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Sobreprotección hasta la extenuación ¿para qué?

La sobreprotección está de moda, por desgracia. La encuentras allá donde mires de muy diversas formas. En forma de padres helicóptero que revolotean sin parar y aparecen por cualquier sitio y en cualquier momento. Otra opción es la que crea niños y niñas que parece que hayan vivido toda su vida en una burbuja. Y muchas más, algunas de ellas potenciadas por según qué metodologías pedagógicas actuales que ayudan a que este tipo de padres y madres actúen así, disfrazándolo de implicación en las actividades de sus hijos.

En función de la edad se ven diversos comportamientos que llaman la atención. También en función de ella, según qué acciones pueden ser vistas como normales pero no son más que primeros pasos que ya forman parte de esta sobreprotección o pueden conducir a ella. Incluso hay algunas que de tan normales, no vemos lo que son en realidad o lo que pueden llegar a producir.

Hay algunas que cada vez veo más pero en especial hay una que me llama la atención. Niños y niñas que al salir del cole lo primero que hacen es colocarle la mochila a la persona que los va a buscar y puede que luego les den un beso, un abrazo o simplemente les digan hola. Sí, he dicho puede. Pero es que ahora veo a adolescentes salir de entrenar al deporte que sea o de la actividad extraescolar que corresponda y hacen lo mismo. Padres, madres, abuelos y abuelas que cargan con la mochila mientras el adolescente camina ligero con el móvil en las manos y muchas veces sin ni siquiera saludar como decía antes o ni tan siquiera mirar a la persona. En muchas ocasiones no son ni ellos los que largan el brazo para dar la bolsa en cuestión, son los adultos los que prestos van a cogérsela. Para mí, es alucinante.

A esto, sumad todo lo que las nuevas tecnologías han traído como padres que hacen grupos de WhatsApp sin los hijos para ir pasando los deberes u otras cosas que no les corresponden. U otras acciones tan mundanas como niños de 11 años que tienen muchas dificultades en vestirse solos o en atarse las deportivas de forma correcta.

Entonces llegamos a extremos. Madres y padres que se presentan en entrevistas de trabajo en lugar de sus hijos, reclaman notas a profesores universitarios, llaman al trabajo para decir que sus hijos/as están enfermos incluso cuando ya no viven con ellos…

Y mi pregunta es clara. ¿Toda esta sobreprotección qué objetivo tiene? ¿Pretende crear al hijo más preparado para la vida diaria? ¿Más competente?

Dudo que así sea. Es más, pienso que en muchas de estas actitudes, pueden más las ganas de reconocimiento como padre o madre de los progenitores que el ayudar a sus descendientes para que puedan vivir una vida plena. Y plena es con sus cosas buenas, no tan buenas y malas. De todo siempre hay, por más que se intente evitar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Esto no va como esperaba

Todo ya está en marcha. Ya lleva un tiempo en acción y puedes analizarlo. Te habías hecho unas imágenes, unos pensamientos, unas expectativas durante el verano. Pero la realidad no se parece mucho a lo que ahora veo, tengo, percibo.

Pero es que aún queda mucho para que se acabe… Sí esto sigue así… Me esperaba otra cosa… No sé si lo aguantaré… No sé sí quiero aguantarlo…

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¡STOP! ¡ALTO! ¡PARA!

¿Estás seguro que esta forma de hablarte es la mejor para ti? ¿Qué pretendes con ella? ¿Es ese tu objetivo? ¿Cómo actúas cuando te hablas así?

Estas y otras preguntas te pueden ayudar a analizar la situación. Son fáciles y, si quieres, puedes darle una respuesta que te ayude mucho a tomar decisiones. Aunque para mí la clave es otra.

Cuando en verano te creabas esas imágenes y esas expectativas, ¿también te creabas o veías lo que tú tendrías que hacer para que se cumplieran? Porque digo yo que algo dependerá de ti para que lo que tú quieres se pueda hacer realidad. ¿Lo hacías?

Espero que sí lo hicieras pero es posible que no. Sólo vieras o te crearas el final, el resultado que tanto deseas. Entonces, si  no te habías planteado cómo y qué hacer, pensar, sentir… ¿exactamente cómo  ibas a colaborar para qué todo lo que querías percibir hoy se hiciera realidad?

Veo un poco difícil conseguir cosas que uno desea y si uno mismo no pone todo de su parte para que se haga realidad. Bueno, quien dice un poco… puede decir también que es imposible que esto pase.

Te propongo otra opción. Plantéate qué puedes hacer tú para que eso ocurra, se haga real. Piensa bien el cómo y encuéntrate a gusto con esa forma de hacerlo. Por último, hazlo.

Puede que se haga real o no, pero por lo menos sabrás bien lo que has hecho y puede que encuentres algún punto de mejora. Y si no lo ves, puede que veas cómo mejorar la relación que tengas con aquello que no te ha ayudado o directamente dejado que lo que querías se hiciera realidad, para que haya más opciones.

