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Cocina del siglo XXI. Liderazgo del siglo XX

Me gusta la cocina. En muchos momentos, cocinar me relaja y me permite liberar la creatividad y aplicarla allí o en otros proyectos. Más de una vez me han visto remover algo y salir corriendo a apuntar una idea.

A nadie se le escapa que en este siglo, el boom culinario es espectacular. En muchos aspectos se ha producido una revolución de conceptos acompañada de una evolución en técnicas y tecnología. La alta cocina se ha convertido, pienso que ya lo era pero no para el gran público, en un sector muy importante a nivel económico.

La hostelería no es un mundo desconocido para mí ni para mí familia. Gracias a ello, he tenido contacto con diversas cocinas de distintos niveles y visto en primera persona diversas formas de funcionar. Cierto es que no he tenido contacto con ningún equipo de cocineros y staff de una cocina con estrellas Michelin ni he podido observarlos trabajando, algo que por mi actual profesión me encantaría poder hacer.

Imagen de https://pericomactualidad.wordpress.com/

En televisión siempre han existido programas relacionados con la cocina. Desde “Con las manos en la masa” hasta el archiconocido Karlos Arguiñano. Dos programas, distintos, se llevan hoy la atención culinaria en TV: Top Chef y MasterChef.

En ambos se ven recetas espectaculares, seguramente más en Top Chef ya que los protagonistas son profesionales de la cocina. Y en ambos se ve una ejecución del liderazgo y de la gestión de equipo más propia del siglo pasado que de la cocina de este.

Gritos por doquier (en situaciones en las que no es necesario por exceso de ruido) y muchas frases que hacen referencia a la persona que manda dejando claro que el otro obedece o debe obedecer sin chistar, son habituales en cada programa. ¿Necesarios?

La respuesta habitual en estos casos es que sí ya que la presión que existe en estas cocinas es muy elevada. Algo en lo que estoy de acuerdo, es una presión enorme. Pero pienso que hay muchas circunstancias que se deberían gestionar de otra manera. El liderazgo impuesto tal y como se ve, choca con la idea de originalidad, creatividad, pulcritud, vanguardia y otras muchas etiquetas que se asocian a esta alta cocina.

Me encantaría poder observar a un equipo real de este nivel y poder tener mejores conclusiones, además de poder ver puntos de mejora, que seguro que los hay. El famoso ABaC de Jordi Cruz es el más cercano a mí casa y La Lluerna de Victor Quintillà, ya que soy colomense, son los dos que más me llaman.

Hasta que tenga esa opción de estudio, si la tengo algún día, me gustaría que en estos dos programas se reflejaran más estilos de liderazgo que los que se observan hoy día. Ayudarían a extender en la sociedad cambios a nivel empresarial que son necesarios en este siglo y que lo serán cada día más.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Centrarse en la olimpiada para disfrutar los Juegos

Una vez acabados los Juegos Olímpicos empieza la olimpiada. Es cierto que muchas veces la palabra olimpiada se utiliza como sinónimos de los Juegos, e incluso está así aceptado por la RAE, pero esta palabra también se refiere principalmente al periodo que existe entre la celebración de unos Juegos Olímpicos y otros.

Durante la disputa de los Juegos es habitual disfrutar de diversos deportes que habitualmente no tienen presencia en la gran mayoría de espacios deportivos existentes en los diferentes medios de comunicación. De vez en cuando, si algún deportista de alguna de esas disciplinas consigue algún título europeo o mundial, puede ser que se mencione de forma puntual. Eso sí, llegan los Juegos y con ellos las diferentes previsiones de medallas.

Estas previsiones muchas veces van acompañadas de una exigencia en hacerlas realidad que demuestra un desconocimiento general de lo que es el deporte en sí y de aportar una presión extra al deportista. Se ve que un deportista que trabaja 4 años para algo, que con suerte puede vivir dignamente de ese deporte (con mucha suerte) y que en muchos casos sabe que de no lograr un buen puesto es posible que no pueda seguir viviendo de ese deporte, no tiene suficiente presión.

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Todos sabemos que esto no es lógico y que una gran parte de los medallistas están condenados a volver al anonimato durante la olimpiada, a no ser que rompan moldes y se conviertan en mediáticos o mediáticas y entonces en alguna de las competiciones que realicen se les haga seguimiento. El ejemplo de Mireia Belmonte es claro. Pocos la conocían antes de Londres. Otros y otras llegan a los Juegos y en muchos casos deben recordar a la audiencia lo que han hecho durante ese tiempo ya que han pasado desapercibidos. Ejemplos son, puede que en diferente medida, Saúl Craviotto, Maialen Chourraut o Joel González.

