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La presión de ser líder

La competición y la presión en determinados niveles van unidas. Muchas veces se escuchan debates sobre que equipos sufren más la presión, los que encabezan la clasificación o los que la cierran. Todo depende principalmente de los objetivos iniciales que cada uno tuviera. Pero tiendo más a pensar que en todas las situaciones la presión está presente, siempre y cuando se quiera mejorar o mantener la situación presente. En muchas ocasiones, no se entiende que el que va líder hable de la presión ya que muchas veces se da por hecho que cuando te encuentras en una posición de privilegio, la presión es para el resto. Eso sí, si fallas, todos dicen que te pudo la presión.

Hablando con amigos entrenadores que se han encontrado en situaciones de encabezar sus clasificaciones correspondientes, cada uno a su nivel pero todos en categorías senior, todos me dicen que han notado más la presión estando en los puestos de cabeza, campeonato o ascenso que en los puestos finales o de descenso.

Motivos puede haber muchos pero dos sobresalen por encima del resto. El primero es que todos los que están luchando contigo por esos puestos o te persiguen en la clasificación o tenían tus mismos objetivos y ahora ya no pueden lograrlos…desean que las cosas dejen de irte bien. Ese deseo actúa en muchas ocasiones como motivador para muchos de tus rivales en los partidos, que junto con otros aspectos que se pueden dar (batir al líder, al invicto, conseguir lo que otros no, rivalidades geográficas o históricas) y las propias necesidades de cada equipo, les hace dar un plus en el partido jugando por encima de su nivel medio hasta la fecha. Esto es algo que no depende de ti, así que tenerlo presente te ayuda a dibujar de forma más completa el escenario competitivo, pero si intentas controlarlo vas a destinar energía a aspectos sobre los que no tienes margen de acción.

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El segundo me lo han expresado de diversas formas, algunas muy particulares de la persona, pero se puede resumir en a qué atribuyes tú tu situación actual. Es decir, ¿por qué piensas que estás en ese puesto? ¿Nos merecemos estar ahí? La multitud de respuestas posibles es interminable. La cuestión es que esos pensamientos pueden empezar a despertar en ti unas emociones que hasta ese momento no habías sentido y que te lleven a actuar de una forma distinta que la que has hecho hasta la fecha. Esto en sentido positivo o negativo. En positivo entrarían aspectos de superación, crecimiento, enriquecimiento. En negativo se podría minusvalorar lo que has hecho hasta la fecha, como si no te lo merecieras, entrando en escena, entre otras opciones, una sensación de relajación que bajaría tu nivel competitivo o también puede pasar que el equipo mismo se exija en esos momentos mucho más de lo hecho hasta la fecha de forma desmesurada. La clave en todas las respuestas posibles es cómo afecta eso a tu nivel de activación óptimo para competir al máximo.

En estos aspectos internos del entrenador, de los jugadores, del equipo, sí que se dispone de margen de acción. Es algo controlable en muchos aspectos y por lo tanto es algo entrenable.

También es entrenable otra situación que puede darse en estos casos. Los objetivos que te planteabas a inicio de temporada, esas expectativas generadas en tu entorno, se están cumpliendo o estás a punto de hacerlo. El OBJETIVO pasa a ser el único centro de atención de todos, dejando de lado lo hecho hasta la fecha. Esas expectativas se disparan, empiezas a escuchar al entorno hablar más en futuro que en presente, olvidando incluso todo lo hecho hasta la fecha. No valen las jornadas anteriores si ahora no culminas el final de temporada da igual el formato en que compitas. Ese OBJETIVO que casi todos ya estáis tocando con la yema de los dedos… ¿Y si ahora no lo logramos? ¿Y si se nos escapa esta oportunidad? LA OPORTUNIDAD. Los focos te iluminan y te deslumbran. Planteado así, las opciones de no lograrlo crecen.

Todo líder debe tener los pies en el suelo, vivir el presente. El presente es lo que te lleva a ese futuro deseado. Vivir fuera del presente, cambia el futuro que te encuentras cuando este se convierte en realidad. Disfrutar del día a día y seguir un proceso de crecimiento progresivo, razonado y enriquecido por las emociones para activarnos de forma óptima y hacernos fluir en nuestra competición como hasta ahora lo hemos hecho. Por eso estamos en la situación que mucho desean, envidian. Dar lo mejor de nosotros mismos de forma natural nos ayuda a rendir al máximo de nuestras opciones centrándonos en lo que podemos controlar.