¡Ya me dirás cómo te ha ido!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Artículo originalmente publicado en  Daniel Barreña Coaching

No me gusta lo que veo

Cada persona vive su particular vuelta a la rutina de forma diferente, poniendo en práctica diferentes estrategias que le sirven para ir adaptando su cuerpo y principalmente su cabeza al ritmo en el que vive gran parte del año. Al volver de un periodo de vacaciones se suele producir un cambio de ritmo en el día a día que puede conllevar algún inconveniente. Si además, lo que ves a la vuelta no te gusta… todo se complica.

Las personas percibimos nuestra realidad de diversas formas, en función del mapa mental de cada uno de nosotros. También tendemos a proyectar al futuro, con todas las consecuencias que eso puede tener de diversa índole. El día anterior a la vuelta, o alguno antes, muchas personas proyectan cómo será su vuelta al trabajo, rutina. ¿Qué pasa cuando ves que estas expectativas no se cumplen? No es agradable.

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Podemos reaccionar de muy diversas formas. Y todas ellas son adecuadas si te permiten acercarte al objetivo que quieras, sea este el que sea. Claro, pero yo no tengo objetivo. Mentira.

Si has decidido que lo que has percibido al volver no te gusta, tendrías unas expectativas, desearías algo. Puede estar relacionado o no directamente con el trabajo. Puede que lo que te encuentras te afecte para posteriores actividades personales. O la opción que prefieras. Pero por algún sitio tenías algún objetivo, más grande o más pequeño, y por algún motivo lo que ahora percibes no encaja con lo que esperabas, con el mapa que habías diseñado.

¿Y ahora qué? Muchos caen en soluciones irreales del tipo, entrar en bucle recordando las cosas buenas de las vacaciones y que pena que se hayan acabado, con lo bien que estaba yo,… Esto puede durar unos días hasta que te das cuenta que no es una solución o como les pasa a muchas personas, la vorágine del día a día te engulle.

Otra de las diversas opciones podría ser revisar tus expectativas ahora que tienes nueva información, adaptarlas a la nueva realidad que percibes y buscar la estrategia de actuación que te acerque a tu objetivo.

Es decisión tuya. En mi caso, yo ya he decidido y me quedo con la segunda opción, enriquecida con otras cosas de las que alguna vez hemos hablado o hablaré en el futuro. En breve, estoy seguro, que me gustará lo que veo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La reflexión conduce al cambio

Por lo general, a las personas les gusta llegar a un cierto nivel que les proporcione una rutina. En muchos casos el esfuerzo necesario para llegar a lograr esa rutina, conseguir una forma de actuar y organizarse que casi convierta el día a día en una cadena de automatismos, ha sido grande, incluso muy grande. Por eso, una vez logrado ese objetivo, el siguiente suele ser vivir esa rutina sin darle muchas más vueltas.

Pero, ¿qué pasa cuando esto se altera? Puede ser de mil formas: un hecho inesperado, alguien te comenta algo que te parece atractivo, te das cuenta de que los días pasan sin más,… Muchas veces esto activa una parte de ti que empieza a hacerte preguntas. Estas preguntas también suelen activar en ti otra parte de ti que intenta acallarlas. Pero empiezas a pensar sobre lo que haces.

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Esta reflexión te hace descubrir y valorar aspectos de esa rutina que te pasaban desapercibidos. En numerosas ocasiones, tu percepción sobre cómo estás viviendo el tiempo, tu tiempo, empieza a hacerte ver que no lo estás viviendo, simplemente lo estás pasando, seguramente ni lo ves pasar. Pero ahora que te has parado y reflexionas sí que lo ves. De forma automática te surgen una serie de preguntas.

Más reflexiones y cada vez ves más aspectos que no te acaban de convencer u opinas que de otra forma podrían gustarte más. En ese momento la otra parte de ti, esa activada por las preguntas que te cuestionan, se alza con fuerza para recordarte lo que te ha costado llegar hasta donde estás, que todo va bien, para qué arriesgarte,…

Es el momento. ¿Qué decides hacer? Las opciones son múltiples y certeza lo que se dice realmente certeza de cómo va a salir todo, no la tienes. ¿Hacia dónde se inclina la balanza dentro de tu cerebro?

Todo esto es fruto de pensar. Reflexionar y ver cosas a cambiar, a muchos les asusta. Por eso deciden pasar su tiempo en lugar de vivirlo. ¿Qué tiene de malo cambiar? Nada, pero los humanos muchas veces lo enjuiciamos todo y ese juicio nos frena.

Pensar, reflexionar sobre lo que haces en sí no es ni bueno ni malo. Y si pensar te lleva a cambiar algo en la forma de afrontar, de vivir tu vida, es tu decisión. El problema no es reflexionar y cambiar, el problema es cuando cambias por lo que otros reflexionan. Eso sí que es un problema.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La presión de ser líder

La competición y la presión en determinados niveles van unidas. Muchas veces se escuchan debates sobre que equipos sufren más la presión, los que encabezan la clasificación o los que la cierran. Todo depende principalmente de los objetivos iniciales que cada uno tuviera. Pero tiendo más a pensar que en todas las situaciones la presión está presente, siempre y cuando se quiera mejorar o mantener la situación presente. En muchas ocasiones, no se entiende que el que va líder hable de la presión ya que muchas veces se da por hecho que cuando te encuentras en una posición de privilegio, la presión es para el resto. Eso sí, si fallas, todos dicen que te pudo la presión.

