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Reducir el problema para evitar las decisiones

No se cuantas veces lo habré observado. Problemas con posibles soluciones dentro de una empresa, una escuela o cualquier sitio, detectados por todas las partes implicadas y a los que es posible mirar de poner una solución… pero al final no se hace nada.

Estas situaciones no se engloban dentro de las decisiones drásticas que a veces hay que tomar. Son situaciones observables, que incluso tienen el quorum de todos. Normalmente son problemas que con algún cambio en la estructura o en el planteamiento, podrían desaparecer, disminuir o por lo menos se sabría que eso tampoco sirve.

Es cierto que estos casos se producen más cuando no existe una solución clara. El mismo acuerdo de todas las partes para detectar el problema no suele estar en la solución a aplicar ya que no se tiene la certeza de que vaya a ser así. Esa certeza normalmente no existe.

Lo importante para mí es la forma en la que se suele proceder y esta pasa por una reducción del problema para evitar tomar decisiones. El motivo es simple, tomar una decisión suele conllevar algún cambio y alguien puede verse perjudicado. No tiene porqué ser así, pero esa es una percepción bastante extendida.

De un día para otro, el problema ya no es tan importante. Al día siguiente de que todas las partes vean la oscuridad del problema, alguna parte de destapa viendo tallos verdes. Así que ya no es necesario tomar ninguna decisión porque el panorama no es tan negro como se pintaba…

Y al final no se actúa.

Por supuesto que las situaciones se deben observar y percibir desde el máximo de puntos posibles, pero esa no puede ser una excusa para dilatar la toma de decisiones. Esto suele acabar con una decisión tomada en un momento crítico con menor análisis y rigor ya que la situación, se ha convertido en urgente.

Aunque se reduzca un problema, este sigue existiendo si así se considera. ¿No es preferible actuar y mirar de eliminarlo que no inhibirse y mirar su evolución natural?

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Por algún sitio habrá que empezar

Estamos en las vacaciones escolares y como siempre surgen las clásicas noticias de cada año sobre si son demasiado largas, la cara de los profesores que encima se quejan, el fracaso escolar… y todo lo que podáis pensar relacionado o no con la educación. Todas estas noticias se ponen dentro de una batidora, se trituran bien y se van dejando salir sin ton ni son para que así nos ocupe tiempo en los medios ya que ahora en verano, hay menos noticias. Utilizamos la educación como relleno. Empezamos mal.

El calendario escolar es algo muy importante o por lo menos debería serlo. Admito que es algo difícil. Pero en mi humilde opinión, principalmente es difícil por las pocas ganas que tienen gran parte de la sociedad en cambiar ciertos aspectos. Por lo general, todo cambio conlleva momentos de incertidumbre y mucha gente prefiere continuar con su vida gris y quejarse de alguna cosilla de vez en cuando pero que no le toquen su certidumbre. Aunque lo futuro pueda ser mejor… al no ser seguro… mejor me quedo con lo que conozco no vaya a ser… Todo esto aplicable a muchos aspectos de la vida pero sigo con la educación.

Imagen de Daniel Barreña

Cuando llegan las vacaciones escolares, la queja más extendida es la de quién se ocupa ahora de los niños y niñas. ¿Por qué tanto tiempo sin colegio? Es decir, partimos de la idea de que el colegio sirve para aparcar o guardar o dejar (escoged la palabra que más os guste) a los niños durante el día. A esta idea le añadimos otra clásica que es cuanto más mejor. Es decir, con más horas de clase y más días lectivos todo iría mejor. La cantidad por encima de la calidad. Las reclamaciones sobre todo esto a los colegios y a los maestros que son los que hacen el calendario… Ya nos gustaría… pero somos los últimos monos ¿lo sabían?

Se habla mucho de conciliación familiar pero ¿se hace realmente algo para mejorarla? Poco o nada. Se trata de una transición de modelo social que debe ser consensuada para que todos estemos de acuerdo. Lo escribo y no puedo evitar reírme. Si todos tenemos que estar de acuerdo no se va a hacer nunca (es un cambio y los cambios atacan a la certidumbre de las personas). Siempre que se habla de este tema, surge la pregunta: ¿por dónde empezamos? Y se acaba la discusión. Hace unos días, en una entrevista a la consellera de Ensenyament de la Generalitat de Catalunya, Meritxell Ruiz, le preguntaron sobre este tema del calendario escolar a raíz de Cantabria. Su respuesta fue clara. El sistema educativo no puede empezar. ¿Entonces quién? (como bien dice aquella canción escolar típica de autocar) Y todos se van pasando la pelota.

