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Acción- reacción. Gestión emocional básica

Muchas veces los adultos nos complicamos la vida en muchas cosas. En demasiadas seguramente. Dejamos de lado situaciones que nos parecen sencillas, habituales, etc. sin prestarle un mínimo de atención. Al hacer esto, perdemos numerosas oportunidades de aprendizaje. Esto pasa en todos los entornos en los que actuamos.

El mundo educativo no es una excepción. Muchas veces nos estrujamos la cabeza buscando actividades perfectas para poder trabajar y ver desarrollar diferentes aspectos importantes del aprendizaje. La gestión emocional es uno de ellos. Hoy en día está en boca de todos y se buscan multitud de actividades para trabajarla de muy distintas formas. Pero muchas veces no nos damos cuenta de que la gestión emocional básica está presente en todo aquello que realizamos.

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Muchas actividades están repletas de situaciones claras donde la gestión emocional entra en juego. Simplemente pensad en todas las situaciones de relación o de comunicación que se establecen y ya podréis empezar a realizar un listado de situaciones a las que no se presta mucha atención, o ninguna.

Pasa en todas las áreas. La educación física no es una excepción y en su desarrollo, de forma constante, la gestión emocional de cada uno de los participantes está presente. Vamos a pensar un juego sencillo y muy habitual, que recibe diversos nombres en función de la zona o de la persona que lo explique. No es otro que la bola de fuego, matar o tocar a todos, todos contra todos, mataconills,… y seguro que me estoy dejando muchos otros.

El juego consiste en tocar al resto de compañeros y compañeros con una pelota, sin que estos la cojan y evitar que toquen a uno. Todo esto con multitud de variantes y diferentes normas a aplicar en función del objetivo que se quiera trabajar. Al tratarse de un juego que puede llegar a ser muy dinámico, es una buena actividad para trabajar las situaciones de acción- reacción. Uno intenta tocarte pero falla y tú coges la pelota y lo persigues ¿por qué te ha intentado tocar o por qué es la mejor opción?

Esta situación es una constante durante el juego. Hacer reflexionar sobre ella y ver cómo, de forma progresiva, identifican esas situaciones y otras que surgen y les generan diferentes emociones. Emociones muy distintas como la frustración, la alegría, la satisfacción, excitación, envidia, impaciencia, etc. que aparecen y les afectan en el desarrollo del juego de diversa forma.

Trabajarlas en esos momentos les permite adquirir un aprendizaje de gran valor transferible a otras situaciones comunes para ellos y ellas.

Esto también pasa en muchísimas otras actividades que se realizan diariamente. Seamos conscientes de ellas y aprovechémoslas ya que muchas nos aportan un contexto mucho más natural para trabajarlas que en otras situaciones artificiales que creamos específicamente para poderlas enseñar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Acepta todos los lados de las cosas

Todos somos conscientes que las situaciones que vivimos diariamente tienen diferentes lados, caras. Aunque seguramente no todos somos conscientes de cómo realmente son todos esos lados. Normalmente nos quedamos con el lado bueno y el lado malo. En función de cada uno y de la actividad, daremos más peso a uno o a otro. Aunque es bastante habitual tratar de eliminar el lado malo.

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Siempre existen diferentes lados. Seguramente tanto buenos como malos, aunque seguramente el etiquetarlos sea el primer error que muchos cometen. Estamos habituados a hablar y oír hablar de ellos. En la excelente película “El lado bueno de las cosas” miran de mostrar que en toda situación, hay algo de positivo. También lo encontramos en el primer libro de Anxo Pérez, “Los 88 peldaños del éxito”, cuando nos habla sobre aceptar la base del cubo. Me parecen dos buenos ejemplos, distintos entre sí, pero que muestran de forma clara la clave de todo esto.

Nos gusta etiquetar las cosas. Y las que no nos gustan tratamos de cambiarlas, borrarlas, eliminarlas… Ya he dicho antes que probablemente este sea el primer error. Básicamente lo es porque te enfocas en juzgar esa actividad. Al juzgarla, muchas veces se maximiza todo y lo que no te gusta buscas cambiarlo. Y si es posible lo más rápido que puedas. Así que reaccionas lo más rápido posible y posiblemente de la forma más precipitada posible. Es posible que alguna vez te salga bien. Pero cuando no es así, fácilmente las emociones negativas que ese juicio ha despertado en ti, son más profundas.

