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El líder se siente amenazado

Es algo habitual y que se puede observar en muchas ocasiones. El terreno deportivo es un buen ejemplo de esto, aunque extrapolable a todos los sectores. Un club ficha a un o unos entrenadores y a la temporada siguiente ya no siguen. Motivos pueden haber muchos pero en más de un caso, al investigar, descubres que el líder del club se ha sentido amenazado y ha reaccionado.

¿Pero está actuando como líder?

No. Ha percibido lo que ha interpretado como una amenaza, un peligro, y ha tomado una decisión.

¿El peligro es real?

Para el líder sí que lo es y eso es lo que cuenta, sobre todo si, como pasa en muchos casos, tiene el poder de decisión único o prácticamente único.

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¿El peligro es para él o para el proyecto/empresa/negocio/etc?

Para él en la gran mayoría de ocasiones aunque en su percepción e interpretación suele existir un razonamiento de “defensa a…” o “es lo mejor para…” que le ayuda a convencerse de la decisión.

Entonces, se puede decir que actúa contra lo que él defiende. ¿De qué clase de amenaza se trata?

Una amenaza a su posición de líder. Pueden ser de diferente tipo pero en muchas ocasiones se mezclan inseguridades personales de diversa índole con otras de carácter profesional  como una falta de habilidades directivas, de gestión, de comunicación,…en general, falta de capacidad de liderazgo.

¿Entonces como puede actuar en esos momentos?

Lo mejor es actuar antes de que se puedan percibir esas situaciones. Es decir, que el líder, como tal sea un ejemplo en el desarrollo personal y profesional que le permitan ampliar su mapa perceptivo. Una vez ya percibidas las amenazas, existen diferentes alternativas y habría que ver qué objetivos persigue realmente ya que eso determina su estrategia de actuación.

Para el buen líder, por lo general, no existen las amenazas a su posición. Esto ya elimina gran parte de la carga emocional que en estos casos influye en la toma de decisiones. En las amenazas al proyecto, equipo, empresa… su decisión se rige por una serie de valores, normas, directrices, etc. conocidas por los afectados. Esto hace que sus decisiones tengan el peso positivo del liderazgo (credibilidad y confianza por ejemplo).

El buen líder no se siente amenazado.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Cambio de paradigma en minibasket

Después de 10 temporadas, volvía a entrenar en minibasket. Pese a que llevaba tiempo sin entrenar directamente, nunca he perdido el contacto del todo. Veía más de un partido cada temporada y hablaba con más de un entrenador. Pero es verdad que este año me he podido empapar mucho más de lo que hoy día existe en el minibasket.

Esta reflexión también se produce después de una corta conversación que tuve aproximadamente hace un mes con un informador arbitral, árbitro de reconocido prestigio que vino a observar al árbitro que dirigía mi partido. Transcribo una parte:

– Muchas gracias Dani por no comerte al árbitro por más que te ha dado opciones para hacerlo y ayudarle en todo lo que has podido.

– No hay de qué, es una de mis funciones como formador.

– Y sobre todo gracias por darle la mano al final del partido.

– Es lo mínimo y es lo habitual, ¿no?

– No. Te sorprendería cuántos entrenadores y entrenadoras de minibasket no lo hacen. Yo me sorprendía en octubre pero ahora en marzo ya no.

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Esto me chocó e intercambiamos dos o tres frases más sobre el tema. Después pensando bien, al entrenar esta temporada en minibasket he visto más partidos de esta categoría, no me sorprendió tanto. Y es una auténtica pena.

Se ven jugadores que únicamente piensan en meter puntos sea como sea, con acciones técnicas mal realizadas y que cuando se lo comentan, en los casos en que eso pasa, claramente se ve que les da igual. Sólo les preocupa el resultado del partido y si este no es visible no paran de buscar como saberlo. En los casos en que los entrenadores no se lo dicen, preguntan directamente a la grada sin ningún inconveniente.