Muchas familias son conscientes de que la mejora de los resultados escolares de sus hijos depende mucho de la atención que tengan en casa de sus padres y madres. Lo saben perfectamente pero prefieren un horario escolar (junto con las actividades extraescolares en algún caso) que cuadre con su horario laboral o que incluso lo exceda (más cantidad…) Nosotros los maestros somos conscientes que muchos de nuestros alumnos pasan más horas despiertos con nosotros en un año (incluidas las vacaciones) que con sus padres y madres. La sociedad también lo sabe pero prefiere que todo siga igual. Es más fácil decir que los profesores tienen muchas vacaciones a decir que las jornadas laborales no son productivas porque un elevado porcentaje de personas van a fichar u otros ejemplos conocidos.

Imagen de Daniel Barreña2El calendario escolar y los horarios de clase, en general, no se crean siguiendo criterios pedagógicos. Estos criterios (que además suelen ser creados por profesionales que no han pisado un aula en su vida) son uno más de los criterios a tener en cuenta pero no es el que más peso tiene. Es como si para decidir el horario de apertura de tu negocio, en lugar de decidirlo tú en función de los criterios que consideres, te viniera impuesto por tu vecino y lo que él piense.  Aspectos así de ridículos se reproducen constantemente en nuestra sociedad. Por ejemplo, nos preocupa mucho el abandono del deporte a partir de los 16 años y sobre todo a partir de los 18, así como la poca experiencia de vida laboral con la que acaban nuestros universitarios. Por eso muchas universidades tienen horarios en los que sus alumnos, para poder llegar a todo, deben dejar el deporte o no pueden trabajar y compatibilizar las diversas actividades. Pero luego nos quejamos cuando nos llega una persona de 22-23 años que no ha trabajado en su vida y no conoce aspectos básicos o nos alarmamos de los pocos hábitos saludables que tienen. Totalmente lógico.

Primero nos quejamos de lo que no nos gusta pero una vez hecha la queja, ¿hacemos algo más? Pedimos soluciones que nos convengan pero no las promovemos de verdad, no vaya a ser que esos momentos de incertidumbre que todo cambio tiene alguien me los tire en cara. Así que finalmente, sólo cambiamos por obligación

A mí cambiar así no me gusta, así que ¿por dónde empezamos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Juego de Educación Física: Tocar cosas en el patio

Muchas veces, en todas las profesiones, nos complicamos la vida. No somos conscientes de lo que nos rodea y por ese motivo no lo aprovechamos al máximo. Un día me hice esta misma reflexión estando en el patio del colegio en el que trabajo.

En cuanto a espacio, tengo suerte. Dispongo de dos patios grandes. Uno tiene una pista de baloncesto dibujada pero perfectamente podrían ser más hasta tres sin contar un porche que no está nada mal. El otro tiene una pista de futbol sala más otro porche con espacio a considerar. Estos espacios están unidos por unas escaleras y entre ellos se encuentra una zona amplia semicubierta que acoge los vestuarios en la que también puedes desarrollar actividades. Por todo esto, es habitual que durante mis clases se escuche que jugamos en los tres patios.

Procuro aprovecharlos y adaptar o crear actividades para hacerlo y generar así un espacio de juego amplio y con multitud de posibilidades. Uno de los juegos que utilizo se basa en tocar cosas u objetos que se encuentran en el patio. En ocasiones también valen personas pero no siempre para no molestar, aunque cuando está opción es posible la motivación sube aún más. Lo explique brevemente en el artículo 3 juegos de memoria y concentración, pero he decidido ampliar la explicación ya que, además de las ya explicadas, cada vez que lo pongo en práctica veo crecer sus posibilidades como herramienta de ayuda al desarrollo de los niños y niñas.

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El juego consiste en tocar un número de cosas en un tiempo determinado. Una norma que siempre está es que a partir de que el juego da comienzo, una vez empiecen a correr, no pueden dejar de hacerlo. Claro está que pueden bajar el ritmo por cansancio y que en función de la edad se es más o menos flexible con la norma. El motivo es para que piensen en movimiento ya que observé que pensaban antes de empezar a correr, pocos la verdad, pero que durante el juego, para pensar y hacer memoria de lo que les faltaba por tocar se volvían a parar.

Las variantes son múltiples: tocar cierto número de cosas en un patio, en dos o en tres, un número en cada patio pero que los objetos se puedan repetir o no, tocar objetos concretos, ir en parejas cogidos o por separado,… Y muchas más en función de lo que se quiere trabajar ese día.

Al terminar el tiempo o cuando todos vuelven empieza la segunda parte según la opción de juego escogida. Deben decir de memoria lo que han tocado. En este aspecto, con el tiempo observas una mejora considerable.

Otra clave de porqué este simple juego cada vez engancha más a mis alumnos es el aumento progresivo de dificultad. Esto les obliga a ser creativos y los que hace unos meses tocaban la portería y era un único objeto ahora tocan el poste, la cruceta, el larguero,… y los que tocaban la puerta ahora tocan el pomo, la cerradura, el marco… Y otras soluciones que os sorprenderían. Según la edad también están ampliando el vocabulario de una forma muy práctica y divertida.

