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Demasiado buena

Simplemente reflexionando sobre lo que para cada uno de nosotros significan las dos palabras que forman el título de este artículo, podríamos tener una charla muy entretenida y enriquecedora. Cada una de las dos por separado y el significado que le otorgamos nos daría muchísima información de la personalidad del que lo dice. Si las juntamos aún más. Y si además a estas dos palabras unidas le adjuntamos una tercera que sea “persona”, el debate puede ser simplemente espectacular.

Si hablamos de personas demasiado buenas en algo, ¿exactamente qué es lo que queremos decir con eso? ¿Se es demasiado bueno en algo? ¿Quiere decir que ya no puede mejorar en ese aspecto? ¿Es perfecta/o?

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Cuando decimos esto de alguien, pienso que lo que realmente estamos haciendo es limitar sus posibilidades de crecimiento, la búsqueda de la excelencia. Puede ser que sea lo que alguno desee… pero pienso que generalmente no pensamos que decir esto puede limitar a la persona que lo recibe. Claro está que si limita a la persona, lo decide ella ya que por más que te lo digan, eres tu el que decide si quieres aprender o mejorar más en algo. Por poder siempre se puede, aunque puede que no lo parezca.

¿Qué pasa cuando lo dice la propia persona? Alguien que dice que es demasiado bueno en algo. Muchas veces va acompañado de una coletilla final que es “para ti”. ¿Qué podemos pensar? Muchas cosas como casi siempre. Que se está limitando como ya hemos dicho anteriormente. Pero también una falta de humildad y respeto importante. Te indica que en esa situación, en esa experiencia que está compartiendo contigo, de ti no puede aprender. Un punto de vista que para los que nos apasiona aprender es de los más erróneos posibles ya que actúa como freno para vivir esa actividad, dar lo mejor de uno mismo y porqué somos conscientes, e incluso creyentes, de que en la mayoría de situaciones de cualquier persona puedes extraer un aprendizaje.

¿Y si cambiamos el orden y hablamos de demasiado buena persona? La cultura popular suele continuar esta frase “Eres demasiado buena persona…” con un final no muy agradable “…tanto que pareces tonta”. ¿Se puede ser demasiado buena persona? ¿El problema lo tiene la persona que lo es o la que se lo dice? ¿De verdad la sociedad necesita que las personas no sean demasiado buenas personas por qué si no lo que hace es aprovecharse de ellas?

En más de una ocasión he tenido conversaciones con padres y madres que me expresaban esta preocupación. Sus hijos e hijas eran demasiado buenas personas y la gente se aprovecharía de ellos. En general al ser buenas personas le añadían otro aspecto que las haría parecer tontas que es la inocencia. No sabían que podían hacer. “¿Qué lo que queréis hacer? ¿Qué no sea buena persona?”  Ante estas preguntas su respuesta directa era no pero claro… sufrirían en algún momento de sus vidas… y no querían eso. “Claro, pues que no sean buenas personas por algo que puede pasar en un futuro indeterminado, puede que dentro de 50 años. Mejor que no sea buena persona durante 50 años a que lo sea y dentro de 50 años sufra.” Todas las conversaciones cambiaron a partir de ahí.

Si no podemos tener personas buenas a nuestro lado, es nuestro problema no el suyo. Igual que no se es demasiado bueno en algo, no existen las personas demasiado buenas. Existen las personas sin ética y sin escrúpulos. Pero no os engañéis, estas se aprovechan de todas las personas, no sólo de las buenas. ¿Prefieres que te rodee la mediocridad o la excelencia? Yo lo tengo claro.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Fomentar la entrenabilidad

Una de las características que cada vez se tienen más en cuenta en la selección de personal, supongo que esto está influido por el auge del coaching, es lo que se ha denominado como ser entrenable. Es algo que puede que en empresa no se tuviera muy presente o por lo menos con ese nombre, pero para los que estamos en el mundo del deporte la entrenabilidad es una característica indispensable.

Que un jugador sea entrenable tiene diferentes matices y muchos de ellos están directamente relacionados con los valores personales de cada persona. Muchas veces se iguala la entrenabilidad con la capacidad de aprender, que es un aspecto indispensable. Pero esto se deja ahí, a ese nivel, sin bajarlo al nivel diario, a las actitudes y comportamientos habituales de la persona. Lo dejamos en la teoría, capacidad de aprender cómo si fuera un aspecto académico tradicional, pero no lo atendemos en la práctica, en esas acciones que vemos un día de entrenamiento o partido. Esos hábitos que nos muestran valores individuales que tienen incidencia sobre el aprendizaje.

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Aspectos a tener en cuenta pueden ser muchos y cada uno lo puede enfocar desde numerosos puntos de vista. Yo los voy a ligar a tres valores indispensables que considero que todo jugador que de verdad quiere llegar a aprender lo máximo posible en el deporte que practica debe tener y practicar de forma constante. Estos no son otros que compromiso, respeto y humildad. Habrá comportamientos que se mezclen entre los tres y, por supuesto, hay muchos más que se verán reflejados, pero estos probablemente son de los tres que más se nombran al tratar este tema.

