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Todo lo que envuelve un torneo

Un torneo es especial en muchos sentidos. Para los que lo organizan es un esfuerzo enorme, la culminación de muchos días de trabajo. En caso de existir un equipo anfitrión, es algo especial poder disfrutar de una actividad así creada por el club al que perteneces. Para el resto de participantes también es algo especial ya que es un evento que rompe la rutina competitiva a lo largo de la temporada. Por último, asistir como espectador suele darte la opción de ver partidos igualados, competitivos,… en un ambiente distinto a una jornada de liga habitual.

He asistido a muchos y en general me encantan. Acabas muy cansado si haces un seguimiento exhaustivo de toda la competición que allí se desarrolla o si participas en él. Pero por lo general los he disfrutado. Observar las relaciones que se establecen entre los distintos participantes y el buen rollo que suele haber también es muy agradable de ver. Son esos momentos que te hacen ver de primera mano la importancia del deporte y sus valores.

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Claro que también son eventos donde puede existir una gran carga emocional concentrada en pocas horas. Malos partidos que se encadenan y que todos ellos suceden en el mismo día por ejemplo. Más las habituales gestiones que se tienen que ir solventando habitualmente en los equipos (juego poco, este no la pasa, no entiendo el cambio,…). Son momentos en los que la gestión emocional del jugador por parte de los entrenadores sale a la luz. La gestión colectiva también, por supuesto.

También hay que sumar algo que particularmente pienso que antes no era tan visible. Ves a muchos scouts mirando jugadores, a padres/ madres entablando relaciones con otros clubs con intenciones de cambiar en un futuro, etc. Esas cosas que pervierten un poco el espíritu de los torneos. Seguramente siempre han existido, pero hoy día son muy visibles y se producen de forma descontrolada.

Todo torneo tiene de todo. Yo prefiero quedarme con la parte competitiva, las relaciones que se establecen y en definitiva vivir los torneos como experiencias puntuales que pueden proporcionar un plus en el aprendizaje general de toda la temporada.

La otra parte, siempre está ahí e incluso se puede decir que forma parte del juego. Con que no lo condicione tengo bastante.

Un torneo es una fiesta. No conozco ninguno que no desee que todos los participantes lo vivan así. Disfrutemos de ellos y valoremos todo el esfuerzo que hay detrás.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Rígido y convencional o flexible y original

Desde siempre me ha gustado leer libros. Supongo que como todos, he tenido momentos de prodigarme más en esta actividad y otros en los que casi no he leído ninguno. En los últimos tiempos me gusta leer cada vez más, casi diría que me apasiona.

Hace un tiempo leí un libro referencia para muchos. Se trata de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi. Cuando lo leí me llamaron la atención diferentes puntos que en él se trataban, algunos los he aplicado a mi vida y otros, sin ser consciente de ello, ya formaban parte de ella. Hubo uno en concreto, que además de intentar aplicarlo en las distintas facetas de mi vida, he mirado de ir observando en las diferentes situaciones que vivo o me transmiten y poder así construir unas conclusiones más ricas. Se trata de la diferencia entre los conceptos convencional y original.

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El ejemplo que pone el libro para explicar esta diferencia es el siguiente que cito textualmente: “Mientras que un artista convencional pinta el lienzo sabiendo lo que quiere pintar y mantiene la intención original hasta que el trabaja está terminado, un artista original con igual entrenamiento técnico comienza teniendo en mente una meta indefinida, pero hondamente sentida, modifica el cuadro según los colores y las formas que emergen sobre el lienzo y acaba con un trabajo terminado que probablemente no se parecerá en nada a como empezó. Si el artista responde a sus sentimientos interiores, sabe lo que le gusta y lo que no le gusta, y presta atención a lo que sucede sobre el lienzo, seguramente hará un buen cuadro. Por otra parte, si mantiene su idea preconcebida de cómo debería ser la pintura, sin responder a las posibilidades sugeridas por las formas que se desarrollan ante él, la pintura probablemente sea mediocre”

¿Cuántas veces empezamos algo con un objetivo tan definido hasta el extremo que nos impide ver situaciones o aspectos que nos encontramos por el camino y que nos permitirían incluso obtener un resultado final mucho más rico o satisfactorio? La respuesta que yo he observado a esta pregunta es que esto nos pasa en demasiadas ocasiones. Definir un objetivo lo mejor posible nos ayuda mucho a hacerlo realidad. La ecología del mismo y poderlo dividir en pequeños objetivos o metas durante la consecución del mismo también. Pero no debemos olvidarnos de la flexibilidad para enriquecerlo.

Entrenadores que plantean un partido de una forma para ganar y no ven o saben ver opciones que surgen durante el partido para poder lograr el objetivo de otra forma, puede que más fácil. O que tienen las rotaciones de cambios predefinidas (al margen de que sean por aspectos conductuales) y  no las cambian pase lo que pase. Deportistas incapaces de ver diversos caminos en su mejora que les harían dar el salto que desean y que únicamente trabajan alguno muy específico o demasiado general, logrando o no lo deseado pero no a un nivel superior o que de verdad les haga marcar la diferencia en su deporte. Maestros o profesores que se preparan una clase y la dan pase lo que pase, siendo incapaces de aprovechar una oportunidad de enriquecer la experiencia de aprendizaje de los alumnos por algo que surge en el momento y que puede que se desvíe un poco del objetivo de la sesión o suponga destinarle más tiempo, pero que podría enriquecerlo a un nivel mucho más significativo para todo el grupo, profesor incluido. Personas que se plantean el día de una determinada forma para poder hacer multitud de actividades y que cuando piensan en ello por la noche, empiezan a ver alternativas que podían haber realizado y les hubiesen facilitado mucho todo el día.

ser_original¿Y todo esto por qué? Simplemente por ser poco flexible y limitar algo imprescindible para lograr cualquier cosa como es dirigir nuestro foco de atención. Nos centramos en exceso en algo muy concreto y esto nos impide ver algunas cosas con la suficiente perspectiva para poder enriquecer lo que hacemos. En otras ocasiones hemos creado un plan tan específico y que nos ha costado tanto que entendemos que todo lo que no está en él, es una amenaza. Más que un plan de acción, creamos un búnker que nos aísla de todo el mundo exterior ya que es una distracción.

De esta forma nuestras actividades, nuestros resultados no tienen ese plus que podían tener si al marcarme mi objetivo final y mis objetivos intermedios analizara de forma constante todo lo que está pasando y que seguramente escapa de mi control. Detectaría situaciones que me enriquecerían y que me acercarían a poder construir y generar de forma original, marcando la diferencia. La flexibilidad me ayuda a crear de forma más personal e implicada conmigo mismo consiguiendo así ser original para mi propia vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5