Hablando con amigos entrenadores que se han encontrado en situaciones de encabezar sus clasificaciones correspondientes, cada uno a su nivel pero todos en categorías senior, todos me dicen que han notado más la presión estando en los puestos de cabeza, campeonato o ascenso que en los puestos finales o de descenso.

Motivos puede haber muchos pero dos sobresalen por encima del resto. El primero es que todos los que están luchando contigo por esos puestos o te persiguen en la clasificación o tenían tus mismos objetivos y ahora ya no pueden lograrlos…desean que las cosas dejen de irte bien. Ese deseo actúa en muchas ocasiones como motivador para muchos de tus rivales en los partidos, que junto con otros aspectos que se pueden dar (batir al líder, al invicto, conseguir lo que otros no, rivalidades geográficas o históricas) y las propias necesidades de cada equipo, les hace dar un plus en el partido jugando por encima de su nivel medio hasta la fecha. Esto es algo que no depende de ti, así que tenerlo presente te ayuda a dibujar de forma más completa el escenario competitivo, pero si intentas controlarlo vas a destinar energía a aspectos sobre los que no tienes margen de acción.

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El segundo me lo han expresado de diversas formas, algunas muy particulares de la persona, pero se puede resumir en a qué atribuyes tú tu situación actual. Es decir, ¿por qué piensas que estás en ese puesto? ¿Nos merecemos estar ahí? La multitud de respuestas posibles es interminable. La cuestión es que esos pensamientos pueden empezar a despertar en ti unas emociones que hasta ese momento no habías sentido y que te lleven a actuar de una forma distinta que la que has hecho hasta la fecha. Esto en sentido positivo o negativo. En positivo entrarían aspectos de superación, crecimiento, enriquecimiento. En negativo se podría minusvalorar lo que has hecho hasta la fecha, como si no te lo merecieras, entrando en escena, entre otras opciones, una sensación de relajación que bajaría tu nivel competitivo o también puede pasar que el equipo mismo se exija en esos momentos mucho más de lo hecho hasta la fecha de forma desmesurada. La clave en todas las respuestas posibles es cómo afecta eso a tu nivel de activación óptimo para competir al máximo.

En estos aspectos internos del entrenador, de los jugadores, del equipo, sí que se dispone de margen de acción. Es algo controlable en muchos aspectos y por lo tanto es algo entrenable.

También es entrenable otra situación que puede darse en estos casos. Los objetivos que te planteabas a inicio de temporada, esas expectativas generadas en tu entorno, se están cumpliendo o estás a punto de hacerlo. El OBJETIVO pasa a ser el único centro de atención de todos, dejando de lado lo hecho hasta la fecha. Esas expectativas se disparan, empiezas a escuchar al entorno hablar más en futuro que en presente, olvidando incluso todo lo hecho hasta la fecha. No valen las jornadas anteriores si ahora no culminas el final de temporada da igual el formato en que compitas. Ese OBJETIVO que casi todos ya estáis tocando con la yema de los dedos… ¿Y si ahora no lo logramos? ¿Y si se nos escapa esta oportunidad? LA OPORTUNIDAD. Los focos te iluminan y te deslumbran. Planteado así, las opciones de no lograrlo crecen.

Todo líder debe tener los pies en el suelo, vivir el presente. El presente es lo que te lleva a ese futuro deseado. Vivir fuera del presente, cambia el futuro que te encuentras cuando este se convierte en realidad. Disfrutar del día a día y seguir un proceso de crecimiento progresivo, razonado y enriquecido por las emociones para activarnos de forma óptima y hacernos fluir en nuestra competición como hasta ahora lo hemos hecho. Por eso estamos en la situación que mucho desean, envidian. Dar lo mejor de nosotros mismos de forma natural nos ayuda a rendir al máximo de nuestras opciones centrándonos en lo que podemos controlar.

Soy líder, somos líderes y actuamos como tal. Cada día doy lo mejor que tengo ese día. Esa es mi presión. El resto que hagan y digan lo quieran. Puedo fallar y cometer errores pero hasta hoy nadie me quita lo que hemos logrado. Soy líder, somos líderes y el futuro ya se verá, pero hoy estoy en esta posición porqué nos lo merecemos y lo hemos trabajado. Si la quieres, tendrás que ganártela. No esperes que la presión te la regale.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Esa sensación que invade tu cuerpo

Unos dicen que la vida es una colección de objetivos…otros que se trata de una continuidad de acciones…o una acumulación de vivencias… Definiciones hay muchísimas. Seguramente tantas como personas en el mundo. En lo que seguramente una mayoría estarán de acuerdo es en que uno de los mejores momentos que podemos experimentar es cuando vemos que avanzamos hacia algo que deseamos.