Soy líder, somos líderes y actuamos como tal. Cada día doy lo mejor que tengo ese día. Esa es mi presión. El resto que hagan y digan lo quieran. Puedo fallar y cometer errores pero hasta hoy nadie me quita lo que hemos logrado. Soy líder, somos líderes y el futuro ya se verá, pero hoy estoy en esta posición porqué nos lo merecemos y lo hemos trabajado. Si la quieres, tendrás que ganártela. No esperes que la presión te la regale.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Debe ser muy aburrido

Aprender, curiosear, investigar, analizar, experimentar, decidir, equivocarme, asumir las consecuencias de lo que hago,…es algo presente en mi día a día. Procuro trabajar mi imaginación para que esta vaya creciendo y desarrollándose todo lo posible. Aún y así, no puedo imaginarme un día sin realizar todas las acciones que antes he escrito y algunas otras que no he puesto para no alargar la lista.

Existen personas que transmiten que todas estas acciones que enriquecen la vida de la mayoría, las tienen superadas y no le son necesarias para nada. Nacieron sabiendo o eso es lo que parece. Son esas clásicas personas que cuando alguien nuevo llega a su entorno, principalmente el entorno profesional/laboral, y se trata de una persona con poca o nula experiencia, lo primero que hacen es recalcar todo lo que esta persona no sabe hacer y el trabajo le exigirá, sus carencias profesionales.Sabelotodo

Aportaciones del tipo ¿Esto no lo has hecho nunca?, ¿No sabes cómo funciona este …?, ¿Nunca has trabajado en un sitio como este? Y otras por el estilo. Declaraciones que no pretenden ayudar precisamente a la persona recién llegada. No tengo claro que objetivo persiguen expresando estas opiniones. ¿Reafirmarse en su posición? ¿Alertar al nuevo para que valore la dificultad del puesto? Si que tengo claro que no se trata de una posición empática con el nuevo o la nueva y que claramente olvidan que ellos se encontraron en la misma situación. En algún momento, también fueron los nuevos, los recién llegados.

¿Qué puede pasar si, en estas situaciones, la persona acabada de llegar no tiene un buen nivel de autoestima y autoconfianza en sus capacidades y posibilidades de adaptación? Nada bueno. Lo que esta persona recibe no es una agradable bienvenida y esto se suma a las posibles dudas, presión sobre uno mismo para demostrar su valía profesional,…que toda nuevo en un sitio tiene.

Existen conceptos que no se pueden mezclar. No haber hecho una cosa nunca no quiere decir que no seas capaz de hacerlo bien hecho. Esta idea sobrevuela sobre la cabeza de estas personas que lo saben todo. La capacidad de aprendizaje de una persona no es algo de lo que se pueda dudar sin razones fundadas. Es más, en muchas ocasiones y en según qué situaciones, esta capacidad de aprendizaje es capaz de sorprender hasta a los propios protagonistas.

Cuando se produce un cambio, una nueva situación, todos los implicados deben afrontarla. Cada uno decide la forma. Te puedes oponer al cambio, resistirte, pero en la mayoría de ocasiones si el cambio ya se ha iniciado o producido en su totalidad la opción de volver a la situación anterior no es una posibilidad. Otra opción es percibir el cambio como una nueva oportunidad. Una opción de aprender cosas nuevas, crecer, desarrollarse, descubrir posibles nuevas sinergias. Para esto es necesario disponer de una mente abierta a estas situaciones. Desde este enfoque, lo que ocurra en la nueva realidad se percibirá como una nueva ocasión de mejorar y enriquecerse, no como una amenaza a mi status.

Vivir diariamente sin querer incorporar nuevas experiencias, sin asumir riesgos, percibiendo toda novedad desde un punto de vista negativo, debe ser como mínimo aburrido. Y claro, cuando el nuevo o la nueva, hacen caso omiso de sus negros pronósticos y simplemente acepta la nueva realidad y la aprovecha para aprender, desarrollarse y poner en práctica sus aptitudes e incluso aprender nuevas, genera sorpresa. Incredulidad por asumir de forma natural lo que para otro era imposible por no haberlo realizado antes.mentoring

Existen demasiadas personas que viven y se relacionan desde esta postura, lo saben todo y han olvidado como lo aprendieron ellos. Seguramente si fueran más abiertos al cambio, incluyeran más flexibilidad a sus pensamientos y conductas, confiaran más en la gente, todo sería más enriquecedor. Puede que hasta más divertido.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Disciplina? Siempre, pero con sentido común

La disciplina es algo que va implícito en el deporte, y más en el caso de deportes de equipo, por respeto a los demás compañeros principalmente.

Estamos todos de acuerdo que hay que tener una disciplina en cada equipo, pero ésta debe estar consensuada siempre con el club. El club es  quien marca los criterios a seguir. Cada equipo puede tener sus particularidades y quizás el club tiene que adaptar algunas normas según el equipo. La comunicación entre entrenador y su persona de contacto en el club es esencial. Una segunda opinión de una persona experta nos aportará mucho, coincidamos o no con ella.

