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¿La culpa es de la pelotita?

¿La culpa es de la pelotita?

La pelotita y la hora del patio, del recreo, es un clásico en muchos colegios. El motivo son los conflictos que hay. No hay más. Pero ¿la culpa es de la pelotita?

Por lo general cuando se habla de la pelotita, lo que realmente se quiere decir es el fútbol. No sé yo cuántas veces habré hecho la diferenciación en distintos colegios. La pelota no es el problema, es el fútbol. Y en realidad, el fútbol no es el problema, es la interpretación a la que tenemos ligada el simple hecho de jugar a fútbol. En ella, el término jugar pierde mucha de su inocencia.

¿Por qué es un problema? Se puede explicar de muchas formas, pero una fácil es la siguiente: es el marco de juego en el que más fácilmente se puede observar una competitividad exagerada. Incluso he visto a jugadores o deportistas de otras disciplinas, hipercompetitivos en ella, serlo muchísimo más en el patio de su colegio jugando al fútbol.

Hoy día, muchos centros escolares se están replanteando el recreo y existen muchos ejemplos. Existen patios que son verdaderas obras maestras con diferentes juegos pintados y mucho material para jugar. Pero cuando un colegio se plantea hacerlo, surgen diferentes resistencias.

Y éstas, salen por todos lados. Familias, alumnos, maestros, directivas,… Se ven fenómenos extraños. Colegios que compraban 10 pelotas de las buenas (como dicen los niños) al mes para jugar a fútbol, 90 al año, que consideran que comprar según que juego no es posible por ser un gasto excesivo.

Maestros y maestras que de repente dicen que los conflictos que casi cada día les obligan a destinar entre 15 y 30 minutos al volver del patio, tampoco son para tanto y que para qué complicarse si con el fútbol se entretienen (no asignéis este discurso a una edad concreta).

Niños y niñas que dicen que las pelotas son para el fútbol y que a otras cosas no se pueden jugar con esas pelotas.

Familias que muestran su rechazo ya que si no juegan en el colegio a fútbol, ¿cuándo lo van a hacer? Sus extraescolares son otras…

Un poco de todo… Pero la verdad es que bien planteado, no existen tantas resistencias, se empieza a ver la pelota como lo que es, un material muy polivalente. Aparecen otros materiales, otros deportes. Y sí, hay una inversión más compleja seguramente, pero muy enriquecedora detrás.

Se acuerdan distribuciones de espacios y de material y de repente, casi sin quererlo, hay otro patio. Incluso cuando juegan al fútbol, hay otro clima.

Y la pelotita sigue por ahí porque ella no tiene la culpa.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Por algún sitio habrá que empezar

Estamos en las vacaciones escolares y como siempre surgen las clásicas noticias de cada año sobre si son demasiado largas, la cara de los profesores que encima se quejan, el fracaso escolar… y todo lo que podáis pensar relacionado o no con la educación. Todas estas noticias se ponen dentro de una batidora, se trituran bien y se van dejando salir sin ton ni son para que así nos ocupe tiempo en los medios ya que ahora en verano, hay menos noticias. Utilizamos la educación como relleno. Empezamos mal.

El calendario escolar es algo muy importante o por lo menos debería serlo. Admito que es algo difícil. Pero en mi humilde opinión, principalmente es difícil por las pocas ganas que tienen gran parte de la sociedad en cambiar ciertos aspectos. Por lo general, todo cambio conlleva momentos de incertidumbre y mucha gente prefiere continuar con su vida gris y quejarse de alguna cosilla de vez en cuando pero que no le toquen su certidumbre. Aunque lo futuro pueda ser mejor… al no ser seguro… mejor me quedo con lo que conozco no vaya a ser… Todo esto aplicable a muchos aspectos de la vida pero sigo con la educación.

Imagen de Daniel Barreña

Cuando llegan las vacaciones escolares, la queja más extendida es la de quién se ocupa ahora de los niños y niñas. ¿Por qué tanto tiempo sin colegio? Es decir, partimos de la idea de que el colegio sirve para aparcar o guardar o dejar (escoged la palabra que más os guste) a los niños durante el día. A esta idea le añadimos otra clásica que es cuanto más mejor. Es decir, con más horas de clase y más días lectivos todo iría mejor. La cantidad por encima de la calidad. Las reclamaciones sobre todo esto a los colegios y a los maestros que son los que hacen el calendario… Ya nos gustaría… pero somos los últimos monos ¿lo sabían?

