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Cada día 15 minutos y un descubrimiento

Seguramente una gran mayoría de las personas tiene más de un momento a lo largo del año en los que se siente agobiado. Esos momentos en los que todo pesa, te subes por las paredes, casi cualquier cosa te produce una reacción que no puedes o no quieres controlar (con todo lo que esto puede llegar a provocar).

Cuando ya te encuentras en estos momentos, puedes hacer diferentes cosas para disminuir esta tensión acumulada, que sigues acumulando y que finalmente te hace explotar. Personalmente prefiero la vía preventiva y de esta forma no tener que llegar a explotar pero principalmente para no tener que recoger todos los restos provocados por la explosión.

De vías preventivas también hay muchas. Es importante dedicar un tiempo, el que sea necesario, para que cada uno encuentre la  que le funcione. Pueden existir más de una. Incluso estas vías pueden tener características diferentes entre sí, pero por lo general cumplirán con una que es esencial: ayudarte a vivir en el momento presente. A partir de ahí, que lo disfrutes o no, es decisión tuya.

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Te ofrecezco dos vías que personalmente hago y que me ayudan a valorar y disfrutar del momento presente, así como a liberar la tensión que las actividades diarias me pueden generar. Estas son dos que ahora me funcionan, puede que dentro de un tiempo no lo hagan. Pero ahora mismo me encajan perfectamente con mi situación actual.

La primera es una variante del clásico “reserva un tiempo para ti cada día”. En este caso yo me reservo 15 minutos cada día. En estos 15 minutos no hago una única cosa y tampoco tengo ubicado este espacio de tiempo en un momento concreto del día. La flexibilidad es importante. No obstante, es cierto que escojo un momento en el que pueda estar centrado en mi y lo aprovecho para enfocarme en las cosas importantes a hacer ese día si es por la mañana, repasar y extraer aprendizajes si es por la noche o centrarme entre una actividad y otra para poderlas hacer al 100% reflexionando, leyendo, escuchando música, viendo un vídeo o conferencia…

La segunda, a veces ligada a la anterior pero otras no, es la de saciar y cultivar a la vez mi curiosidad. Procuro encontrar algo, un pequeño descubrimiento por llamarlo de alguna manera, que me permita otro enfoque, percibir alguna situación de una forma diferente, aprender. En definitiva descubrir algo que me posibilite un nuevo punto de vista y que me active para seguir creciendo o me aporte algo novedoso por lo menos para mí.

Estas dos opciones me permiten no llegar a esos momentos de estrés extremo que te acaban pasando factura a todos los niveles. Busca una, dos o las que quieras que te sirvan y te generen un compromiso contigo mismo para realizarlas solas o combinadas y poder disfrutar de sus beneficios. Del beneficio máximo que es vivir que en definitiva es lo que único que estás obligado a hacer con tú vida, vivirla.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cultura e incultura deportiva

Con los años, y siempre que quieras, puedes aprender muchas cosas. Si eres una persona crítica y constructiva y analizas sin machacarte las experiencias vividas, puedes sacarles un jugo que te aporte muchos aprendizajes, al margen de que la experiencia sea positiva o negativa. Además la experiencia te permite que desde una actitud de primero comprender lo que pasa, poder aportar diferentes enfoques de cara a que la situación sea más enriquecedora o generar posibles cambios.

Por lo que veo en general en los deportes y lo que me comunican muchos conocidos, amigos o personas con las que me relaciono a nivel profesional gracias al coaching y mentoring deportivo y educativo, algo que se hace notar en el deporte de formación es un descenso en el nivel de cultura deportiva de la sociedad y en especial de las familias y los hábitos deportivos.

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El deporte y la actividad física se basan en unos valores que les dan sentido y les otorgan la importancia que tienen a nivel formativo humano. Podemos discutir sobre cuáles son estos valores ya que hay personas que los amplían en exceso y otros que los reducen al mínimo. Da igual el caso, algunos valores son claramente visibles en los deportes al margen de la edad.

