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La fuerza de los puntos de no retorno

Un punto de no retorno tiene un carácter especial. Bien usado te aporta una fuerza, una determinación que, al margen del resultado, logra sacar lo mejor de uno mismo. Mal utilizado, la exigencia que conlleva puede producir el efecto contrario, sobre todo si se abusa de él.

Antes de seguir, ¿qué es lo que se entiende por un punto de no retorno? De las muchas explicaciones que se pueden encontrar, la más extendida es la que está ligada a la escalada libre. En ella, al llegar a los 6 metros de altura se toma la decisión de seguir o no. A partir de ahí, subes sí o sí, bajar es inviable.

Las situaciones que se definen como puntos de no retorno, sin plan B, aparecen en nuestras vidas. Decisiones a tomar o proyectos a realizar o situaciones a cambiar son ejemplos de escenarios en los que se pueden aplicar.

En el deporte es fácil observarlas. Situaciones finales de partido en las que el equipo que va perdiendo en los instantes finales mejora su juego, su intensidad, etc. y acaba por darle la vuelta al marcador. Es un punto de no retorno. De seguir igual el partido está perdido, no hay más opción para cambiar el resultado. Otras veces no es al final del partido sinó durante todo él. Esos partidos decisivos para los equipos o esas competiciones que marcan a los deportistas.

Pero en la vida habitual de las personas también nos encontramos situaciones que son auténticos puntos de no retorno. Por ejemplo en momentos de cambio profesional cuando un emprendedor percibe que en el siguiente paso ya no hay vuelta atrás. Si decide darlo, muchas veces los siguientes pasos se suceden como si fuera de forma natural, fruto de la determinación, la actitud, el tener un foco claro que alimenta el punto de no retorno.

Otro ejemplo son las relaciones personales. ¿Cuántos puntos de no retorno sois capaces de identificar ahora mismo?

Un punto de no retorno también tiene sus normas. Debe depender de ti, debes sacar toda tu fuerza de voluntad y acallar el diálogo interno que te frena, sin excusas, sin abusar de ellos y deben estar bien descritos.

¡Detecta los tuyos y a por ellos!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cambio de paradigma en minibasket

Después de 10 temporadas, volvía a entrenar en minibasket. Pese a que llevaba tiempo sin entrenar directamente, nunca he perdido el contacto del todo. Veía más de un partido cada temporada y hablaba con más de un entrenador. Pero es verdad que este año me he podido empapar mucho más de lo que hoy día existe en el minibasket.

Esta reflexión también se produce después de una corta conversación que tuve aproximadamente hace un mes con un informador arbitral, árbitro de reconocido prestigio que vino a observar al árbitro que dirigía mi partido. Transcribo una parte:

– Muchas gracias Dani por no comerte al árbitro por más que te ha dado opciones para hacerlo y ayudarle en todo lo que has podido.

– No hay de qué, es una de mis funciones como formador.

– Y sobre todo gracias por darle la mano al final del partido.

– Es lo mínimo y es lo habitual, ¿no?

– No. Te sorprendería cuántos entrenadores y entrenadoras de minibasket no lo hacen. Yo me sorprendía en octubre pero ahora en marzo ya no.

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Esto me chocó e intercambiamos dos o tres frases más sobre el tema. Después pensando bien, al entrenar esta temporada en minibasket he visto más partidos de esta categoría, no me sorprendió tanto. Y es una auténtica pena.

Se ven jugadores que únicamente piensan en meter puntos sea como sea, con acciones técnicas mal realizadas y que cuando se lo comentan, en los casos en que eso pasa, claramente se ve que les da igual. Sólo les preocupa el resultado del partido y si este no es visible no paran de buscar como saberlo. En los casos en que los entrenadores no se lo dicen, preguntan directamente a la grada sin ningún inconveniente.

Se ven entrenadores que avanzan cuestiones tácticas impropias de la edad como son situaciones de mano a mano, bloqueos indirectos e incluso directos. La forma de dirigir los partidos está centrada exclusivamente en ganar no en que los jugadores y jugadoras mejoren. Aprietan de forma indiscriminada a los árbitros y la mayoría, si conocen el reglamento, se lo intentan saltar de cualquier forma, principalmente pidiendo tiempos muertos después de canasta recibida y si la mesa amateur no se lo da, protestan de tal forma que el árbitro al final para el partido por el escándalo. En ese momento no les concede el tiempo y cuando el juego se reanuda, anulan el tiempo. Ya han parado el partido. También están los que en su campo y con su mesa les van indicando cuando tienen que dejar correr el tiempo o pararlo en función del interés y los que camuflan zonas de todo tipo (aunque algunos ni las camuflan y se ofenden cuando se lo dicen).