Se habla mucho de conciliación familiar pero ¿se hace realmente algo para mejorarla? Poco o nada. Se trata de una transición de modelo social que debe ser consensuada para que todos estemos de acuerdo. Lo escribo y no puedo evitar reírme. Si todos tenemos que estar de acuerdo no se va a hacer nunca (es un cambio y los cambios atacan a la certidumbre de las personas). Siempre que se habla de este tema, surge la pregunta: ¿por dónde empezamos? Y se acaba la discusión. Hace unos días, en una entrevista a la consellera de Ensenyament de la Generalitat de Catalunya, Meritxell Ruiz, le preguntaron sobre este tema del calendario escolar a raíz de Cantabria. Su respuesta fue clara. El sistema educativo no puede empezar. ¿Entonces quién? (como bien dice aquella canción escolar típica de autocar) Y todos se van pasando la pelota.

Muchas familias son conscientes de que la mejora de los resultados escolares de sus hijos depende mucho de la atención que tengan en casa de sus padres y madres. Lo saben perfectamente pero prefieren un horario escolar (junto con las actividades extraescolares en algún caso) que cuadre con su horario laboral o que incluso lo exceda (más cantidad…) Nosotros los maestros somos conscientes que muchos de nuestros alumnos pasan más horas despiertos con nosotros en un año (incluidas las vacaciones) que con sus padres y madres. La sociedad también lo sabe pero prefiere que todo siga igual. Es más fácil decir que los profesores tienen muchas vacaciones a decir que las jornadas laborales no son productivas porque un elevado porcentaje de personas van a fichar u otros ejemplos conocidos.

Imagen de Daniel Barreña2El calendario escolar y los horarios de clase, en general, no se crean siguiendo criterios pedagógicos. Estos criterios (que además suelen ser creados por profesionales que no han pisado un aula en su vida) son uno más de los criterios a tener en cuenta pero no es el que más peso tiene. Es como si para decidir el horario de apertura de tu negocio, en lugar de decidirlo tú en función de los criterios que consideres, te viniera impuesto por tu vecino y lo que él piense.  Aspectos así de ridículos se reproducen constantemente en nuestra sociedad. Por ejemplo, nos preocupa mucho el abandono del deporte a partir de los 16 años y sobre todo a partir de los 18, así como la poca experiencia de vida laboral con la que acaban nuestros universitarios. Por eso muchas universidades tienen horarios en los que sus alumnos, para poder llegar a todo, deben dejar el deporte o no pueden trabajar y compatibilizar las diversas actividades. Pero luego nos quejamos cuando nos llega una persona de 22-23 años que no ha trabajado en su vida y no conoce aspectos básicos o nos alarmamos de los pocos hábitos saludables que tienen. Totalmente lógico.

Primero nos quejamos de lo que no nos gusta pero una vez hecha la queja, ¿hacemos algo más? Pedimos soluciones que nos convengan pero no las promovemos de verdad, no vaya a ser que esos momentos de incertidumbre que todo cambio tiene alguien me los tire en cara. Así que finalmente, sólo cambiamos por obligación

A mí cambiar así no me gusta, así que ¿por dónde empezamos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cultura e incultura deportiva

Con los años, y siempre que quieras, puedes aprender muchas cosas. Si eres una persona crítica y constructiva y analizas sin machacarte las experiencias vividas, puedes sacarles un jugo que te aporte muchos aprendizajes, al margen de que la experiencia sea positiva o negativa. Además la experiencia te permite que desde una actitud de primero comprender lo que pasa, poder aportar diferentes enfoques de cara a que la situación sea más enriquecedora o generar posibles cambios.

Por lo que veo en general en los deportes y lo que me comunican muchos conocidos, amigos o personas con las que me relaciono a nivel profesional gracias al coaching y mentoring deportivo y educativo, algo que se hace notar en el deporte de formación es un descenso en el nivel de cultura deportiva de la sociedad y en especial de las familias y los hábitos deportivos.

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El deporte y la actividad física se basan en unos valores que les dan sentido y les otorgan la importancia que tienen a nivel formativo humano. Podemos discutir sobre cuáles son estos valores ya que hay personas que los amplían en exceso y otros que los reducen al mínimo. Da igual el caso, algunos valores son claramente visibles en los deportes al margen de la edad.

