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¡Me subo por las paredes!

Por lo general, me gusta encontrarme con gente por la calle o en los sitios a los que voy y poder charlar un momento con estos conocidos o incluso que la charla se alargue tomando algo en algún sitio para poder hablar tranquilamente. Los días que la gente suele tener menos cosas que hacer, estas situaciones suelen ser más fáciles (fines de semana, puentes, vacaciones,…). Esos momentos en los que todos tenemos menos actividades, para muchas personas son sus momentos más tensos, más estresantes. Más de una vez la frase “cuando no hago nada me subo por la paredes” o alguna de similar, sale en la charla.

¿Por qué ocurre esto? Respuestas hay muchas y cada uno tendrá sus motivos, tanto personales como profesionales. Los dos casos que más me he encontrado en estas situaciones son los que comentaré a continuación, aunque hay otras opciones.

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El primero de ellos es la clásica rutina. Enfocada de la siguiente forma según cuando se suba el protagonista por las paredes. En fines de semana o puentes se rompe la dinámica establecida para muchos en cuanto a horarios (laborales y personales) y según tu situación personal o familiar se pueden romper también los momentos de espacio personal. Por otro lado, si hablamos de en vacaciones… aquí muchos perciben que los horarios y el espacio personal no es que se rompa, se destruye directamente.

El segundo es qué hacer en esos momentos libres. Es más, puede que no os hayáis dado cuenta pero hay bastantes personas que no utilizan la palabra tiempo libre. Utilizan tiempo de ocio, en familia, para estar con los amigos, para leer, para…lo que sea. Pero no dicen libre. Le dan un enorme poder a la palabra libre. Simplemente porque entienden que en esos momentos están forzados a decidir qué hacer. Vamos, a tomar decisiones ellos mismos. Algo que me ahorro si digo que es tiempo para la familia (ya decidirá la familia) o los amigos (siempre habrá alguno que tenga alguna idea válida).

Estás dos situaciones, junto con otras, pueden crear esos momentos en los que de repente quieras huir de donde estés al margen de lo que tengas delante, sea una pared o cualquier otra cosa que para ti lo represente.

Respira, relájate y quítale importancia a esos momentos. Vívelos en presente y disfrútalos como te venga en gana en ese momento, sin juzgarlos. Dejarás de ver paredes donde en realidad lo que tienes es el inmenso placer de poder decidir qué hacer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La presión de ser líder

La competición y la presión en determinados niveles van unidas. Muchas veces se escuchan debates sobre que equipos sufren más la presión, los que encabezan la clasificación o los que la cierran. Todo depende principalmente de los objetivos iniciales que cada uno tuviera. Pero tiendo más a pensar que en todas las situaciones la presión está presente, siempre y cuando se quiera mejorar o mantener la situación presente. En muchas ocasiones, no se entiende que el que va líder hable de la presión ya que muchas veces se da por hecho que cuando te encuentras en una posición de privilegio, la presión es para el resto. Eso sí, si fallas, todos dicen que te pudo la presión.

Hablando con amigos entrenadores que se han encontrado en situaciones de encabezar sus clasificaciones correspondientes, cada uno a su nivel pero todos en categorías senior, todos me dicen que han notado más la presión estando en los puestos de cabeza, campeonato o ascenso que en los puestos finales o de descenso.

Motivos puede haber muchos pero dos sobresalen por encima del resto. El primero es que todos los que están luchando contigo por esos puestos o te persiguen en la clasificación o tenían tus mismos objetivos y ahora ya no pueden lograrlos…desean que las cosas dejen de irte bien. Ese deseo actúa en muchas ocasiones como motivador para muchos de tus rivales en los partidos, que junto con otros aspectos que se pueden dar (batir al líder, al invicto, conseguir lo que otros no, rivalidades geográficas o históricas) y las propias necesidades de cada equipo, les hace dar un plus en el partido jugando por encima de su nivel medio hasta la fecha. Esto es algo que no depende de ti, así que tenerlo presente te ayuda a dibujar de forma más completa el escenario competitivo, pero si intentas controlarlo vas a destinar energía a aspectos sobre los que no tienes margen de acción.

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El segundo me lo han expresado de diversas formas, algunas muy particulares de la persona, pero se puede resumir en a qué atribuyes tú tu situación actual. Es decir, ¿por qué piensas que estás en ese puesto? ¿Nos merecemos estar ahí? La multitud de respuestas posibles es interminable. La cuestión es que esos pensamientos pueden empezar a despertar en ti unas emociones que hasta ese momento no habías sentido y que te lleven a actuar de una forma distinta que la que has hecho hasta la fecha. Esto en sentido positivo o negativo. En positivo entrarían aspectos de superación, crecimiento, enriquecimiento. En negativo se podría minusvalorar lo que has hecho hasta la fecha, como si no te lo merecieras, entrando en escena, entre otras opciones, una sensación de relajación que bajaría tu nivel competitivo o también puede pasar que el equipo mismo se exija en esos momentos mucho más de lo hecho hasta la fecha de forma desmesurada. La clave en todas las respuestas posibles es cómo afecta eso a tu nivel de activación óptimo para competir al máximo.

