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Lo ideal no es el máximo ni el mínimo

El concepto ideal es bastante subjetivo en cualquier tema en el que lo apliques. Cuando hablas de organización o distribución del tiempo…lo ideal pasa a ser algo confuso. Espectacularmente confuso en muchas ocasiones.

La distribución horaria de la sociedad en general es un debate más importante de lo que puede parecer. Hay muchas resistencias a vencer. Probablemente la más importante es la de los hábitos o rutinas sociales. Esas que la sociedad, de forma consciente o no, nos ha hecho ver que son normales y que las debemos aceptar así.

Jornadas partidas en las que la persona empieza a las 9 de la mañana a trabajar y sale a las 19 o 20 horas, que un programa familiar de un canal televisivo empiece a las 22h y se alargue más hasta la 1 de la mañana (da igual el día que sea, pero en especial entre semana), etc.

Por otro lado están las resistencias individuales del tipo “A las doce y media va a comer Rita”, “Cenar con la luz del sol es de locos” o “Irme a dormir antes de las 11…ni que fuera un niño”.

Llegados a este punto, cosas que deberían ser habituales y el mínimo que una sociedad equilibrada, culta y que desea el bienestar máximo de las personas debería exigir, se convierten en situaciones ideales. Este ideal dice que si consigues el famoso 8-8-8 y un mes de vacaciones, tienes el estilo de vida ideal.

Es decir, si duermes 8 horas, trabajas 8 horas y dispones de 8 horas para el resto tienes el horario ideal. Pero si además le sumas que tienes un mes de vacaciones, eres un afortunado que no tienes derecho a quejarte de nada. Y esto, unos lo cogen como el máximo y otros como el mínimo.

Si tienes esto, es el máximo al que puedes aspirar, no pidas más ni busques más. No existe más y si lo hay, no es real. Entonces te encuentras con alguien que tenga más vacaciones (no es necesario que ponga ejemplos) y apelas a la injusticia, menosprecias su profesión, etc.

Por otro lado, si tienes este horario y éstas vacaciones, entendido como mínimo, existen dos opciones. Una la que dice que debes aspirar a más, principalmente trabajar menos horas y tener más horas para ti y tus cosas. Algunos interesados, contrarios a esta idea, asocian trabajar menos con peor. Algo que no tiene nada que ver.

La segunda es que en según qué profesiones, decir que trabajas sólo 8 horas, aunque sean de una calidad excepcional y a partir de ahí desconectas (nunca lo harás al 100%), está muy mal visto. El ejemplo claro son los entrenadores deportivos. El que no diga que piensa 24 horas en su equipo lo tachan de vago a la mínima que los resultados no le acompañen.

Lo ideal, esa situación perfecta, depende del contexto. No juzgues el ideal de otro simplemente porque sobrepasa tu comprensión o tus aspiraciones. Mira qué posibilidades reales existen de hacer crecer tu concepto de ideal y cómo lo puedes alcanzar. Puede que de esta forma,  no lo veas ni como máximo ni como mínimo. Simplemente lo disfrutes.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

¡Me subo por las paredes!

Por lo general, me gusta encontrarme con gente por la calle o en los sitios a los que voy y poder charlar un momento con estos conocidos o incluso que la charla se alargue tomando algo en algún sitio para poder hablar tranquilamente. Los días que la gente suele tener menos cosas que hacer, estas situaciones suelen ser más fáciles (fines de semana, puentes, vacaciones,…). Esos momentos en los que todos tenemos menos actividades, para muchas personas son sus momentos más tensos, más estresantes. Más de una vez la frase “cuando no hago nada me subo por la paredes” o alguna de similar, sale en la charla.

¿Por qué ocurre esto? Respuestas hay muchas y cada uno tendrá sus motivos, tanto personales como profesionales. Los dos casos que más me he encontrado en estas situaciones son los que comentaré a continuación, aunque hay otras opciones.