¿Entonces qué puedo hacer? Aceptar todo lo que envuelve a tus decisiones y tus acciones. Todo lo que hagas genera diferentes resultados, esos lados o caras que comentamos. Descúbrelos, conócelos y acéptalos para así poderlos disfrutar y ver que existen lados de todo tipo y todos ellos te enseñan, te hacen una persona mejor.

Pero sobre todo, te hacen una persona que puede saborear mucho más todo lo que hace. Disfrutarlo de forma natural. Toda decisión, toda acción afecta a algo. Para que eso no pase, no tendrías que hacer nada. Esta opción no me convence. Prefiero aceptar lo que pase y disfrutar de todos esos lados aprendiendo de ellos.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Crea tu propio clima

¿Cuántas veces habéis escuchado algo parecido a esto? ¡Con este tiempo es normal que me sienta así! El tiempo atmosférico es uno de nuestros principales motivos para explicar nuestro comportamiento. Es cierto que algunos aspectos nos influyen, unos más que otros, pero la incidencia de estos también depende de otros como puede ser nuestro estado físico y mental. Estos detalles dotarán de mayor o menor certeza a esta excusa.

Pero muchas veces nos centramos en el clima meteorológico como si fuera el único clima capaz de tener influencia en nuestra conducta, en nuestra vida. Existen otros que pueden influirnos. Incluso me atrevería a decir que pueden incidir mucho más en nuestro día a día. Por eso es tan importante que cada uno aprenda a crearse su propio clima, aquella situación en la que cada uno puede vivir plenamente el momento presente y asumir como uno o una decida lo que allí ocurra.

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Para ayudar a desarrollar el clima ideal de cada uno de nosotros existen diferentes métodos. Cada uno tiene que encontrar la forma de aplicar a su vida el método que decida. En algunos momentos, existe la tendencia a considerar que esto, ser capaz de generarte tu propio clima,  simplemente se consigue teniendo una buena actitud. Y además, hoy en día es muy fácil de encontrar ejemplos de todo tipo, esta actitud es fruto únicamente de tu decisión y por lo tanto si te la exiges ya está todo hecho.

Esto no es así. La actitud es una forma de ver el mundo. Nuestra forma de ver el mundo la construimos a partir de muchas cosas y no todas las decidimos nosotros ya que no decidimos toda la información que nos llega de nuestro entorno. Nuestras experiencias juegan un papel muy importante.

Por lo tanto, uno es capaz de escoger su actitud si sabe cómo hacerlo. En definitiva si en algún momento ha aprendido las herramientas que necesita para ello. De no ser así, por más que te la exijan o te la exijas será muy complicado adquirirla. Entre otros aspectos porqué en nuestras experiencias las emociones juegan un papel muy relevante en muchas ocasiones. Un papel que hace que puedan llegar a ganar a todos los razonamientos perfectos e ideales que queramos plantearnos.

Para que te puedas crear ese clima que tanto te agrada y que te hace disfrutar de la vida, necesitas herramientas que te permitan hacerlo. La gran mayoría ya las tienes pero puede que tengas que aprender a utilizarlas de otra forma. No te preocupes si esto te parece complicado, depende de tu cerebro y a este le encanta aprender.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

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El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Toma de decisiones

El proceso de toma de decisiones es algo muy peculiar y característico dependiendo de la persona que lo lleve a cabo. Si bien todos nos encontramos en tesituras en las que tenemos que decidir no todos lo hacemos del mismo modo.

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Básicamente podríamos distinguir entre dos formas de tomar decisiones: la reflexiva y la impulsiva. Lo que diferencia a una de otra no es más que el tiempo que se tarda en  pasar a la acción. La mayoría de nosotros tiene tendencia a actuar de un modo determinado, pero eso no quiere decir que siempre actuemos así. Si nos paramos a pensar, seguro que todos encontramos situaciones en las que hemos tomado decisiones justo del modo contrario a como solemos hacerlo.