Se ven entrenadores que avanzan cuestiones tácticas impropias de la edad como son situaciones de mano a mano, bloqueos indirectos e incluso directos. La forma de dirigir los partidos está centrada exclusivamente en ganar no en que los jugadores y jugadoras mejoren. Aprietan de forma indiscriminada a los árbitros y la mayoría, si conocen el reglamento, se lo intentan saltar de cualquier forma, principalmente pidiendo tiempos muertos después de canasta recibida y si la mesa amateur no se lo da, protestan de tal forma que el árbitro al final para el partido por el escándalo. En ese momento no les concede el tiempo y cuando el juego se reanuda, anulan el tiempo. Ya han parado el partido. También están los que en su campo y con su mesa les van indicando cuando tienen que dejar correr el tiempo o pararlo en función del interés y los que camuflan zonas de todo tipo (aunque algunos ni las camuflan y se ofenden cuando se lo dicen).

Los árbitros que muchas veces se complican el partido con situaciones que podían ahorrarse como entrenadores con ficha de delegado que les montan un show minuto tras minuto. Normalmente, también ellos están en formación pero cuando se encuentran con entrenadores que les miran de ayudar, no son muy receptivos.

Las familias se merecerían unos cuantos artículos para ellas solas. Simplemente, muchas deberían verse en vídeo. Confío en que una mayoría reflexionaría. El resto, las que gritan a los contrarios, insultan a los árbitros y en general se olvidan de que un padre y una madre no dejan de ser un modelo para sus hijos, simplemente deberían no asistir a los partidos por el bien de sus hijos.

Es necesario y urgente un cambio de paradigma. Pasar de esa obsesión por el resultado a valorar el proceso de mejora y aprendizaje que se vive en el minibasket.

Entre todos nos estamos cargando el minibasket. Me incluyo porque todos somos responsables: jugadores/as, entrenadores/as, familias, clubs/colegios, federaciones. Todos de una forma o de otra hacemos que la realidad sea esa, también cuando vemos situaciones que no tocan y las catalogamos como normales.

Algo hay que hacer para que el minibasket vuelva a ser lo que toca. Un espacio de aprendizaje y disfrute máximo y que cuando esta etapa se acaba, haya jugadores en formación con una base deportiva, competitiva, técnica, táctica, coordinativa, etc. pero sobre todo una base humana que enriquezca al resto de categorías que a esos deportistas aún les queda por vivir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Confundiendo lo importante

Cada temporada me pasa lo mismo. Observar de forma directa como crece una tendencia es algo muy enriquecedor, aunque no la compartas. Además, cada vez observo más deportes además de baloncesto y observo lo mismo. Más pronunciado en deportes colectivos que individuales también es cierto. Puede que porqué la influencia o los momentos de intervención directa son más limitados en las competiciones. En entrenamientos la diferencia es menor. Me refiero a entrenadores que transmiten estar más preocupados por su imagen que por otros aspectos.

No vamos a engañarnos ahora. Nuestra sociedad valora la imagen por encima de otras muchas cosas. Lo podemos compartir o no, incluso podemos llegar a despreciarlo si de esa forma alguno o alguna se va a sentir mejor (no lo recomiendo) pero es un hecho. Un hecho importante y que incluso forma parte de más de una profesión.

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¿Pero de qué imagen estamos hablando? Por lo general de la imagen visual, la parte que nos aporta la comunicación no verbal. No sólo la forma de vestir, también los gestos, la postura corporal que acompañan y que refuerzan o contradicen el mensaje verbal. También está la parte verbal. Esos mensajes grandilocuentes que por lo general no son escuchados hasta el final junto con esas explosiones comunicativas que no aportan ningún beneficio a los receptores directores. En una mezcla de estos dos aspectos es donde cada vez más entrenadores se están perdiendo.

Se pierden por el simple hecho de que olvidan su rol. Están desarrollando el papel de entrenador pero no están desenvolviendo el que debe ser su principal objetivo: trabajar para su jugador o sus jugadores. En su lugar lo que hacen es, como se suele decir, actuar para la grada.

Está claro que, como personas que somos, los entrenadores tenemos derecho a perseguir nuestros objetivos, deseos, sueños,… Otra cosa es cómo lo hagamos ya que para según qué propósito tengamos nos puede ser más útil “caerle en gracia” a la grada que a los jugadores con los que trabajamos conjuntamente. Pienso que actuar de esta forma es básicamente traicionar a nuestra profesión.

