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De què tenim por?

A la teva millor versió d’aquesta setmana ens fem aquesta pregunta: de què tenim por?

Potser la primer resposta que ens pot venir al cap o a la boca és que no tenim por de res; però si ens aturem una mica potser sí que descobrim algunes pors en els diversos àmbits de la nostra vida; i algunes pors són més grans i altres de més petites.

Por pel futur, per si ens quedem sense feina, per si ens faltaran mitjans per tirar la nostra família endavant, per si l’hem encertada amb aquella persona que volem compartir la nostra vida; por per si ens podrem casar, por del compromís; por de la malaltia, d’estar sols, de la vellesa, de la mort;…

Por de quedar malament, del què diran, de fracassar, de no arribar a les expectatives; por d’arriscar-nos, de no dominar la situació, por de ser diferents, por per no ser políticament correctes; por perquè ens coneguin tal com som; por de manifestar els nostres sentiments o de no saber com fer-ho; por de no estar equivocats; por del dubte; por del canvi; por de no superar certes situacions que ens estanquen o ens paralitzen; por de tenir la sensació que ens han guanyat, por del perdó, por de mostrar-nos febles; por de nosaltres mateixos…

I segurament hi ha pors més raonables que d’altres, o més fonamentades. Perquè hem de reconèixer que a vegades les nostres pors són de coses que difícilment passaran.  I això és un patiment inútil que només serveix per amargar-nos la vida.

A la pel·lícula Coach Carter també es parla de la por inspirant-se en unes paraules de Marianne Williamson en el seu llibre “Volver al amor” i diu així: “Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo. No hay nada inteligente en encogerse para que otros se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños. No es cosa de unos pocos sino de todos. Y al dejar brillar nuestra propia luz insconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo nuestra presencia libera automàticamente a otros…

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (14:37- 18:27)

Albert Valldosera

Coach

 

En contra del cambio… ¿a favor del aprendizaje?

El cambio, cambiar, una de esas palabras en boca de muchos en los últimos tiempos. A la par con el aprendizaje, aprender, otra palabra que llena muchas conversaciones. Lo curioso es como auténticos y fervientes defensores del aprendizaje resulta que después no paran de buscar problemas a los cambios o posibles cambios. ¿Esto tiene sentido? Ninguno.

Uno de los aspectos ligados al aprendizaje es el enriquecer puntos de vista. Así que cuando aprendes, puedes tener diferentes perspectivas de un mismo hecho. Esto hace que te plantees las situaciones de diversas formas que antes puede que te fueran desconocidas. También es posible que gracias a estos aprendizajes pienses que para afrontar de la mejor forma para ti una situación, sea necesario un cambio. Para mí, tiene sentido.

Pero también están los que no lo ven así. Te animan a aprender pero no a cambiar nada. Esto no es del todo así. Tú no cambies nada, ya lo haremos nosotros. Vamos, que te animan a aprender para que veas que ellos tienen razón y te dejes llevar por su inmensa sabiduría.

Este ellos puede ser cualquiera que piense que está en una posición de superioridad respecto a otro. Dile gobernantes, políticos, medios de comunicación, jefes, padres-madres, entrenadores, maestros,…

Pienso que el aprendizaje es la base de la evolución de una sociedad, de la evolución humana. En definitiva, de la evolución de cada persona. Existe una relación estrecha entre aprendizaje y cambio. Pero ambos deben surgir del pensamiento crítico de la persona. Es esto lo que generará las ganas de aprender, de cambiar, de probar, de enriquecer.

Si estás a favor de uno pero en contra del otro… pienso que realmente no estás a favor de ninguno, como mucho de una versión muy reducida y controlada del aprendizaje o del cambio.

El aprendizaje conlleva cambio. Que ese cambio te guste o no es otro tema. Pero eso no le da permiso a nadie para mirar de controlar el aprendizaje o el cambio.

Aprende. Cambia. Aprende. Cambia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Juego menos minutos de los que me merezco

El reparto de los minutos de juego de los jugadores de un equipo es algo que siempre crea polémica. Personalmente, no conozco el deporte de equipo, o por lo menos ahora no caigo en ninguno, en el que no pase. Y cada día más.