Cada vez que jugamos busco una nueva variante para la próxima ocasión. Muchas me las han proporcionado ellos y ellas con su forma de actuar. Todo por aprovechar lo que forma parte de nuestras clases y está ahí aunque no lo usemos. Pues ya que está…

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cultivar la gratitud

Las colonias, convivencias o como cada uno las quiera llamar son un cúmulo de experiencias positivas o muy positivas para los alumnos y las alumnas que las realizan. Las primeras siempre son especiales ya que para la gran mayoría es la primera vez que pasan alguna noche fuera de sus casas sin sus familias y rodeados de sus compañeros.

Hace poco volví de las de la escuela en la que trabajo y comentando con compañeros de mi escuela y de otras que también acababan de volver de las suyas, descubres que la gratitud está menos extendida de lo que sería recomendable. Seguramente a muchos no les sorprenderá esta información, entre los que me encuentro. Pero no deja de ser descorazonador ver como se extiende por toda clase de colegios y con alumnado procedente de todo tipo de familias.

Te encuentras con ejemplos distintos, en situaciones de todo tipo y protagonizadas por toda clase de alumnos. Personalmente, los que más me sorprenden son los alumnos y alumnas que dentro de la escuela son ejemplares o casi en este aspecto pero que fuera de ella se comportan radicalmente distinto.

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Podría escoger muchísimas situaciones que se producen en esos días de convivencia entre los alumnos, compañeros y amigos de clase sin tener que cortar la diversión para ir a comer o cenar cada uno a su casa o al comedor de la escuela y luego volver a conectar. Todo se sucede casi de forma ininterrumpida, algo que de por sí ya excita y descontrola a más de uno. Me centraré en una que se repite a lo largo del día: la hora de la comida.

Ya sea el desayuno, el almuerzo donde toque (aunque menos), la comida, la merienda o la cena son momentos en los que, sin ninguna clase de esfuerzo, observas como hábitos educativos y de gratitud básicos están mucho menos adquiridos de lo que deberían estar. Y más cuando hablamos, como es este el caso de mi experiencia y la de mis compañeros, de niños y niñas que acaban la etapa de primaria.

Al margen del bullicio que se origina, te encuentras de todo. Primero asistir a todas las alergias y limitaciones alimentarias fruto de las distintas religiones. Por lo general también se debe hacer una distinción entre “esto no lo puedo comer” y “esto no me gusta”. Del primero, aunque las familias te hayan informado, siempre aparece algo más… Del segundo… no existe fórmula mágica…aunque siempre recordaré a una alumna en las primeras colonias a las que asistí como maestro. Viendo a un compañero que no quería comer nada de lo que se le ponía porqué decía que no le gustaba nada o sólo dos cosas muy concretas, soltó en voz alta: “En casa, si algo no me gusta puede que a veces haga lo mismo, pero mi mamá me ha dicho siempre, que fuera coma lo que me pongan en el plato, me guste o no, que agradezca la comida que me pongan”.

Después observas cómo se piden las cosas entre ellos como el pan o el agua. Incluso cómo se las piden a los adultos que les atienden, sean quienes sean. Los podrías pasarme, me gustaría, necesitaría…brillan por su ausencia. Ya no digo nada de los por favor y gracias.

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 Pienso que las diferentes comidas son espacios imprescindibles para cultivar la gratitud dentro de las familias. En realidad, cualquier espacio de tiempo familiar debería ser el adecuado para cultivarla, pero seguramente es demasiado pedir a muchos padres y madres de hoy día. Pero en muchos casos, los momentos en los que se come son más relajados que otros que pueden existir a lo largo del día. En estos momentos es más fácil y más natural aprender una gratitud sincera. No esa que se disfraza de “buenos modales” en los que realmente no se cree.

Como sentimiento, emoción y actitud que es, la gratitud debe ser comprendida y también potenciada para que de forma natural sea adquirida y utilizada en todos los aspectos de la vida.

“La gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana”.

Anónimo

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Demasiado pronto. De la escuela al instituto

Con cada cambio legislativo educativo estamos en las mismas de siempre. Los criterios que se siguen nunca son estrictamente educativos, las leyes están hechas desde los despachos y no desde la realidad y por supuesto no están dotadas del presupuesto económico para ponerlas en práctica, estés de acuerdo con ellas o no lo estés.

Una de esas leyes, la LOGSE, introdujo diferentes novedades, siendo una de ellas la enseñanza obligatoria hasta los 16 años. La estructura quedó en Educación Infantil y Primaria y Educación Secundaria Obligatoria. Este cambio también provocó la llegada de los niños y niñas de 12 años al instituto y no con 14 como pasaba hasta entonces. Esto es algo que las siguientes leyes educativas no han tocado.

