido, un grado de importancia que supera el estándar establecido. Eso hace que todo lo que ocurriera de negativo allí, sea aún más grave. Además, en muchas ocasiones, lo positivo se olvida o relativiza entre el resto de aspectos negativos. Esto muchas veces es a nivel interno e individual. Pero también existe un factor externo. Tanto dentro del grupo, entre jugadores, entrenadores y jugadores, como con el entorno: familias, club, otros equipos, redes sociales,… ¿Qué dirán….de mi/de nosotros?

Otro aspecto es qué exige de mí. Ahora que hemos perdido, tengo que exigir más o exigirme más. De este enfoque se puede extraer el siguiente: tú exigencia depende del resultado. Pero para los que la palabra exigencia no guste (y hoy día parece que está mal vista) voy a poner otras ideas. Tu nivel de trabajo, de mejora, de implicación, de compromiso depende de un resultado. A mí esta no me gusta ya que se aleja de algo para mi ligado al deporte que es la trasmisión de valores.

Por otro lado están los que se mueven casi exclusivamente por alejamiento de la derrota. Sus planteamientos individuales o de grupo se nutren de alejarse de ella. Incluso su forma de hablar o charlas. La utilizan como el lobo con el peligro que eso tiene. Muchas veces, sin darse cuenta, están sembrando ideas que, cuando el lobo llega, son las que realmente pueden llegar a crear una crisis de un solo día.

Perder un partido es una posibilidad. Saber gestionar la derrota, así como la victoria, es un aprendizaje fantástico que seguramente no siempre conseguirás con los mismos resultados. Entran muchas cosas en juego a nivel de liderazgo, tanto personal como grupal. Una clave para mí es que el grupo no sea un grupo, sea un equipo. Si es un equipo de verdad, ¿una derrota lo puede destruir? Puede ser, aunque en general no. Enfócate en el proceso, en tu objetivo y lo que no puedas controlas, no dependa de ti, recógelo, sé flexible, aprende de ello y aprovéchalo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cambio de paradigma en minibasket

Después de 10 temporadas, volvía a entrenar en minibasket. Pese a que llevaba tiempo sin entrenar directamente, nunca he perdido el contacto del todo. Veía más de un partido cada temporada y hablaba con más de un entrenador. Pero es verdad que este año me he podido empapar mucho más de lo que hoy día existe en el minibasket.

Esta reflexión también se produce después de una corta conversación que tuve aproximadamente hace un mes con un informador arbitral, árbitro de reconocido prestigio que vino a observar al árbitro que dirigía mi partido. Transcribo una parte:

– Muchas gracias Dani por no comerte al árbitro por más que te ha dado opciones para hacerlo y ayudarle en todo lo que has podido.

– No hay de qué, es una de mis funciones como formador.

– Y sobre todo gracias por darle la mano al final del partido.

– Es lo mínimo y es lo habitual, ¿no?

– No. Te sorprendería cuántos entrenadores y entrenadoras de minibasket no lo hacen. Yo me sorprendía en octubre pero ahora en marzo ya no.

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Esto me chocó e intercambiamos dos o tres frases más sobre el tema. Después pensando bien, al entrenar esta temporada en minibasket he visto más partidos de esta categoría, no me sorprendió tanto. Y es una auténtica pena.

Se ven jugadores que únicamente piensan en meter puntos sea como sea, con acciones técnicas mal realizadas y que cuando se lo comentan, en los casos en que eso pasa, claramente se ve que les da igual. Sólo les preocupa el resultado del partido y si este no es visible no paran de buscar como saberlo. En los casos en que los entrenadores no se lo dicen, preguntan directamente a la grada sin ningún inconveniente.

Se ven entrenadores que avanzan cuestiones tácticas impropias de la edad como son situaciones de mano a mano, bloqueos indirectos e incluso directos. La forma de dirigir los partidos está centrada exclusivamente en ganar no en que los jugadores y jugadoras mejoren. Aprietan de forma indiscriminada a los árbitros y la mayoría, si conocen el reglamento, se lo intentan saltar de cualquier forma, principalmente pidiendo tiempos muertos después de canasta recibida y si la mesa amateur no se lo da, protestan de tal forma que el árbitro al final para el partido por el escándalo. En ese momento no les concede el tiempo y cuando el juego se reanuda, anulan el tiempo. Ya han parado el partido. También están los que en su campo y con su mesa les van indicando cuando tienen que dejar correr el tiempo o pararlo en función del interés y los que camuflan zonas de todo tipo (aunque algunos ni las camuflan y se ofenden cuando se lo dicen).

