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La salida del colegio un día cualquiera

Observa la salida de un colegio. Da igual el día. También, hasta cierto punto, da igual la clase de colegio que sea o la zona y las características de las familias que allí acudan. Es posible que ya lo hayas hecho alguna vez o que formes parte del grupo de personas que te digo que observes. Puede que incluso pienses que todos los días son iguales y que no pasa nada especial. Desde tu punto de vista seguro que tienes razón y te entiendo.

Ahora voy a explicarte mi punto de vista y te invito a que lo veas desde otra perspectiva. Por supuesto que no es ni mejor ni peor que el tuyo. Simplemente es otro punto de vista que miraré de explicarte con un fin muy sencillo. Este no es otro que si consideras que lo que te expongo puede tener algo de sentido y no te gusta, pongas tu granito de arena para que pase a ser historia. Sería fantástico que eso pasara. ¡Allá voy!

Pues bien la salida de un colegio, sobre todo con los más pequeños, debería ser un momento de reencuentro. Salen después de pasar el día en un entorno diferente al de casa y alguien los recoge. Por lo general alguien que les quiere aunque esto muchas veces no quede del todo claro.

Ves de todo. Padres y madres que según los recogen, se dan la vuelta y caminan hacia la salida del colegio o hacia el coche sin intercambiar una sola palabra o gesto afectuoso con el niño o niña. También están los que llaman de lejos con el coche en doble fila y cuando el niño está de camino al coche, ya se suben o lo arrancan para salir rápido una vez esté dentro del coche.

En otros casos ves a la persona que sea que sigue haciendo exactamente lo mismo que estaba haciendo antes de recogerlo. Sigue hablando por el móvil o por WhatsApp o hablando con el amigo o amigo en el caso de hermanos mayores o siguen escuchando música con los auriculares pese a ir caminando por la calle en compañía del recién recogido.

Lo peor es que esto ya es normal. Lo nefasto es que estas personas no se dan cuenta de que están siendo modelos y que el que lo recibe, luego lo hará. Y seguramente se lo hará a esta misma persona. Claro pero cuando uno lo recibe no es lo mismo…

¿Te suena lo que acabo de explicar? ¿Te gusta? Actúa en consecuencia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Los momentos clave, momentos únicos

Estamos en los momentos finales de la temporada. Muchas competiciones ya han acabado, ya se han vivido los partidos clave que han decidido clasificaciones para playoffs, descensos, campeonatos,… En algunas queda el momento más importante aún. Como todos, son momentos únicos aunque cargados de un simbolismo especial.

A todos esos momentos se llega después de una trayectoria a lo largo de toda la temporada. En ese camino cuenta todo, absolutamente todo lo acontecido desde el primer momento. No todo tiene el mismo peso pero todo tiene algún tipo de peso. Además ese peso puede variar, en algunos casos concretos, en cuestión de segundos.

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Hay jugadores/as y entrenadores/as que saben gestionar estas situaciones a las mil maravillas. Es posible que no sean conscientes de lo que hacen ni de como lo hacen (por suerte cada vez hay menos de estos casos). Son escenarios en los que ejecutan su gestión emocional a la perfección (por lo general lo hacen siempre). Esto es básico y también es importante que tu entorno, compañeros y entrenadores si eres jugador o jugadores y staff técnico si eres entrenador te reconozcan para que el mensaje que quieres transmitir sea efectivo.

Por desgracia, también existen otros y otras que no consiguen vivir esas situaciones de forma natural, como una parte más del proceso competitivo en el que están, una experiencia más de la temporada. Para algunos de estos incluso puede darse el caso, sobre todo si existen experiencias previas negativas, que vivan casi todo lo que envuelve a ese evento puntual como si se tratara de una amenaza directa.

