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Cultura e incultura deportiva

Con los años, y siempre que quieras, puedes aprender muchas cosas. Si eres una persona crítica y constructiva y analizas sin machacarte las experiencias vividas, puedes sacarles un jugo que te aporte muchos aprendizajes, al margen de que la experiencia sea positiva o negativa. Además la experiencia te permite que desde una actitud de primero comprender lo que pasa, poder aportar diferentes enfoques de cara a que la situación sea más enriquecedora o generar posibles cambios.

Por lo que veo en general en los deportes y lo que me comunican muchos conocidos, amigos o personas con las que me relaciono a nivel profesional gracias al coaching y mentoring deportivo y educativo, algo que se hace notar en el deporte de formación es un descenso en el nivel de cultura deportiva de la sociedad y en especial de las familias y los hábitos deportivos.

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El deporte y la actividad física se basan en unos valores que les dan sentido y les otorgan la importancia que tienen a nivel formativo humano. Podemos discutir sobre cuáles son estos valores ya que hay personas que los amplían en exceso y otros que los reducen al mínimo. Da igual el caso, algunos valores son claramente visibles en los deportes al margen de la edad.

Uno de estos valores es el compromiso. Sea una actividad individual o de equipo, el compromiso con tu aprendizaje y con el del resto de tus compañeros es algo inseparable de la práctica deportiva. Muchas veces cumplir con el compromiso que adquieres al realizar una actividad deportiva requiere también de una priorización ante otras y de una adecuada planificación temporal con el resto de actividades que realizamos las personas. En ningún momento digo que unas sean más importantes que otras, es algo a valorar.

Otro valor importantísimo es el respeto. Hablo tanto del respeto por uno mismo, como por el resto de compañeros o los rivales si estos existen. Este valor o la falta del mismo se puede mostrar de muy diversas formas, desde la impuntualidad (también puede considerarse desde el compromiso) o el menospreciar a un compañero con menos nivel hasta no aceptar que otro compañero o rival es mejor que uno mismo o que mi hijo/a y realizar acciones que así lo demuestren (hay tanto ejemplos de este tipo que prefiero no poner ninguno).

El tercero que quiero destacar es el valor de la superación. Cuando aprendes, es habitual que llegue un momento en el que el siguiente aprendizaje sea difícil. Incluso se puede entrar en una crisis individual o de equipo. Muchas veces se olvida que las crisis son las antesalas de los futuros aprendizajes o éxitos y se tiende a buscar culpables huyendo de la responsabilidad, el esfuerzo,… creando una sobreprotección que limita el desarrollo.

Cada vez es más habitual ver más familias que no respetan estos valores por falta de una mínima cultura deportiva. Existen muchas formas de hacerlo: asistir a entrenamientos o partidos sólo si no coinciden con otras actividades sin tener en cuenta lo que eso puede afectar a un equipo, no mirar un calendario de competición y sorprenderse por competir en según qué fechas que puede que no cuadren con el calendario escolar, celebrar goles o canastas en los entrenamientos sin tener en cuenta lo que eso puede suponer o si ese era el objetivo del ejercicio, etc. Muchas veces se puede resumir todo esto en que algunas familias utilizan el deporte como un guarda niños/as y el resto no lo valoran.

En los últimos años estas actitudes de incultura deportiva se han extendido y es necesario que se vuelvan a recuperar. Cierto es que es necesario que se recuperen aspectos culturales generales para toda la sociedad. La cultura deportiva aporta a las personas unos beneficios en cuanto a salud y relaciones sociales que ayudan a generar o regenerar otros valores culturales de mayor riqueza y fácil transferencia a otros ámbitos de la vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Para qué uso la pizarra en minibasket?

Recuerdo cuando empecé a entrenar y a ver multitud de partidos de diversas categorías para aprender y ser consciente de todo lo que me faltaba por aprender. Hoy día sigo haciéndolo y sigo siendo consciente de lo que me falta por mejorar. En todos estos años he visto muchos cambios a nivel de juego y dirección de partidos. Uno de los que más he apreciado ha sido la presencia cada vez en partidos con jugadores y jugadoras más pequeños de entrenadores armados con sus pizarras tácticas.

Una de las imágenes más curiosas se producen al solicitar un tiempo muerto en categorías minis (10-12 años) y preminis (8-10 años). El entrenador o la entrenadora cogiendo su pizarra y mirando a los jugadores como se acercan al banquillo, destapando el rotulador, preparando el discurso solucionador de problemas, si le hacen caso por supuesto. A partir de aquí existen diferentes estilos, pero abundan los que utilizan la pizarra para corregir aspectos de juego colectivos y como quiere que se juegue acto seguido. ¿De verdad es esto necesario y bueno para la evolución de los jugadores?