Uno de estos valores es el compromiso. Sea una actividad individual o de equipo, el compromiso con tu aprendizaje y con el del resto de tus compañeros es algo inseparable de la práctica deportiva. Muchas veces cumplir con el compromiso que adquieres al realizar una actividad deportiva requiere también de una priorización ante otras y de una adecuada planificación temporal con el resto de actividades que realizamos las personas. En ningún momento digo que unas sean más importantes que otras, es algo a valorar.

Otro valor importantísimo es el respeto. Hablo tanto del respeto por uno mismo, como por el resto de compañeros o los rivales si estos existen. Este valor o la falta del mismo se puede mostrar de muy diversas formas, desde la impuntualidad (también puede considerarse desde el compromiso) o el menospreciar a un compañero con menos nivel hasta no aceptar que otro compañero o rival es mejor que uno mismo o que mi hijo/a y realizar acciones que así lo demuestren (hay tanto ejemplos de este tipo que prefiero no poner ninguno).

El tercero que quiero destacar es el valor de la superación. Cuando aprendes, es habitual que llegue un momento en el que el siguiente aprendizaje sea difícil. Incluso se puede entrar en una crisis individual o de equipo. Muchas veces se olvida que las crisis son las antesalas de los futuros aprendizajes o éxitos y se tiende a buscar culpables huyendo de la responsabilidad, el esfuerzo,… creando una sobreprotección que limita el desarrollo.

Cada vez es más habitual ver más familias que no respetan estos valores por falta de una mínima cultura deportiva. Existen muchas formas de hacerlo: asistir a entrenamientos o partidos sólo si no coinciden con otras actividades sin tener en cuenta lo que eso puede afectar a un equipo, no mirar un calendario de competición y sorprenderse por competir en según qué fechas que puede que no cuadren con el calendario escolar, celebrar goles o canastas en los entrenamientos sin tener en cuenta lo que eso puede suponer o si ese era el objetivo del ejercicio, etc. Muchas veces se puede resumir todo esto en que algunas familias utilizan el deporte como un guarda niños/as y el resto no lo valoran.

En los últimos años estas actitudes de incultura deportiva se han extendido y es necesario que se vuelvan a recuperar. Cierto es que es necesario que se recuperen aspectos culturales generales para toda la sociedad. La cultura deportiva aporta a las personas unos beneficios en cuanto a salud y relaciones sociales que ayudan a generar o regenerar otros valores culturales de mayor riqueza y fácil transferencia a otros ámbitos de la vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cambio de paradigma en minibasket

Después de 10 temporadas, volvía a entrenar en minibasket. Pese a que llevaba tiempo sin entrenar directamente, nunca he perdido el contacto del todo. Veía más de un partido cada temporada y hablaba con más de un entrenador. Pero es verdad que este año me he podido empapar mucho más de lo que hoy día existe en el minibasket.

Esta reflexión también se produce después de una corta conversación que tuve aproximadamente hace un mes con un informador arbitral, árbitro de reconocido prestigio que vino a observar al árbitro que dirigía mi partido. Transcribo una parte:

– Muchas gracias Dani por no comerte al árbitro por más que te ha dado opciones para hacerlo y ayudarle en todo lo que has podido.

– No hay de qué, es una de mis funciones como formador.

– Y sobre todo gracias por darle la mano al final del partido.

– Es lo mínimo y es lo habitual, ¿no?

– No. Te sorprendería cuántos entrenadores y entrenadoras de minibasket no lo hacen. Yo me sorprendía en octubre pero ahora en marzo ya no.

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Esto me chocó e intercambiamos dos o tres frases más sobre el tema. Después pensando bien, al entrenar esta temporada en minibasket he visto más partidos de esta categoría, no me sorprendió tanto. Y es una auténtica pena.

Se ven jugadores que únicamente piensan en meter puntos sea como sea, con acciones técnicas mal realizadas y que cuando se lo comentan, en los casos en que eso pasa, claramente se ve que les da igual. Sólo les preocupa el resultado del partido y si este no es visible no paran de buscar como saberlo. En los casos en que los entrenadores no se lo dicen, preguntan directamente a la grada sin ningún inconveniente.