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Personalmente fui protagonista de ese cambio educativo. Cursé 8º de EGB y posteriormente 3º de ESO. Fue en Bachillerato cuando desembarcaron los primeros alumnos de 1º de ESO en mi instituto. Posteriormente, gracias a mis profesiones, he tenido contacto de forma permanente con este cambio. Como maestro de primaria me he encontrado y conversado con más de un ex alumno/a de primaria y con alguna familia. La conclusión en la mayoría de ocasiones y por todas las partes implicadas es la misma: es un cambio de institución educativa que se produce demasiado pronto.

Vaya por delante que los culpables no son ni los colegios ni los institutos. Simplemente son dos entornos muy diferentes, un cambio excesivamente brusco para los alumnos. En sus inicios, los tutores de 1º y 2º de ESO provenían de la antigua EGB, tenían otra forma de proceder e incluso de tratar a los alumnos. Aunque por desgracia también hay muchos que no, dedicarse a la primaria suele ser más vocacional que a la secundaria. Además, por más que se ataque a la formación del profesorado de primaria, está más enfocada a la educación que la gran mayoría de formaciones, por más máster que se le añada para poder impartir clases. Y esto se nota, le pese a quien le pese.

Otro aspecto es la tutoría. Por lo general, en primaria los alumnos pasan una gran parte del tiempo con su tutor. En secundaria esto se ve reducido al mínimo en muchos casos. La falta de referentes en secundaria es una de las quejas que más me han transmitido, principalmente referentes adultos a nivel humano.

Esos referentes adultos son sustituidos en demasiadas ocasiones por los adolescentes con los que conviven en el instituto. Niños y niñas de 12 años comparten sus vivencias con adolescentes de 16, 17 y 18 años. Los intereses son muy diferentes y la forma de actuar también lo es, pero algunos los acogen como modelos a seguir. Además hay que sumar las tecnologías de comunicación que se utilizan y las redes sociales. Estas redes multiplican exponencialmente cualquier aspecto vivido ejerciendo en muchos casos una presión inapropiada para estos preadolescentes.

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Todo este coctel hace que los niños y niñas de 12 años se vean forzados a madurar de forma prematura. Esto es algo observable en su forma de vestir, de relacionarse, en el vocabulario que utilizan…en sus conductas y actitudes ante lo que viven.

Hay muchos cambios a asimilar en poco tiempo que cada uno intenta sobrellevar a su manera, con los recursos de los que dispone. La sensación de abandono a su suerte está presente en muchos y ya no les deja de acompañar hasta que acaban su periodo formativo obligatorio. No tengo muy claro que esta sea la mejor manera de que los niños y niñas maduren.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Del deporte y la escuela a la vida

Desde de los principios de la historia el ser humano ha ido realizando actividades que al margen de sus objetivos principales, contenían otro objetivo que era ocuparles su tiempo. Con el tiempo, y cuando las necesidades básicas se iban cubriendo de una forma más rápida gracias a los diferentes avances, nació la que con el tiempo se ha transformado en una de las actividades humanas por excelencia: el deporte. Ya sea practicándolo, observándolo, informándote, etc. ¿alguien es capaz de imaginarse una sociedad sin deporte?

Lo que nació como un pasatiempo, un juego para entretener, se ha convertido en indispensable para el ser humano. Este aspecto genera una responsabilidad. El deporte debe hacerse responsable de sus aportaciones sociales. La forma en que se enseña el deporte es la base para que estas contribuciones sean enriquecedoras para la sociedad. La educación física escolar y las iniciaciones deportivas propias de cada deporte marcan en muchos casos las aportaciones deportivo- sociales de cada persona. Además de la propia educación deportiva de base, cuyos valores son básicos para el crecimiento personal aunque es cierto que se pueden ver pervertidos por el camino, existen muchos aspectos propios de la práctica deportiva que se transfieren a otras áreas de la vida.

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Practicar un deporte nos obliga a distribuir nuestra energía para realizar las acciones necesarias. Corro, salto, observo, analizo, decido, esquivo, flexiono y una larga lista de acciones de las cuáles puedo realizar a la vez o de forma encadenada varias de ellas sin prácticamente darme cuenta, repartiendo y redistribuyendo mi energía momentáneamente de la actividad principal del deporte, por ejemplo correr por la montaña como  Kilian Jornet. La relación entre los pensamientos, los sentimientos y las acciones son permanentes en el ser humano pero seguramente son más fáciles de observar, entrenar y mejorar en el deporte, en unos más que en otros.

El dominio de estos tres procesos y la influencia que tienen entre sí para influir unos en otros es algo con lo que cualquier deportista convive a diario. Centrar sus pensamientos en la acción que está realizando, canalizar sus sentimientos y emociones puntuales para aportar mayor fuerza y energía a un movimiento, forzar a los músculos del cuerpo a luchar contra el cansancio que me dice mi mente y conseguir así romper mis supuestos límites.