Los árbitros que muchas veces se complican el partido con situaciones que podían ahorrarse como entrenadores con ficha de delegado que les montan un show minuto tras minuto. Normalmente, también ellos están en formación pero cuando se encuentran con entrenadores que les miran de ayudar, no son muy receptivos.

Las familias se merecerían unos cuantos artículos para ellas solas. Simplemente, muchas deberían verse en vídeo. Confío en que una mayoría reflexionaría. El resto, las que gritan a los contrarios, insultan a los árbitros y en general se olvidan de que un padre y una madre no dejan de ser un modelo para sus hijos, simplemente deberían no asistir a los partidos por el bien de sus hijos.

Es necesario y urgente un cambio de paradigma. Pasar de esa obsesión por el resultado a valorar el proceso de mejora y aprendizaje que se vive en el minibasket.

Entre todos nos estamos cargando el minibasket. Me incluyo porque todos somos responsables: jugadores/as, entrenadores/as, familias, clubs/colegios, federaciones. Todos de una forma o de otra hacemos que la realidad sea esa, también cuando vemos situaciones que no tocan y las catalogamos como normales.

Algo hay que hacer para que el minibasket vuelva a ser lo que toca. Un espacio de aprendizaje y disfrute máximo y que cuando esta etapa se acaba, haya jugadores en formación con una base deportiva, competitiva, técnica, táctica, coordinativa, etc. pero sobre todo una base humana que enriquezca al resto de categorías que a esos deportistas aún les queda por vivir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Qué es ser competente básico?

No me voy a esconder. No me gustan las pruebas de competencias básicas. Por lo general no me gustan las pruebas estandarizadas. Así que el hecho de que a los centros se los evalúe en función de los resultados obtenidos en estas pruebas me parece ridículo. Que se evalúe a los maestros y profesores por los resultados de sus alumnos en dichas pruebas es algo esperpéntico. Y ya por último, que no paren de ponerse sobre la mesa metodologías alternativas en busca de actualizar la educación pero que sin embargo esto se evalúe con una prueba que mete a todos los alumnos en un mismo saco, es algo que no merece ni siquiera un calificativo.

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Pero todo esto es normal en una sociedad en la que las personas que deciden lo que es importante y lo que no lo es en el ámbito educativo, por lo general, no han pisado un aula en su vida (más allá de como estudiantes) ni tampoco han vivido el día a día en un centro educativo. Cierto es que cuando han tenido peso e incluso han mandado personas que sí lo han hecho, han tomado decisiones que tampoco han ayudado.

Por más que una prueba esté hecha a la perfección (algo ya de por sí muy discutible) ¿cómo se puede pretender que un papel para todos igual determine el grado de competencia en los aprendizajes de toda la población estudiantil? Se obvian muchos aspectos, demasiados, y entre ellos uno de básico para que los centros escolares de verdad funcionen. Este es la adecuación a su contexto. Aunque algunos lo pongan en entredicho, y estas pruebas así lo constatan, el contexto socio-educativo y económico en el que se desarrolla un alumno o alumna marca este proceso.

Ante esto, marcar que es ser una persona competente también es diferente. El nivel de lo que es básico en un contexto, puede ser ínfimo en otro o al revés. Además lo que genera no tenerlo en cuenta no lo veo positivo. Crear los grupos en los institutos en función de los resultados obtenidos en dichas pruebas sin tener en cuenta prácticamente nada más, por ejemplo.

Hoy día vivimos en un mundo en el que las competencias necesarias para poder vivir en él se desarrollan de forma vertiginosa. La adaptación al cambio es constante y tus competencias deben ir evolucionando prácticamente sin parar. Lo que hoy es básico, mañana puede ser algo obsoleto.  Algunos pretenden evaluarlas mediante una prueba escrita… simplemente es anacrónico. ¿Qué necesidad hay de todo esto?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Cuando decir basta (no es abandonar)

Siempre que nos planteamos nuevos retos, nuevos objetivos, intentar hacer realidad deseos que aparecen en nuestra mente o que ya estaban instalados en ella, partimos de una situación inicial que nos permite alguna esperanza de lograr lo que nos proponemos. Por lo general si no ves ninguna opción de conseguir ese deseo, ni lo intentas.