Se ven entrenadores que avanzan cuestiones tácticas impropias de la edad como son situaciones de mano a mano, bloqueos indirectos e incluso directos. La forma de dirigir los partidos está centrada exclusivamente en ganar no en que los jugadores y jugadoras mejoren. Aprietan de forma indiscriminada a los árbitros y la mayoría, si conocen el reglamento, se lo intentan saltar de cualquier forma, principalmente pidiendo tiempos muertos después de canasta recibida y si la mesa amateur no se lo da, protestan de tal forma que el árbitro al final para el partido por el escándalo. En ese momento no les concede el tiempo y cuando el juego se reanuda, anulan el tiempo. Ya han parado el partido. También están los que en su campo y con su mesa les van indicando cuando tienen que dejar correr el tiempo o pararlo en función del interés y los que camuflan zonas de todo tipo (aunque algunos ni las camuflan y se ofenden cuando se lo dicen).

Los árbitros que muchas veces se complican el partido con situaciones que podían ahorrarse como entrenadores con ficha de delegado que les montan un show minuto tras minuto. Normalmente, también ellos están en formación pero cuando se encuentran con entrenadores que les miran de ayudar, no son muy receptivos.

Las familias se merecerían unos cuantos artículos para ellas solas. Simplemente, muchas deberían verse en vídeo. Confío en que una mayoría reflexionaría. El resto, las que gritan a los contrarios, insultan a los árbitros y en general se olvidan de que un padre y una madre no dejan de ser un modelo para sus hijos, simplemente deberían no asistir a los partidos por el bien de sus hijos.

Es necesario y urgente un cambio de paradigma. Pasar de esa obsesión por el resultado a valorar el proceso de mejora y aprendizaje que se vive en el minibasket.

Entre todos nos estamos cargando el minibasket. Me incluyo porque todos somos responsables: jugadores/as, entrenadores/as, familias, clubs/colegios, federaciones. Todos de una forma o de otra hacemos que la realidad sea esa, también cuando vemos situaciones que no tocan y las catalogamos como normales.

Algo hay que hacer para que el minibasket vuelva a ser lo que toca. Un espacio de aprendizaje y disfrute máximo y que cuando esta etapa se acaba, haya jugadores en formación con una base deportiva, competitiva, técnica, táctica, coordinativa, etc. pero sobre todo una base humana que enriquezca al resto de categorías que a esos deportistas aún les queda por vivir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mitad del camino

Las competiciones llegan prácticamente a su ecuador. En estos momentos, una gran cantidad de equipos, de clubs, de entrenadores, de jugadores y de familias se están planteando como enfocar lo que queda de temporadas. Había unos objetivos a inicio de temporada y ahora ya puedes hacer un análisis con bastante información de cómo has funcionado hasta ahora y lo que se ha logrado de esa forma. También puedes hacer otra proyección al futuro, puede que más ajustada de la que realizaste en a inicios de temporada.

Hablo de toda clase de objetivos. Seguramente los que tienen que ver con los resultados son los más claros de todos. Pensar en lograr ganar unos partidos que te permitirán competir a un nivel y puede que incluso optar a excelentes clasificaciones y encontrarte con derrotas que no esperabas y que te han alejado de las metas a las que pensabas que llegarías. Pero también de otros objetivos como el estilo de juego, la evolución individual de los jugadores, la cohesión del equipo, etc. Todos estos también vistos desde el otro extremo: lo ganamos todo, jugamos como nunca, cada día soy mejor jugador,…

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Cada uno lo afronta como considera oportuno, pero pienso que hay tres enfoques básicos que pueden marcar lo que queda de temporada. Estos tres aspectos están presentes cada día en las acciones que realizamos continuamente. En los momentos de evaluación salen a la superficie pero a todo el mundo le iría mejor si los tuviera presentes de forma más continua, cada uno en su justa proporción.

Enfocado al pasado. Como la temporada va mal, cometemos errores que nos cuestan partidos, no evoluciono con este entrenador,… todo lo que hago me recuerda aquella acción que nos costó un partido, la lesión de un jugador, aquella explicación que no comprendí y sigo sin entender. La mochila pesa y me frena y no paro de añadirle peso porqué me es fácil encontrar situaciones que me las confirmen. Teníamos un objetivo a principio de temporada y como este se ha complicado en exceso o ya es imposible ya todo está hecho. No soy capaz de generar nuevos objetivos adaptados a la nueva realidad. Las responsabilidades se diluyen o se aceptan sin oponer resistencia, sin ofrecer alternativas.