Pero, ¿cuál es para mí el elemento fundamental para la toma de decisiones? Pues no es otro que el escucharse a uno mismo; a veces necesitaremos más tiempo y otras quizá no tanto, pero lo que está claro es que para decidir hay que sentir. Puede que la mayoría de nosotros estemos acostumbrados a decidir dándole muchas vueltas a la cabeza, analizando pros y contras, pidiendo consejo… pero hay algo que se nos olvida muchas veces y es el escucharnos a nosotros mismos. Se puede creer más o menos en las emociones o tenerlas más o menos en cuenta, pero si algo es cierto es que, las escuchemos o no son el motor de nuestra vida.

Por eso considero indispensable escuchar nuestras emociones, sin juzgarnos, sin tener en cuenta si eso que siento que quiero hacer estará bien o mal visto. Al fin y al cabo, nosotros somos los únicos protagonistas de nuestra vida y nosotros seremos los que acabaremos rindiendo cuentas de nuestras decisiones, impliquen o no a otras personas. No podemos evitar que nuestras decisiones sean cuestionadas o afecten a otros, pero lo que sí podemos evitar es cuestionarlas nosotros. No vivir en consonancia con lo que se siente y quiere, a la larga acaba llevando a tomar peores decisiones.

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Todos tenemos una esencia, unas ilusiones y unas emociones únicas, evitarlas o no tenerlas en cuenta en nuestros procesos de toma de decisiones puede conllevar un malestar que difícilmente podremos soportar durante mucho tiempo.

Judit Olalde

Psicóloga- Coach deportivo

Después, más tarde…

Estoy seguro, completamente seguro, sin ningún ápice de duda por mi parte. Todo ser humano con un mínimo de edad y comprensión del lenguaje ha escuchado en alguna ocasión a alguien decir que ya hará algo después, más tarde o mañana. Es más. Aunque admito que puede existir alguien (persona que ya tiene mi más absoluta admiración), un elevadísimo porcentaje de nosotros hemos pronunciado estas palabras. No es una acusación. Aunque hay diferencias. Una cosa es decirlo en algún momento o contexto concreto y otra cosa es tenerlo como estilo de vida.descarga10

Personalmente he tenido momentos de todo. Etapas de mi vida que llevado por la forma habitual de proceder de mi entorno, básicamente algún amigo o en ocasiones mis hermanos con los que convivía, eran habituales esas palabras en mi vocabulario. Casi todos mis recuerdos de esas situaciones acaban igual: haciendo algo después del primer momento en el que podía hacerlo y generalmente de forma urgente. ¡Qué estresantes eran esos momentos!

Pero hay personas que viven permanentemente así, postergando por la vida se puede decir. Después compraré el pan, mañana llamaré a tal, es que ahora…luego te miro “eso”… Por supuesto que “eso” no se mira nunca. Y luego a buscar excusas ante según qué situación. Pese a todo, siguen actuando igual.

Pienso que cuando una forma de actuar lo que más te genera son excusas a repartir a tus allegados y principalmente a ti mismo es el momento de replanteársela. Por lo menos pensar si esa forma es la que de verdad deseas que sea la base de tu vida. Alguno puede pensar que con esto de la base de tu vida…exagero un poco. Pero si lo analizáis bien, esta es la primera forma en la que te relacionas con todo lo que pasa, con todo lo que vives. Reaccionas, de forma instintiva si quieres (aquí tienes una excusa que no comparto para nada), pero es el primer paso que das ante lo que vives, piensas e incluso lo que sientes.

Prefiero actuar a reaccionar. Tomar la iniciativa o estar plenamente inmerso en lo que me está pasando en ese momento. ¡Buufff! Pensará algún postergador… ¡Qué estrés! ¡ !Qué cansancio! Pues no. Eso sí, tienes una intensidad en la vida que transmites constantemente en tu forma de actuar. Son (me gustaría poner somos pero aún no toca) esas personas que te transmiten energía, alegría, ilusión,… y un sinfín de emociones y sensaciones que por sí solas te llenan. Con las que quedas un rato y ese rato se convierte en toda la tarde. Conectas.

Vosotros, ¿qué clase de personas sois? ¿Postergáis o actuáis? ¿Y qué clase de persona deseáis ser?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5