Estos objetivos pueden ser de muchos tipos y pueden implicarnos exclusivamente a nosotros o a nosotros junto a otra persona o a un grupo de personas. De tratarse de una meta con otra u otras personas, estas pueden ser conscientes de este deseo o no como podrían ser objetivos de mejorar relaciones personales. Hacer realidad algo propio en relación a otros.

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La cuestión es cuándo decir basta durante el proceso que realizamos para poder optar a lograr esa meta. Es decir o como muchos se lo dicen a sí mismos, cuándo abandonar. Usar esta palabra, aceptándola con las connotaciones habituales que se le suelen otorgar,  es uno de los motivos por los que muchas veces seguimos buscando lograr alguna cosa de cualquier forma y que en muchas ocasiones nos tapa algo en lo que no pensamos hasta llegar al final de la situación: el precio pagado por ello. Si a uno la palabra abandonar lo motiva para seguir buscando alternativas para lograr su meta de una forma ecológica para él, adelante. Yo prefiero otras alternativas.

Lo que tengo claro es que no igualo en significado las acciones de decir basta y de abandonar. Puede parecer una ridiculez, pero son distintas. Un símil que he utilizado con jugadores es que abandonar es apretar el STOP e irte a otro tema pero decir basta es darle a la PAUSA, darte tiempo para ver el conjunto para poder evaluar, plantearte alternativas, reorientar tus acciones o dotarlas de mayor sentido y posteriormente continuar con más opciones, con más energía para poder alcanzar lo deseado.

¿Es posible que la PAUSA se convierta en un STOP? Sí, es posible. Pero esa decisión será tomada con un análisis que te facilita la PAUSA que también te ayudará a gestionar tus emociones y poder pensar con mayor claridad.

El día a día de la sociedad nos ayuda a vivir en los extremos, pasar de uno a otro y perdernos todo lo que hay en medio. Pensamos que todo va a alta velocidad y que no existe el tiempo necesario para poder pensar relajadamente y otorgamos las mismas características a cosas que no son iguales. Todo esto hace que como sólo pensamos en los extremos, se nos complique aún más algo que por lo general cuesta: la toma de decisiones.

Las palabras finalmente tienen las connotaciones que cada uno le da. La dotas de un valor, de un poder que provoca una reacción en ti. Cada uno decide pero enriquece tu vocabulario y no hagas sinónimos exactos dónde no los hay. Un BASTA a tiempo seguro que ayudaría a solventar mucho problemas o situaciones que surgen simplemente por la inercia del día a día.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mitad del camino

Las competiciones llegan prácticamente a su ecuador. En estos momentos, una gran cantidad de equipos, de clubs, de entrenadores, de jugadores y de familias se están planteando como enfocar lo que queda de temporadas. Había unos objetivos a inicio de temporada y ahora ya puedes hacer un análisis con bastante información de cómo has funcionado hasta ahora y lo que se ha logrado de esa forma. También puedes hacer otra proyección al futuro, puede que más ajustada de la que realizaste en a inicios de temporada.

Hablo de toda clase de objetivos. Seguramente los que tienen que ver con los resultados son los más claros de todos. Pensar en lograr ganar unos partidos que te permitirán competir a un nivel y puede que incluso optar a excelentes clasificaciones y encontrarte con derrotas que no esperabas y que te han alejado de las metas a las que pensabas que llegarías. Pero también de otros objetivos como el estilo de juego, la evolución individual de los jugadores, la cohesión del equipo, etc. Todos estos también vistos desde el otro extremo: lo ganamos todo, jugamos como nunca, cada día soy mejor jugador,…

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Cada uno lo afronta como considera oportuno, pero pienso que hay tres enfoques básicos que pueden marcar lo que queda de temporada. Estos tres aspectos están presentes cada día en las acciones que realizamos continuamente. En los momentos de evaluación salen a la superficie pero a todo el mundo le iría mejor si los tuviera presentes de forma más continua, cada uno en su justa proporción.