En ambos casos, como ya he dicho antes, la gestión emocional es la que manda. Por más que algunos lo reduzcan a cómo se actúa ante esos retos puntuales, pienso que la clave está en un trabajo preventivo. A lo largo de la temporada, el tiempo para dotar de herramientas y saberlas adaptar a cada persona es mayor. También se suelen dar situaciones análogas a estos eventos finales que nos pueden hacer ver pautas de comportamiento que se pueden mejorar para facilitar un mayor rendimiento y un mayor disfrute de la experiencia.

De todas maneras, cada final es un mundo. Aunque se suele decir que la historia recuerda al campeón, los protagonistas sí que recuerdan la experiencia. Y éstas son únicas.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Imparcialidad periodística

Seguramente la explicación más fácil es la que se escuda en la envidia. Pero no deja de decir bastantes cosas de la sociedad en la que vivimos cuando pasan estas cosas. Y no precisamente buenas. Pero voy a centrarme en el periodismo deportivo.

Cuando nos encontramos con un deportista o equipo del deporte que sea que genera un entusiasmo general por ser distinto a lo habitual, ser mejor, más espectacular, innovador, marcar diferencias o incluso puede estar pasando a la historia por todos estos motivos, rápidamente salen los que desean su fracaso.

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Se disfraza de rivalidad deportiva pero la información tiene un elevado porcentaje de subjetividad. Más de lo habitual. Además las informaciones que se persiguen también tienen un objetivo claro: destruir.

En sentido contrario también pasa. Todo se ensalza de forma excesiva e incluso se mira de ridiculizar al resto con odiosas comparaciones. Como si todo el mundo tuviera que pensar igual.

Ambas actitudes subjetivas pueden provocar lo mismo. La infravaloración por un extremo y la sobrevaloración por otro, en general el fanatismo en uno u otro sentido, genera una valoración irreal de lo aportado por el deportista o equipo.

Los dos extremos inciden y alteran el desarrollo propio de la situación. Dotan a todo de un poder de influencia mayor del real y lo utilizan en su beneficio. Generan un entorno de nube en la que todo es maravilloso a la que cuesta aceptar los malos tiempos o de infierno que sólo apaga sus llamas con la desgracia ajena.

Los dos extremos se conectan, se comunican con una de las velocidades más elevadas que existen. El sentido común llama al equilibrio pero este se rompe constantemente con la excusa de la venta de diarios, suscripciones, tráfico o audiencia.

¿Sería posible transmitir la información de forma clara y objetiva? Está claro que las opiniones que se forman a partir de la información coherente y veraz son interesantes. Para mí sería mucho más interesante poder leer y escuchar informaciones claras, asertivas y sobre todo que diferencian claramente la parte objetiva de la subjetiva.

Así se podría informar de todo, opinar de todo y sobre todo disfrutar y valorarlo todo en su justa medida, sin tener que polarizar el deporte. Cuando esto pasa, los valores que el deporte aporta a la sociedad se desvirtúan y eso es algo que ninguna sociedad se puede permitir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

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El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿La compartimos?

El ser humano es un ser social y en una gran parte de las acciones que realiza existen diversos factores que influyen en la consecución de estas. Lograr o no algo, básicamente depende de uno mismo pero no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del entorno.

En todo proceso formativo existes tres factores básicos: la persona protagonista del proceso, la persona u organización que ofrece el proceso formativo y el entorno de la persona que recibe la formación. Cierto es que este tercer factor depende del primero, pero en casos como niños/as o adolescentes principalmente, por mi experiencia, prefiero separarlos. Los adultos somos responsables de nuestro entorno pero un niño…

La persona que realiza una formación es el protagonista de la misma y en mi opinión todo el resto de implicados deben tenerlo claro. Ese protagonismo también otorga una responsabilidad, que en función de la edad puede variar, pero siempre existe. El alumno tiene responsabilidad sobre su aprendizaje.images3

Los centros u organizaciones que ofertan la formación y la personas o personas que directamente la imparten deben hacer patente su máxima implicación en favor de todos los protagonistas de sus formaciones. Tienen la responsabilidad de ofrecer sus mejores servicios en función de las demandas del protagonista o de los que ellos como profesionales puedan detectar que ayudará más en su evolución al alumno o aprendiz.

