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Juego menos minutos de los que me merezco

El reparto de los minutos de juego de los jugadores de un equipo es algo que siempre crea polémica. Personalmente, no conozco el deporte de equipo, o por lo menos ahora no caigo en ninguno, en el que no pase. Y cada día más.

A lo largo de la temporada, es habitual que algún jugador considere que se está siendo injusto con su participación. Sí, no me he equivocado. He dicho injusto. La justicia, entendida de muy diversas formas, es una palabra que suele salir en estas conversaciones.

Otro aspecto que me gustaría dejar claro es que a veces puede ser verdad. Es posible que algún jugador o jugadora pueda estar jugando menos de lo que su nivel de juego merece o incluso cumpliendo con lo que se le exige. Puede ser, es una posibilidad.

El problema es cómo se afronta esta situación. Cada uno lo ve desde su perspectiva. El entrenador de una y, por lo general en estos casos, el jugador de otra bastante distinta. Sin una comprensión del punto de vista y, sobre todo, de cómo está viviendo la situación ambas partes, el entendimiento es imposible.

Hablo de entender la situación y mirar de encontrar puntos en común. El jugador quiere jugar más. Personalmente no quiero en un equipo a nadie que no lo quiera hacer (siempre consciente de sus posibilidades actuales). El entrenador quiere que todos sus jugadores puedan aportar lo máximo posible por el bien del equipo. Se trata de gestión de personas, de equipo, para lograr un objetivo común cumpliendo también con los individuales de cada componente del grupo.

Esta parte la entiendo, la respeto. Hay otra que no me gusta y que cada vez conlleva más problemas en el deporte formativo. Aquí entran en juego las familias y esto complica la situación.

Se pueden producir en todas las edades pero suele haber un momento en las que estas se disparan. Es la temporada en la que, por edad o nivel competitivo, el reglamento varia y ya no existe una obligatoriedad en el tiempo mínimo y máximo de juego. Aunque un jugador que antes estuviera obligado a jugar 10 o 15 minutos, juegue la misma cantidad, el hecho de hacerlo con otra distribución, ya genera un problema. Podríamos hablar de crispación familiar incluso.

La solución a esto es más complicada y viene acompañada de diferentes puntos sobre los que todos debemos reflexionar cuando esto pasa. Algunos de estos puntos son el papel de las familias en el deporte, cómo transmitimos los valores deportivos dentro del club, la relación de los equipos y clubes con el entorno familiar y muchos otros que por sí solos ya dan para una gran cantidad de artículos.

Lo importante es el jugador y la jugadora. Conocer cómo vive la situación, a qué lo atribuye, buscar puntos de conexión y soluciones reales y aplicables. Claro, todo esto se puede hacer si existe una relación de confianza entre ambas partes y si el jugador cree que de verdad el entrenador quiere contar con él. De lo contrario el conflicto no servirá para crecer e irá a peor.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El líder se siente amenazado

Es algo habitual y que se puede observar en muchas ocasiones. El terreno deportivo es un buen ejemplo de esto, aunque extrapolable a todos los sectores. Un club ficha a un o unos entrenadores y a la temporada siguiente ya no siguen. Motivos pueden haber muchos pero en más de un caso, al investigar, descubres que el líder del club se ha sentido amenazado y ha reaccionado.

¿Pero está actuando como líder?

No. Ha percibido lo que ha interpretado como una amenaza, un peligro, y ha tomado una decisión.

¿El peligro es real?

Para el líder sí que lo es y eso es lo que cuenta, sobre todo si, como pasa en muchos casos, tiene el poder de decisión único o prácticamente único.

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¿El peligro es para él o para el proyecto/empresa/negocio/etc?

Para él en la gran mayoría de ocasiones aunque en su percepción e interpretación suele existir un razonamiento de “defensa a…” o “es lo mejor para…” que le ayuda a convencerse de la decisión.

Entonces, se puede decir que actúa contra lo que él defiende. ¿De qué clase de amenaza se trata?

Una amenaza a su posición de líder. Pueden ser de diferente tipo pero en muchas ocasiones se mezclan inseguridades personales de diversa índole con otras de carácter profesional  como una falta de habilidades directivas, de gestión, de comunicación,…en general, falta de capacidad de liderazgo.