Ese deseo  bajado a la realidad como objetivo de la forma que se predica y enseña en multitud de sitios o artículos con unas pautas que te ayudan a verlo más factible. Ese deseo convertido en objetivo, en definitiva con las palabras e ideas que cada uno decide por su forma de ser, pensar y actuar, que has ido desgranando paulatinamente en pequeños objetivos, acciones a realizar, puede que también en pequeñas acciones, simples detalles vistos desde fuera pero que para ti no lo eran. Y ahora, ese deseo, ese objetivo, esas acciones desmenuzadas… ves que se están haciendo realidad…

Entonces, sientes que algo llena tu cuerpo. Lo invade de manera que no lo puedes evitar y aunque ahora que lees esto te pueda parecer mentira, es muy probable que alguna vez hayas intentado detenerlo. No sabes cómo llamarlo. Es algo distinto. Algo que notan todas las personas, no de la misma manera, pero si lo notan, lo perciben, lo percibimos todas. Algo que rompe con tus esquemas en ese momento… una sensación que te inunda, que activa tu cerebro y que hace que la dopamina te desborde.

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Esas pequeñas acciones se juntan y forman una acción que probablemente veías como muy complicada o lejana en el tiempo y resulta que ya está ahí. Ya la puedes tocar, notas ese gran avance. Como el siguiente paso que parecía estar en un horizonte muy lejano, resulta que está ahí, casi lo puedes tocar. El deseo, ese deseo que incluso en algunos momentos te producía vértigo por lo que suponía para ti, para tu vida, resulta que ya no está tan lejos, ha cambiado. Lo ves de otra forma, más grande, más cercano, más vivo, más real. En definitiva lo ves posible y cerca de ser conseguido. Y todo esto te llena, te aporta más energía que tu diriges a ese foco convirtiéndolo en algo aún más cercano todavía. Quedan pasos, pero afrontas su dificultad con unas ganas, ilusión, expectativas renovadas que te permiten ser flexible y buscar soluciones alternativas, generarlas y ponerlas en práctica.

Todo porqué en un momento concreto, una sensación invade tu cuerpo de la cabeza a los pies.

¿Tan difícil es sentir esto? Hay de todo, pero lo que está claro es que si no la buscas, esta sensación no vendrá a buscarte. Nace de tu trabajo, de tus pasiones, de tus deseos y de cómo lo haces para que se cumplan o por lo menos exista alguna opción de que se hagan realidad. No nace del dejarse llevar y que pasen los días que ya estoy bien como estoy.

Seguro que en algún momento la has sentido. ¿De verdad no quieres volver a sentirla?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cuando decir basta (no es abandonar)

Siempre que nos planteamos nuevos retos, nuevos objetivos, intentar hacer realidad deseos que aparecen en nuestra mente o que ya estaban instalados en ella, partimos de una situación inicial que nos permite alguna esperanza de lograr lo que nos proponemos. Por lo general si no ves ninguna opción de conseguir ese deseo, ni lo intentas.

Estos objetivos pueden ser de muchos tipos y pueden implicarnos exclusivamente a nosotros o a nosotros junto a otra persona o a un grupo de personas. De tratarse de una meta con otra u otras personas, estas pueden ser conscientes de este deseo o no como podrían ser objetivos de mejorar relaciones personales. Hacer realidad algo propio en relación a otros.

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La cuestión es cuándo decir basta durante el proceso que realizamos para poder optar a lograr esa meta. Es decir o como muchos se lo dicen a sí mismos, cuándo abandonar. Usar esta palabra, aceptándola con las connotaciones habituales que se le suelen otorgar,  es uno de los motivos por los que muchas veces seguimos buscando lograr alguna cosa de cualquier forma y que en muchas ocasiones nos tapa algo en lo que no pensamos hasta llegar al final de la situación: el precio pagado por ello. Si a uno la palabra abandonar lo motiva para seguir buscando alternativas para lograr su meta de una forma ecológica para él, adelante. Yo prefiero otras alternativas.

Lo que tengo claro es que no igualo en significado las acciones de decir basta y de abandonar. Puede parecer una ridiculez, pero son distintas. Un símil que he utilizado con jugadores es que abandonar es apretar el STOP e irte a otro tema pero decir basta es darle a la PAUSA, darte tiempo para ver el conjunto para poder evaluar, plantearte alternativas, reorientar tus acciones o dotarlas de mayor sentido y posteriormente continuar con más opciones, con más energía para poder alcanzar lo deseado.

¿Es posible que la PAUSA se convierta en un STOP? Sí, es posible. Pero esa decisión será tomada con un análisis que te facilita la PAUSA que también te ayudará a gestionar tus emociones y poder pensar con mayor claridad.

El día a día de la sociedad nos ayuda a vivir en los extremos, pasar de uno a otro y perdernos todo lo que hay en medio. Pensamos que todo va a alta velocidad y que no existe el tiempo necesario para poder pensar relajadamente y otorgamos las mismas características a cosas que no son iguales. Todo esto hace que como sólo pensamos en los extremos, se nos complique aún más algo que por lo general cuesta: la toma de decisiones.

Las palabras finalmente tienen las connotaciones que cada uno le da. La dotas de un valor, de un poder que provoca una reacción en ti. Cada uno decide pero enriquece tu vocabulario y no hagas sinónimos exactos dónde no los hay. Un BASTA a tiempo seguro que ayudaría a solventar mucho problemas o situaciones que surgen simplemente por la inercia del día a día.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mitad del camino

Las competiciones llegan prácticamente a su ecuador. En estos momentos, una gran cantidad de equipos, de clubs, de entrenadores, de jugadores y de familias se están planteando como enfocar lo que queda de temporadas. Había unos objetivos a inicio de temporada y ahora ya puedes hacer un análisis con bastante información de cómo has funcionado hasta ahora y lo que se ha logrado de esa forma. También puedes hacer otra proyección al futuro, puede que más ajustada de la que realizaste en a inicios de temporada.