Estas enseñanzas deportivas son fácilmente transferibles a la vida diaria. El deporte te enseña que para avanzar en el dominio de algo debes estar centrado en su práctica, la concentración totalmente focalizada en el objetivo pese a las influencias que puedan existir y distraerte de tu objetivo. ¿Alguien imagina a Marc Márquez desconcentrado en una carrera? ¿Alguien duda de que esta elevada capacidad de concentración también la tenga en otros aspectos de su vida? Cierto es, que como dice Sir Ken Robinson, estar subido a una moto es su elemento. Pero no dudo de que el tener identificado los momentos en que todo su potencial fluye de forma natural, también le ayuda a concentrarse en otros ámbitos de la vida. No con la misma exigencia pero si con una mayor efectividad que si no tuviera ese hábito desarrollado por su práctica profesional.

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Pienso que ese es otra de las grandes aportaciones que la correcta educación deportiva puede y debe aportar a la vida de las personas, la creación de hábitos saludables de forma natural. En este caso el término saludable no tiene únicamente relación con la salud física. También con la relación adaptativa real a las posibilidades, deseos y realidades de cada persona a partir de sus motivaciones e intereses. Los hábitos de entrenamiento están ligados a toda práctica deportiva, ya sea competitiva o lúdica.

Existen corrientes pedagógicas que ven los hábitos como una imposición social sobre el niño, omiten la opción de que el hábito nazca de un deseo, una necesidad propia del niño o de la niña. La opción de que mejore mi forma de correr para que pueda estar más tiempo corriendo, mejora mi técnica de carrera para que no dañar mis articulaciones, conseguir los beneficios físicos del running sin el hábito de salir a correr de forma regular me parece imposible. Y si corro por estos motivos y no porqué la moda me lo impone, ¿dónde está el problema?

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La clave está en querer hacerlo y a partir de ahí ver cómo lograrlo. Todas las personas que conozco que han practicado un deporte y lo practican pero no les gusta hacerlo, a la mínima opción de dejarlo que han tenido lo han hecho o buscan, incluso desesperadamente, la excusa que les permita hacerlo. Como el resto de cosas de la vida, ya sea un trabajo o los estudios.

Cuando un jugador de baloncesto mejora su concentración para poder mejorar su rendimiento, ese aprendizaje también le ayuda en su vida diaria. En caso de ser un estudiante, si es capaz de ver las características comunes que pueden existir entre la necesidad deportiva y la necesidad académica, también mejorará. La influencia positiva de un aprendizaje se verá ampliada al aplicarla en diferentes ámbitos, mejorando muchos aspectos pero principalmente uno vital para aprender: la autoconfianza.

Tanto en mis labores como entrenador de baloncesto como en las de maestro de primaria, en las clases de lengua o en las de educación física, como en las de coach, mediante la psicología coaching miro de facilitar estos aprendizajes y también la aplicabilidad de estos en distintos hábitos de la vida. Siempre partiendo de los deseos, objetivos, necesidades, intereses de la persona para que esta adquiera una mayor consciencia de sí mismo y de su realidad para aprovecharla, transformarla, enriquecerla y de esta manera tener claro lo que quiere conseguir, como puede hacerlo y adquirir el compromiso consigo mismo para pasar a la acción, obteniendo como resultado mínimo una persona con mayor confianza en sus posibilidades.

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Por desgracia aplicar esto en la escuela no es fácil ya que aunque oficialmente todo el mundo diga que la escuela debe formar personas para el futuro, realmente lo que se quiere es un cierto tipo de persona que cumpla los estándares estipulados. Dejando al margen el desarrollo propio de la persona a nivel de capacidad de concentración, activación o relajación para afrontar las tareas del día a día o su desarrollo emocional y expresarlo sin que eso sea una situación social incómoda por ejemplo.

En la escuela en la que trabajo lo aplico con dos objetivos muy claros: mejorar la expresión oral y la creación de hábitos individuales. El primero nos ha servido para que los alumnos pongan mayor interés en el aprendizaje de vocabulario propio de sus intereses para poderlos expresar. Además, el hecho de hablar de los propios intereses favorece la fluidez lingüística. El segundo ha logrado aumentar el nivel de conciencia individual y a partir de ahí actuar en consecuencia con las necesidades y deseos que ellos querían, tomando decisiones en los factores que de verdad dependían de ellos mismos, huyendo de las habituales excusas. Este trabajo también ayuda a la mejora de la conexión, comprensión y proximidad entre el alumnado y a una implicación y un clima mucho más favorable para el aprendizaje general en el centro.

Tanto desde del deporte como desde la escuela deben promulgarse estilos pedagógicos que favorezcan el desarrollo pleno de la persona teniendo en cuenta que están ligados entre sí y el feedback continuo que nos aportan los niños y niñas. Y así poderlas adecuar lo más rápidamente posible en su beneficio. Si las formas de aprender se alimentan entre sí les permitirá ampliar mucho más sus aportaciones que si estas se oponen y crean aprendizajes desvinculados unos de otros. No existe la diferencia entre el deporte, la escuela o la “vida real” como en ocasiones se escucha. Todas se relacionan entre sí para el crecimiento de la persona y la sociedad.