A lo largo de la temporada, es habitual que algún jugador considere que se está siendo injusto con su participación. Sí, no me he equivocado. He dicho injusto. La justicia, entendida de muy diversas formas, es una palabra que suele salir en estas conversaciones.

Otro aspecto que me gustaría dejar claro es que a veces puede ser verdad. Es posible que algún jugador o jugadora pueda estar jugando menos de lo que su nivel de juego merece o incluso cumpliendo con lo que se le exige. Puede ser, es una posibilidad.

El problema es cómo se afronta esta situación. Cada uno lo ve desde su perspectiva. El entrenador de una y, por lo general en estos casos, el jugador de otra bastante distinta. Sin una comprensión del punto de vista y, sobre todo, de cómo está viviendo la situación ambas partes, el entendimiento es imposible.

Hablo de entender la situación y mirar de encontrar puntos en común. El jugador quiere jugar más. Personalmente no quiero en un equipo a nadie que no lo quiera hacer (siempre consciente de sus posibilidades actuales). El entrenador quiere que todos sus jugadores puedan aportar lo máximo posible por el bien del equipo. Se trata de gestión de personas, de equipo, para lograr un objetivo común cumpliendo también con los individuales de cada componente del grupo.

Esta parte la entiendo, la respeto. Hay otra que no me gusta y que cada vez conlleva más problemas en el deporte formativo. Aquí entran en juego las familias y esto complica la situación.

Se pueden producir en todas las edades pero suele haber un momento en las que estas se disparan. Es la temporada en la que, por edad o nivel competitivo, el reglamento varia y ya no existe una obligatoriedad en el tiempo mínimo y máximo de juego. Aunque un jugador que antes estuviera obligado a jugar 10 o 15 minutos, juegue la misma cantidad, el hecho de hacerlo con otra distribución, ya genera un problema. Podríamos hablar de crispación familiar incluso.

La solución a esto es más complicada y viene acompañada de diferentes puntos sobre los que todos debemos reflexionar cuando esto pasa. Algunos de estos puntos son el papel de las familias en el deporte, cómo transmitimos los valores deportivos dentro del club, la relación de los equipos y clubes con el entorno familiar y muchos otros que por sí solos ya dan para una gran cantidad de artículos.

Lo importante es el jugador y la jugadora. Conocer cómo vive la situación, a qué lo atribuye, buscar puntos de conexión y soluciones reales y aplicables. Claro, todo esto se puede hacer si existe una relación de confianza entre ambas partes y si el jugador cree que de verdad el entrenador quiere contar con él. De lo contrario el conflicto no servirá para crecer e irá a peor.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Quiero aburrirme! Aburrirse es bueno.

Los niños y niñas de hoy día no pueden aburrirse. Esta es una de las máximas que rigen la vida de muchas familias. Todo debe ser divertido. Bueno, puede que esto no siempre. Pero si que deben estar ocupados. Llegando a lo que muchas veces se conoce como la tiranía de la ocupación. Esta tiranía es la que para muchos expertos mata la creatividad de las nuevas generaciones. Vayamos por partes.

¿Qué problema hay en que un niño o niña se aburra? Me refiero al problema que esto es para las familias. El principal es que reclama nuestra atención. Solución: darle algo para hacer, algo para que pase el tiempo. Puede que se le ofrezcan diferentes actividades a escoger o directamente se le dé una. La cuestión es que durante un rato este ocupado.

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Si esto lo puedo anticipar… puedo establecer las actividades con antelación. Pasar de una actividad a otra en el mínimo tiempo posible. Ocupar el tiempo para que no sea consciente de que en algún momento no está haciendo nada. Incluso puedo planear qué hacer entre una actividad y otra si existe un desplazamiento. Todo controlado.

Eso es. Todo controlado, planificado de cabo a rabo. No vaya a ser que en algún momento se aburra, piense, cree y decida hacer algo inesperado. ¡Qué no se salga del  plan!

Cuando una persona se aburre, busca alternativas. Es lógico que para un niño o niña una de las primeras sea que el adulto de turno me solucione este problema. Bueno, para él o ella no es un problema realmente. Es una situación a cambiar. Somos los adultos los que vivimos la situación como un problema.