¿Entonces como puede actuar en esos momentos?

Lo mejor es actuar antes de que se puedan percibir esas situaciones. Es decir, que el líder, como tal sea un ejemplo en el desarrollo personal y profesional que le permitan ampliar su mapa perceptivo. Una vez ya percibidas las amenazas, existen diferentes alternativas y habría que ver qué objetivos persigue realmente ya que eso determina su estrategia de actuación.

Para el buen líder, por lo general, no existen las amenazas a su posición. Esto ya elimina gran parte de la carga emocional que en estos casos influye en la toma de decisiones. En las amenazas al proyecto, equipo, empresa… su decisión se rige por una serie de valores, normas, directrices, etc. conocidas por los afectados. Esto hace que sus decisiones tengan el peso positivo del liderazgo (credibilidad y confianza por ejemplo).

El buen líder no se siente amenazado.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Jugar con una tranquilidad rápida

Todos los entrenadores tenemos nuestro estilo de juego predilecto. Ese que haríamos si dispusiéramos de los jugadores o jugadoras acordes. Es más, existen muchos entrenadores que sólo tienen ese estilo y tratan de hacerlo realidad siempre. Esto no es ni bueno ni malo, pero este tema lo dejaremos para otra ocasión. La cuestión es que a muchos nos gusta que nuestros equipos, siempre de una forma adaptada al nivel, edad, competición,… jueguen de una forma alegre. Esto tiene sus pros y sus contras, claro está.

Ese juego alegre, rápido, intenso tanto en ataque como en defensa obliga por lo general a pensar a alta velocidad afectando esto a la toma de decisiones durante las acciones del partido. Fácilmente se llega a la precipitación en diversas acciones, ya sea por la velocidad de ejecución o por el cansancio acumulado por la intensidad del juego y la “falta de aire” que muchas veces se dice para pensar con clarividencia, dando la imagen de un juego nervioso o convirtiéndose en eso.

He hablado muchas veces de este tema con diversos amigos. Cada uno desde su punto de vista y su forma de procurar llevarlo a cabo, argumenta sus matices personales. Pero existen conexiones comunes para lo que es jugar rápido pero tranquilo o con una tranquilidad rápida. Seguramente no es la mejor forma de decirlo a nivel lingüístico pero pienso que así es fácil de entender. Una tranquilidad llena de energía por cierto.

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Para lograr jugar así o por lo menos tener alguna opción de conseguirlo es necesario que los jugadores no tengan ningún miedo al error. Se van a cometer equivocaciones seguro, se perderá alguna pelota y se concederá alguna canasta fácil. Esta forma de jugar tiene su riesgo y se debe asumir y analizar desde el origen del error no lo que este produce. Ya sea por una mala ejecución técnica o por una toma de decisiones no adecuada.

Este aspecto es muy importante. Jugar así implica que todos los actores en escena tomen decisiones de forma prácticamente constante, principalmente los protagonistas de las escenas: los jugadores. Este aspecto tiene que estar entrenado a conciencia ya que también afecta a la gestión emocional del propio jugador y del equipo, tanto para bien como para mal. Es decir, una serie de decisiones erróneas perturbará la confianza del equipo en su juego y también al revés. Decisiones consecutivas positivas pueden alterar el grado de activación óptimo de los jugadores cayendo en la precipitación. El control adecuado de todo ese despliegue de energía es necesario para jugar así.

La gestión de todo esto por parte del entrenador es clave. Además, saber transmitir esta idea de velocidad desde la tranquilidad para poder pensar y ejecutar de forma congruente y ayudando a generar la activación física y mental adecuada no es fácil. El estilo de dirección de equipo, de entrenamiento y de partido debe estar en consonancia para poder crear la base de confianza necesaria en el grupo.

Estos apuntes son extrapolables a la gran mayoría de estilos de juego. El caso es que es muy fácil observar a un entrenador o entrenadora con su equipo dirigiéndolo en un entrenamiento y/o partido mirando de jugar rápido pero alterándose al mínimo error en la toma de decisiones del jugador. O jugadores tomando decisiones rápidas y acertadas pero mal ejecutadas a nivel técnico produciendo esto que tomen decisiones erróneas en las siguientes acciones. Es el pan de cada entrenamiento o partido. Esto lo he observado mucho más en los entrenadores que tratan de jugar así que no en los que buscan un control férreo sobre todo lo que pasa en la pista y tienen un estilo de juego de menos posesiones.

