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Nos encanta mirar para otro lado

Mirar es un acto consciente. Todos conocemos la famosa frase “vemos todo lo que miramos pero no miramos todo lo que vemos”. Es así, nos guste o no. Y esto nos define como personas en multitud de ocasiones. Cada día diría yo.

La gran mayoría de nosotros miramos a lo largo de un día diversos actos. De muchos de ellos nos generamos nuestra opinión del mismo. Estoy plenamente convencido que no todo lo que miramos nos gusta, complace, agrada, etc. No nos produce ninguna sensación positiva. Por desgracia, también estoy convencido que en numerosas ocasiones, no hacemos nada para cambiar esas circunstancias.

¡Ya, ya! Ya sé lo que algunos me diréis. No todo puede gustarnos, hay cosas que no dependen de uno, que le vamos a hacer si la vida es así,… Por supuesto. ¡Ah! ¡Y no os quedéis en estas opciones! Os animo a crearos más excusas, más justificaciones para no hacer nada. Para que todo siga así, no vaya a ser que lo que pensáis que tenéis lo vayáis a perder. En realidad, a la gran mayoría, es esto lo que los frena, lo que los hace mirar para otro lado.

Ahora vamos a ser un poco serios. ¿De verdad piensas que no puedes hacer nada para cambiar lo que no te gusta? Y me refiero a cualquier cosa. Desde algo personal a algo profesional o social. Si la respuesta es no, te invito a que dejes aparcado el victimismo en tu toma de decisiones. No te engañes. Algo puedes hacer.

Cierto es que es posible que no lo puedas hacer solo. Necesites ayuda o colaborar con alguien. Pero voy a darte una buena noticia. Igual que tú miras para otro lado, otros lo hacen, lo hacemos. E igual que para algunas cosas, tú necesitas un pequeño empujoncito para ir adelante y afrontarlas, a otros muchos les pasa igual. ¿Quién te ha dicho que no puedes darles tú ese empujoncito?

Lo cómodo es mirar para otro lado. Lo difícil es mirar y actuar. Lo duro es cuando uno recibe directamente cómo el resto miran para otro lado en algo que les afecta. ¡Ah! Pero ya actuarás cuando eso te pase a ti. ¡Despierta! Ya te está pasando.

¿Y ahora qué? ¿Actúas?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El cuento de los propósitos de año nuevo

“¡Familia! Estos son mis propósitos para este nuevo año… Esta es la forma en la que mi tía empezaba todos los años desde que tengo memoria. El brindis y después los propósitos.

He escuchado de todo: cambiar de trabajo, crear una empresa, hacer deporte, dejar de fumar, comer de forma más saludable, aprender inglés,… y un sinfín más. Bueno, la verdad es que tampoco tantos porque muchos se repetían año tras año. En la familia hacíamos apuestas a ver quien acertaba los de este año.

Durante enero y febrero todo iba bien. Cumplía sus propósitos a rajatabla. Sin excusas de ningún tipo. Marzo ya era distinto alguna que otra excusa caía algún día. En abril tres cuartos de lo mismo. En mayo miraba de forzarse un poco para seguir cumpliéndolos. Esto duraba hasta San Juan. El verano era la etapa de relax para llegar al otoño, recordar los propósitos, ver que no se estaban cumpliendo y con el invierno y el año nuevo volverlos a decir. Esos u otros que le pasaran por la cabeza.

Lo malo es que esto pasaba con toda clase de propósitos y eso para el resto ya no era divertido. Para ella sí.”

Con los cambios que queráis, este cuento encaja con muchas personas que realizan estos tan conocidos y publicitados propósitos de año nuevo. Yo no creo en ellos. Es más, lo peor que veo en ellos es que para muchas personas son un simple juego de año nuevo. Sin darse cuenta de lo que eso puede conllevar.

Aunque el cuento anterior tiene poca magia, a veces parece que muchas personas consideran que los propósitos de año nuevo sí que tienen ese algo especial que hará que mágicamente se hagan realidad… Incluso las personas que tienen experiencia en fracasar con sus propósitos de año nuevo, o mucha experiencia, siguen pensando y actuando de la misma manera…

Lograr hacer realidad algo no es mágico. Necesita de un plan de acción bien construido y adaptado a cada persona. La realidad de cada uno de nosotros es distinta a la que tiene la persona que tenemos al lado. Cada plan es personal e intransferible en su conjunto.

Además de un plan, lograr un propósito, ya sea realizar un cambio, instaurar un hábito o lo que cada uno decida, nos costará algo. Sin estar dispuestos a pagar el precio que eso conlleva es imposible. Por otro lado, si ese propósito no es ecológico con lo que somos o queremos conservar de lo que somos ahora mismo, tampoco será posible.

Con estos y algún otro aspecto que cada persona determina, lograr tus propósitos es mucho más factible. ¡Ah! Y por supuesto lograrlos cuando tú decidas, no cuando el calendario te “obligue” a plantearte algo.

La magia de hacerlos realidad la aportarás tú con tu esfuerzo y tu forma de actuar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Eternamente adolescentes

Probablemente todos somos conscientes de que la sociedad está cambiando. Hacia dónde se dirige es un tema tan amplio que necesitaría de un debate intenso y largo para no llegar a ninguna conclusión firme ya que todo dependerá, entre otras cosas, de la visión de cada uno respecto a la sociedad y a sus expectativas sobre ella.

Pero algo que sí es fácilmente observable es la presencia de cada vez más eternos adolescentes que parece que prolongan sin fin su etapa de instituto. En su mayoría se encuentran en edades comprendidas entre los 20 y 30 años, aunque también los hay con más edad. No se trata de los típicos cotillas de toda la vida. Se trata de gente que transforma  todo su entorno y todas sus relaciones, profesionales y personales, en un instituto perpetuo y todo funciona como tal.