En estos aspectos internos del entrenador, de los jugadores, del equipo, sí que se dispone de margen de acción. Es algo controlable en muchos aspectos y por lo tanto es algo entrenable.

También es entrenable otra situación que puede darse en estos casos. Los objetivos que te planteabas a inicio de temporada, esas expectativas generadas en tu entorno, se están cumpliendo o estás a punto de hacerlo. El OBJETIVO pasa a ser el único centro de atención de todos, dejando de lado lo hecho hasta la fecha. Esas expectativas se disparan, empiezas a escuchar al entorno hablar más en futuro que en presente, olvidando incluso todo lo hecho hasta la fecha. No valen las jornadas anteriores si ahora no culminas el final de temporada da igual el formato en que compitas. Ese OBJETIVO que casi todos ya estáis tocando con la yema de los dedos… ¿Y si ahora no lo logramos? ¿Y si se nos escapa esta oportunidad? LA OPORTUNIDAD. Los focos te iluminan y te deslumbran. Planteado así, las opciones de no lograrlo crecen.

Todo líder debe tener los pies en el suelo, vivir el presente. El presente es lo que te lleva a ese futuro deseado. Vivir fuera del presente, cambia el futuro que te encuentras cuando este se convierte en realidad. Disfrutar del día a día y seguir un proceso de crecimiento progresivo, razonado y enriquecido por las emociones para activarnos de forma óptima y hacernos fluir en nuestra competición como hasta ahora lo hemos hecho. Por eso estamos en la situación que mucho desean, envidian. Dar lo mejor de nosotros mismos de forma natural nos ayuda a rendir al máximo de nuestras opciones centrándonos en lo que podemos controlar.

Soy líder, somos líderes y actuamos como tal. Cada día doy lo mejor que tengo ese día. Esa es mi presión. El resto que hagan y digan lo quieran. Puedo fallar y cometer errores pero hasta hoy nadie me quita lo que hemos logrado. Soy líder, somos líderes y el futuro ya se verá, pero hoy estoy en esta posición porqué nos lo merecemos y lo hemos trabajado. Si la quieres, tendrás que ganártela. No esperes que la presión te la regale.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mitad del camino

Las competiciones llegan prácticamente a su ecuador. En estos momentos, una gran cantidad de equipos, de clubs, de entrenadores, de jugadores y de familias se están planteando como enfocar lo que queda de temporadas. Había unos objetivos a inicio de temporada y ahora ya puedes hacer un análisis con bastante información de cómo has funcionado hasta ahora y lo que se ha logrado de esa forma. También puedes hacer otra proyección al futuro, puede que más ajustada de la que realizaste en a inicios de temporada.

Hablo de toda clase de objetivos. Seguramente los que tienen que ver con los resultados son los más claros de todos. Pensar en lograr ganar unos partidos que te permitirán competir a un nivel y puede que incluso optar a excelentes clasificaciones y encontrarte con derrotas que no esperabas y que te han alejado de las metas a las que pensabas que llegarías. Pero también de otros objetivos como el estilo de juego, la evolución individual de los jugadores, la cohesión del equipo, etc. Todos estos también vistos desde el otro extremo: lo ganamos todo, jugamos como nunca, cada día soy mejor jugador,…

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Cada uno lo afronta como considera oportuno, pero pienso que hay tres enfoques básicos que pueden marcar lo que queda de temporada. Estos tres aspectos están presentes cada día en las acciones que realizamos continuamente. En los momentos de evaluación salen a la superficie pero a todo el mundo le iría mejor si los tuviera presentes de forma más continua, cada uno en su justa proporción.

Enfocado al pasado. Como la temporada va mal, cometemos errores que nos cuestan partidos, no evoluciono con este entrenador,… todo lo que hago me recuerda aquella acción que nos costó un partido, la lesión de un jugador, aquella explicación que no comprendí y sigo sin entender. La mochila pesa y me frena y no paro de añadirle peso porqué me es fácil encontrar situaciones que me las confirmen. Teníamos un objetivo a principio de temporada y como este se ha complicado en exceso o ya es imposible ya todo está hecho. No soy capaz de generar nuevos objetivos adaptados a la nueva realidad. Las responsabilidades se diluyen o se aceptan sin oponer resistencia, sin ofrecer alternativas.

O al revés. Todo lo que ha pasado hasta ahora me reafirma. Doy por hecho que los objetivos se lograran por lo que ya hemos hecho a día de hoy. Hay que seguir igual sin salirse para nada del camino que llevamos. No hago nuevas aportaciones ya que así nos va bien.