Enfocado al pasado. Como la temporada va mal, cometemos errores que nos cuestan partidos, no evoluciono con este entrenador,… todo lo que hago me recuerda aquella acción que nos costó un partido, la lesión de un jugador, aquella explicación que no comprendí y sigo sin entender. La mochila pesa y me frena y no paro de añadirle peso porqué me es fácil encontrar situaciones que me las confirmen. Teníamos un objetivo a principio de temporada y como este se ha complicado en exceso o ya es imposible ya todo está hecho. No soy capaz de generar nuevos objetivos adaptados a la nueva realidad. Las responsabilidades se diluyen o se aceptan sin oponer resistencia, sin ofrecer alternativas.

O al revés. Todo lo que ha pasado hasta ahora me reafirma. Doy por hecho que los objetivos se lograran por lo que ya hemos hecho a día de hoy. Hay que seguir igual sin salirse para nada del camino que llevamos. No hago nuevas aportaciones ya que así nos va bien.

Enfocado al presente. La realidad con la que me encuentro no cumple con las expectativas que tenia. Ya no podemos luchar por el campeonato, sigo siendo el jugador o jugadora que era a principio de temporada o incluso algo peor, cada día jugamos peor y además hay mal rollo. Pero ante esto actúo. Admito que los objetivos ya no se pueden cumplir o están muy complicados y genero otros más adaptados a la realidad. Esto no quiere decir que sean objetivos más fáciles de cumplir. Ahora dispongo de información nueva y puedo modificar mis acciones para que estas me lleven a lograr estas metas.

La realidad es la imaginada o superior. Valoro lo realizado hasta ahora y busco los aciertos y los errores para generar el aprendizaje que pueda aplicar en este momento y que ayude a que la realidad se mantenga e incluso mejore. Busco enriquecer desde la base de trabajo ya creada.

Enfocado al futuro. Proyecto lo que hemos hecho hasta hoy a lo que queda por delante y todo esto se repetirá hasta final de temporada. Los partidos igualados que tengamos por delante los perderemos y la situación que hoy tenemos será cada semana peor. Entro en un bucle de profecía autocumplida que no hará más que confirmar todo lo que sé que pasará. Y también en positivo. Si todo nos ha salido bien hasta hoy, ¡vamos a por todo!  La ambición crece y añado nuevas formas de jugar, adelanto pasos de la planificación y le aporto nuevos contenidos, mi nivel de exigencia aumenta cegado por lo que podemos lograr. Las alas que me aporta lo logrado hasta hoy me impulsan con tanta fuerza que perdemos la esencia de lo construido hasta ahora.

Por lo general nadie enfoca al 100% en una sola de estas opciones pero una suele predominar en todo lo que hacemos.

Lo más importante es que ahora estás a mitad del camino, queda la otra mitad. No lo olvides. Tampoco olvides que no sólo existe un camino pero que sí tendrás que tomar decisiones para saber cuál te llevará a donde quieres y cómo tu quieres llegar allí.

Recuerda que el camino es tu día a día y que todo el proceso para lograr el objetivo que deseas, en definitiva, es lo que te construye, construye tu equipo, te hace mejorar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Obsesionados por no cometer errores

Os propongo un juego: ir a un entrenamiento de un equipo de baloncesto y dedicaros a observar a los jugadores o jugadoras. Sirve casi cualquier equipo y de cualquier edad, pero si es uno de formación mejor. Simplemente mirar y observar a los jugadores con el objetivo de ver cómo cada uno asume los errores que cometerá a lo largo del entrenamiento.

Cierto es que existen muchas variables, algunas de ellas que condicionan muchísimo,  como pueden ser la actitud del entrenador o entrenadora ante los errores, los ejercicios propuestos y el objetivo de cada uno de ellos, etc. Pero en general en un entrenamiento tipo en el que esos condicionantes estén bajo un determinado control, lo que observaremos es una clara diferencia entre los que asumen el error como algo habitual cuando se entrena y los que lo perciben como una amenaza. Si este juego lo transportamos a un partido de competición aún podremos extraer más conclusiones y puede que de mayor calidad.

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Cada vez más jugadores y jugadoras crecen obsesionados por no cometer errores. Es más, muchos encaran un nuevo aprendizaje con una presión extra que les hace querer desarrollarlo de una forma básica inicial y basta. Puede que con el tiempo acumulen alguna riqueza a ese nuevo movimiento técnico, lectura,… pero les cuesta muchísimo cuestionarse el primer aprendizaje adquirido para poder desarrollarlo más allá de unos principios básicos. Sería cuestionarse su certidumbre, lo que ellos ya saben y conocen.