Artículo originalmente publicado en el blog Psicología- Coaching & Co

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿La compartimos?

El ser humano es un ser social y en una gran parte de las acciones que realiza existen diversos factores que influyen en la consecución de estas. Lograr o no algo, básicamente depende de uno mismo pero no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del entorno.

En todo proceso formativo existes tres factores básicos: la persona protagonista del proceso, la persona u organización que ofrece el proceso formativo y el entorno de la persona que recibe la formación. Cierto es que este tercer factor depende del primero, pero en casos como niños/as o adolescentes principalmente, por mi experiencia, prefiero separarlos. Los adultos somos responsables de nuestro entorno pero un niño…

La persona que realiza una formación es el protagonista de la misma y en mi opinión todo el resto de implicados deben tenerlo claro. Ese protagonismo también otorga una responsabilidad, que en función de la edad puede variar, pero siempre existe. El alumno tiene responsabilidad sobre su aprendizaje.images3

Los centros u organizaciones que ofertan la formación y la personas o personas que directamente la imparten deben hacer patente su máxima implicación en favor de todos los protagonistas de sus formaciones. Tienen la responsabilidad de ofrecer sus mejores servicios en función de las demandas del protagonista o de los que ellos como profesionales puedan detectar que ayudará más en su evolución al alumno o aprendiz.

El entorno de la persona, principalmente en casos de menores de edad, es clave. Pienso que principalmente como modelo de conducta y asumiendo su responsabilidad que pasa por poder facilitar el acceso a los procesos formativos y colaborando con los expertos que la ofrecen. Otro aspecto es ayudar a hacer comprender al alumno su responsabilidad en su aprendizaje.

Resumiendo: en todo proceso de aprendizaje, todos los implicados tienen su responsabilidad para la consecución de la formación. Y este aspecto por lo general se olvida.

Si hablamos de la escuela, a esta se la carga de un porcentaje de responsabilidad más elevado del que le corresponde y principalmente a los maestros, a los profesores algo menos. Pero resulta que los medios de los que disponen estos no son los que se necesitan para atender y ofrecer lo mejor y más adaptado a las características individuales de cada niño/a.

alberto-berrocal-620-001Si pensamos en aspectos de formación deportiva, y aunque hay casos de toda clase, los entrenadores asumen en muchos casos, un porcentaje más elevado del que les corresponde. Si en la escuela se puede observar la sobreprotección del entorno, esta es aún superior en actividades lúdico-competitivas. Sobre todo cuando se olvida el carácter lúdico y se centra en exclusiva en la competición, dejándose de pasada la formación y el aprendizaje por el camino. Existen muchos jugadores y equipos que no asumen su parte de responsabilidad, su compromiso con su propia evolución.

Un buen amigo me explicó una experiencia de este tipo. La temporada que estaba realizando con su equipo entraba dentro de lo previsto, aunque una parte de los jugadores y sus familias esperaban mejores resultados. No existía un compromiso con su propio trabajo para mejorar esos resultados que ellos consideraban pobres y también hubo problemas ajenos a la dinámica del equipo que afectaron al equipo.

Una situación puntual en un partido, retrató la falta de respeto existente a la labor realizada por el entrenador y este les propuso que se plantearán sus objetivos hasta final de temporada y qué les impedía conseguirlos. Si él era un obstáculo, no había problema. El objetivo era hacerles ver la realidad y aunque algunos la veían, otros no y aprovecharon la ocasión para centrar las culpas en el entrenador, decidiendo como equipo que lo mejor era que hubiera un cambio de entrenador. Dejó el equipo. Al salir de la instalación se encontró con un grupo de padres y madres de los que se despidió y a continuación pasó esto:

–          ¿Cómo? ¿No sigues?- dijo una madre.

–          No. Ellos lo han decidido.

–          Pero a ellos no les corresponde. Les has pasado la responsabilidad.

–          ¿Les he pasado?

–          Sí, sí. Se la has pasado.

–          Ese es el problema –intervino otro padre que hacía funciones de delegado-. Ellos no han cogido su parte en toda la temporada. Y nosotros los hemos dejado excusarse en él. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y ni nosotros ni ellos la hemos cogido y se la hemos pasado toda a él. Ahora se quedan sin escudo y nosotros también.

Al margen de compartir o no la resolución del problema (puso en práctica muchas posibles soluciones durante la temporada y la comunicación individual y colectiva era fluida) es un claro ejemplo de una mentalidad social muy extendida y muy fácil de realizar: excusarse. Buscar excusas es muy sencillo y mucho más fácil que aceptar y asumir la propia responsabilidad.