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Estoy a favor de un uso pedagógico de la pizarra. Comparto que a los jugadores de segundo año de mini se les puede dar a conocer una herramienta más que debe estar a su servicio para ayudarles. Pero seguramente se debería utilizar más en entrenamientos apoyando la explicación de algún ejercicio y de esta forma dar pie a que se fueran familiarizando con ella. Su uso en partidos debería ser para ayudar a explicar y reconocer situaciones que los hagan crecer individualmente y siempre de forma muy ocasional.

No estoy para nada a favor de uso para cuestiones colectivas en estas edades. Puede ser que hacia final de la temporada de mini de segundo año…en una situación puntual… para aportar y no para recriminar o corregir… Pero admito que me cuesta verlo.

Lo que sí que veo es a entrenadores que las utilizan para cohibir a sus jugadores y forzar el crecimiento del juego colectivo sin tener en cuenta si su equipo está preparado para ello. Vamos, entrenadores con ansias de demostrar que son futuros entrenadores profesionales y que sus jugadores y la progresión de estos está al servicio de su currículum como entrenador y ya.

Además, considero que este uso de la pizarra en niños y niñas tan pequeños puede convertirse en un obstáculo comunicativo que no ayudará a la conexión necesaria para el desarrollo de todos. La pizarra es fría y si la usas como medio principal de comunicación con tus jugadores, la comunicación también lo será.

Invito a los entrenadores de minibasket que la utilizan a que reflexionen sobre ello y que piensen alternativas comunicativas para transmitir lo que consideran que deben comunicar a sus equipos. Estas alternativas existen y estoy seguro que ayudan mucho más a que los jugadores y protagonistas del juego, cada día lo amen más y deseen aún con más ganas que llegue el próximo entrenamiento, el próximo partido.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Míster ¿cuándo entrenaremos nuestra mente?

Todo entrenador distribuye el tiempo de entrenamiento del que dispone para trabajar todos los aspectos que lo engloban. Pensamos en el tiempo destinado al trabajo físico, al trabajo técnico, al trabajo táctico y también al trabajo mental. Pero realmente ¿cuándo trabajamos este último?

El que más o el que menos sabe de la importancia de la mente en el momento de aprender y mejorar en los entrenamientos y también en los momentos competitivos. Eso quiere decir que la mente también debe entrenarse. ¿Pero lo hacemos? Y lo que es más, ¿tenemos claro cómo lo hacemos?

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Vaya por delante que no pretendo proporcionar una fórmula mágica para hacerlo. Existen pautas, necesidades básicas, aspectos clave,… que todo el mundo debería trabajar o preocuparse de ellas para que el jugador pueda desarrollarse al máximo, competir, rendir… Y existen diversas formas de aplicarlas, transmitirlas y ponerlas en práctica. No hay una única manera.

Pretendo hacer reflexionar. Una de las quejas más recurrentes de los entrenadores a prácticamente cualquier edad es que los jugadores y jugadoras no han estado concentrados, activos mentalmente, lentos en reacciones, distraídos…en definitiva el nivel de la mental del jugador no ha estado a un nivel óptimo.

¿Cuánto tiempo trabajamos estos aspectos? Para los aspectos tácticos, técnicos y físicos les otorgamos un volumen de tiempo de forma metódica (depende del entrenador). ¿Y a los aspectos de la psique? Algunos de ellos se integran en los otros aspectos por supuesto, pero ¿los tenemos en cuenta en los ejercicios o sólo nos acordamos de ellos al notar su ausencia?

Pensando en la competición y si cogemos como ejemplo a un deporte como el baloncesto, ¿cuánto tiempo real debe estar activo físicamente un jugador? ¿Y activo mentalmente? Esté jugando o en el banquillo, ¿la mente descansa? Las particularidades de los deportes pueden hacer variar las conclusiones pero me atrevería a decir que no existe el deporte en el que no se necesite más tiempo de actividad mental que del resto de apartados que conformen el deporte.

Son preguntas básicas, y faltarían algunas más pero no quiero extenderme. Lo importante es tenerlas presentes y darles respuesta en función de las necesidades individuales y/o colectivas. Para ver esas necesidades es preciso estar pendiente de percibirlas y de esta forma poder atender esas demandas para incrementar la mejora y para prevenir una caída de ella. No es fácil, pero es esencial.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5