En alguna ocasión, al llegar los Juegos, también se habla de la falta de fondos en la mayoría de las disciplinas para ofrecer las mejores condiciones a los deportistas y de la poca repercusión en muchos casos, aspecto que aleja por lo general a la inversión privada. Es algo que se repite ya que no se hace nada para corregirlo.

Ahora empieza el momento importante, la olimpiada. El momento en el que los deportistas tienen que verse y sentirse apoyados antes de los próximos Juegos. Que pueden centrarse en este ciclo de preparación y mejorar para poder llegar a los Juego y disfrutar de la competición.

No digo que se tengan que regalar becas pero tienen que existir, acompañadas de otros aspectos para acercar al patrocinio privado al deporte. No es tan complicado realizar una ley de mecenazgo deportivo y cultural y favorecer de alguna forma que esas aportaciones lleguen a disciplinas minoritarias.

Esto es un trabajo conjunto de todos. Gobiernos, medios, federaciones (algunas tienen mucho trabajo para que sus ligas sean coherentes y de nivel porque sólo se centran en las selecciones olvidando el resto –pan para hoy…-) y en general de la sociedad. La cultura del deporte y que esta sea pluridisciplinar es un beneficio indiscutible a nivel social. Centrarse en un único deporte o casi, es un error del que mucho viven y viven bien a costa de empobrecer al resto.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La presión de ser líder

La competición y la presión en determinados niveles van unidas. Muchas veces se escuchan debates sobre que equipos sufren más la presión, los que encabezan la clasificación o los que la cierran. Todo depende principalmente de los objetivos iniciales que cada uno tuviera. Pero tiendo más a pensar que en todas las situaciones la presión está presente, siempre y cuando se quiera mejorar o mantener la situación presente. En muchas ocasiones, no se entiende que el que va líder hable de la presión ya que muchas veces se da por hecho que cuando te encuentras en una posición de privilegio, la presión es para el resto. Eso sí, si fallas, todos dicen que te pudo la presión.

Hablando con amigos entrenadores que se han encontrado en situaciones de encabezar sus clasificaciones correspondientes, cada uno a su nivel pero todos en categorías senior, todos me dicen que han notado más la presión estando en los puestos de cabeza, campeonato o ascenso que en los puestos finales o de descenso.

Motivos puede haber muchos pero dos sobresalen por encima del resto. El primero es que todos los que están luchando contigo por esos puestos o te persiguen en la clasificación o tenían tus mismos objetivos y ahora ya no pueden lograrlos…desean que las cosas dejen de irte bien. Ese deseo actúa en muchas ocasiones como motivador para muchos de tus rivales en los partidos, que junto con otros aspectos que se pueden dar (batir al líder, al invicto, conseguir lo que otros no, rivalidades geográficas o históricas) y las propias necesidades de cada equipo, les hace dar un plus en el partido jugando por encima de su nivel medio hasta la fecha. Esto es algo que no depende de ti, así que tenerlo presente te ayuda a dibujar de forma más completa el escenario competitivo, pero si intentas controlarlo vas a destinar energía a aspectos sobre los que no tienes margen de acción.

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El segundo me lo han expresado de diversas formas, algunas muy particulares de la persona, pero se puede resumir en a qué atribuyes tú tu situación actual. Es decir, ¿por qué piensas que estás en ese puesto? ¿Nos merecemos estar ahí? La multitud de respuestas posibles es interminable. La cuestión es que esos pensamientos pueden empezar a despertar en ti unas emociones que hasta ese momento no habías sentido y que te lleven a actuar de una forma distinta que la que has hecho hasta la fecha. Esto en sentido positivo o negativo. En positivo entrarían aspectos de superación, crecimiento, enriquecimiento. En negativo se podría minusvalorar lo que has hecho hasta la fecha, como si no te lo merecieras, entrando en escena, entre otras opciones, una sensación de relajación que bajaría tu nivel competitivo o también puede pasar que el equipo mismo se exija en esos momentos mucho más de lo hecho hasta la fecha de forma desmesurada. La clave en todas las respuestas posibles es cómo afecta eso a tu nivel de activación óptimo para competir al máximo.

En estos aspectos internos del entrenador, de los jugadores, del equipo, sí que se dispone de margen de acción. Es algo controlable en muchos aspectos y por lo tanto es algo entrenable.