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El primero de ellos es la clásica rutina. Enfocada de la siguiente forma según cuando se suba el protagonista por las paredes. En fines de semana o puentes se rompe la dinámica establecida para muchos en cuanto a horarios (laborales y personales) y según tu situación personal o familiar se pueden romper también los momentos de espacio personal. Por otro lado, si hablamos de en vacaciones… aquí muchos perciben que los horarios y el espacio personal no es que se rompa, se destruye directamente.

El segundo es qué hacer en esos momentos libres. Es más, puede que no os hayáis dado cuenta pero hay bastantes personas que no utilizan la palabra tiempo libre. Utilizan tiempo de ocio, en familia, para estar con los amigos, para leer, para…lo que sea. Pero no dicen libre. Le dan un enorme poder a la palabra libre. Simplemente porque entienden que en esos momentos están forzados a decidir qué hacer. Vamos, a tomar decisiones ellos mismos. Algo que me ahorro si digo que es tiempo para la familia (ya decidirá la familia) o los amigos (siempre habrá alguno que tenga alguna idea válida).

Estás dos situaciones, junto con otras, pueden crear esos momentos en los que de repente quieras huir de donde estés al margen de lo que tengas delante, sea una pared o cualquier otra cosa que para ti lo represente.

Respira, relájate y quítale importancia a esos momentos. Vívelos en presente y disfrútalos como te venga en gana en ese momento, sin juzgarlos. Dejarás de ver paredes donde en realidad lo que tienes es el inmenso placer de poder decidir qué hacer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La reflexión conduce al cambio

Por lo general, a las personas les gusta llegar a un cierto nivel que les proporcione una rutina. En muchos casos el esfuerzo necesario para llegar a lograr esa rutina, conseguir una forma de actuar y organizarse que casi convierta el día a día en una cadena de automatismos, ha sido grande, incluso muy grande. Por eso, una vez logrado ese objetivo, el siguiente suele ser vivir esa rutina sin darle muchas más vueltas.

Pero, ¿qué pasa cuando esto se altera? Puede ser de mil formas: un hecho inesperado, alguien te comenta algo que te parece atractivo, te das cuenta de que los días pasan sin más,… Muchas veces esto activa una parte de ti que empieza a hacerte preguntas. Estas preguntas también suelen activar en ti otra parte de ti que intenta acallarlas. Pero empiezas a pensar sobre lo que haces.

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Esta reflexión te hace descubrir y valorar aspectos de esa rutina que te pasaban desapercibidos. En numerosas ocasiones, tu percepción sobre cómo estás viviendo el tiempo, tu tiempo, empieza a hacerte ver que no lo estás viviendo, simplemente lo estás pasando, seguramente ni lo ves pasar. Pero ahora que te has parado y reflexionas sí que lo ves. De forma automática te surgen una serie de preguntas.

Más reflexiones y cada vez ves más aspectos que no te acaban de convencer u opinas que de otra forma podrían gustarte más. En ese momento la otra parte de ti, esa activada por las preguntas que te cuestionan, se alza con fuerza para recordarte lo que te ha costado llegar hasta donde estás, que todo va bien, para qué arriesgarte,…

Es el momento. ¿Qué decides hacer? Las opciones son múltiples y certeza lo que se dice realmente certeza de cómo va a salir todo, no la tienes. ¿Hacia dónde se inclina la balanza dentro de tu cerebro?

Todo esto es fruto de pensar. Reflexionar y ver cosas a cambiar, a muchos les asusta. Por eso deciden pasar su tiempo en lugar de vivirlo. ¿Qué tiene de malo cambiar? Nada, pero los humanos muchas veces lo enjuiciamos todo y ese juicio nos frena.