Pero si esto no pasa. ¿De verdad alguien piensa que se van a quedar ahí sentaditos, en silencio, mirando al vacío, sin hacer nada? Está claro que no, pensarán que hacer si tienen ganas de hacer algo. Buscarán que pueden hacer. Crearán su actividad. Y a medida que vayan creando más actividades, irán generando nuevas relaciones entre ellas, nuevas ideas, etc. Desarrollarán la creatividad. El aburrimiento, aburrirse en sí, es uno de los motores de la creatividad.

Pero esto crea un nuevo problema para las familias. Lo que aún no ha sido creado, no puede ser controlado. Es decir, si no sé lo que va hacer mi hijo o hija, ¿cómo voy a saber que no le va a pasar nada y que va a estar bien? No lo vas a saber. Tú decides como vivir estos momentos de incertidumbre.

¡Quiero aburrirme! Esta frase me la ha dicho más de un niño. De igual forma que más de uno me ha dicho que a lo que tiene miedo es a aburrirse.

Enfoquemos el aburrimiento como una forma de crecimiento no como una molestia a evitar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Me subo por las paredes!

Por lo general, me gusta encontrarme con gente por la calle o en los sitios a los que voy y poder charlar un momento con estos conocidos o incluso que la charla se alargue tomando algo en algún sitio para poder hablar tranquilamente. Los días que la gente suele tener menos cosas que hacer, estas situaciones suelen ser más fáciles (fines de semana, puentes, vacaciones,…). Esos momentos en los que todos tenemos menos actividades, para muchas personas son sus momentos más tensos, más estresantes. Más de una vez la frase “cuando no hago nada me subo por la paredes” o alguna de similar, sale en la charla.

¿Por qué ocurre esto? Respuestas hay muchas y cada uno tendrá sus motivos, tanto personales como profesionales. Los dos casos que más me he encontrado en estas situaciones son los que comentaré a continuación, aunque hay otras opciones.

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El primero de ellos es la clásica rutina. Enfocada de la siguiente forma según cuando se suba el protagonista por las paredes. En fines de semana o puentes se rompe la dinámica establecida para muchos en cuanto a horarios (laborales y personales) y según tu situación personal o familiar se pueden romper también los momentos de espacio personal. Por otro lado, si hablamos de en vacaciones… aquí muchos perciben que los horarios y el espacio personal no es que se rompa, se destruye directamente.

El segundo es qué hacer en esos momentos libres. Es más, puede que no os hayáis dado cuenta pero hay bastantes personas que no utilizan la palabra tiempo libre. Utilizan tiempo de ocio, en familia, para estar con los amigos, para leer, para…lo que sea. Pero no dicen libre. Le dan un enorme poder a la palabra libre. Simplemente porque entienden que en esos momentos están forzados a decidir qué hacer. Vamos, a tomar decisiones ellos mismos. Algo que me ahorro si digo que es tiempo para la familia (ya decidirá la familia) o los amigos (siempre habrá alguno que tenga alguna idea válida).

Estás dos situaciones, junto con otras, pueden crear esos momentos en los que de repente quieras huir de donde estés al margen de lo que tengas delante, sea una pared o cualquier otra cosa que para ti lo represente.

Respira, relájate y quítale importancia a esos momentos. Vívelos en presente y disfrútalos como te venga en gana en ese momento, sin juzgarlos. Dejarás de ver paredes donde en realidad lo que tienes es el inmenso placer de poder decidir qué hacer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La família és la família

A la teva millor versió d’aquesta setmana vull seguir parlant d’un dels nostres tresors més grans: la família. I ho vull fer plantejant aquesta pregunta: estimem les nostres famílies amb fets concrets i determinats?

I faig aquesta pregunta perquè està clar que si ens preguntessin si estimem a les nostres famílies tots sense dubtar-ho massa diríem que sí.

Però una cosa és dir-ho i l’altre és fer-ho. Estimar la pròpia família requereix decisió i generositat. Requereix que donem el millor de nosaltres mateixos, que nos ens acostumem a tractar amb mediocritat aquells amb els que ja tenim tanta confiança.