También es entrenable otra situación que puede darse en estos casos. Los objetivos que te planteabas a inicio de temporada, esas expectativas generadas en tu entorno, se están cumpliendo o estás a punto de hacerlo. El OBJETIVO pasa a ser el único centro de atención de todos, dejando de lado lo hecho hasta la fecha. Esas expectativas se disparan, empiezas a escuchar al entorno hablar más en futuro que en presente, olvidando incluso todo lo hecho hasta la fecha. No valen las jornadas anteriores si ahora no culminas el final de temporada da igual el formato en que compitas. Ese OBJETIVO que casi todos ya estáis tocando con la yema de los dedos… ¿Y si ahora no lo logramos? ¿Y si se nos escapa esta oportunidad? LA OPORTUNIDAD. Los focos te iluminan y te deslumbran. Planteado así, las opciones de no lograrlo crecen.

Todo líder debe tener los pies en el suelo, vivir el presente. El presente es lo que te lleva a ese futuro deseado. Vivir fuera del presente, cambia el futuro que te encuentras cuando este se convierte en realidad. Disfrutar del día a día y seguir un proceso de crecimiento progresivo, razonado y enriquecido por las emociones para activarnos de forma óptima y hacernos fluir en nuestra competición como hasta ahora lo hemos hecho. Por eso estamos en la situación que mucho desean, envidian. Dar lo mejor de nosotros mismos de forma natural nos ayuda a rendir al máximo de nuestras opciones centrándonos en lo que podemos controlar.

Soy líder, somos líderes y actuamos como tal. Cada día doy lo mejor que tengo ese día. Esa es mi presión. El resto que hagan y digan lo quieran. Puedo fallar y cometer errores pero hasta hoy nadie me quita lo que hemos logrado. Soy líder, somos líderes y el futuro ya se verá, pero hoy estoy en esta posición porqué nos lo merecemos y lo hemos trabajado. Si la quieres, tendrás que ganártela. No esperes que la presión te la regale.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Quiero la pelota

Tener jugadores decisivos es algo que todo entrenador desea. Seguramente, en función de la forma de pensar y jugar que cada uno disponga y del deporte en que se compita, la cantidad deseada por cada entrenador de tener jugadores decisivos en sus plantillas variará. ¿Pero cuántos jugadores son realmente decisivos?images (3)

Muchas veces hemos escuchado o leído aquello de “no rinde en los momentos importantes”. Es una información muy fácil de encontrarse en los momentos cumbre de las diferentes competiciones. Jugadores importantes a lo largo de la temporada, básicos en los esquemas de juego que incluso han decidido partidos, pero que hacen el peor partido en el momento clave, en ese cruce, en esa final. Casi ni aparecen en el partido o sus aportaciones positivas al conjunto del equipo son inferiores a las habituales.

Por el contrario también existen los jugadores que siempre aparecen en esos momentos y que rinden por encima de lo que suele ser habitual. Al margen de aspectos económicos o contractuales que también pueden influir, ¿qué es lo que pasa?

Las respuestas son múltiples. Una de las primeras que se suele escuchar es la capacidad de liderazgo del jugador. Pero para que alguien pueda liderar de una forma positiva primero debe estar en unas condiciones psicológicas propias adecuadas que le permitan transmitir al resto ese liderazgo del que puede o no disponer. Un líder excelente pero que no controla en un momento puntual su propia ansiedad, ¿qué transmite a su equipo?

Expectativas, ansiedad, estrés, responsabilidad, autoconfianza, presión, miedos,… Todos estos aspectos influyen. Cierto es que hay personas que de forma natural saben afrontarlos, convivir con ellos y seguir consiguiendo un rendimiento alto o incluso óptimo. Una gran mayoría no es capaz de realizar este trabajo. También existen los que son capaces de rendir cuando todo transcurre de forma positiva, fluye de forma natural, hasta que en un momento se encuentran cometiendo errores de forma consecutiva por más que se esfuercen.

La capacidad de vivir en el presente es la base para poder superar estos momentos. El presente es el único momento en que uno puede actuar, mostrar su talento y todas sus aptitudes y actitudes. Este es un aspecto entrenable y que se puede mejorar trabajándolo de diversas formas.  Con tiempo, de forma preventiva y como un aprendizaje, una competencia imprescindible para todo jugador. De esta forma la cantidad de jugadores decisivos, resolutivos, se podrán incrementar o por lo menos mejorar la capacidad competitiva de todos.

Puede que igualmente, en momentos cumbre, no todos quieran la pelota pero por lo menos si les llega estén preparados para poder contribuir de forma positiva.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5