El entorno de la persona, principalmente en casos de menores de edad, es clave. Pienso que principalmente como modelo de conducta y asumiendo su responsabilidad que pasa por poder facilitar el acceso a los procesos formativos y colaborando con los expertos que la ofrecen. Otro aspecto es ayudar a hacer comprender al alumno su responsabilidad en su aprendizaje.

Resumiendo: en todo proceso de aprendizaje, todos los implicados tienen su responsabilidad para la consecución de la formación. Y este aspecto por lo general se olvida.

Si hablamos de la escuela, a esta se la carga de un porcentaje de responsabilidad más elevado del que le corresponde y principalmente a los maestros, a los profesores algo menos. Pero resulta que los medios de los que disponen estos no son los que se necesitan para atender y ofrecer lo mejor y más adaptado a las características individuales de cada niño/a.

alberto-berrocal-620-001Si pensamos en aspectos de formación deportiva, y aunque hay casos de toda clase, los entrenadores asumen en muchos casos, un porcentaje más elevado del que les corresponde. Si en la escuela se puede observar la sobreprotección del entorno, esta es aún superior en actividades lúdico-competitivas. Sobre todo cuando se olvida el carácter lúdico y se centra en exclusiva en la competición, dejándose de pasada la formación y el aprendizaje por el camino. Existen muchos jugadores y equipos que no asumen su parte de responsabilidad, su compromiso con su propia evolución.

Un buen amigo me explicó una experiencia de este tipo. La temporada que estaba realizando con su equipo entraba dentro de lo previsto, aunque una parte de los jugadores y sus familias esperaban mejores resultados. No existía un compromiso con su propio trabajo para mejorar esos resultados que ellos consideraban pobres y también hubo problemas ajenos a la dinámica del equipo que afectaron al equipo.

Una situación puntual en un partido, retrató la falta de respeto existente a la labor realizada por el entrenador y este les propuso que se plantearán sus objetivos hasta final de temporada y qué les impedía conseguirlos. Si él era un obstáculo, no había problema. El objetivo era hacerles ver la realidad y aunque algunos la veían, otros no y aprovecharon la ocasión para centrar las culpas en el entrenador, decidiendo como equipo que lo mejor era que hubiera un cambio de entrenador. Dejó el equipo. Al salir de la instalación se encontró con un grupo de padres y madres de los que se despidió y a continuación pasó esto:

–          ¿Cómo? ¿No sigues?- dijo una madre.

–          No. Ellos lo han decidido.

–          Pero a ellos no les corresponde. Les has pasado la responsabilidad.

–          ¿Les he pasado?

–          Sí, sí. Se la has pasado.

–          Ese es el problema –intervino otro padre que hacía funciones de delegado-. Ellos no han cogido su parte en toda la temporada. Y nosotros los hemos dejado excusarse en él. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y ni nosotros ni ellos la hemos cogido y se la hemos pasado toda a él. Ahora se quedan sin escudo y nosotros también.

Al margen de compartir o no la resolución del problema (puso en práctica muchas posibles soluciones durante la temporada y la comunicación individual y colectiva era fluida) es un claro ejemplo de una mentalidad social muy extendida y muy fácil de realizar: excusarse. Buscar excusas es muy sencillo y mucho más fácil que aceptar y asumir la propia responsabilidad.

Todo sería mucho más enriquecedor y productivo para todas las partes si se asumieran las responsabilidades de cada elemento presente en el proceso. En definitiva si se compartiera la responsabilidad. Soy responsable de mis conductas y si realizo acciones con otras personas, todos somos responsables de algo, el grado de responsabilidad de cada uno es variable.

Entonces, con el mejor de los propósitos y de que todo sea más positivo para todos (win-win)… ¿La compartimos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5