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Eso quiere decir entre otras cosas que la diferenciación entre lo personal y lo profesional es algo prácticamente inexistente. Toda crítica o consejo ya sea por un igual o por un superior, es visto como una imposición. Cumplen a nivel profesional si existe la supervisión y entienden la flexibilidad en el trabajo como un permiso para tomarse libertades que le hagan disminuir sus responsabilidades. Una frase típica es “no era obligatoria hacerlo, ¿no?” Por lo general entienden su trabajo como una obligación y pocos se apasionan. Buscan un espacio de poder y crear un grupo para poder ir haciendo visibles sus pensamientos y su forma de actuar e incluso llegar a mirar de imponer su punto de vista ante el resto. Si el resto se resiste a someterse con argumentos sólidos, entienden que es un ataque personal y, llega la peor parte. Empiezan los cuchicheos, rumores, sonrisas falsas, secretitos…

Podría seguir poniendo más ejemplos, pero estoy convencido que con los anteriores, vuestra memoria ya os habrá traído a la mente situaciones que habéis vivido. Es una mezcla entre trabajar rodeado de adolescentes con hipoteca o alquiler y la casa de Gran Hermano o uno de sus platós.

Qué hacer ante esto es complicado. Algunas de estas personas son personas inteligentes, no tienen porqué ser personas preparadas académicamente, pero sí que son capaces de plantearse aceptar otros argumentos de forma natural e incluso replantearse los suyos propios. Cierto es, que para que algunas de estas personas den este paso se las debe alejar de la presión del grupo. Con otras poco se puede hacer y es mejor armarse de paciencia. Puede que alguna situación de sus vidas les haga replantearse sus actos pero esto no es seguro por el simple hecho de que esta forma de actuar se extiende.

Es necesaria una reflexión social ante esto y que todos los estamentos colaboren. La educación es clave y también afianzar valores sociales que promuevan otros modelos. Cada etapa tiene su inicio y su fin y no deben ni anticiparse ni alargarse. De un sosegado paso entre ellas depende que una no colonice al resto e imponga su criterio.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El que distreu és important

A l’hora d’afrontar qualsevol activitat sempre s’han de tenir presents diversos factors. La conjunció que es realitzi entre tots ells serà la que marqui el resultat final d’aquesta acció. Aquests factors intercediran principalment en dos aspectes clau quan fem quelcom: la qualitat final d’allò que es fa i el temps total que trigarem en concloure aquesta acció.

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Aquestes distraccions poden tenir diferents orígens i afecten a totes les edats tot i que de forma diferent o unes tinguin més pes que d’altres. Es poden realitzar diferents distincions entre aquests distractors però penso que avui dia els diferenciaria segons s’originin a la part personal de cada persona, la seva part laboral/professional o a la seva vessant social. Les tres poden veure’s relacionades entre si segons la situació i la forma d’afrontar la vida de cada un de nosaltres.

Per sobre de tot està el fet que som persones. L’ésser humà es caracteritza per diferents aspectes i un d’ells és que es tracta d’un ésser emocional. Cert que hi ha gent que ho dissimula de forma meravellosa, però tots tenim emocions i aquestes ens afecten de forma positiva i de forma negativa. A l’hora de realitzar qualsevol activitat, una falta d’emoció o un excés emotiu ens afectaran de forma diferent no permeten que centrem tota la nostra energia en l’activitat a realitzar.

La part personal de la persona està composada per un seguit de situacions, compromisos, vivències,… que en segons quins moments no ens ajudaran per concloure una feina. Realitzar la compra de casa, anar a buscar els fills a l’escola, una discussió amb la parella o amb un familiar són el pa de cada dia de molta gent.

Moltes vegades el propi lloc de treball o l’entorn on es troba ja és un distractor per si sol. Les relacions personals que allà esdevenen, les interrupcions que poden produir-se no sempre de forma necessària o els imprevistos organitzatius o en forma de puntes de feina que poden sorgir dificulten el pas d’una activitat a una altra ja que moltes vegades, i més en situacions laborals, tendeix a pensar-se que tot és urgent. Això ho complica tot.

Som éssers socials. Avui dia les noves tecnologies ens fan molt més fàcil comunicar-nos i relacionar-nos amb tothom amb qui ho desitgem. Tant és el moment, sempre o pràcticament sempre ho podem fer. El mòbil, la tauleta, l’ordinador i d’altres dispositius ens ho posen sempre a l’abast de la mà. Una temptació que moltes vegades ens és molt difícil de superar.

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Quan centrem tota la nostra capacitat de concentració, atenció i energia per realitzar una activitat qualsevol tot és diferent. Tot sembla més fàcil, podem fins i tot gaudir d’una activitat que potser inicialment no ens atreia gaire. Fluïm de forma natural i el que produïm fàcilment té un alt nivell de qualitat. A més, acabem l’activitat en el temps previst o en menys.

Per això és important valorar allò que ens distreu. Prendre consciència per donar-li importància i actuar. Saber de quina vessant prové i actuar en consonància amb la nostra forma de veure les coses, els nostres valors que s’alineen i ens ajuden a organitzar-nos i prioritzar a cada moment per fer allò que toca o allò que ara vull fer de veritat. Segur que així tot encaixa d’una forma més natural. Sense estrés ni angoixes de cap mena. Sabent que el que ocupa el meu cervell i els meus pensaments potser tenen un motiu però que procuraré saber organitzar-los per ocupar-me de cada un ells de la manera adient i al seu moment. Tot té el seu moment.

El temps, sense concentració, no serveix de res, així que prioritza l’atenció per sobre de tot.

Timothy Ferris

Daniel Barreña

Coach esportiu i educatiu

@dbarresi5