Los árbitros que muchas veces se complican el partido con situaciones que podían ahorrarse como entrenadores con ficha de delegado que les montan un show minuto tras minuto. Normalmente, también ellos están en formación pero cuando se encuentran con entrenadores que les miran de ayudar, no son muy receptivos.

Las familias se merecerían unos cuantos artículos para ellas solas. Simplemente, muchas deberían verse en vídeo. Confío en que una mayoría reflexionaría. El resto, las que gritan a los contrarios, insultan a los árbitros y en general se olvidan de que un padre y una madre no dejan de ser un modelo para sus hijos, simplemente deberían no asistir a los partidos por el bien de sus hijos.

Es necesario y urgente un cambio de paradigma. Pasar de esa obsesión por el resultado a valorar el proceso de mejora y aprendizaje que se vive en el minibasket.

Entre todos nos estamos cargando el minibasket. Me incluyo porque todos somos responsables: jugadores/as, entrenadores/as, familias, clubs/colegios, federaciones. Todos de una forma o de otra hacemos que la realidad sea esa, también cuando vemos situaciones que no tocan y las catalogamos como normales.

Algo hay que hacer para que el minibasket vuelva a ser lo que toca. Un espacio de aprendizaje y disfrute máximo y que cuando esta etapa se acaba, haya jugadores en formación con una base deportiva, competitiva, técnica, táctica, coordinativa, etc. pero sobre todo una base humana que enriquezca al resto de categorías que a esos deportistas aún les queda por vivir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Jugar con una tranquilidad rápida

Todos los entrenadores tenemos nuestro estilo de juego predilecto. Ese que haríamos si dispusiéramos de los jugadores o jugadoras acordes. Es más, existen muchos entrenadores que sólo tienen ese estilo y tratan de hacerlo realidad siempre. Esto no es ni bueno ni malo, pero este tema lo dejaremos para otra ocasión. La cuestión es que a muchos nos gusta que nuestros equipos, siempre de una forma adaptada al nivel, edad, competición,… jueguen de una forma alegre. Esto tiene sus pros y sus contras, claro está.

Ese juego alegre, rápido, intenso tanto en ataque como en defensa obliga por lo general a pensar a alta velocidad afectando esto a la toma de decisiones durante las acciones del partido. Fácilmente se llega a la precipitación en diversas acciones, ya sea por la velocidad de ejecución o por el cansancio acumulado por la intensidad del juego y la “falta de aire” que muchas veces se dice para pensar con clarividencia, dando la imagen de un juego nervioso o convirtiéndose en eso.

He hablado muchas veces de este tema con diversos amigos. Cada uno desde su punto de vista y su forma de procurar llevarlo a cabo, argumenta sus matices personales. Pero existen conexiones comunes para lo que es jugar rápido pero tranquilo o con una tranquilidad rápida. Seguramente no es la mejor forma de decirlo a nivel lingüístico pero pienso que así es fácil de entender. Una tranquilidad llena de energía por cierto.

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Para lograr jugar así o por lo menos tener alguna opción de conseguirlo es necesario que los jugadores no tengan ningún miedo al error. Se van a cometer equivocaciones seguro, se perderá alguna pelota y se concederá alguna canasta fácil. Esta forma de jugar tiene su riesgo y se debe asumir y analizar desde el origen del error no lo que este produce. Ya sea por una mala ejecución técnica o por una toma de decisiones no adecuada.

Este aspecto es muy importante. Jugar así implica que todos los actores en escena tomen decisiones de forma prácticamente constante, principalmente los protagonistas de las escenas: los jugadores. Este aspecto tiene que estar entrenado a conciencia ya que también afecta a la gestión emocional del propio jugador y del equipo, tanto para bien como para mal. Es decir, una serie de decisiones erróneas perturbará la confianza del equipo en su juego y también al revés. Decisiones consecutivas positivas pueden alterar el grado de activación óptimo de los jugadores cayendo en la precipitación. El control adecuado de todo ese despliegue de energía es necesario para jugar así.