Pensar, reflexionar sobre lo que haces en sí no es ni bueno ni malo. Y si pensar te lleva a cambiar algo en la forma de afrontar, de vivir tu vida, es tu decisión. El problema no es reflexionar y cambiar, el problema es cuando cambias por lo que otros reflexionan. Eso sí que es un problema.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La leyenda del nuevo entrenador

La noticia corre como la pólvora. Ya es oficial, ya no es un rumor del que se habla en los corrillos. Es una realidad. Llega un nuevo entrenador al club, un nuevo entrenador para un equipo. Puede que si el entrenador ya forma parte del club, también se pueda aplicar, pero lo que voy a explicar pasa sobretodo con las nuevas llegadas a los clubes. Se trata de la leyenda del nuevo entrenador.

Vaya por delante que esto siempre ha existido, a todos los niveles competitivos y en todos los deportes. Hoy día, como casi todo, esta leyenda está aún más potenciada, para bien o para mal, ya que las nuevas tecnologías e internet hacen que la información esté al alcance del que la busca y sabe filtrar el torrente indiscriminado que encontrará.

Están las dos versiones, las que siempre están en toda situación debido a esa gran habilidad humana para juzgarlo todo sin necesidad de disponer de una gran información. Y por supuesto, etiquetar a posteriori para hacer la gracia completa. Versión positiva o versión negativa. Pero en realidad de lo que voy a hablar es de como actuamos los entrenadores protagonistas en esta nueva situación, al margen de la posible etiqueta. Es decir, actitudes y conductas concretas que más de uno tiene.

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En muchas ocasiones estos entrenadores actúan desde una presupuesta superioridad ante el resto. Si me habéis fichado será por algo así que estoy en un plano superior al vuestro. Si a esto le sumamos la tendencia cada vez más obsesiva de muchos entrenadores de que su forma de entender el deporte es la correcta, encontramos un coctel inicial con alto grado de explosividad.

Esto se traduce en cambiar explicaciones de ejercicios que los jugadores o jugadoras ya han realizado con anterioridad y cuando te lo comentan, dar una respuesta del estilo “ahora lo llamaremos así, ya que yo siempre lo he llamado así” o vender actividades como si fueran la panacea del deporte y que ellos son los únicos o únicas que los conocen y utilizan para acabar haciendo un ejercicio clásico…con suerte añadiendo una posible variante que puede ser también clásica.

Otro aspecto a tener en cuenta y que se suele producir, principalmente en entrenadores nuevos en el club, si ya forman parte no suele ser tan habitual, es el respeto a lo anterior. Es decir, frases del estilo esto así no se hace o ¿pero quién te ha enseñado esto? ¡Vaya tela! También están los que estas frases u otras semejantes las dan a entender con un desprecio claro.

Todo esto afecta a las relaciones que existen dentro de todo deporte o de todo club: entre entrenadores, con las familias, con la dirección técnica y con las directivas. Pero en mi opinión principalmente entorpece con la que debería ser la principal. La del entrenador con los jugadores a los que entrena, con los que debe convivir y ayudar a su mejora y a cumplir los objetivos que ellos tengan, además de otros según el caso.

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No existe la leyenda del nuevo entrenador. Puede haber cosechado éxitos o fracasos (lo que cada uno entienda por éxito o fracaso) pero todo hay que valorarlo dentro de la justa medida en la que hay que valorar los pasados. El presente es el que crea el futuro y la actitud y las conductas de este son las que crearán el futuro.

Puede que alguno diga que esto no pasa. Sabe que no es verdad y que hay muchas formas de demostrar la falta de respeto por parte de un recién llegado. El ego de algunos se engrandece rápido y a partir de ahí viene todo. Una cosa es aportar a tu nuevo club y otra exigir cambios. Los clubes no dejan de ser un sistema en el que pueden entrar y salir diversas personas. Ir contra el sistema no es la forma de hacerlo evolucionar. Puede funcionar pero seguramente todo será más traumático.

Todo entrenador cuando llega nuevo a un club o a un equipo, al margen de su experiencia, debe actuar en favor de los valores deportivos básicos. Uno de ellos es la confianza, seguramente la base de todo, para establecer las distintas reflexiones. La confianza desde el respeto mutuo es mucho más enriquecedora que desde la superioridad.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5