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Per això és bo que ens fem algunes preguntes que ens poden ajudar en la nostra reflexió i ens els nostres objectius personals de millora: Quin tipus de mare o pare vull ser? Què m’agradaria que diguessin de mi els meus fills? Quin tipus de germà vull ser? Què m’agradaria que diguessin de mi els meus germans? I els meus pares, què m’agradaria que diguessin de mi?

Aquestes preguntes ens les hem de fer de tant en quant per prendre consciència d’on estem i per adonar-nos si a la pràctica la família és per a nosaltres tan important com diem. I també per rectificar si ens adonem que els nostres comportaments no estan en sintonia amb els nostres valors o amb allò que voldríem ser. I això és normal que passi perquè la rutina, el cansament i les inèrcies sempre ens afecten d’una manera o altra.

Chesterton ens diu que la família és un espai físic, psicològic, moral, intel·lectual i espiritual a on l’home i la dona són lliures i per tant poden arribar a ser el que són, però també a on poden per la mateixa raó sacrificar-se i ser millors del que eren. Un lloc a on l’ésser humà pot entregar-se a l’altre sense perdre res de la seva persona o de la seva alegria. És l’únic lloc, on pots ser lliure de veritat, a on manar és obeir, regnar servir i a on es fa un goig poder patir pels altres. Quan això es viu amb aquells que són la nostra família el goig es nota només de mirar-los als ulls.

La família i els amics (que de fet són com família) són els nostres oasis personals on es posa en joc el més gran de cada persona: la nostra capacitat d’estimar. Ja ho deia el Padrino: “la família és la família…”

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (16:15- 21:00)

Albert Valldosera

Coach

Veiem la nostra familia com un tresor?

A la teva millor versió d’aquesta setmana voldria parlar sobre un dels nostres tresors més preuats: les nostres famílies.

A la pel·lícula del Padrino una de les frases que se sentien més era: “La família és la família…” Les repetia una i altra vegada l’actor Marlon Brandon en el seu paper de Padrino a la pel·lícula que porta el mateix nom. La família és la família… I segurament darrera d’aquestes paraules hi podem trobar un munt de coses positives i altres de negatives.

A la pel·lícula el Padrino aquesta afirmació servia tant per disculpar com per sancionar amb duresa aquell que havia trencat les normes d’actuació que imposava la màfia.

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Però ara voldria pensar en les nostres famílies, en aquells que considerem la nostra família, en aquelles persones que estimem més, en aquells que pensem quan diem que per nosaltres la família és el més important. La família és dels nostres tresors més grans i com a tot tresor mereix ser guardat i cuidat.

Què vol dir això?

  1. Això vol dir dedicar-hi temps, ser amable, tenir detalls, estar al peu del canó, manifestar que els estimem, ser agraït…
  1. La família, en el sentit ampli de la paraula, és el lloc on cadascun és estimat per sí mateix i no pel que té o per les seves influències.
  1. En la família es transmeten els principals valors, es dona un estil de vida i s’ensenya i s’aprèn a viure en relació amb els altres.

Per això si la família està entre els valors i tresors més importants de la nostra vida hem de procurar ser coherents i que ho sigui en la realitat i no només en les nostres paraules o en els nostres pensaments.

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (31:25- 35:20)

Albert Valldosera

Coach

Assaborim la bellesa de cada moment?

A la teva millor versió d’aquesta setmana vull seguir amb la qüestió sobre la nostra manera de viure i proposar noves actituds i pensaments que ens poden ajudar a créixer com a persones, i a contribuir al bé comú i a la pau interior.

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Avui voldria animar a reforçar en el nostre interior la idea de què hem de viure cada dia, cada minut de la nostra vida como si fos l’últim; deixant tot el que sigui accessori; concentrant-nos només en l’essencial. Cada paraula, cada gest, cada trucada de telèfon, cada decisió, han de ser el moment amb més bellesa de la nostra vida. Estimar a tots, somriure a tots sense perdre ni un sol segon.