Uno de estos valores es el compromiso. Sea una actividad individual o de equipo, el compromiso con tu aprendizaje y con el del resto de tus compañeros es algo inseparable de la práctica deportiva. Muchas veces cumplir con el compromiso que adquieres al realizar una actividad deportiva requiere también de una priorización ante otras y de una adecuada planificación temporal con el resto de actividades que realizamos las personas. En ningún momento digo que unas sean más importantes que otras, es algo a valorar.

Otro valor importantísimo es el respeto. Hablo tanto del respeto por uno mismo, como por el resto de compañeros o los rivales si estos existen. Este valor o la falta del mismo se puede mostrar de muy diversas formas, desde la impuntualidad (también puede considerarse desde el compromiso) o el menospreciar a un compañero con menos nivel hasta no aceptar que otro compañero o rival es mejor que uno mismo o que mi hijo/a y realizar acciones que así lo demuestren (hay tanto ejemplos de este tipo que prefiero no poner ninguno).

El tercero que quiero destacar es el valor de la superación. Cuando aprendes, es habitual que llegue un momento en el que el siguiente aprendizaje sea difícil. Incluso se puede entrar en una crisis individual o de equipo. Muchas veces se olvida que las crisis son las antesalas de los futuros aprendizajes o éxitos y se tiende a buscar culpables huyendo de la responsabilidad, el esfuerzo,… creando una sobreprotección que limita el desarrollo.

Cada vez es más habitual ver más familias que no respetan estos valores por falta de una mínima cultura deportiva. Existen muchas formas de hacerlo: asistir a entrenamientos o partidos sólo si no coinciden con otras actividades sin tener en cuenta lo que eso puede afectar a un equipo, no mirar un calendario de competición y sorprenderse por competir en según qué fechas que puede que no cuadren con el calendario escolar, celebrar goles o canastas en los entrenamientos sin tener en cuenta lo que eso puede suponer o si ese era el objetivo del ejercicio, etc. Muchas veces se puede resumir todo esto en que algunas familias utilizan el deporte como un guarda niños/as y el resto no lo valoran.

En los últimos años estas actitudes de incultura deportiva se han extendido y es necesario que se vuelvan a recuperar. Cierto es que es necesario que se recuperen aspectos culturales generales para toda la sociedad. La cultura deportiva aporta a las personas unos beneficios en cuanto a salud y relaciones sociales que ayudan a generar o regenerar otros valores culturales de mayor riqueza y fácil transferencia a otros ámbitos de la vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Fomentar la entrenabilidad

Una de las características que cada vez se tienen más en cuenta en la selección de personal, supongo que esto está influido por el auge del coaching, es lo que se ha denominado como ser entrenable. Es algo que puede que en empresa no se tuviera muy presente o por lo menos con ese nombre, pero para los que estamos en el mundo del deporte la entrenabilidad es una característica indispensable.

Que un jugador sea entrenable tiene diferentes matices y muchos de ellos están directamente relacionados con los valores personales de cada persona. Muchas veces se iguala la entrenabilidad con la capacidad de aprender, que es un aspecto indispensable. Pero esto se deja ahí, a ese nivel, sin bajarlo al nivel diario, a las actitudes y comportamientos habituales de la persona. Lo dejamos en la teoría, capacidad de aprender cómo si fuera un aspecto académico tradicional, pero no lo atendemos en la práctica, en esas acciones que vemos un día de entrenamiento o partido. Esos hábitos que nos muestran valores individuales que tienen incidencia sobre el aprendizaje.

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Aspectos a tener en cuenta pueden ser muchos y cada uno lo puede enfocar desde numerosos puntos de vista. Yo los voy a ligar a tres valores indispensables que considero que todo jugador que de verdad quiere llegar a aprender lo máximo posible en el deporte que practica debe tener y practicar de forma constante. Estos no son otros que compromiso, respeto y humildad. Habrá comportamientos que se mezclen entre los tres y, por supuesto, hay muchos más que se verán reflejados, pero estos probablemente son de los tres que más se nombran al tratar este tema.