Trabajando correctamente estos tres valores se puede influir sobre actitudes básicas como puede ser la puntualidad, escuchar con atención, la comunicación con el entrenador/a  o con los compañeros/as si se trata de un deporte de equipo, la honestidad con uno mismo y su entorno, la generosidad, la constancia, la flexibilidad, la iniciativa, el autocontrol, la paciencia, el optimismo, la creatividad, la empatía o el liderazgo.

Todos ellos aspectos importantísimos que podrían, y muchas veces deben, tratarse por sí solos en más de un caso. Pienso que una posible forma de actuar para mejorar esta indispensable capacidad y que los jugadores, principalmente los que están en edades de formación (aunque con este enfoque, esta nunca acaba), puedan ser cada vez más entrenables y desarrollarse individualmente formando su personalidad propia y única es esta. Crear la base de una pirámide (como la de John Wooden pero aplicada a este aspecto) con el compromiso, el respeto y la humildad, juntamente con otros dos valores básicos como son la curiosidad y la confianza. Una muy buena y sólida base sobre la que edificar, todo unido con la inteligencia emocional.

Estos valores que he mencionado están presentes en lo que se conoce como los valores del deporte. En esta ocasión, enfocados a algo concreto y siempre viendo cómo se pueden transmitir de la mejor forma posible, adaptada a cada deporte y a cada jugador, para que por lo menos reflexione sobre si los adopta o no, pero que los conozca, reconozca y valore.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Excusándose en el talento y en el reglamento

Os expongo tres casos para poneros en situación.

Caso 1: Chico premini de segundo año (8-9 años) muy grande en todos los sentidos,  muy alto para la edad y muy ancho, con las dificultades de movilidad que todo esto conlleva. En defensa esta a mucha distancia del suyo y persigue la pelota a la mínima que puede siempre que se acerca a su aro. En ataque hace lo mismo, juega alrededor del aro. Si recibe la pelota fuera de esa zona no mira la canasta, no bota nunca ni tampoco pasa, sus compañeros cogen la pelota en un mano a mano. Una vez que la pasa, su entrenador le dice: “Espera a que vengan a cogerla y luego a tu zona, en la que estás cómodo”. Ante la cara de sorpresa del árbitro y del entrenador rival, dice: “Tengo que proteger su talento”.

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Caso 2: Chico mini de primer año (10-11 años) con una estructura corporal normal para la edad. Tira de una forma muy rápida para edad y con una efectividad bastante elevada, desde una distancia como mucho de 5 metros. No bota. En una ocasión recibe en un contraataque y da un bote para finalizar en una entrada no muy bien hecha. Su entrenador le dice: “Bien pero recuerda que eres tirador y que desde fuera de la zona vale de 3. Tira siempre”. Se gira y le dice a su ayudante “Es lo que sabe hacer y además nos beneficia por el reglamento, pues que tire”.

Caso 3: Chico mini de segundo año (11-12 años) algo grande y con una buena movilidad, pero bastante discontinuo en su esfuerzo. En defensa casi no defiende y en ataque si tiene la pelota tira de cualquier sitio o intenta hacer un 1 contra 1 de la forma que sea. No pasa ni una a los compañeros. Las veces que no tiene la pelota, hace directamente un bloqueo directo a su compañero para que este penetre o se la pase en la continuación. El árbitro le comenta al entrenador que no debería hacer bloqueos ya que el reglamento no lo permite. La respuesta del entrenador es: “El reglamento no dice nada de eso (es cierto), no están prohibidos. Además yo no se lo he enseñado, es su forma jugar”. Una persona de la mesa le comenta que podría decir al niño que no los hiciera y su respuesta es: “Yo no voy a cohibir su talento si esa es su forma de jugar y además mete puntos”.

Después de estos casos, dos que me explicaron y uno que lo viví como entrenador contrario, empecé a pensar. Últimamente se lee y se publica mucho sobre proteger el talento y dejar que los jugadores se expresen libremente. Es algo en lo que estoy de acuerdo y sobre lo que yo también escribo. Existen muchas personas que sólo valoran esto en función del resultado obtenido y del beneficio que pueden obtener. De igual forma que otras pasan de un extremo a otro, rígidos al máximo como robots (haz sólo lo que te he dicho que hagas) o libertad que realmente es libertinaje (me da igual lo que hagas si consigues canasta). Además buscan lo que les interesa del reglamento para que los ayude a darle mayor credibilidad a esta farsa que los disfraza de defensores del talento.

Debemos poner todos de nuestra parte y tener claro que al margen de las distintas formaciones para los entrenadores, el día a día es el principal centro de aprendizaje. Todos tenemos nuestra función para ayudar a formar sin matar la creatividad de los noveles ni actuar con prepotencia por tener más experiencia. Humildad entre los entrenadores para que de esta forma todos nos podamos centrar en crear el marco idóneo para que todos los jugadores y jugadoras se desarrollen en su máximo potencial. Para eso deben mantener y mejorar/perfeccionar lo que les es natural y aprender e ir puliendo lo que más les cuesta, menos les gusta.

El equilibrio no es fácil, pero esa es la gracia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5