Hablo de toda clase de objetivos. Seguramente los que tienen que ver con los resultados son los más claros de todos. Pensar en lograr ganar unos partidos que te permitirán competir a un nivel y puede que incluso optar a excelentes clasificaciones y encontrarte con derrotas que no esperabas y que te han alejado de las metas a las que pensabas que llegarías. Pero también de otros objetivos como el estilo de juego, la evolución individual de los jugadores, la cohesión del equipo, etc. Todos estos también vistos desde el otro extremo: lo ganamos todo, jugamos como nunca, cada día soy mejor jugador,…

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Cada uno lo afronta como considera oportuno, pero pienso que hay tres enfoques básicos que pueden marcar lo que queda de temporada. Estos tres aspectos están presentes cada día en las acciones que realizamos continuamente. En los momentos de evaluación salen a la superficie pero a todo el mundo le iría mejor si los tuviera presentes de forma más continua, cada uno en su justa proporción.

Enfocado al pasado. Como la temporada va mal, cometemos errores que nos cuestan partidos, no evoluciono con este entrenador,… todo lo que hago me recuerda aquella acción que nos costó un partido, la lesión de un jugador, aquella explicación que no comprendí y sigo sin entender. La mochila pesa y me frena y no paro de añadirle peso porqué me es fácil encontrar situaciones que me las confirmen. Teníamos un objetivo a principio de temporada y como este se ha complicado en exceso o ya es imposible ya todo está hecho. No soy capaz de generar nuevos objetivos adaptados a la nueva realidad. Las responsabilidades se diluyen o se aceptan sin oponer resistencia, sin ofrecer alternativas.

O al revés. Todo lo que ha pasado hasta ahora me reafirma. Doy por hecho que los objetivos se lograran por lo que ya hemos hecho a día de hoy. Hay que seguir igual sin salirse para nada del camino que llevamos. No hago nuevas aportaciones ya que así nos va bien.

Enfocado al presente. La realidad con la que me encuentro no cumple con las expectativas que tenia. Ya no podemos luchar por el campeonato, sigo siendo el jugador o jugadora que era a principio de temporada o incluso algo peor, cada día jugamos peor y además hay mal rollo. Pero ante esto actúo. Admito que los objetivos ya no se pueden cumplir o están muy complicados y genero otros más adaptados a la realidad. Esto no quiere decir que sean objetivos más fáciles de cumplir. Ahora dispongo de información nueva y puedo modificar mis acciones para que estas me lleven a lograr estas metas.

La realidad es la imaginada o superior. Valoro lo realizado hasta ahora y busco los aciertos y los errores para generar el aprendizaje que pueda aplicar en este momento y que ayude a que la realidad se mantenga e incluso mejore. Busco enriquecer desde la base de trabajo ya creada.

Enfocado al futuro. Proyecto lo que hemos hecho hasta hoy a lo que queda por delante y todo esto se repetirá hasta final de temporada. Los partidos igualados que tengamos por delante los perderemos y la situación que hoy tenemos será cada semana peor. Entro en un bucle de profecía autocumplida que no hará más que confirmar todo lo que sé que pasará. Y también en positivo. Si todo nos ha salido bien hasta hoy, ¡vamos a por todo!  La ambición crece y añado nuevas formas de jugar, adelanto pasos de la planificación y le aporto nuevos contenidos, mi nivel de exigencia aumenta cegado por lo que podemos lograr. Las alas que me aporta lo logrado hasta hoy me impulsan con tanta fuerza que perdemos la esencia de lo construido hasta ahora.

Por lo general nadie enfoca al 100% en una sola de estas opciones pero una suele predominar en todo lo que hacemos.

Lo más importante es que ahora estás a mitad del camino, queda la otra mitad. No lo olvides. Tampoco olvides que no sólo existe un camino pero que sí tendrás que tomar decisiones para saber cuál te llevará a donde quieres y cómo tu quieres llegar allí.

Recuerda que el camino es tu día a día y que todo el proceso para lograr el objetivo que deseas, en definitiva, es lo que te construye, construye tu equipo, te hace mejorar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Rígido y convencional o flexible y original

Desde siempre me ha gustado leer libros. Supongo que como todos, he tenido momentos de prodigarme más en esta actividad y otros en los que casi no he leído ninguno. En los últimos tiempos me gusta leer cada vez más, casi diría que me apasiona.

Hace un tiempo leí un libro referencia para muchos. Se trata de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi. Cuando lo leí me llamaron la atención diferentes puntos que en él se trataban, algunos los he aplicado a mi vida y otros, sin ser consciente de ello, ya formaban parte de ella. Hubo uno en concreto, que además de intentar aplicarlo en las distintas facetas de mi vida, he mirado de ir observando en las diferentes situaciones que vivo o me transmiten y poder así construir unas conclusiones más ricas. Se trata de la diferencia entre los conceptos convencional y original.