Todo sería mucho más enriquecedor y productivo para todas las partes si se asumieran las responsabilidades de cada elemento presente en el proceso. En definitiva si se compartiera la responsabilidad. Soy responsable de mis conductas y si realizo acciones con otras personas, todos somos responsables de algo, el grado de responsabilidad de cada uno es variable.

Entonces, con el mejor de los propósitos y de que todo sea más positivo para todos (win-win)… ¿La compartimos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Fomentar la lectura

Cada cierto tiempo aparece alguna noticia que hace referencia a la cantidad de libros que se leen, el tiempo que se destina a la lectura o cualquier otro aspecto relacionado con este fundamental hábito que refleja cualquier aspecto negativo destacable. Casi al mismo tiempo se anuncia o se recuerda alguna iniciativa con la intención de fomentar la lectura. Personalmente no tengo la sensación de que la sociedad y sus dirigentes realicen esfuerzos verdaderos para poner solución a esta problemática.images2

Leer es fundamental para la formación personal del individuo. Ahora mismo no conozco ninguna actividad profesional en la que no sea necesario un nivel de lectura y comprensión lectora aceptable. No únicamente a nivel profesional. La lectura está muy presente en nuestras vidas, prácticamente su presencia es constante en la gran mayoría de actividades humanas. Leer es una necesidad vital. Es imprescindible para poder formarte, ampliar la perspectiva de enfoque que uno mismo tiene, enriquecer el vocabulario de cualquier idioma,… Se pueden leer libros, blogs, artículos específicos en webs temáticas, especificaciones técnicas,…

Por lo general, en la gran mayoría de proyectos con el fin de fomentar la lectura, la escuela tiene un papel esencial. El problema es que leyendo únicamente en la escuela no es suficiente y además de los modelos lectores presentes en el colegio, es fundamental e imprescindible la presencia de otros modelos lectores positivos fuera del horario escolar. Preferiblemente dentro del entorno más próximo. Es decir, en la familia deben existir esos modelos.

Otro aspecto que se debería trabajar es que la sociedad se convirtiera en un modelo de hábito lector positivo para todos. La riqueza de una sociedad se fundamenta en la riqueza cultural de las personas que la componen. El acceso a la cultura en general y a la lectura de calidad en particular se debe garantizar. Una forma es potenciando las bibliotecas y todas las actividades que se pueden realizar en ellas. Esto se realiza desde los colegios, pero el resto de instituciones debe colaborar en su promoción en pro de aproximarlas a la gente.

34050654Otra posibilidad es aprovecharse y sacar beneficio (cultural) de las “auténticas bibliotecas” de la sociedad: los transportes públicos. El metro o el bus, puede que más el metro o tren, son los sitios donde se pueden ver a más gente leer. Por suerte lee más gente de los que molestan “compartiendo” su música con los altavoces para todo el vagón. ¿De verdad no se puede sacar provecho de esto? Recuerdo tiempo atrás cuando las tarjetas de metro incluían descuentos de diversa índole. ¿Se podría promocionar la lectura a través de las tarjetas? Pienso que sí.

Una campaña más agresiva que se podría hacer sería repartir “premios” o regalos directos. Un trabajador de una librería o tienda cultural podría pasearse por el metro o coger un autobús y facilitar un descuento directo en la compra de libros o ebooks a las personas que fueran leyendo un libro o un libro electrónico. También podría hacerlo un miembro de la empresa de transportes y facilitar un descuento para el billete de transporte.

Seguramente se trata de opciones un tanto complicadas de realizar o sin un beneficio económico muy claro para quien las promueva. Pero se tratan de opciones que he pensado dedicándole un poco de tiempo al tema y se supone que las instituciones públicas y empresas del sector tienen personas que se dedican a esta clase de promociones. Seguro que se pueden mejorar y generar más opciones para promocionar la lectura que otorgarle todo ese peso a la escuela. Siempre y cuando a la sociedad le interese de verdad fomentar la lectura de sus miembros.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Apagafuegos y generador de soluciones

A todos, en algún momento de nuestra vida, alguien nos pide que le expliquemos nuestra profesión. Las veces que me han hecho esta pregunta, refiriéndose a mi profesión de maestro, los conceptos apagafuegos y generador de soluciones siempre han aparecido. Por desgracia últimamente cobran mayor importancia.descarga (1)

Cada vez más la función de apagafuegos, que no bombero, es más presente en el día a día de un maestro. La gran mayoría de problemas que los niños/as y sus familias tienen hoy día, tarde o temprano, llegan a la escuela y esta de una u otra forma participa en la solución de la situación problemática. El inconveniente es que esas soluciones, por lo general, no son definitivas y muchos problemas llevan consigo otros aspectos más o menos importantes que también ejercen su protagonismo. De ahí la función de apagafuegos, ya que en muchas ocasiones no tienes tiempo ni herramientas suficientes a tu disposición para poder colaborar en la creación de una solución duradera. La imagen clara que te viene a la mente es la de ir apagando pequeños fuegos con una manguera, en ocasiones una regadera. Fuegos que no paran de surgir.