La gestión de todo esto por parte del entrenador es clave. Además, saber transmitir esta idea de velocidad desde la tranquilidad para poder pensar y ejecutar de forma congruente y ayudando a generar la activación física y mental adecuada no es fácil. El estilo de dirección de equipo, de entrenamiento y de partido debe estar en consonancia para poder crear la base de confianza necesaria en el grupo.

Estos apuntes son extrapolables a la gran mayoría de estilos de juego. El caso es que es muy fácil observar a un entrenador o entrenadora con su equipo dirigiéndolo en un entrenamiento y/o partido mirando de jugar rápido pero alterándose al mínimo error en la toma de decisiones del jugador. O jugadores tomando decisiones rápidas y acertadas pero mal ejecutadas a nivel técnico produciendo esto que tomen decisiones erróneas en las siguientes acciones. Es el pan de cada entrenamiento o partido. Esto lo he observado mucho más en los entrenadores que tratan de jugar así que no en los que buscan un control férreo sobre todo lo que pasa en la pista y tienen un estilo de juego de menos posesiones.

Personalmente disfruto con los equipos que me transmiten esa tranquilidad rápida, a alta velocidad de ejecución en todos los sentidos. Opino que se trata de un estilo de juego en el que los jugadores y jugadoras pueden crecer y desarrollarse plenamente y transferir esos aprendizajes a otros ámbitos. Esos equipos y jugadores que te transmiten energía desde la inteligencia e intensidad en el juego son una delicia de ver o entrenar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Para qué uso la pizarra en minibasket?

Recuerdo cuando empecé a entrenar y a ver multitud de partidos de diversas categorías para aprender y ser consciente de todo lo que me faltaba por aprender. Hoy día sigo haciéndolo y sigo siendo consciente de lo que me falta por mejorar. En todos estos años he visto muchos cambios a nivel de juego y dirección de partidos. Uno de los que más he apreciado ha sido la presencia cada vez en partidos con jugadores y jugadoras más pequeños de entrenadores armados con sus pizarras tácticas.

Una de las imágenes más curiosas se producen al solicitar un tiempo muerto en categorías minis (10-12 años) y preminis (8-10 años). El entrenador o la entrenadora cogiendo su pizarra y mirando a los jugadores como se acercan al banquillo, destapando el rotulador, preparando el discurso solucionador de problemas, si le hacen caso por supuesto. A partir de aquí existen diferentes estilos, pero abundan los que utilizan la pizarra para corregir aspectos de juego colectivos y como quiere que se juegue acto seguido. ¿De verdad es esto necesario y bueno para la evolución de los jugadores?

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Estoy a favor de un uso pedagógico de la pizarra. Comparto que a los jugadores de segundo año de mini se les puede dar a conocer una herramienta más que debe estar a su servicio para ayudarles. Pero seguramente se debería utilizar más en entrenamientos apoyando la explicación de algún ejercicio y de esta forma dar pie a que se fueran familiarizando con ella. Su uso en partidos debería ser para ayudar a explicar y reconocer situaciones que los hagan crecer individualmente y siempre de forma muy ocasional.

No estoy para nada a favor de uso para cuestiones colectivas en estas edades. Puede ser que hacia final de la temporada de mini de segundo año…en una situación puntual… para aportar y no para recriminar o corregir… Pero admito que me cuesta verlo.

Lo que sí que veo es a entrenadores que las utilizan para cohibir a sus jugadores y forzar el crecimiento del juego colectivo sin tener en cuenta si su equipo está preparado para ello. Vamos, entrenadores con ansias de demostrar que son futuros entrenadores profesionales y que sus jugadores y la progresión de estos está al servicio de su currículum como entrenador y ya.

Además, considero que este uso de la pizarra en niños y niñas tan pequeños puede convertirse en un obstáculo comunicativo que no ayudará a la conexión necesaria para el desarrollo de todos. La pizarra es fría y si la usas como medio principal de comunicación con tus jugadores, la comunicación también lo será.