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El ejemplo que pone el libro para explicar esta diferencia es el siguiente que cito textualmente: “Mientras que un artista convencional pinta el lienzo sabiendo lo que quiere pintar y mantiene la intención original hasta que el trabaja está terminado, un artista original con igual entrenamiento técnico comienza teniendo en mente una meta indefinida, pero hondamente sentida, modifica el cuadro según los colores y las formas que emergen sobre el lienzo y acaba con un trabajo terminado que probablemente no se parecerá en nada a como empezó. Si el artista responde a sus sentimientos interiores, sabe lo que le gusta y lo que no le gusta, y presta atención a lo que sucede sobre el lienzo, seguramente hará un buen cuadro. Por otra parte, si mantiene su idea preconcebida de cómo debería ser la pintura, sin responder a las posibilidades sugeridas por las formas que se desarrollan ante él, la pintura probablemente sea mediocre”

¿Cuántas veces empezamos algo con un objetivo tan definido hasta el extremo que nos impide ver situaciones o aspectos que nos encontramos por el camino y que nos permitirían incluso obtener un resultado final mucho más rico o satisfactorio? La respuesta que yo he observado a esta pregunta es que esto nos pasa en demasiadas ocasiones. Definir un objetivo lo mejor posible nos ayuda mucho a hacerlo realidad. La ecología del mismo y poderlo dividir en pequeños objetivos o metas durante la consecución del mismo también. Pero no debemos olvidarnos de la flexibilidad para enriquecerlo.

Entrenadores que plantean un partido de una forma para ganar y no ven o saben ver opciones que surgen durante el partido para poder lograr el objetivo de otra forma, puede que más fácil. O que tienen las rotaciones de cambios predefinidas (al margen de que sean por aspectos conductuales) y  no las cambian pase lo que pase. Deportistas incapaces de ver diversos caminos en su mejora que les harían dar el salto que desean y que únicamente trabajan alguno muy específico o demasiado general, logrando o no lo deseado pero no a un nivel superior o que de verdad les haga marcar la diferencia en su deporte. Maestros o profesores que se preparan una clase y la dan pase lo que pase, siendo incapaces de aprovechar una oportunidad de enriquecer la experiencia de aprendizaje de los alumnos por algo que surge en el momento y que puede que se desvíe un poco del objetivo de la sesión o suponga destinarle más tiempo, pero que podría enriquecerlo a un nivel mucho más significativo para todo el grupo, profesor incluido. Personas que se plantean el día de una determinada forma para poder hacer multitud de actividades y que cuando piensan en ello por la noche, empiezan a ver alternativas que podían haber realizado y les hubiesen facilitado mucho todo el día.

ser_original¿Y todo esto por qué? Simplemente por ser poco flexible y limitar algo imprescindible para lograr cualquier cosa como es dirigir nuestro foco de atención. Nos centramos en exceso en algo muy concreto y esto nos impide ver algunas cosas con la suficiente perspectiva para poder enriquecer lo que hacemos. En otras ocasiones hemos creado un plan tan específico y que nos ha costado tanto que entendemos que todo lo que no está en él, es una amenaza. Más que un plan de acción, creamos un búnker que nos aísla de todo el mundo exterior ya que es una distracción.

De esta forma nuestras actividades, nuestros resultados no tienen ese plus que podían tener si al marcarme mi objetivo final y mis objetivos intermedios analizara de forma constante todo lo que está pasando y que seguramente escapa de mi control. Detectaría situaciones que me enriquecerían y que me acercarían a poder construir y generar de forma original, marcando la diferencia. La flexibilidad me ayuda a crear de forma más personal e implicada conmigo mismo consiguiendo así ser original para mi propia vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Mi formación como jugador

Como apasionado de la formación continua que soy, no deja de sorprenderme encontrarme con jugadores y jugadoras que se complacen con lo que ya conocen, saben o dominan en un momento concreto de su vida. Incluso algunos de estos, que entienden y llegan a ser conscientes que puede que en un futuro, próximo o lejano, necesiten una evolución de estos conocimientos o incorporar nuevos, no toman la decisión de hacer algo al respecto.

Las razones de esto son diversas y de muy diferente origen. No vamos a ocultar que los estímulos que reciban los jugadores y jugadoras de sus respectivos entornos familiares y deportivos tienen su peso en este proceso. Los entrenadores que hayan tenido también tienen su influencia en estos casos. Pero me voy a centrar en los propios jugadores.

Siendo claros, cuando afrontas un proceso de formación, debes estar dispuesto a pagar el precio que eso supone. No me refiero al precio económico, que también influye. Principalmente voy a hablar de dos: el tiempo y la certidumbre.

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Todo proceso de mejora necesita de una inversión de tiempo por parte del que desea mejorar. Es algo de sentido común pero algunas veces no le damos el valor o peso cuando tomamos la decisión que después realmente tiene. Para poder mejorar, aprender, evolucionar, perfeccionar o como lo quieras llamar que te parezca más atractivo, vas a tener que dedicar una parte de tu tiempo a aquello en lo que quieras ser mejor. Esto es algo que por lo general todo el mundo tiene claro. Lo que no se tiene claro, aunque parezca mentira, es que entonces no tendré tiempo para otras cosas o que me tendré que organizar de otra forma. Esta es una de las razones más utilizadas como excusa para dejar un proceso de aprendizaje.