Personalmente disfruto con los equipos que me transmiten esa tranquilidad rápida, a alta velocidad de ejecución en todos los sentidos. Opino que se trata de un estilo de juego en el que los jugadores y jugadoras pueden crecer y desarrollarse plenamente y transferir esos aprendizajes a otros ámbitos. Esos equipos y jugadores que te transmiten energía desde la inteligencia e intensidad en el juego son una delicia de ver o entrenar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Fomentar la entrenabilidad

Una de las características que cada vez se tienen más en cuenta en la selección de personal, supongo que esto está influido por el auge del coaching, es lo que se ha denominado como ser entrenable. Es algo que puede que en empresa no se tuviera muy presente o por lo menos con ese nombre, pero para los que estamos en el mundo del deporte la entrenabilidad es una característica indispensable.

Que un jugador sea entrenable tiene diferentes matices y muchos de ellos están directamente relacionados con los valores personales de cada persona. Muchas veces se iguala la entrenabilidad con la capacidad de aprender, que es un aspecto indispensable. Pero esto se deja ahí, a ese nivel, sin bajarlo al nivel diario, a las actitudes y comportamientos habituales de la persona. Lo dejamos en la teoría, capacidad de aprender cómo si fuera un aspecto académico tradicional, pero no lo atendemos en la práctica, en esas acciones que vemos un día de entrenamiento o partido. Esos hábitos que nos muestran valores individuales que tienen incidencia sobre el aprendizaje.

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Aspectos a tener en cuenta pueden ser muchos y cada uno lo puede enfocar desde numerosos puntos de vista. Yo los voy a ligar a tres valores indispensables que considero que todo jugador que de verdad quiere llegar a aprender lo máximo posible en el deporte que practica debe tener y practicar de forma constante. Estos no son otros que compromiso, respeto y humildad. Habrá comportamientos que se mezclen entre los tres y, por supuesto, hay muchos más que se verán reflejados, pero estos probablemente son de los tres que más se nombran al tratar este tema.

Trabajando correctamente estos tres valores se puede influir sobre actitudes básicas como puede ser la puntualidad, escuchar con atención, la comunicación con el entrenador/a  o con los compañeros/as si se trata de un deporte de equipo, la honestidad con uno mismo y su entorno, la generosidad, la constancia, la flexibilidad, la iniciativa, el autocontrol, la paciencia, el optimismo, la creatividad, la empatía o el liderazgo.

Todos ellos aspectos importantísimos que podrían, y muchas veces deben, tratarse por sí solos en más de un caso. Pienso que una posible forma de actuar para mejorar esta indispensable capacidad y que los jugadores, principalmente los que están en edades de formación (aunque con este enfoque, esta nunca acaba), puedan ser cada vez más entrenables y desarrollarse individualmente formando su personalidad propia y única es esta. Crear la base de una pirámide (como la de John Wooden pero aplicada a este aspecto) con el compromiso, el respeto y la humildad, juntamente con otros dos valores básicos como son la curiosidad y la confianza. Una muy buena y sólida base sobre la que edificar, todo unido con la inteligencia emocional.

Estos valores que he mencionado están presentes en lo que se conoce como los valores del deporte. En esta ocasión, enfocados a algo concreto y siempre viendo cómo se pueden transmitir de la mejor forma posible, adaptada a cada deporte y a cada jugador, para que por lo menos reflexione sobre si los adopta o no, pero que los conozca, reconozca y valore.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

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El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Del deporte y la escuela a la vida

Desde de los principios de la historia el ser humano ha ido realizando actividades que al margen de sus objetivos principales, contenían otro objetivo que era ocuparles su tiempo. Con el tiempo, y cuando las necesidades básicas se iban cubriendo de una forma más rápida gracias a los diferentes avances, nació la que con el tiempo se ha transformado en una de las actividades humanas por excelencia: el deporte. Ya sea practicándolo, observándolo, informándote, etc. ¿alguien es capaz de imaginarse una sociedad sin deporte?

