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¡Nos vamos de excursión!

Cuando era alumno de primaria recuerdo una ocasión en que mi tutora se quejaba amargamente del poco seguimiento que parecía que iba a tener una excursión. Comentándolo en tutoría, un compañero dijo:

–          Dice mi madre que lo que vosotros queréis es iros de fiesta…

La reacción de mi maestra fue explicarnos el por qué de las excursiones en los colegios. A esa excursión fuimos la clase al completo.

Con el paso de los años dentro de la docencia mi apoyo a las salidas pedagógicas va en aumento. Considero que al margen del momento que viva la sociedad, si están debidamente planteadas cubren un espacio muy importante en el desarrollo de los niños.

En años de bonanza económica o en momentos de crisis, las excursiones con el resto de compañeros de la clase son distintas a las que el mismo alumno puede realizar el fin de semana con su familia. El entorno social es distinto y una misma visita a una determinada montaña con la familia o con los compañeros de clase son dos experiencias distintas que favorecen sin duda el bagaje experimental del niño.

Otro aspecto a tener en cuenta es que determinadas familias no se plantean ir un domingo a visitar un museo u otras instalaciones o sitios de carácter cultural. Una parte de estas siguen pensando que se tratan de actividades caras o reservadas para unos pocos. Además de desconocer una gran cantidad de descuentos o centros con entrada gratuita, también desconocen las actividades que se preparan para los niños o para toda la familia. Otros piensan que para ir a ver unas piedras, como le dijo una madre a una compañera el curso pasado, no voy a pagar.

Cuando ya entramos en salidas pedagógicas más extensas, colonias, los que piensan que cuando un maestro se va de excursión en realidad se va de fiesta, tienden a pensar que las colonias son unas vacaciones para los maestros. De la misma forma que las salidas, las colonias cumplen una función muy importante. Considero que ambas son primordiales en el currículum escolar y es función de la escuela y de todas las administraciones implicadas ofrecer un abanico de experiencias mínimas vitales para los niños y los adolescentes a lo largo de su educación. Al margen de lo que estos puedan realizar con su familia.

Las excursiones pedagógicas tienen su sitio y pienso que en determinados centros, en función de su población escolar, son incluso claves. A todos nos gusta experimentar y descubrir cosas desconocidas. Estas salidas ayudan a asegurar que los alumnos tienen ese mínimo de experiencias a lo largo de sus vidas.