Pues sí, el tiempo del que disponemos es finito. No ya la vida sino las 24 horas que tiene el día. Pero hay tiempo de sobra para hacer lo que quieras si sabes organizarte y priorizar en cada momento. Habrá una parte que no dependa de ti pero otra si y en esa puedes actuar seguro (si no hay ninguna que dependa de ti, seguramente deberías hacer otro planteamiento).

Valoro mucho mi tiempo y pienso en él cada vez que deseo hacer algo, de lo más mínimo o insignificante o lo más complejo. Y esto lo ligo con la certidumbre. Cuando empiezo a leer desde el más pequeño artículo o libro o asisto a una formación lo primero que me planteo es si estoy preparado para que ataquen mi certidumbre sobre las cosas. Puede que atacar no guste a más de uno pero es una forma de entender mucho más extendida de lo que reconocemos cuando alguien se atreve a poner en duda alguna de nuestras creencias. Si en ese momento no me apetece plantearme nada, no lo hago. Valoro mi tiempo y mis creencias.

Pero cuando deseas aprender debes estar dispuesto a esto. No es fácil ver como se tambalea algo a lo que tú le das un valor. Incluso cuando buscas perfeccionar un movimiento concreto, esa duda surge y también te puede llevar a dejar el proceso de mejora.

Algunos lo reducen a la motivación y puede ser. Es cierto que cuando el objetivo planteado no centra tu atención, aparecen el resto de distractores o impulsos que te llevan a otros lados. Sobre esto no tengo dudas aunque tiendo a pensar que el origen es otro, es a lo que mi experiencia me ha llevado a pensar.

Este no es más que el plantearse el objetivo de una forma poco real o adaptada a la persona. Existen muchas fórmulas mágicas para plantearlos y no todas son válidas para todos. Lo que sí que pienso y defiendo es que es muy importante que este objetivo expresado se genere partiendo de unas expectativas realistas y se pueda dividir en mini objetivos que me ayuden a logran el gran objetivo. Esto me ayudará a gestionar la posible frustración en algún momento y a mantener la motivación centrándome en esos mini objetivos evitando que me atraigan otros estímulos puntuales.

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En todo deporte hay ejemplos de deportistas que mejoran sin parar en sus prestaciones a lo largo de toda su carrera. Puede que uno de los más claros actualmente sea el de Felipe Reyes pero estoy seguro que se pueden encontrar en todos los deportes y a todos los niveles. Tener un modelo de formación continua, un referente, también ayuda y mucho.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Buscando otras alternativas

¿Cuántas conversaciones o reuniones en las que habéis participado se han convertido en auténticos campos de batalla? Ya sean personales, privadas o laborales. Da igual el tipo de conversación del que se trate. Cuando percibimos que hay algo más aparte del tema del que estamos debatiendo, sobre todo si es algo más personal, aparecen nuestros juicios. Los famosos juicios de valor que, por lo general, en estas situaciones nos activan la señal de alarma, nos descontrolan emocionalmente. ¡Nos están atacando!

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Y la conversación cambia. El tema original pierde valor, en algunos casos hasta se nos olvida ipso facto. Eso sí, el ataque lo tenemos tremendamente claro, cristalino. Ya no hay debate, conversación, reunión,… Existe un campo de batalla en el que uno gana y el otro pierde. Participar no cuenta, ahora es cara o cruz. Otras opciones no sirven para nada.

De esta forma tan sencilla y de forma rapidísima, las personas nos encontramos dentro de estas situaciones. La razón desaparece y las reacciones se suceden. Todo fluye de una forma totalmente descontrolada en la que ninguna de las partes conoce el final.

Gano-pierdes, pierdo- ganas. Ninguna otra opción pasa por nuestra cabeza. Las emociones se suceden y nos es complicado mantener una actitud de control de la situación. Los pensamientos se agolpan como auténticos torbellinos y decimos cosas sin pensarlas del todo. Imposible saber cómo finalizará.

Cierto es que existen personas que actúan o provocan estas situaciones de forma premeditada. Por lo general, son las personas que se plantean prácticamente toda conversación desde una posición de superioridad sobre el otro. Ellos o ellas ganan, en todo. Ya sea un acuerdo empresarial o en una decisión importante o se trate de quién recoge a los niños del colegio o baja la basura.

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Ante estas situaciones, forzadas o no, y ante estas personas, es tremendamente importante tener una mente abierta hacia las alternativas que genera un pensamiento win-win. Con una actitud en la que el deseo y objetivo principal es que ambas partes ganen, las acciones que cada una desarrollará irán enfocadas a lograr ese objetivo. Esto proporcionará un incremento de la seguridad que se verá reflejado en una mejora de nuestro control emocional. De esta forma, incluso al sentirnos atacados, nuestra reacción será estable. Así, podremos seguir con acciones que seguirán orientadas a realizar nuestro objetivo, pese a la otra parte.

Estas acciones ayudaran a que la conversación continúe centrada en su tema y harán que la otra parte vuelva a centrarse en lo que se debate. De no ser así, y si vemos que realmente lo que desean es ganar si o si, o accedemos o no hay trato. Pero siempre desde la consciencia y no desde la reactividad.