O al revés. Todo lo que ha pasado hasta ahora me reafirma. Doy por hecho que los objetivos se lograran por lo que ya hemos hecho a día de hoy. Hay que seguir igual sin salirse para nada del camino que llevamos. No hago nuevas aportaciones ya que así nos va bien.

Enfocado al presente. La realidad con la que me encuentro no cumple con las expectativas que tenia. Ya no podemos luchar por el campeonato, sigo siendo el jugador o jugadora que era a principio de temporada o incluso algo peor, cada día jugamos peor y además hay mal rollo. Pero ante esto actúo. Admito que los objetivos ya no se pueden cumplir o están muy complicados y genero otros más adaptados a la realidad. Esto no quiere decir que sean objetivos más fáciles de cumplir. Ahora dispongo de información nueva y puedo modificar mis acciones para que estas me lleven a lograr estas metas.

La realidad es la imaginada o superior. Valoro lo realizado hasta ahora y busco los aciertos y los errores para generar el aprendizaje que pueda aplicar en este momento y que ayude a que la realidad se mantenga e incluso mejore. Busco enriquecer desde la base de trabajo ya creada.

Enfocado al futuro. Proyecto lo que hemos hecho hasta hoy a lo que queda por delante y todo esto se repetirá hasta final de temporada. Los partidos igualados que tengamos por delante los perderemos y la situación que hoy tenemos será cada semana peor. Entro en un bucle de profecía autocumplida que no hará más que confirmar todo lo que sé que pasará. Y también en positivo. Si todo nos ha salido bien hasta hoy, ¡vamos a por todo!  La ambición crece y añado nuevas formas de jugar, adelanto pasos de la planificación y le aporto nuevos contenidos, mi nivel de exigencia aumenta cegado por lo que podemos lograr. Las alas que me aporta lo logrado hasta hoy me impulsan con tanta fuerza que perdemos la esencia de lo construido hasta ahora.

Por lo general nadie enfoca al 100% en una sola de estas opciones pero una suele predominar en todo lo que hacemos.

Lo más importante es que ahora estás a mitad del camino, queda la otra mitad. No lo olvides. Tampoco olvides que no sólo existe un camino pero que sí tendrás que tomar decisiones para saber cuál te llevará a donde quieres y cómo tu quieres llegar allí.

Recuerda que el camino es tu día a día y que todo el proceso para lograr el objetivo que deseas, en definitiva, es lo que te construye, construye tu equipo, te hace mejorar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La leyenda del nuevo entrenador

La noticia corre como la pólvora. Ya es oficial, ya no es un rumor del que se habla en los corrillos. Es una realidad. Llega un nuevo entrenador al club, un nuevo entrenador para un equipo. Puede que si el entrenador ya forma parte del club, también se pueda aplicar, pero lo que voy a explicar pasa sobretodo con las nuevas llegadas a los clubes. Se trata de la leyenda del nuevo entrenador.

Vaya por delante que esto siempre ha existido, a todos los niveles competitivos y en todos los deportes. Hoy día, como casi todo, esta leyenda está aún más potenciada, para bien o para mal, ya que las nuevas tecnologías e internet hacen que la información esté al alcance del que la busca y sabe filtrar el torrente indiscriminado que encontrará.

Están las dos versiones, las que siempre están en toda situación debido a esa gran habilidad humana para juzgarlo todo sin necesidad de disponer de una gran información. Y por supuesto, etiquetar a posteriori para hacer la gracia completa. Versión positiva o versión negativa. Pero en realidad de lo que voy a hablar es de como actuamos los entrenadores protagonistas en esta nueva situación, al margen de la posible etiqueta. Es decir, actitudes y conductas concretas que más de uno tiene.

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En muchas ocasiones estos entrenadores actúan desde una presupuesta superioridad ante el resto. Si me habéis fichado será por algo así que estoy en un plano superior al vuestro. Si a esto le sumamos la tendencia cada vez más obsesiva de muchos entrenadores de que su forma de entender el deporte es la correcta, encontramos un coctel inicial con alto grado de explosividad.

Esto se traduce en cambiar explicaciones de ejercicios que los jugadores o jugadoras ya han realizado con anterioridad y cuando te lo comentan, dar una respuesta del estilo “ahora lo llamaremos así, ya que yo siempre lo he llamado así” o vender actividades como si fueran la panacea del deporte y que ellos son los únicos o únicas que los conocen y utilizan para acabar haciendo un ejercicio clásico…con suerte añadiendo una posible variante que puede ser también clásica.