Lo que nació como un pasatiempo, un juego para entretener, se ha convertido en indispensable para el ser humano. Este aspecto genera una responsabilidad. El deporte debe hacerse responsable de sus aportaciones sociales. La forma en que se enseña el deporte es la base para que estas contribuciones sean enriquecedoras para la sociedad. La educación física escolar y las iniciaciones deportivas propias de cada deporte marcan en muchos casos las aportaciones deportivo- sociales de cada persona. Además de la propia educación deportiva de base, cuyos valores son básicos para el crecimiento personal aunque es cierto que se pueden ver pervertidos por el camino, existen muchos aspectos propios de la práctica deportiva que se transfieren a otras áreas de la vida.

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Practicar un deporte nos obliga a distribuir nuestra energía para realizar las acciones necesarias. Corro, salto, observo, analizo, decido, esquivo, flexiono y una larga lista de acciones de las cuáles puedo realizar a la vez o de forma encadenada varias de ellas sin prácticamente darme cuenta, repartiendo y redistribuyendo mi energía momentáneamente de la actividad principal del deporte, por ejemplo correr por la montaña como  Kilian Jornet. La relación entre los pensamientos, los sentimientos y las acciones son permanentes en el ser humano pero seguramente son más fáciles de observar, entrenar y mejorar en el deporte, en unos más que en otros.

El dominio de estos tres procesos y la influencia que tienen entre sí para influir unos en otros es algo con lo que cualquier deportista convive a diario. Centrar sus pensamientos en la acción que está realizando, canalizar sus sentimientos y emociones puntuales para aportar mayor fuerza y energía a un movimiento, forzar a los músculos del cuerpo a luchar contra el cansancio que me dice mi mente y conseguir así romper mis supuestos límites.

Estas enseñanzas deportivas son fácilmente transferibles a la vida diaria. El deporte te enseña que para avanzar en el dominio de algo debes estar centrado en su práctica, la concentración totalmente focalizada en el objetivo pese a las influencias que puedan existir y distraerte de tu objetivo. ¿Alguien imagina a Marc Márquez desconcentrado en una carrera? ¿Alguien duda de que esta elevada capacidad de concentración también la tenga en otros aspectos de su vida? Cierto es, que como dice Sir Ken Robinson, estar subido a una moto es su elemento. Pero no dudo de que el tener identificado los momentos en que todo su potencial fluye de forma natural, también le ayuda a concentrarse en otros ámbitos de la vida. No con la misma exigencia pero si con una mayor efectividad que si no tuviera ese hábito desarrollado por su práctica profesional.

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Pienso que ese es otra de las grandes aportaciones que la correcta educación deportiva puede y debe aportar a la vida de las personas, la creación de hábitos saludables de forma natural. En este caso el término saludable no tiene únicamente relación con la salud física. También con la relación adaptativa real a las posibilidades, deseos y realidades de cada persona a partir de sus motivaciones e intereses. Los hábitos de entrenamiento están ligados a toda práctica deportiva, ya sea competitiva o lúdica.

Existen corrientes pedagógicas que ven los hábitos como una imposición social sobre el niño, omiten la opción de que el hábito nazca de un deseo, una necesidad propia del niño o de la niña. La opción de que mejore mi forma de correr para que pueda estar más tiempo corriendo, mejora mi técnica de carrera para que no dañar mis articulaciones, conseguir los beneficios físicos del running sin el hábito de salir a correr de forma regular me parece imposible. Y si corro por estos motivos y no porqué la moda me lo impone, ¿dónde está el problema?

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La clave está en querer hacerlo y a partir de ahí ver cómo lograrlo. Todas las personas que conozco que han practicado un deporte y lo practican pero no les gusta hacerlo, a la mínima opción de dejarlo que han tenido lo han hecho o buscan, incluso desesperadamente, la excusa que les permita hacerlo. Como el resto de cosas de la vida, ya sea un trabajo o los estudios.