Lograr que una persona acostumbrada a situaciones de ganar- perder, valore una alternativa en la que ambas ganen, aunque él gane menos, no es fácil. Pero seguro que las sensaciones que tienen en una conversación en la que todas las partes desean que todas las partes ganen algo, llena humanamente más que en una conversación en la que alguien salga sintiendo herido o menospreciado. Además de otras posibles, la alternativa en la que todos ganamos no me parece mala opción.

Ganar/ganar se basa en la creencia de que existe una alternativa. No se trata de tu éxito o el mío, sino de un éxito mejor, de un camino superior.

Stephen R. Covey

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

El average, ¿reto o limitación?

Muchas competiciones de diversos deportes empiezan ahora o ya lo han hecho la segunda vuelta de sus respectivas ligas. Hasta este momento el average general o diferencia de puntos o goles realizados y encajados determina el orden clasificatorio en caso de empate a puntos o victorias. Pero ahora empezará a coger importancia el average particular entre los equipos.

Es extraño que exista un entrenador o un jugador que no tenga experiencias propias en este tema. Conseguir derrotar en la segunda vuelta a un rival directo que te ganó en la primera vuelta y hacerlo por más diferencia es una experiencia enriquecedora para todo deportista. No tengo la menor duda de que existen momentos en los que el hecho de superar una diferencia de puntos adversa se convierte en una motivación, un reto que te exige dar el máximo del global de tus capacidades para poder conseguirlo. No dudo que en esas circunstancias, el average particular (también el general, aunque hablaré más del particular) puede considerarse un reto enriquecedor. Incluso en casos en los que finalmente no se consiga ese objetivo. ¿Pero siempre es así?images

Hace unos años, me encontré con un amigo entrenador de baloncesto poco después de acabar nuestras respectivas temporadas competitivas. Lo que en aquel momento me explicó es la semilla de esta reflexión. No estaba contento con la temporada que había realizado su equipo, pese a problemas y excusas varias, estaba convencido que había dejado pasar una gran oportunidad de poder jugar fases de ascenso de categoría e incluso ascender y tenía especialmente una espina clavada: el basket average. No había conseguido darle la vuelta a ninguno en toda la segunda fase. Lo más llamativo es que en todos esos encuentros, hubo algún momento a lo largo del partido en que su equipo estuvo con average a favor, incluso en todos los partidos en los que la diferencia era superior a los 10 puntos o en partidos como visitante. Sin embargo, nunca consiguió concluir el partido con average a su favor e incluso hubo 4 partidos que acabó perdiendo. Ambos factores hicieron que se quedaran fuera de las fases de ascenso, empatados con el último clasificado para estas, uno de los equipos a los que no consiguieron darle la vuelta a la diferencia de la ida.

Darle la vuelta a la diferencia y ponerla a tu favor y perderla finalmente. Además de en el resultado pienso que también debemos fijarnos en el juego. ¿Cuántas veces hemos visto grandes remontadas con un juego atractivo, descarado, rápido y efectivo y al dar la vuelta al marcador ese juego desaparece y el equipo de la remontada  acaba perdiendo el partido? Lo mismo se puede aplicar a muchos casos en los que la diferencia de puntos suponga una diferencia clasificatoria. Pienso que en estos casos el reto se transforma en una limitación.

Una limitación que muy posiblemente se genere en las dudas, en el miedo, en el ¿y ahora qué? en unos casos y en otros también interviene un posible exceso de confianza o relajación al lograr el objetivo momentáneamente. En las remontadas muchas veces juega un papel importante la actitud de perdidos al rio, total como esto ya está perdido… y de repente no lo está… ¿seguimos jugando igual? Dudas, miedo. En el caso del average, aunque hay situaciones en las que también, existen otras variables.

Una es el factor tiempo. El entorno de una remontada se crea a lo largo del partido, pero conseguir un average general o superar uno particular se tiene en la cabeza en los entrenamientos previos e incluso puede darse el caso de tenerlo en la cabeza, no presente de forma constante, desde la conclusión del partido de ida. Este proceso previo favorece que al conseguirlo en un momento puntual del partido, pueda considerarse que el objetivo se ha cumplido y se produzca un descenso del rendimiento. Nos encontramos ante una situación que puede ayudarnos a dar el máximo de nosotros mismos pero que también puede producirnos un descenso de rendimiento en otras.

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Superar los retos no es algo fácil y siempre aparecerán sombras que se entrometan y intenten evitar que los superes. Una limitación de rendimiento puntual es comprensible y previsible. Y que yo sepa, ante la mayoría de cosas previsibles uno puede actuar y decidir cuánto dura esa limitación. Puedes prepararte para que cuando lleguen las puedas superar. Cuando las sombras aparecen al estar superando un reto, siempre hay que recordar que algo bueno has hecho ya. Ya estás en el buen camino. Bienvenidas las sombras y los miedos. Cualquier reto es superable. Una buena guía es la imagen aportada por Inspiras (@tu_inspiras) con tweets de Rafael Sansores (@sores25). Cada uno debe encontrar la forma en que superar los retos que se plantee y hacer frente a las limitaciones que se le presenten. Si la encuentras, tus opciones de conseguirlos se multiplican exponencialmente.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5