Otro aspecto a tener en cuenta y que se suele producir, principalmente en entrenadores nuevos en el club, si ya forman parte no suele ser tan habitual, es el respeto a lo anterior. Es decir, frases del estilo esto así no se hace o ¿pero quién te ha enseñado esto? ¡Vaya tela! También están los que estas frases u otras semejantes las dan a entender con un desprecio claro.

Todo esto afecta a las relaciones que existen dentro de todo deporte o de todo club: entre entrenadores, con las familias, con la dirección técnica y con las directivas. Pero en mi opinión principalmente entorpece con la que debería ser la principal. La del entrenador con los jugadores a los que entrena, con los que debe convivir y ayudar a su mejora y a cumplir los objetivos que ellos tengan, además de otros según el caso.

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No existe la leyenda del nuevo entrenador. Puede haber cosechado éxitos o fracasos (lo que cada uno entienda por éxito o fracaso) pero todo hay que valorarlo dentro de la justa medida en la que hay que valorar los pasados. El presente es el que crea el futuro y la actitud y las conductas de este son las que crearán el futuro.

Puede que alguno diga que esto no pasa. Sabe que no es verdad y que hay muchas formas de demostrar la falta de respeto por parte de un recién llegado. El ego de algunos se engrandece rápido y a partir de ahí viene todo. Una cosa es aportar a tu nuevo club y otra exigir cambios. Los clubes no dejan de ser un sistema en el que pueden entrar y salir diversas personas. Ir contra el sistema no es la forma de hacerlo evolucionar. Puede funcionar pero seguramente todo será más traumático.

Todo entrenador cuando llega nuevo a un club o a un equipo, al margen de su experiencia, debe actuar en favor de los valores deportivos básicos. Uno de ellos es la confianza, seguramente la base de todo, para establecer las distintas reflexiones. La confianza desde el respeto mutuo es mucho más enriquecedora que desde la superioridad.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

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El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cultivar la gratitud

Las colonias, convivencias o como cada uno las quiera llamar son un cúmulo de experiencias positivas o muy positivas para los alumnos y las alumnas que las realizan. Las primeras siempre son especiales ya que para la gran mayoría es la primera vez que pasan alguna noche fuera de sus casas sin sus familias y rodeados de sus compañeros.

Hace poco volví de las de la escuela en la que trabajo y comentando con compañeros de mi escuela y de otras que también acababan de volver de las suyas, descubres que la gratitud está menos extendida de lo que sería recomendable. Seguramente a muchos no les sorprenderá esta información, entre los que me encuentro. Pero no deja de ser descorazonador ver como se extiende por toda clase de colegios y con alumnado procedente de todo tipo de familias.

Te encuentras con ejemplos distintos, en situaciones de todo tipo y protagonizadas por toda clase de alumnos. Personalmente, los que más me sorprenden son los alumnos y alumnas que dentro de la escuela son ejemplares o casi en este aspecto pero que fuera de ella se comportan radicalmente distinto.

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Podría escoger muchísimas situaciones que se producen en esos días de convivencia entre los alumnos, compañeros y amigos de clase sin tener que cortar la diversión para ir a comer o cenar cada uno a su casa o al comedor de la escuela y luego volver a conectar. Todo se sucede casi de forma ininterrumpida, algo que de por sí ya excita y descontrola a más de uno. Me centraré en una que se repite a lo largo del día: la hora de la comida.

Ya sea el desayuno, el almuerzo donde toque (aunque menos), la comida, la merienda o la cena son momentos en los que, sin ninguna clase de esfuerzo, observas como hábitos educativos y de gratitud básicos están mucho menos adquiridos de lo que deberían estar. Y más cuando hablamos, como es este el caso de mi experiencia y la de mis compañeros, de niños y niñas que acaban la etapa de primaria.

Al margen del bullicio que se origina, te encuentras de todo. Primero asistir a todas las alergias y limitaciones alimentarias fruto de las distintas religiones. Por lo general también se debe hacer una distinción entre “esto no lo puedo comer” y “esto no me gusta”. Del primero, aunque las familias te hayan informado, siempre aparece algo más… Del segundo… no existe fórmula mágica…aunque siempre recordaré a una alumna en las primeras colonias a las que asistí como maestro. Viendo a un compañero que no quería comer nada de lo que se le ponía porqué decía que no le gustaba nada o sólo dos cosas muy concretas, soltó en voz alta: “En casa, si algo no me gusta puede que a veces haga lo mismo, pero mi mamá me ha dicho siempre, que fuera coma lo que me pongan en el plato, me guste o no, que agradezca la comida que me pongan”.