Comprenc que això és molt difícil i que la rutina sovint ens acaba envaint i anem fent deixant-nos portar per la inèrcia d’una feina, d’unes relacions, d’unes activitats que fem habitualment. Fins i tot en els temes de l’amor entra la rutina: amor a la família, als amics, a la parella.

El que proposo és de tant en tant revisar i fer memòria de com és la nostra manera de viure. De fet seria ideal que ho féssim cada dia. Quasi com els que quadren la caixa del seu negoci al final de la jornada. El nostre negoci és la nostra vida. Preguntar-nos diàriament: com he viscut avui el dia? Com m’he relacionat amb els altres? I quines han sigut les meves actituds i els meus sentiments?

Amb aquestes preguntes senzilles podem estar posant les primeres pedres de la nostra millor versió…

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (28:05- 32:00)

Albert Valldosera

Coach

 

Tres exemples

El metro és una font infinita d’històries. El meu trajecte no és gaire llarg, no arriba a 10 minuts. Encara i així, avui he vist tres exemples no excepcionals de relacions familiars avui dia.

Aquest matí, tot just arribar a l’andana del metro, a un banc asseguts, es trobaven un pare amb el seu fill. El pare, de mitjana edat, jugant amb el mòbil i el fill, d’uns 13 anys, escoltant música. Els conec a tots dos de vista i tinc la certesa del seu parentiu familiar. Pot dubtar-se d’ell ja que en tot el trajecte no és que no s’hagin dirigit la paraula, ni tan sols s’han mirat com a mínim fins que han baixat a la parada anterior a la meva.

Al mateix vagó en que viatjava acompanyat del pare i el fill hipercomunicatius entre ells, a la següent estació, han pujat Família Educacióuna mare amb el seu fill, seient davant meu. Mare al voltant d’uns 40-45 anys i fill d’uns 15-16, o com a mínim això deien els llibres que portava. També tenen una gran conversa, poc abans de que la mare baixi del metro:

–          Cuando llegue a casa, jugaré mínimo 20 minutos a la Play.

–          Primero debes hacer otras cosas.

–          ¡No, no! Los 20 minutos primero y después…

–          Lo primero es lo primero.

–          Pues eso. La Play.

–          ¡¡Buff!! De acuerdo.

Aquesta tarda, a l’ascensor de baixada cap a l’andana de tornada cap a casa, uns pares amb el seu fill. Es tracta d’una família que normalment em trobo i que no perden la capacitat de sorprendrem. Cada cop ho tenen més difícil. Pares de mitjana edat i nen d’uns 8-9 anys. Primer a l’ascensor el pare li ha dit al nen que aguantés la porta per una senyora gran que arribava. El nen ni s’ha mogut i al final ho ha fet el propi pare mirant al seu fill una mica indignat. Frase espectacular del nen:

–          No entenc perquè m’ho dius a mi si podies fer-ho tu.

No hi ha hagut resposta per part del pare ni de la mare. El nen a començat a explicar que la mestre no li havia deixat jugar amb els regals de Reis que havia dut a l’escola perquè divendres ell estava malalt. Ni tan sols li havia deixat treure la pilota de futbol. La mare diu:

–          Vaja tela amb la mestra! Mira, mentre esperem a que arribi el metro, podeu jugar a l’andana una mica.

I si, pare i fill s’han posat a jugar amb la pilota a l’andana del metro i de tots, la pilota ha sigut la primera a entrar dins del metro. Tots tres rient i perdudament feliços.

Només són tres exemples, però n’hi ha de molts més. Es poden veure a multitud de llocs com esperant la sortida d’escola, al carrer, passejant pel costat del riu, als nous parc infantils Carrefour i Decathlon…

Per sort també hi ha moltes famílies que tenen clar que l’educació comença a casa, amb la pròpia família i que no esperen que l’escola els hi faci la feina. Sempre va tot millor quan totes les parts implicades col·laboren i segueixen la mateixa direcció, recolzant-se entre elles per aconseguir l’objectiu comú de tots. Prou feina té tothom si fa la seva part ben feta com per fer la que no et toca o no fer la que et pertoca. Aquí és on començar a fallar tot.