Motivos existen muchos y algunos los he mencionado anteriormente. Todos tienen su importancia y este hecho va más allá del aprendizaje de un deporte en concreto. Pienso que uno de los más importantes es el valor cultural que se otorga al error. Equivocarse, es algo habitual y por lo menos no debería ser penalizado, principalmente en entornos de desarrollo.

Los entrenamientos deberían ser un sitio en el que los errores estén desdramatizados. ¡Ojo! Me refiero a los que se cometen con el máximo de implicación y compromiso por aprender de la persona que lo comete y de la persona, entrenador, que ayuda en este proceso. El resto de errores son otro cantar y se deben tratar de otras formas en función del origen del mismo.

Cómo hacerlo es fácil y difícil al mismo tiempo. Las adaptaciones individuales a cada jugador son la base, así como crear un ambiente apropiado durante el entrenamiento. Ese ambiente debería recoger particularidades individuales para que todo el mundo se sintiera representado y aportar un marco común que fuera reconocible por los protagonistas.

Pero hay tres aspectos más a tener en cuenta para que esta obsesión por no cometer errores sea cosa del pasado: congruencia, paciencia y control de expectativas. Congruencia en la actitud de todos en todo lo que podamos controlar ya sea en un entrenamiento o en un partido. Paciencia porque este cambio no se producirá de la noche a la mañana. Control de expectativas ajustando los objetivos de forma adecuada para mitigar la posible frustración.

De esta forma, con el tiempo, el juego que os he propuesto al inicio lo podríamos dedicar a observar otros aspectos mucho más agradables.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Dicen por ahí… Digo yo…

Dicen por ahí  que aceptes lo que tienes y luches para no perderlo pero no trates de cambiar nada a mejor ya que te arriesgas a perder lo que tienes.

Dicen por ahí que más vale pájaro en mano que ciento volando.

Dicen por ahí que contra lo que no puedes luchar lo que tienes que hacer es agachar la cabeza y seguir sin mirar hacia atrás, no vaya a ser que veas alternativas que podrías haber hecho y te arrepientas de algo.

Dicen por ahí que si esa voz estridente y torturadora que a veces escuchas dentro de tu cabeza te dice algo, algo habrás hecho tú para que te lo diga y que lo que te toca es aguantarte y hacerle caso.

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Dicen por ahí que esforzarse al máximo es muy importante siempre y cuando te esfuerces en lo que ellos te han dicho que tienes que lograr.

Dicen por ahí que el que no llora no mama.

Dicen por ahí que dónde fueras haz lo que vieras.

Dicen por ahí que si todos te dicen algo, por algo será.

Dicen por ahí que te dejes llevar por la corriente, si todos hacen lo mismo eso es lo bueno.

Dicen por ahí que los resultados son lo que hablan de tu trabajo, da igual las formas, los resultados son lo que la gente recuerda.

Dicen por ahí….

Dicen sin parar de decir y tú tienes que escuchar sin pararte a pensar,  ya que ya lo han hecho ellos por ti.

Y digo yo, ¿por qué no hablar uno mismo en lugar de escuchar lo que otros dicen por ti?

Digo yo que cada uno piensa y actúa en función del contexto de lo que vive y como lo percibe, así que no existe respuesta, acción, sentimiento o pensamiento perfecto para cada situación.

Digo yo que como todos somos diferentes, todos tenemos derecho a decidir en función de nuestros pensamientos, valores y sentimientos y que lo que tengo que hacer es ser congruente con ellos, con los míos, y si puede ser con lo del resto mejor ya que no dejo de ser un animal social.

Digo yo que si no me gusta lo que veo puedo mirar de cambiarlo y si para ello me equivoco, ¿dónde está el drama? Pruebo otra forma.

Y también puedo decir yo sin parar, pero lo que puede resumirlo todo es:

Digo yo que si cada uno se centra en su proceso de vivir y se dice a sí mismo lo que quiere escuchar, seguro que encontrará alternativas para crear sus propias estructuras acordes a los diferentes contextos y ser él mismo en todo lo que haga.

¡Digo yo que es así de fácil!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Y tú jugador qué objetivos tienes?

