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Rígido y convencional o flexible y original

Desde siempre me ha gustado leer libros. Supongo que como todos, he tenido momentos de prodigarme más en esta actividad y otros en los que casi no he leído ninguno. En los últimos tiempos me gusta leer cada vez más, casi diría que me apasiona.

Hace un tiempo leí un libro referencia para muchos. Se trata de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi. Cuando lo leí me llamaron la atención diferentes puntos que en él se trataban, algunos los he aplicado a mi vida y otros, sin ser consciente de ello, ya formaban parte de ella. Hubo uno en concreto, que además de intentar aplicarlo en las distintas facetas de mi vida, he mirado de ir observando en las diferentes situaciones que vivo o me transmiten y poder así construir unas conclusiones más ricas. Se trata de la diferencia entre los conceptos convencional y original.

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El ejemplo que pone el libro para explicar esta diferencia es el siguiente que cito textualmente: “Mientras que un artista convencional pinta el lienzo sabiendo lo que quiere pintar y mantiene la intención original hasta que el trabaja está terminado, un artista original con igual entrenamiento técnico comienza teniendo en mente una meta indefinida, pero hondamente sentida, modifica el cuadro según los colores y las formas que emergen sobre el lienzo y acaba con un trabajo terminado que probablemente no se parecerá en nada a como empezó. Si el artista responde a sus sentimientos interiores, sabe lo que le gusta y lo que no le gusta, y presta atención a lo que sucede sobre el lienzo, seguramente hará un buen cuadro. Por otra parte, si mantiene su idea preconcebida de cómo debería ser la pintura, sin responder a las posibilidades sugeridas por las formas que se desarrollan ante él, la pintura probablemente sea mediocre”

¿Cuántas veces empezamos algo con un objetivo tan definido hasta el extremo que nos impide ver situaciones o aspectos que nos encontramos por el camino y que nos permitirían incluso obtener un resultado final mucho más rico o satisfactorio? La respuesta que yo he observado a esta pregunta es que esto nos pasa en demasiadas ocasiones. Definir un objetivo lo mejor posible nos ayuda mucho a hacerlo realidad. La ecología del mismo y poderlo dividir en pequeños objetivos o metas durante la consecución del mismo también. Pero no debemos olvidarnos de la flexibilidad para enriquecerlo.

Entrenadores que plantean un partido de una forma para ganar y no ven o saben ver opciones que surgen durante el partido para poder lograr el objetivo de otra forma, puede que más fácil. O que tienen las rotaciones de cambios predefinidas (al margen de que sean por aspectos conductuales) y  no las cambian pase lo que pase. Deportistas incapaces de ver diversos caminos en su mejora que les harían dar el salto que desean y que únicamente trabajan alguno muy específico o demasiado general, logrando o no lo deseado pero no a un nivel superior o que de verdad les haga marcar la diferencia en su deporte. Maestros o profesores que se preparan una clase y la dan pase lo que pase, siendo incapaces de aprovechar una oportunidad de enriquecer la experiencia de aprendizaje de los alumnos por algo que surge en el momento y que puede que se desvíe un poco del objetivo de la sesión o suponga destinarle más tiempo, pero que podría enriquecerlo a un nivel mucho más significativo para todo el grupo, profesor incluido. Personas que se plantean el día de una determinada forma para poder hacer multitud de actividades y que cuando piensan en ello por la noche, empiezan a ver alternativas que podían haber realizado y les hubiesen facilitado mucho todo el día.

ser_original¿Y todo esto por qué? Simplemente por ser poco flexible y limitar algo imprescindible para lograr cualquier cosa como es dirigir nuestro foco de atención. Nos centramos en exceso en algo muy concreto y esto nos impide ver algunas cosas con la suficiente perspectiva para poder enriquecer lo que hacemos. En otras ocasiones hemos creado un plan tan específico y que nos ha costado tanto que entendemos que todo lo que no está en él, es una amenaza. Más que un plan de acción, creamos un búnker que nos aísla de todo el mundo exterior ya que es una distracción.