Cuando un jugador de baloncesto mejora su concentración para poder mejorar su rendimiento, ese aprendizaje también le ayuda en su vida diaria. En caso de ser un estudiante, si es capaz de ver las características comunes que pueden existir entre la necesidad deportiva y la necesidad académica, también mejorará. La influencia positiva de un aprendizaje se verá ampliada al aplicarla en diferentes ámbitos, mejorando muchos aspectos pero principalmente uno vital para aprender: la autoconfianza.

Tanto en mis labores como entrenador de baloncesto como en las de maestro de primaria, en las clases de lengua o en las de educación física, como en las de coach, mediante la psicología coaching miro de facilitar estos aprendizajes y también la aplicabilidad de estos en distintos hábitos de la vida. Siempre partiendo de los deseos, objetivos, necesidades, intereses de la persona para que esta adquiera una mayor consciencia de sí mismo y de su realidad para aprovecharla, transformarla, enriquecerla y de esta manera tener claro lo que quiere conseguir, como puede hacerlo y adquirir el compromiso consigo mismo para pasar a la acción, obteniendo como resultado mínimo una persona con mayor confianza en sus posibilidades.

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Por desgracia aplicar esto en la escuela no es fácil ya que aunque oficialmente todo el mundo diga que la escuela debe formar personas para el futuro, realmente lo que se quiere es un cierto tipo de persona que cumpla los estándares estipulados. Dejando al margen el desarrollo propio de la persona a nivel de capacidad de concentración, activación o relajación para afrontar las tareas del día a día o su desarrollo emocional y expresarlo sin que eso sea una situación social incómoda por ejemplo.

En la escuela en la que trabajo lo aplico con dos objetivos muy claros: mejorar la expresión oral y la creación de hábitos individuales. El primero nos ha servido para que los alumnos pongan mayor interés en el aprendizaje de vocabulario propio de sus intereses para poderlos expresar. Además, el hecho de hablar de los propios intereses favorece la fluidez lingüística. El segundo ha logrado aumentar el nivel de conciencia individual y a partir de ahí actuar en consecuencia con las necesidades y deseos que ellos querían, tomando decisiones en los factores que de verdad dependían de ellos mismos, huyendo de las habituales excusas. Este trabajo también ayuda a la mejora de la conexión, comprensión y proximidad entre el alumnado y a una implicación y un clima mucho más favorable para el aprendizaje general en el centro.

Tanto desde del deporte como desde la escuela deben promulgarse estilos pedagógicos que favorezcan el desarrollo pleno de la persona teniendo en cuenta que están ligados entre sí y el feedback continuo que nos aportan los niños y niñas. Y así poderlas adecuar lo más rápidamente posible en su beneficio. Si las formas de aprender se alimentan entre sí les permitirá ampliar mucho más sus aportaciones que si estas se oponen y crean aprendizajes desvinculados unos de otros. No existe la diferencia entre el deporte, la escuela o la “vida real” como en ocasiones se escucha. Todas se relacionan entre sí para el crecimiento de la persona y la sociedad.

Artículo originalmente publicado en el blog Psicología- Coaching & Co

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Debe ser muy aburrido

Aprender, curiosear, investigar, analizar, experimentar, decidir, equivocarme, asumir las consecuencias de lo que hago,…es algo presente en mi día a día. Procuro trabajar mi imaginación para que esta vaya creciendo y desarrollándose todo lo posible. Aún y así, no puedo imaginarme un día sin realizar todas las acciones que antes he escrito y algunas otras que no he puesto para no alargar la lista.

Existen personas que transmiten que todas estas acciones que enriquecen la vida de la mayoría, las tienen superadas y no le son necesarias para nada. Nacieron sabiendo o eso es lo que parece. Son esas clásicas personas que cuando alguien nuevo llega a su entorno, principalmente el entorno profesional/laboral, y se trata de una persona con poca o nula experiencia, lo primero que hacen es recalcar todo lo que esta persona no sabe hacer y el trabajo le exigirá, sus carencias profesionales.Sabelotodo

Aportaciones del tipo ¿Esto no lo has hecho nunca?, ¿No sabes cómo funciona este …?, ¿Nunca has trabajado en un sitio como este? Y otras por el estilo. Declaraciones que no pretenden ayudar precisamente a la persona recién llegada. No tengo claro que objetivo persiguen expresando estas opiniones. ¿Reafirmarse en su posición? ¿Alertar al nuevo para que valore la dificultad del puesto? Si que tengo claro que no se trata de una posición empática con el nuevo o la nueva y que claramente olvidan que ellos se encontraron en la misma situación. En algún momento, también fueron los nuevos, los recién llegados.