Después observas cómo se piden las cosas entre ellos como el pan o el agua. Incluso cómo se las piden a los adultos que les atienden, sean quienes sean. Los podrías pasarme, me gustaría, necesitaría…brillan por su ausencia. Ya no digo nada de los por favor y gracias.

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 Pienso que las diferentes comidas son espacios imprescindibles para cultivar la gratitud dentro de las familias. En realidad, cualquier espacio de tiempo familiar debería ser el adecuado para cultivarla, pero seguramente es demasiado pedir a muchos padres y madres de hoy día. Pero en muchos casos, los momentos en los que se come son más relajados que otros que pueden existir a lo largo del día. En estos momentos es más fácil y más natural aprender una gratitud sincera. No esa que se disfraza de “buenos modales” en los que realmente no se cree.

Como sentimiento, emoción y actitud que es, la gratitud debe ser comprendida y también potenciada para que de forma natural sea adquirida y utilizada en todos los aspectos de la vida.

“La gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana”.

Anónimo

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Preocupados por la imagen

Existen profesiones es las que la imagen exterior proyectada es un factor determinante para poder ejercerla con éxito. Cada día esto se extiende a más profesiones, como si todo se convirtiera en un mercado continuo. Eres lo que vendes o lo que los demás perciben que eres en función de lo que vendas. Ya escribí sobre este tema hablando sobre entrenadores en Confundiendo lo importante. ¿Pero esto debe formar parte del día a día de una escuela?

Como en la mayoría de cosas, hay de todo por todos sitios. También existen diferencias entre colegios públicos, concertados y privados. Otro aspecto que suele influir es el sitio en el que el colegio este ubicado y el perfil de las familias que forman parte de la comunidad educativa que forma todo colegio.

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Muchas veces los maestros se ven obligados a realizar según qué actividades por designios de la escuela en la que trabajan. También puede influir en estos casos la inspección educativa correspondiente. El objetivo es buscar la visibilidad del colegio mediante actividades a las que las familias tengan acceso de forma directa. Una forma de publicidad ante la sociedad, en función de la repercusión que tengan las actividades.

En otras ocasiones son los propios maestros los que complican una actividad educativa concreta. Cambian el objetivo de la misma o priorizan aspectos secundarios de esta. Varían los aspectos más visibles para los ojos externos al colegio. Los priorizan ante otros y les dedican un tiempo excesivo. También están los maestros que descuidan su día a día pero que en las ocasiones puntuales de imagen exterior rinden muy por encima de su media habitual.

No estoy ni a favor ni en contra de realizar alguna actividad de cara a las familias. Lo que sí que tengo claro es que no deben ser estas actividades las prioritarias dentro de un centro escolar. Si que pienso que debe existir alguna en la que las familias formen parte activa de la actividad, como parte imprescindible en el proceso de aprendizaje que son. El resto de actividades que se muestran, el simple hecho de mostrarlo en público es una parte más de la actividad, no la principal. Incluso deberíamos tener presente que todo trabajo que se realiza en una escuela, tarde o temprano es mostrado en público. Aunque esto puede ocurrir años más tarde, el día a día en las escuelas es lo realmente importante para la formación de los niños y niñas.

La clave para mí no está en la cantidad de actividades que se muestran sino más bien en la participación en las mismas. Las familias no deben estar limitadas a ser espectadores de conciertos, danzas o pasearse por la escuela para mirar trabajos. Hay que implicarlos y esta parte la echo de menos en muchos colegios que si que se preocupan de esta imagen pública. Es como si olvidaran que la familia es la principal fuente educadora de los niños/as.

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Aquí las diferencias entre los diferentes centros y sus características son abismales. Existen centros que por más que lo intenten de diferentes formas no consiguen implicar a las familias. Se ve en cosas tan sencillas como no conseguir tener una AMPA por falta de madres y padres. Otros sin embargo no quieren encauzar el gran potencial familiar que tienen en su entorno simplemente para marcar una distancia. Sin embargo algunos de estos son superactivos en sus webs y blogs y cuando organizan algo interno, lo primero que hacen es encargar a alguien las fotos y la publicación de las mismas en sus respectivos medios.