De esta forma nuestras actividades, nuestros resultados no tienen ese plus que podían tener si al marcarme mi objetivo final y mis objetivos intermedios analizara de forma constante todo lo que está pasando y que seguramente escapa de mi control. Detectaría situaciones que me enriquecerían y que me acercarían a poder construir y generar de forma original, marcando la diferencia. La flexibilidad me ayuda a crear de forma más personal e implicada conmigo mismo consiguiendo así ser original para mi propia vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Generar adicción: dependencia emocional en el deporte de formación

Empiezan las temporadas, la competición oficial, y sea el deporte que sea empiezas a observar acciones, puede que simples detalles. Jugador/a que tenía unas acciones o gestos plenamente adquiridos y que de repente no los realiza en el momento adecuado o parece que ya no los recuerde. Equipos que tenían una identidad, reflejo de la suma de las características individuales más otros aspectos, que no parecen para nada un equipo. En ambos casos el rendimiento esperado no es el observado. ¿Qué ha cambiado?

Si hablamos de formación, puede que un aspecto que haya cambiado sea el paso de una categoría a otra. Puede tratarse, simplemente, del proceso de adaptación habitual a un cambio. En etapas adultas los cambios en la situación personal o profesional que se hayan producido pueden ser las claves a analizar para la recuperación, mejora y superación de este momento de bajo rendimiento.

Otra fuente a estudiar son los cambios de entrenador. La relación entre un entrenador y su jugador o sus jugadores marcará su rendimiento. A inicios de temporada en el momento de poner las bases de estas relaciones individuales y colectivas que son los cimientos de la construcción de equipos.image_gallery

En etapas de formación el entrenador es el adulto, o eso se supone, y el encargado directo de gestionar este proceso. Por más que los directores deportivos puedan estar muy al día de cada jugador y/o equipo, es prácticamente imposible que puedan controlar todo lo relacionado con las relaciones personales dentro de un equipo. Es aquí donde el entrenador muestra muchas más cosas de las que muchos se piensan y no hablo de temas relacionados con el deporte en cuestión. También es aquí donde surgen una clase de entrenadores nocivos para el deporte de formación (me atrevería a decir para el deporte en general). Son los entrenadores adictivos o que crean adicción.

La mayoría de estos entrenadores no son conscientes de que crean esta clase repercusión en sus pupilos. Existen diferentes clases y formas de actuar. La que más veces me he encontrado es la de entrenadores que van de un extremo a otro, sin término medio en nada. En nada me refiero incluso a aspectos personales o familiares (aquí las familias también tienen su responsabilidad como siempre que hablamos de formación). A esta forma de actuar, se le une el hecho de ser una referente idolatrado por el jugador (incluso por la familia). De esta forma se otorga naturalidad a estos comportamientos extremos.

Entrenadores con un desproporcionado nivel de exigencia por un lado, mostrado en público con explosiones de gritos y gestos espectaculares que incluso son capaces de llevar errores de aprendizaje en pista a la vertiente personal: “me estás fallando”… Generando así un complejo de culpa no formativo. Eso sí, después los invitan a algo, los llevan a algún sitio, organizan algún acto colectivo con las familias,…que acaba grabando en la mente de los jugadores un “me ha perdonado”, “cómo le he podido fallar…”, “todo lo hace por mi bien”, etc. De esta forma consiguen un grado de adicción extrema, los exprimen a nivel de rendimiento, generando una falsa sensación de evolución como deportista y obteniendo unos resultados que a nivel externo, por desgracia, les ayuda a hacer crecer su aura de “grandes entrenadores”.009_l002_lamas

Cuando el deportista pasa a otro entrenador/a, el cambio es enorme. Incluso con otro entrenador adictivo los resultados no son iguales. Los jugadores y equipos que provienen de un entrenador así necesitan mucho más tiempo para poder adaptarse al cambio de entrenador, si consiguen hacerlo. También es habitual que en esos momentos el deportista empiece a notar esa sensación tan común y tan nociva en el deporte de formación, estar quemado. Normalmente se atribuye al entrenador de ese momento, cuando el problema se ha generado anteriormente.

Las emociones y los sentimientos son aspectos básicos para el aprendizaje de todo. Van ligados a algo indispensable que es disfrutar de aprender y de equivocarte. Cuando el error te somete una presión extra y sentimiento de culpa, la señal de alarma debe encenderse rápidamente.

El deporte formativo también debe asegurarse de que no se generen estas dependencias emocionales nocivas para la evolución personal y deportiva de la persona. El objetivo fundamental del deporte de base es generar personas deportistas que disfruten practicando deporte no generar profesionales de ese deporte.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5