Esto lo observo cada vez más. Entrenadores más preocupados de lo que transmiten a las personas que estamos fuera del ámbito de juego que a los que la protagonizan.  Y crece temporada tras temporada. Entiendo que muchos piensan que esa es la receta mágica que les ayudará a cambiar de club, conseguir dirigir un equipo que ellos consideren mejor, etc. ¿Y después?

Después lo que pasa es que te has centrado tanto en aspectos que no forman parte de entrenar que cuando tienes que hacerlo de verdad no sabes que hacer, sigues con tu forma de proceder pero la grada ya no te acompaña. Ya no eres gracioso, has pasado de moda. Todo por no tener claro que es lo importante de ser entrenador.

FOTOP-Daniel-Colomar-U10Y eso es algo muy fácil de decir pero no de hacer: ser referente en modelos y hábitos. Actuar como modelo de comportamiento en cada situación, generar hábitos de aprendizaje y tenerlos para uno mismo, buscar ser la mejor versión de ti mismo para poder transmitir el máximo y poder acompañar en la evolución y mejora como deportistas y personas de esos jugadores que estarán a tu cargo. Ser responsable de tu formación y consciente de que nunca estará completa para poder favorecer la formación de otros.

Por suerte también, cada vez son más los que empiezan a valorar estos aspectos. Así nos encontramos ante dos especies de entrenadores. Cada uno decide qué clase de entrenador quiere ser.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Qué fomentamos?

Temporada tras temporada, curso tras curso voy observando algo que por lo menos a mi me preocupa. Entre otras cosas, me preocupa porque está aceptado como algo habitual e incluso considerado como algo bueno. Me refiero a disculparse ante un compañero o más de uno después de cometer un error en un pase, fallar una jugada clara, etc.

Vaya por delante que lo que me preocupa no es que esta situación se reproduzca en entrenamientos y partidos de equipos de deportes de equipo de formación o en la práctica de deportes colectivos en las clases de educación física o en los momentos de patio en los que se juega a estos deportes. Lo que me preocupa es que esta forma de proceder esté extendida y otras no. Otras que, en mi opinión, son por lo menos igual de importantes y que pienso que serían más beneficiosas socialmente.

Por ejemplo, un jugador de un equipo de fútbol que pide perdón a sus compañeros por fallar una situación clara de gol. Sin embargo, no lo hace al compañero al que le recrimina lo que él considera un mal pase. O una jugadora de baloncesto que se disculpa por no ver a una compañera en una clara ventaja pero no lo hace ante la compañera a la que le ha gastado una “broma” en el vestuario. O un niño que juega en el patio y se disculpa e incluso pone una cara de sentirse muy mal por no haber sido capaz de controlar un balón pero segundos más tarde es capaz de pelearse con un contrario por si ha sido fuera de uno o de otro.principal-EMPATÍA

Comentando casos como estos con compañeros, una respuesta que suelo escuchar es que es una cuestión de empatía: una cosa es reaccionar ante los sentimientos de uno mismo y otra con los de las personas de nuestro entorno y relacionarnos con ellos. Pienso que existen otros factores, pero estoy básicamente de acuerdo en que probablemente en la mayoría de los casos, este sea el principal.

Realmente pienso que la sociedad se llena la boca con la palabra empatía pero no hace todo lo que tiene en su mano para fomentarla y de verdad crear una sociedad empática real. ¿Alguien podría decirme ejemplos de acciones o personalidades que transmitan un modelo claro de actitud empática que se hayan fomentado últimamente? Puede que alguien sea capaz de decir alguno…

Lo que no paramos de observar por demasiados sitios son ejemplos de egoísmo. Miremos a donde miremos no paran de salir de debajo de las piedras. ¿Alguien podría decirme ejemplos de acciones o personalidades que transmitan un modelo claro de egoísmo, de cubrirse sus espaldas y darle igual las del resto? Seguramente, muchos sean capaces de enumerar unos cuantos…

Esto no es bueno y debe cambiar. Nuestro margen de actuación en según qué aspectos no es grande pero es exclusivo cuando se refiere a nuestra forma de actuar y fomentar las actitudes que más beneficiosas socialmente nos pueden interesar. Las personas e interesarnos por ellas, ponernos en su lugar de verdad es imprescindible para nuestro crecimiento social.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5