Problemas llegan de todos lados. Los clásicos de siempre que pasan dentro o fuera del colegio entre los alumnos. Los problemas familiares de diversa índole como problemas económicos o situaciones judiciales complicadas entre los padres de la criatura. Algunos que te los generan otros “profesionales” que no respetan tu profesión y piensan que ellos lo harían siempre mejor o que no entienden que son asesores que deberían sumar y se toman la licencia de imponer sus soluciones que por lo general están alejadas de la realidad. Y más. En todos ellos encuentras una reclamación a la escuela y al maestro para que actúen de forma urgente. Incluso en aspectos que escapan de sus funciones.

Esto choca en demasiadas ocasiones con una de las funciones claras que debe tener la escuela y el maestro, la de generador de soluciones. Para mi existe una diferencia clara entre solucionador de problemas y generador de soluciones que no todo el mundo ve. El grado de protagonismo, voluntario o exigido, al solucionador de problemas es elevado. Depende de esa persona o institución como es la escuela. El generador de soluciones es un facilitador no protagonista de la solución. Los maestros y la escuela debemos ser más generadores de soluciones aunque hoy día se nos ve mucho más como solucionadores de problemas.

LOGSELa sociedad y sus dirigentes deben dejar de ver a la educación como una herramienta a su servicio para ponerse al servicio de la educación. Centrar gran parte del problema educativo en la formación del profesorado cuando después a este no se le aportan las herramientas necesarias para poder realizar su función y se le exige mucho más allá de lo que él/ella puede controlar, no es ninguna distracción. Es una simple cortina de humo. Cambiar la carrera de Magisterio o el acceso a esta no digo que no sea necesario, pero sin un cambio en la visión social de la educación no servirá de nada.

Ser maestro es ser apagafuegos y generador de soluciones. Ser apagafuegos de las acciones o situaciones en las que se debe actuar al instante y no de las que están fuera de tu alcance y corresponden a otros organismos que deben actuar de forma conjunta y coordinada con la escuela. Ser generador de soluciones para ayudar y aportar en ocasiones a que los alumnos descubran diversas formas de enfocar una situación y buscar soluciones no centrarse exclusivamente en el problema. Ayudar a que sean cada vez más independientes para que vayan aplicando esa independencia a la interdependencia social en la que vivimos.

Si todos tenemos la función educativa clara, la escuela no fallará. Si se le exige lo que de ella no depende…somos maestros, no somos magos.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Nos vamos de excursión!

Cuando era alumno de primaria recuerdo una ocasión en que mi tutora se quejaba amargamente del poco seguimiento que parecía que iba a tener una excursión. Comentándolo en tutoría, un compañero dijo:

–          Dice mi madre que lo que vosotros queréis es iros de fiesta…

La reacción de mi maestra fue explicarnos el por qué de las excursiones en los colegios. A esa excursión fuimos la clase al completo.

Con el paso de los años dentro de la docencia mi apoyo a las salidas pedagógicas va en aumento. Considero que al margen del momento que viva la sociedad, si están debidamente planteadas cubren un espacio muy importante en el desarrollo de los niños.

En años de bonanza económica o en momentos de crisis, las excursiones con el resto de compañeros de la clase son distintas a las que el mismo alumno puede realizar el fin de semana con su familia. El entorno social es distinto y una misma visita a una determinada montaña con la familia o con los compañeros de clase son dos experiencias distintas que favorecen sin duda el bagaje experimental del niño.

Otro aspecto a tener en cuenta es que determinadas familias no se plantean ir un domingo a visitar un museo u otras instalaciones o sitios de carácter cultural. Una parte de estas siguen pensando que se tratan de actividades caras o reservadas para unos pocos. Además de desconocer una gran cantidad de descuentos o centros con entrada gratuita, también desconocen las actividades que se preparan para los niños o para toda la familia. Otros piensan que para ir a ver unas piedras, como le dijo una madre a una compañera el curso pasado, no voy a pagar.

Cuando ya entramos en salidas pedagógicas más extensas, colonias, los que piensan que cuando un maestro se va de excursión en realidad se va de fiesta, tienden a pensar que las colonias son unas vacaciones para los maestros. De la misma forma que las salidas, las colonias cumplen una función muy importante. Considero que ambas son primordiales en el currículum escolar y es función de la escuela y de todas las administraciones implicadas ofrecer un abanico de experiencias mínimas vitales para los niños y los adolescentes a lo largo de su educación. Al margen de lo que estos puedan realizar con su familia.

Las excursiones pedagógicas tienen su sitio y pienso que en determinados centros, en función de su población escolar, son incluso claves. A todos nos gusta experimentar y descubrir cosas desconocidas. Estas salidas ayudan a asegurar que los alumnos tienen ese mínimo de experiencias a lo largo de sus vidas.