Invito a los entrenadores de minibasket que la utilizan a que reflexionen sobre ello y que piensen alternativas comunicativas para transmitir lo que consideran que deben comunicar a sus equipos. Estas alternativas existen y estoy seguro que ayudan mucho más a que los jugadores y protagonistas del juego, cada día lo amen más y deseen aún con más ganas que llegue el próximo entrenamiento, el próximo partido.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Rígido y convencional o flexible y original

Desde siempre me ha gustado leer libros. Supongo que como todos, he tenido momentos de prodigarme más en esta actividad y otros en los que casi no he leído ninguno. En los últimos tiempos me gusta leer cada vez más, casi diría que me apasiona.

Hace un tiempo leí un libro referencia para muchos. Se trata de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi. Cuando lo leí me llamaron la atención diferentes puntos que en él se trataban, algunos los he aplicado a mi vida y otros, sin ser consciente de ello, ya formaban parte de ella. Hubo uno en concreto, que además de intentar aplicarlo en las distintas facetas de mi vida, he mirado de ir observando en las diferentes situaciones que vivo o me transmiten y poder así construir unas conclusiones más ricas. Se trata de la diferencia entre los conceptos convencional y original.

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El ejemplo que pone el libro para explicar esta diferencia es el siguiente que cito textualmente: “Mientras que un artista convencional pinta el lienzo sabiendo lo que quiere pintar y mantiene la intención original hasta que el trabaja está terminado, un artista original con igual entrenamiento técnico comienza teniendo en mente una meta indefinida, pero hondamente sentida, modifica el cuadro según los colores y las formas que emergen sobre el lienzo y acaba con un trabajo terminado que probablemente no se parecerá en nada a como empezó. Si el artista responde a sus sentimientos interiores, sabe lo que le gusta y lo que no le gusta, y presta atención a lo que sucede sobre el lienzo, seguramente hará un buen cuadro. Por otra parte, si mantiene su idea preconcebida de cómo debería ser la pintura, sin responder a las posibilidades sugeridas por las formas que se desarrollan ante él, la pintura probablemente sea mediocre”

¿Cuántas veces empezamos algo con un objetivo tan definido hasta el extremo que nos impide ver situaciones o aspectos que nos encontramos por el camino y que nos permitirían incluso obtener un resultado final mucho más rico o satisfactorio? La respuesta que yo he observado a esta pregunta es que esto nos pasa en demasiadas ocasiones. Definir un objetivo lo mejor posible nos ayuda mucho a hacerlo realidad. La ecología del mismo y poderlo dividir en pequeños objetivos o metas durante la consecución del mismo también. Pero no debemos olvidarnos de la flexibilidad para enriquecerlo.

Entrenadores que plantean un partido de una forma para ganar y no ven o saben ver opciones que surgen durante el partido para poder lograr el objetivo de otra forma, puede que más fácil. O que tienen las rotaciones de cambios predefinidas (al margen de que sean por aspectos conductuales) y  no las cambian pase lo que pase. Deportistas incapaces de ver diversos caminos en su mejora que les harían dar el salto que desean y que únicamente trabajan alguno muy específico o demasiado general, logrando o no lo deseado pero no a un nivel superior o que de verdad les haga marcar la diferencia en su deporte. Maestros o profesores que se preparan una clase y la dan pase lo que pase, siendo incapaces de aprovechar una oportunidad de enriquecer la experiencia de aprendizaje de los alumnos por algo que surge en el momento y que puede que se desvíe un poco del objetivo de la sesión o suponga destinarle más tiempo, pero que podría enriquecerlo a un nivel mucho más significativo para todo el grupo, profesor incluido. Personas que se plantean el día de una determinada forma para poder hacer multitud de actividades y que cuando piensan en ello por la noche, empiezan a ver alternativas que podían haber realizado y les hubiesen facilitado mucho todo el día.

ser_original¿Y todo esto por qué? Simplemente por ser poco flexible y limitar algo imprescindible para lograr cualquier cosa como es dirigir nuestro foco de atención. Nos centramos en exceso en algo muy concreto y esto nos impide ver algunas cosas con la suficiente perspectiva para poder enriquecer lo que hacemos. En otras ocasiones hemos creado un plan tan específico y que nos ha costado tanto que entendemos que todo lo que no está en él, es una amenaza. Más que un plan de acción, creamos un búnker que nos aísla de todo el mundo exterior ya que es una distracción.