¿Qué puede pasar si, en estas situaciones, la persona acabada de llegar no tiene un buen nivel de autoestima y autoconfianza en sus capacidades y posibilidades de adaptación? Nada bueno. Lo que esta persona recibe no es una agradable bienvenida y esto se suma a las posibles dudas, presión sobre uno mismo para demostrar su valía profesional,…que toda nuevo en un sitio tiene.

Existen conceptos que no se pueden mezclar. No haber hecho una cosa nunca no quiere decir que no seas capaz de hacerlo bien hecho. Esta idea sobrevuela sobre la cabeza de estas personas que lo saben todo. La capacidad de aprendizaje de una persona no es algo de lo que se pueda dudar sin razones fundadas. Es más, en muchas ocasiones y en según qué situaciones, esta capacidad de aprendizaje es capaz de sorprender hasta a los propios protagonistas.

Cuando se produce un cambio, una nueva situación, todos los implicados deben afrontarla. Cada uno decide la forma. Te puedes oponer al cambio, resistirte, pero en la mayoría de ocasiones si el cambio ya se ha iniciado o producido en su totalidad la opción de volver a la situación anterior no es una posibilidad. Otra opción es percibir el cambio como una nueva oportunidad. Una opción de aprender cosas nuevas, crecer, desarrollarse, descubrir posibles nuevas sinergias. Para esto es necesario disponer de una mente abierta a estas situaciones. Desde este enfoque, lo que ocurra en la nueva realidad se percibirá como una nueva ocasión de mejorar y enriquecerse, no como una amenaza a mi status.

Vivir diariamente sin querer incorporar nuevas experiencias, sin asumir riesgos, percibiendo toda novedad desde un punto de vista negativo, debe ser como mínimo aburrido. Y claro, cuando el nuevo o la nueva, hacen caso omiso de sus negros pronósticos y simplemente acepta la nueva realidad y la aprovecha para aprender, desarrollarse y poner en práctica sus aptitudes e incluso aprender nuevas, genera sorpresa. Incredulidad por asumir de forma natural lo que para otro era imposible por no haberlo realizado antes.mentoring

Existen demasiadas personas que viven y se relacionan desde esta postura, lo saben todo y han olvidado como lo aprendieron ellos. Seguramente si fueran más abiertos al cambio, incluyeran más flexibilidad a sus pensamientos y conductas, confiaran más en la gente, todo sería más enriquecedor. Puede que hasta más divertido.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Y quién no ha tenido un fin de semana de ensueño?

Cuando hablé con Dani y me propuso escribir sobre éste tema, lo primero que me vino a la cabeza fue la final a 4 que tuve la suerte de disputar con la generación del 97 en categoría infantil la temporada 10/11. Obviamente Dani ya sabía lo que se hacía proponiéndome tal artículo.

Os pondré en situación: fin de semana de mayo, concretamente el 28 y 29, final a cuatro del campeonato de Catalunya Infantil. Localidad: Avinyó. Equipos participantes: FC Barcelona, Joventut de Badalona, 100×100 Avinyó y mi equipo CB Sant Josep de Badalona.FINAL A 4 CARTELL

Una final a cuatro es una competición especial y así lo intenté transmitir a mis jugadores la semana previa de entrenamientos. Veníamos de disputar la eliminatoria previa de cuartos de final contra el CB Sant Josep de Girona a doble partido, habiendo ganado los dos partidos con solvencia, sobretodo el segundo partido en nuestra pista con una diferencia de +35 puntos. Aquel partido lo considero el punto de inflexión, no por juego que ya llevábamos jornadas jugando muy bien, si no de confianza. El equipo adquirió la suficiente confianza como para hacer posible, lo imposible.