Empiezan las temporadas de los distintos deportes, principalmente de los deportes de equipo aunque muchos individuales también se reactivan tras el verano. Eso quiere decir volver a entrenar con compañeros y compañeras, incorporar a esos entrenamientos a las nuevas incorporaciones. Empiezas a escuchar a tus entrenadores hablar de objetivos de equipo y de comprometerse con ellos para lograr el éxito. Compromiso, una de esas bonitas palabras que pensamos que los otros entienden de la misma forma que nosotros. Incluso puedes tener entrenadores (pienso que cada vez más) que te preguntan por tus objetivos individuales. Incluso puede ser que por tus objetivos más allá del deporte como puede ser en la parte educativa.

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Todo esto está muy bien. Pero avanza la temporada y ves que nadie vuelve a preguntarte por tus objetivos personales. Bueno, siempre está la excepción cuando las cosas no van como se esperaban. En deportes de equipo tu aportación no es la esperada o los resultados del equipo tampoco son los que se querían, por lo general. En individuales puede variar algo más ya que suele existir un seguimiento más personalizado, pero si lo deportivo funciona se entiende que todo funciona. Error y grande por parte de los entrenadores. Error y enorme por parte del jugador.

Como jugador o jugadora, tú tienes tus objetivos ya que eres una persona por más que formes parte de un equipo o no. Incluso aunque compartas, y ayuda mucho, los objetivos del equipo, tienes los tuyos propios. Con ellos si debes estar comprometido al máximo, al margen de que tu entrenador se acuerde de ellos o no, y esto no te hace ser una persona egoísta ni mucho menos. Te hace ser una persona que busca sus propias metas y lucha por lograrlas.

Eso sí, hay una serie de cosas que tienes que tener en cuenta para que esto sea realmente bueno para ti. El cómo te dices a ti mismo esos objetivos seguramente es por donde empieza todo. No es tan fácil como parece y muchas veces escogemos palabras que ya directamente no nos ayudan a lograr ese objetivo. Decírtelo de la mejor forma posible y expresarlo de la misma forma es un paso básico para que el proceso necesario para lograr el objetivo, que es lo más importante, se pueda dar. No hay fórmulas mágicas, por más que te las vendan. Una palabra que a uno motiva a otro no le hace ni fu ni fa. Cada uno tiene su forma de hablarse y de hablar, se puede cambiar pero tienes que saber por qué y para qué y también tienen que ser congruente contigo mismo.

Ahora respóndete la pregunta que da título a este escrito. Una vez lo hagas, hazte esta otra: ¿es esta la mejor forma en que me lo puedo decir a mí mismo? Y plantéate diversas opciones si es que no lo has hecho antes. Estoy convencido en que cuando encuentres esa forma de formularte tus objetivos, notarás que tus opciones de lograrlos son más grandes.

¿A qué esperas? ¿Te atreves a descubrir cómo hablarte?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

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El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El proceso de Coaching desde dentro

La verdad es que cuando se decide iniciar un proceso de Coaching personal se cree que se sabe más o menos cómo se van a desarrollar los acontecimientos, o eso se piensa. Uno llega con una idea en la mente, algo que quiere trabajar, algo que le frena o que simplemente quiere mejorar o conseguir. Pero eso que piensas que quieres trabajar no es ni una milésima parte de lo que vas a encontrar durante el proceso.

Vas a descubrir cosas que ni siquiera sabías que existían. La presencia del coach ayuda a ver con más claridad hechos, procesos mentales y emociones que tú experimentabas sin un porqué aparente.

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Vivir un proceso de Coaching te ofrece la oportunidad de mirarte desde una perspectiva distinta. Te invita a mirarte desde dentro, tú eres el foco de ti mismo y de todo lo que te rodea. Te enseña cosas de ti que quizá desconocías, algunas buenas y otras puede que no tanto. Pero además te da herramientas para poder gestionar todo lo que te está ocurriendo.

El acompañamiento del coach te brinda un escenario seguro en el que exponer todas tus limitaciones y contribuye a convertirlas en palancas. Te enseña una nueva manera de enfrentarte a la realidad ayudándote a cambiar todo aquello que no te sirve para avanzar en ella. El coach no te juzga y te invita a que tú tampoco lo hagas. El coach confía en tus posibilidades de lograr vivir cómo deseas, de alcanzar lo que quieres, y además te ánima a que tú también lo hagas. También explora tus valores y tus creencias y te apoya para revisar juntos todo aquello que sientas que no está en consonancia con lo que quieres alcanzar.