De esta forma nuestras actividades, nuestros resultados no tienen ese plus que podían tener si al marcarme mi objetivo final y mis objetivos intermedios analizara de forma constante todo lo que está pasando y que seguramente escapa de mi control. Detectaría situaciones que me enriquecerían y que me acercarían a poder construir y generar de forma original, marcando la diferencia. La flexibilidad me ayuda a crear de forma más personal e implicada conmigo mismo consiguiendo así ser original para mi propia vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Ganar a cualquier precio

Es empezar la competición escolar o de formación y te empiezan a llegar noticias que no cuadran con lo que el deporte a esa edad debería ser. Vaya por delante que soy competitivo y defiendo la competición como un escenario necesario para el aprendizaje en cualquier deporte. Pero de ahí al resultadismo puro y duro que se ve muchas veces, hay una gran diferencia.

La gran mayoría de deportes realizan adaptaciones del reglamento de los adultos, profesional o como se le quiera llamar, para en teoría favorecer el desarrollo de los jóvenes deportistas. En principio los entrenadores  de esas edades deberían conocer esas adaptaciones y utilizarlas en beneficio de la progresión de los jugadores y jugadoras.

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Me sorprende la gran cantidad de partidos en los que se cometen irregularidades por el mero hecho de mirar de ganar. Principalmente en los reglamentos que estipulan un tiempo mínimo y máximo de juego por cada jugador que participa en el partido, se infringe esta norma para llevarse el partido. Puede haber un error de desconocimiento del reglamento, algo que ya me parece grave. Puede ser un despiste o error debido a diversas circunstancias que se pueden producir a lo largo del partido y que alguna te lleve a cometer el error de alineación. También se puede hacer voluntariamente para ver si nadie se da cuenta y ganamos el partido, aprovechándome de que el árbitro también es una persona novel en el arbitraje. Esta última situación en concreto, en dos deportes distintos, me la han explicado en los últimos días.

Siguiendo con el reglamento adaptado, mirar de sacar beneficio aprovechándose de una norma del reglamento de mayores, no existente en el adaptado. El ejemplo más claro (me han explicado otros de otros deportes pero no las conozco tanto) es en minibasket el momento de pedir un tiempo muerto. En el baloncesto de reglamento FIBA, este se puede pedir después de recibir una canasta. El reglamento de minibasket no lo permite. Demasiados entrenadores los piden sabiendo esta norma y los reclaman hasta parar el partido. Si el árbitro en ese instante no se lo concede y le argumenta que no puede ser después de canasta, igualmente ya ha logrado su objetivo: parar el partido. Muy fácil de observar jornada tras jornada.

Otro aspecto que denota el ir a por el resultado en exclusiva es la forma de jugar. No ya sólo el reparto de minutos que en ocasiones es escandaloso, sino estilo de juego propuesto. En este apartado también hago referencia a la utilización de la técnica y centrarse solamente en aquella que proporciona el resultado fácil, ya sea canasta o gol por ejemplo, obviando el aprendizaje y las necesidades futuras para seguir progresando y disfrutando del juego.

Salir a ganar un partido es normal. Ser capaz de hacer cualquier cosa por conseguirlo y priorizarlo por delante de que los jugadores aprendan, disfruten, evolucionen,… simplemente es no saber qué quiere decir ser entrenador de alguien. Entre todos estamos consiguiendo que el deporte formativo pierda su esencia. De todos nosotros depende valorar lo que realmente es importante a cada edad para poder disfrutar, cuando llegue el momento, de los mejores deportistas de élite dentro de una sociedad con una cultura deportiva mucho más rica.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Qué sería del deporte sin ellos?

Se trata de un deporte universal. Además se trata de uno de los deportes que se practica durante más tiempo seguido. Puede durar días, semanas e incluso en algún momento hasta meses. También se trata de un deporte que llena páginas y páginas en diarios, blogs o webs y minutos en las noticias televisivas o en incluso horas en las tertulias televisivas o radiofónicas. Vamos, que también es rentable económicamente aunque los protagonistas no sean los que reciban ese beneficio económico. El deporte en cuestión se puede llamar de diferentes formas. Algunas de ellas podrían ser: machacar al árbitro, el culpable siempre es el del silbato, el que pita que no se equivoque o que se atenga a las consecuencias, etc.