La semana anterior a la final a cuatro, mi staff consiguió que fuese diferente. Preparamos al equipo, aprovechando la dinámica de confianza, para afrontar el fin de semana en las mejores condiciones. La charla después del entreno del viernes (por cierto un entreno muy malo) fue, y resumiendo: “no tenemos ninguna presión, salimos a jugar, a disfrutar y a competir con el juego que hemos entrenado toda la temporada”.

Sábado 28: Convocamos a todos los jugadores para ver la primera semifinal Penya vs Avinyó. Como os he comentado la fase final se disputó en Avinyó, lo que nos permitió disfrutar de un “viajecito” en coche ameno. En mi coche viajábamos todo mi staff, mis dos ayudantes y la delegada, lo cual nos permitía preparar la previa del partido, escuchar el CD de música especialmente preparado para la final a 4, etc. Una vez en el campo compruebas el ambiente, y corroboras lo que dije al principio: UNA FINAL A 4 ES UNA COMPETICIÓN ESPECIAL. Es tan especial como que en la primera semifinal y contra todo pronóstico, Avinyó ganó a Penya, clasificándose para la final.

En aquel final de partido, mis jugadores estaban estirando en el fondo y les cambió la cara. La lógica les llevaba a pensar que Penya y Barça jugarían la final, Avinyó y nosotros el tercer y cuarto puesto para quien ganase se clasificara para el campeonato de España.

Igual que algún jugador de Barça (que también estaba estirando) celebraba que Penya no pasaba a la final y así tenían el quedar campeón más cerca; contestada dicha situación rápidamente por su entrenadora: “nosotros aún tenemos que jugar”. Pero la cara de mis jugadores era la que era, había que cambiar la sensación de “imposible”. La charla previa del partido en el vestuario y después de recordar lo técnico-táctico, les pregunté: “¿y por qué no?, porque no competir con confianza, disfrutando de nuestro juego, del ambiente. Salimos y hoy es nuestra final”.

Pues eso es lo que hicimos, disfrutamos compitiendo. El partido un sus minutos iniciales con los nervios por denominador común, pero a partir de ahí una gran defensa nuestra y acierto en el tiro exterior nos llevó a una máxima ventaja de +14. En el último periodo y gracias a una buena presión de Barça, recortaban distancias llegando  a ponerse a 2 puntos con tiros libre a favor y 2 segundos para acabar el partido. Aquí es donde muchos equipos  se dan por vencidos y piensan en la expresión “mucho nadar para morir en la orilla”. Aquel equipo es diferente, la cara de los jugadores de pista y banquillo indicaban que estaban preparados para lo que fuese. El jugador de Barça, metió el primer tiro libre y el segundo lo falló, nosotros bloqueamos el rebote a sus jugadores interiores. No cogimos el rebote pero si conseguimos que el jugador de Barça que lo cogió no tuviera un tiro claro y decidiera por hacer un pase hacia fuera y el jugador que recibió realizó un tiro a forzado y falló. ¡¡¡¡Éramos finalistas!!!! Lógicamente todo el banquillo saltó a la pista, mi ayudante saltó encima mio…una locura. El equipo hizo posible, lo imposible.

Domingo 29: La final se preveía difícil, ya que no habíamos ganado al Avinyó en ninguno de los 4 partidos precedentes. Convocados todos los jugadores para ver el tercer y cuarto puesto, que por cierto fue un drama, entre la Penya y el Barça, pero ésta es otra historia.

El calentamiento, gracias a mi staff, muy ameno, para restar tensión minutos antes de la final.

Charla pre-partido con las consignas muy claras: ellos tienen la presión, nosotros a divertirnos compitiendo con nuestro juego, el juego que nos ha llevado hasta la final.

El partido, fruto de la confianza general del equipo, fue con una dinámica tan favorable que en ningún momento vi el partido peligrar. Con cortas ventajas pero siempre a favor nuestro. Atacando contra individual o contra zona. Con toda la rotación disponible. Al final 73-63, y campeones de Catalunya. Una experiencia inolvidable, y como siempre digo, no solo por el resultado, sino también por el juego realizado.CAMPIONS

 Nunca olvidaré las caras de alegría de mis jugadores, de mi staff, de los padres, de los otros miembros del club (presidente, entrenadores, etc). Todo en ese fin de semana salió redondo, de ensueño.

Sergio Morales

Entrenador de baloncesto