De este modo, puedesdescubrir cosas maravillosas de ti misma y aprender a redirigir aquellas que no lo son tanto.  Puedes descubrir tus pasiones más ocultas, habilidades jamás imaginadas y un sentimiento y una fuerza de luchar por crear tu propia vida incalculables.

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Pero todo esto no tiene valor ni sentido sin un compromiso férreo por tu parte. Debes estar preparada para encontrar y analizar eventos dolorosos que te impiden avanzar. Has de estar dispuesta a aceptar que quizá no sea fácil y que vendrán momentos complicados en los que desearás desistir y dejar de tener una consciencia plena de ti misma. Pero por encima de todo, y por mucho que tu mente te intente hacer huir o abandonar, debes saber que si consigues tu propósito, una vida nueva llena de conocimientos y posibilidades se abrirá ante ti.

El Coaching no es una obligación, es una opción; el único compromiso que adquieres al realizar un proceso, es contigo y con la búsqueda de esa nueva versión mejorada de ti misma.

Judit Olalde

Psicóloga- Coach deportivo

Cuando “juega fácil” cohíbe el talento

Hoy día el talento está en boca de todos, incluso de los que no tienen muy claro qué es eso del talento. Al margen de la filosófica discusión sobre si la persona con talento nace o se hace o sobre qué es en sí el talento… los procesos de enseñanza-aprendizaje están en tela de juicio por su respeto o no hacia algo tan preciado y, se supone, tan valorado por la sociedad. Históricamente el deporte ha sido, es y será (espero) uno de los escenarios más habituales de expresión del talento y todo lo que lo envuelve.

Sólo es necesario pasarse por un partido del deporte que sea para poder observar y disfrutar de alguna de sus muestras. También es habitual, principalmente cuando se trata de un deporte de equipo, escuchar una frase. Una frase que se ha convertido en un clásico, ya sea dicha por la grada o por el entrenador o entrenadora en cuestión. Esa frase no es otra que “juega fácil”. Frase que, por cierto, se suele decir únicamente cuando el resultado no es bueno.

descarga (5)El entrenador entiende que lo intentado o realizado por el jugador o equipo, es difícil, complicado o forzado. Pero ¿y cuando esto no es así? Cuando la ejecución que acabamos de ver ha fluido de forma natural y todo el proceso de toma de decisiones es el adecuado con el único pero en algún pequeño detalle de ejecución. ¿La responsabilidad es exclusiva del jugador o los entrenadores tenemos nuestra parte? ¿Estamos valorando la globalidad del proceso o únicamente el resultado de este?

Una de las responsabilidades del entrenador, principalmente de los entrenadores de formación, es generar los escenarios más propicios para que sus jugadores puedan desarrollar el máximo de sus aptitudes, incluyendo la competición como otro de esos escenarios. De esta manera favorecer el proceso creativo que facilita la innovación y la expresión del talento en la toma de decisiones y en las ejecuciones técnicas.

Si esto no es así, y nos dedicamos a entrenar unas estructuras rígidas, es cuando “juega fácil” se traduce por NO hagas/hagáis esto. Son esas veces en las que no va acompañado de nada más, de ninguna otra información de utilidad para el receptor del mensaje. Estamos tratando de controlar un proceso que no se puede controlar ya que su expresión natural es la de fluir libremente. Cohibimos esa expresión natural que además es propia del juego.

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También es cierto que hay ocasiones en las que se utiliza bajo la concepción de que un juego sencillo sin grandes complejidades ni estructuras es la que más favorece el desarrollo de este talento. Pero no suele ser la mentalidad con la que el entrenador, a raíz de su percepción, utiliza esta frase.

Como expresión natural, el talento es una parte imprescindible del juego. Su puesta en escena genera muchos vínculos emocionales (del protagonista con el juego, entre compañeros, con el entrenador o entrenadora, con el público…). Normalmente incrementa la diversión e incluso con el tiempo, esa muestra creativa, innovadora de un gesto puede lograr ser considerada como un gesto básico del juego. ¿O alguien se imagina ahora el baloncesto sin la “Bomba” de Navarro?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5