En una sociedad en la que se valora tanto la imagen, las escuelas deben marcar un estilo propio, ser referentes. Tener claro el objetivo primordial de su existencia, sus compromisos sociales, etc. pero ante todo el compromiso, deber, obligación de realizar el mejor trabajo posible para que sus alumnos se desarrollen al máximo de su potencial. Esta es su labor y este cometido es el que conformará su imagen exterior por encima de otras actividades publicitarias realizadas.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Hábitos comunicativos de hoy que se deberían evitar

Cada día de nuestra vida, el proceso comunicativo está presente en nuestras vidas. Ya se trate de comunicación verbal, no verbal, escrita o de cualquiera de las otras formas que adopta hoy día la comunicación entre las personas. Las personas y las sociedades tienen desarrollados unos hábitos comunicativos que por lo general pueden entorpecer que el mensaje transferido llegue al receptor como el emisor realmente desea.

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Uno de los que más me sorprende es la permisividad que existe por parte de los adultos cercanos con los niños y niñas cuando estos se van al estarles hablando. No se le otorga importancia a ese gesto de comunicación no verbal. Más de una vez al explicarlo en clase se han sorprendido al entender lo que generalmente transmite y produce en el proceso comunicativo. Incluso alguno no entendía por qué en su casa nunca le habían dicho nada, admitiendo también que cuando lo hacía no prestaba ninguna atención en el mensaje que le transmitían y no recordaban de qué le estaban hablando, y se habían limitado a repetírselo de nuevo más tarde.

Otro fenómeno curioso es el transformar un mensaje asertivo en uno agresivo o irrespetuoso. Varias profesiones tienen este problema, pero las que tratan con familias suelen ser las más visibles. También porque se suelen tener protocolos comunicativos, escritos o no, que no contemplan el lenguaje asertivo ya que dan por hecho que este no es comprensible. De forma incomprensible, según que profesión del mismo ámbito si que se encuentra en su derecho y obligación de utilizar un lenguaje incomprensible. La escuela es un buen sitio para observar esto.

Los maestros y los equipos directivos deben tener mucho cuidado cuando hablan con las familias para que estas entiendan lo que se les quiere decir de forma clara, sea el motivo que sea el que inicie la comunicación, y no se ofendan por ejemplo. Esto suele provocar que el mensaje no llegue con la claridad que la parte emisora desea. La comunicación no ha sido efectiva y suele generar a posteriori nuevos procesos e incluso acciones de otra índole. Sin embargo, un psicopedagogo escolar puede acribillar a una familia en una entrevista de términos ininteligibles y no pasa nada. Incluso cuando alguno de esos términos, si se entendieran por el receptor, sí que sería ofensivo. Ni un extremo ni otro. La información debe llegar por el bien de los niños. Otra cosa es que la quieran escuchar o entender, eso ya depende del receptor.

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Muy ligado al anterior, muchas veces se transmite un mensaje que podría constar de 10 palabras en 50 o más. Esto no ayuda a la comunicación eficaz por diversos motivos, entre ellos estos:

  • Alarga el proceso facilitando la pérdida de atención. Dicho sea de paso, existen auténticos especialistas que lo que desean en realidad es que el receptor pierda interés en la explicación, para después llamar su atención con la conclusión que a ellos les interesa. Muy utilizado en ventas y en política.
  • Se presupone que el mensaje no se entiende por sí sólo y necesita de una explicación más amplia. Lo que esto indica es un error en la creación del mensaje por no estar adaptado al receptor o no estar expresado de la forma adecuada principalmente.
  • El mensaje no es importante. El emisor sólo quiere ser escuchado, aunque lo que realmente le gusta es escucharse a sí mismo. El problema viene cuando realmente desea transmitir y al haber habituado a su público a la situación anterior, su mensaje no es comprendido ni asimilado.
  • Se cae fácilmente en el uso de un vocabulario poco específico perdiendo riqueza lingüística. Cierto es que hay veces en los que es necesario un trabajo inicial sobre el vocabulario a utilizar que puede restar efectividad, pero a la larga las ganancias superan ampliamente a les pérdidas iniciales.

Realmente opino que todos saldríamos ganando si el lenguaje asertivo estuviera más presente socialmente y a su vez se dotara de la importancia que tiene al lenguaje no verbal. Todo sería más entendible y no se darían tantas situaciones de manipulaciones lingüísticas como se observan y se aceptan hoy día.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5