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Una de las cosas que más fácil es de observar durante los partidos del deporte que sea es esa falta de respeto hacía la persona que ejerce una función básica para poder disputar ese partido. Entrenadores, jugadores, clubes, espectadores y todos estamos implicados, también los propios árbitros. Da igual la clase de partidos que sean. Entre equipos de formación o entre equipos profesionales o semi.

No soy capaz de discernir cuál es el origen de todo esto. Aunque sí que tengo claro que la falta de educación deportiva, la falta de respeto hacia las personas y el inmovilismo de algunos estamentos y la poca capacidad de autocrítica real por los protagonistas y sus superiores, sí que son partes importantes en este problema convertido en hábito y que ya es un vicio.

La falta de respeto a la persona es un clásico. Como educador no entiendo que una sociedad conciba como “algo normal” insultar y faltar a una persona y a su familia por el simple hecho de desarrollar una actividad profesional o amateur. Se olvida muy fácilmente a la persona, mujer u hombre, que decide que su granito de arena para que un deporte se desarrolle en función de su reglamento es aplicar este lo mejor posible.

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Considero que un problema individual que tienen bastantes árbitros es su falta de autocrítica. Están habituados a que sus respectivos comités les realicen informes y a que estos en ocasiones se dediquen más en apuntar sus debilidades que en apreciar sus fortalezas. Esto provoca que lo que en ocasiones debiera ser una conversación normal y corriente entre un entrenador o jugador y un árbitro, no sea tal. Llegan con un escudo protector y autoritario que les hace perder una de las que debería ser sus fortalezas, la capacidad empática. De esta forma no participan de forma activa en la conversación y las posibles críticas constructivas, que podrían incluir o corregir en ese mismo momento en su toma de decisiones si así lo consideran, se interpretan como ataques a su capacidad. Se olvidan que como personas que son se equivocan y prefieren escudarse tras su poder a admitir un error.

Sus dirigentes por lo general no les ayudan precisamente. En algunos deportes las ayudas tecnológicas son mal vistas. En otros, su principal actividad es la de juzgar a los árbitros y no ofrecerles las suficientes opciones formativas adecuadas para su mejora. En otras ocasiones no valoran la capacidad actual del árbitro o árbitra en cuestión y lo valoran por su pasado o por su posible futuro. Esto segundo no ayuda a la formación de estos implicados. Personalmente, en cuanto a la formación arbitral se refiere, últimamente veo errores de reglamentación básicos que no deberían producirse, que además se repiten, y que pueden ser trabajados fácilmente. En esto sí que deberían ser implacables, asegurarse de una formación inicial de alta calidad. Otro aspecto a tener en cuenta es cuando se realizan cambios reglamentarios. Los dirigentes de mayor rango serán consultados pero esas normas afectan a todos y algunas de ellas en contextos formativos por ejemplo, son de difícil aplicación.

Llegamos a la falta de educación deportiva. Por desgracia existen muchas personas que no entienden que ver un partido del deporte que sea por la tele y uno de su hijo o hija de 10 años en directo el sábado por la mañana son dos situaciones distintas. Igual que insultan al de la tele, lo hacen con el que arbitra a su hijo, faltando a la persona como ya he comentado anteriormente. Pero además se olvidan de algo básico que con un poco de cultura deportiva sabrían. Cuando un deporte tiene árbitro es porque para la aplicación de su reglamento es lo que se considera mejor. Es más, en muchos casos sin árbitro no se podría practicar ese deporte.

arda-tira-botaNo negaré que como entrenador he tenido mis diferencias con algunos árbitros aunque por lo general me suelo llevar bien con ellos. Recuerdo hace años que en un partido como visitante, un árbitro conocido mío paró el partido y estuvo a punto de irse por la actuación de los padres de ambos equipos. Hablamos ambos entrenadores con él, yo hablé con los padres de mis jugadores, el otro entrenador no, y el partido continuó con alguna queja excesiva de algún familiar local y finalmente concluyó. Ese día mis jugadores comprendieron la indefensión que viven muchos árbitros cada fin de semana. Algunos no lo olvidaron, otro sí.

Ese día decidí incorporar una frase que me acompaña en mis funciones de entrenador y que suelo decirles a mis jugadores: el árbitro es la única persona imprescindible para poder jugar un partido. Algo que todos deberíamos tener en cuenta y no olvidar jamás, siempre y cuando de verdad queramos un deporte de nivel, competitivo, formativo y con valores.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5