Un error muy común que cometemos muchos entrenadores es que, a veces por ganas de dejar nuestro sello personal, tomamos decisiones sin consultar. El club nos respaldará siempre si vamos en la línea que se marca desde la Dirección Técnica o Coordinación.

Al final hay que aceptar que somos parte de un club, parte de la evolución de un jugador. Eso, ya nos debe enorgullecer por sí mismo.la foto 2

En el caso concreto del baloncesto, a veces vemos que se  deja sin jugar a un jugador porque no ha entrenado aquella semana.  Habitualmente ocurre en los equipos de niños más pequeños, pero los adultos tampoco se libran de este hecho.

Los motivos por no asistir al entreno son varios: acudir a un cumpleaños de un amigo, estar cansado por estar todo el día de excursión, deberes o exámenes, enfermedad o lesión…

Es cierto, que en equipos de formación existe la posibilidad de ser hasta 15 jugadores pudiendo sólo 12 jugar un partido. Siendo así,  tenemos que organizar una rotación justa para que todos los niños descansen. En este caso, sería comprensible que un niño que no vaya a entrenar sea el que descanse.

En los demás casos que son equipos formados por 12 jugadores, o menos, el dejar sin jugar a un niño creo que debe medirse muy bien desde el club.

Lo primero es que el club debe hacer una reunión con los padres que se incorporan al club, normalmente el premini, y explicarles la importancia de la asistencia a los entrenos y partidos ya que perjudican a los demás miembros del equipo.

Los jugadores deben organizarse  para poder atender a sus deberes y estudios, y asistir a hacer su deporte (es cierto, que como he dicho antes, no es lo mismo un jugador que tiene un examen de bachillerato que un niño de 3º de primaria). Si un niño ese día está cansado, por venir de una excursión por ejemplo, debería ir a entrenar y comentárselo al entrenador para que éste lo tenga en cuenta. En el caso de los cumpleaños, que a los más pequeños les hace mucha ilusión, seguro que pueden hacer las dos cosas ya que éstos suelen durar unas 3 horas y el entreno máximo hora y media. Si hace falta que salgan un poco antes tampoco debería ser un problema.

yo_vivo_para_jugar_basketball_mousepad-r3b3bdf5c47664d1b81b61270bfc51393_x74vi_8byvr_512Sin embargo, el caso más común de todos es que los niños suelen faltar a entreno por lesión o enfermedad. Para mi ante esta situación no se debería nunca dejar al niño sin jugar. A veces un niño que lunes y miércoles no ha PODIDO ir a entrenar por enfermedad, se recupera y va a entrenar el viernes; y el entrenador le dice: “No vas a jugar el partido porque esta semana casi no has entrenado”.  Supongo que habéis visto alguna cosa parecida alguna vez ¿no? O sea, un niño que no ha ido al cole, o que a veces el viernes sin ir al cole va a entrenar; se encuentra que lo castigan. ¿Por qué? ¿Por estar enfermo te castigan? Y luego nos quejaremos que han dejado el básquet o que no vienen motivados. Debería ser al contrario, cuando un niño sin estar al 100% a veces asiste al entreno hay que premiarle, aunque sea simplemente diciéndoselo: “oye muy bien el esfuerzo que has hecho” (ojo también con que un niño entrene sin acabar de estar recuperado, pero entendemos que si los padres  lo envían a entrenar es porque puede hacerlo).

Otro gran peligro con esto es el que todos sabemos que  ocurre: aprovecho que el más flojo del equipo ha estado enfermo para decirle que no venga, pero si es el mejor… ¿Hacemos lo mismo? Pues hay un único rasero para todos; el que está bien físicamente para jugar, juega. Luego ya los cuartos que juegue dependerá de lo que el entrenador crea, pero la oportunidad de ir a jugar el sábado, habiendo pasado una lesión o una enfermedad, se la merecen todos indistintamente del nivel que tengan.

Esto pasa con adultos también; una persona que ha estado lesionada o enferma, si está bien para el partido, entiendo que no salga de titular pero si el entrenador cree que debe salir no debería haber ningún problema. A lo largo del año esa persona quizás se ha puesto enferma 3 días y lo que se debería valorar es el año, no esa semana.

Partimos de la base que los jugadores de básquet si faltan es por necesidad, sino tenemos un problema. De la misma manera…  ¿Alguien cree que si el entrenador cae enfermo el Director Técnico lo castiga sin llevar el partido el fin de semana?

Hay que darles razones a los jugadores para que sigan motivados porque cuando se apuntan con 6 años esperan mucho de nosotros. Al menos la coherencia.

¡Un saludo a todos!

Mario Lousame

Entrenador de baloncesto