Enfocado al presente. La realidad con la que me encuentro no cumple con las expectativas que tenia. Ya no podemos luchar por el campeonato, sigo siendo el jugador o jugadora que era a principio de temporada o incluso algo peor, cada día jugamos peor y además hay mal rollo. Pero ante esto actúo. Admito que los objetivos ya no se pueden cumplir o están muy complicados y genero otros más adaptados a la realidad. Esto no quiere decir que sean objetivos más fáciles de cumplir. Ahora dispongo de información nueva y puedo modificar mis acciones para que estas me lleven a lograr estas metas.

La realidad es la imaginada o superior. Valoro lo realizado hasta ahora y busco los aciertos y los errores para generar el aprendizaje que pueda aplicar en este momento y que ayude a que la realidad se mantenga e incluso mejore. Busco enriquecer desde la base de trabajo ya creada.

Enfocado al futuro. Proyecto lo que hemos hecho hasta hoy a lo que queda por delante y todo esto se repetirá hasta final de temporada. Los partidos igualados que tengamos por delante los perderemos y la situación que hoy tenemos será cada semana peor. Entro en un bucle de profecía autocumplida que no hará más que confirmar todo lo que sé que pasará. Y también en positivo. Si todo nos ha salido bien hasta hoy, ¡vamos a por todo!  La ambición crece y añado nuevas formas de jugar, adelanto pasos de la planificación y le aporto nuevos contenidos, mi nivel de exigencia aumenta cegado por lo que podemos lograr. Las alas que me aporta lo logrado hasta hoy me impulsan con tanta fuerza que perdemos la esencia de lo construido hasta ahora.

Por lo general nadie enfoca al 100% en una sola de estas opciones pero una suele predominar en todo lo que hacemos.

Lo más importante es que ahora estás a mitad del camino, queda la otra mitad. No lo olvides. Tampoco olvides que no sólo existe un camino pero que sí tendrás que tomar decisiones para saber cuál te llevará a donde quieres y cómo tu quieres llegar allí.

Recuerda que el camino es tu día a día y que todo el proceso para lograr el objetivo que deseas, en definitiva, es lo que te construye, construye tu equipo, te hace mejorar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Inversiones de futuro

Hay veces que realizamos acciones en el presente que en un futuro pueden condicionarnos de una forma que ni siquiera nos podemos llegar a plantear. Me refiero a pequeñas cosas, incluso se pueden considerar pequeños detalles. Pondré un ejemplo para que se entienda mejor.teach-children-tie-shoelaces-200X200

Vamos a imaginarnos a un niño o a una niña, al gusto del lector. Un niño pequeño con unas zapatillas deportivas de cordones al que no se le ha enseñado cómo debe hacerlo para atárselos de una forma apropiada. Cuando llega el momento de calzarse o se le desabrochen los cordones, es la persona que sepa atárselos que se encuentre a su alcance el que tiene más números para atenderlo. Si ve a alguien de confianza se dirigirá a esta persona. Hasta aquí, en función de la edad, se podría considerar normal.

Si observamos algunos de estos casos, fácilmente nos encontramos con niños que llevan un tiempo a tener en cuenta con calzado de cordones que no tienen ni idea de cómo deben atárselos ellos mismos. Es más, si observas cuando se los atan, verás al niño poner el pie perfectamente para que se los aten pero su cabeza mira para otro lado y no presta ninguna atención a lo que le están haciendo. ¿Exactamente qué es lo que está aprendiendo?

descargaOtro ejemplo que me he encontrado es el siguiente. Alumno de primaria aprendiendo a dividir. Comete errores como todos cuando aprendemos algo. Se le dice que está mal hecha. El alumno borra toda la división y vuelve a realizarla de cero. En bastantes ocasiones vuelve a cometer el mismo error. Seguramente la instrucción recibida no es la adecuada. Pero más tarde, cuando se cambia la instrucción y se le dice, por ejemplo, que la repase buscando el error, observas como vuelve a borrarla por completo. ¿Qué es lo que ha aprendido anteriormente?

Debemos ser conscientes de que en todo proceso de aprendizaje es necesaria la implicación de la persona para poder aprender y que existe un tiempo mínimo necesario para el aprendizaje de todo. De igual forma es necesario afrontar el error de forma natural ya que forma parte del proceso de aprendizaje. Si a todo esto le sumamos que el adulto tenga la paciencia necesaria y no caiga en la solución fácil (¡Ya te los ato yo!) y que aporte, cuando sea necesario, instrucciones que generen algún tipo de respuesta activa facilitando así el compromiso del aprendiz con su aprendizaje y la valoración de este trabajo realizado en función primordialmente del proceso (¡Lo has hecho bien casi perfecto! Pero hay algo que falla. Encontrarlo por ti mismo es tan importante como el resto. Cuando lo encuentres, el resto será sencillo. ¡Ya sabes cómo hacerlo!) ayudaremos sin duda a otorgar un valor cualitativo al aprendizaje.

Todo esto influirá de una forma u otra en cómo se encaren futuros aprendizajes. ¿De verdad es tan complicado?