Trabajando correctamente estos tres valores se puede influir sobre actitudes básicas como puede ser la puntualidad, escuchar con atención, la comunicación con el entrenador/a  o con los compañeros/as si se trata de un deporte de equipo, la honestidad con uno mismo y su entorno, la generosidad, la constancia, la flexibilidad, la iniciativa, el autocontrol, la paciencia, el optimismo, la creatividad, la empatía o el liderazgo.

Todos ellos aspectos importantísimos que podrían, y muchas veces deben, tratarse por sí solos en más de un caso. Pienso que una posible forma de actuar para mejorar esta indispensable capacidad y que los jugadores, principalmente los que están en edades de formación (aunque con este enfoque, esta nunca acaba), puedan ser cada vez más entrenables y desarrollarse individualmente formando su personalidad propia y única es esta. Crear la base de una pirámide (como la de John Wooden pero aplicada a este aspecto) con el compromiso, el respeto y la humildad, juntamente con otros dos valores básicos como son la curiosidad y la confianza. Una muy buena y sólida base sobre la que edificar, todo unido con la inteligencia emocional.

Estos valores que he mencionado están presentes en lo que se conoce como los valores del deporte. En esta ocasión, enfocados a algo concreto y siempre viendo cómo se pueden transmitir de la mejor forma posible, adaptada a cada deporte y a cada jugador, para que por lo menos reflexione sobre si los adopta o no, pero que los conozca, reconozca y valore.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Obsesionados por no cometer errores

Os propongo un juego: ir a un entrenamiento de un equipo de baloncesto y dedicaros a observar a los jugadores o jugadoras. Sirve casi cualquier equipo y de cualquier edad, pero si es uno de formación mejor. Simplemente mirar y observar a los jugadores con el objetivo de ver cómo cada uno asume los errores que cometerá a lo largo del entrenamiento.

Cierto es que existen muchas variables, algunas de ellas que condicionan muchísimo,  como pueden ser la actitud del entrenador o entrenadora ante los errores, los ejercicios propuestos y el objetivo de cada uno de ellos, etc. Pero en general en un entrenamiento tipo en el que esos condicionantes estén bajo un determinado control, lo que observaremos es una clara diferencia entre los que asumen el error como algo habitual cuando se entrena y los que lo perciben como una amenaza. Si este juego lo transportamos a un partido de competición aún podremos extraer más conclusiones y puede que de mayor calidad.

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Cada vez más jugadores y jugadoras crecen obsesionados por no cometer errores. Es más, muchos encaran un nuevo aprendizaje con una presión extra que les hace querer desarrollarlo de una forma básica inicial y basta. Puede que con el tiempo acumulen alguna riqueza a ese nuevo movimiento técnico, lectura,… pero les cuesta muchísimo cuestionarse el primer aprendizaje adquirido para poder desarrollarlo más allá de unos principios básicos. Sería cuestionarse su certidumbre, lo que ellos ya saben y conocen.

Motivos existen muchos y algunos los he mencionado anteriormente. Todos tienen su importancia y este hecho va más allá del aprendizaje de un deporte en concreto. Pienso que uno de los más importantes es el valor cultural que se otorga al error. Equivocarse, es algo habitual y por lo menos no debería ser penalizado, principalmente en entornos de desarrollo.

Los entrenamientos deberían ser un sitio en el que los errores estén desdramatizados. ¡Ojo! Me refiero a los que se cometen con el máximo de implicación y compromiso por aprender de la persona que lo comete y de la persona, entrenador, que ayuda en este proceso. El resto de errores son otro cantar y se deben tratar de otras formas en función del origen del mismo.

Cómo hacerlo es fácil y difícil al mismo tiempo. Las adaptaciones individuales a cada jugador son la base, así como crear un ambiente apropiado durante el entrenamiento. Ese ambiente debería recoger particularidades individuales para que todo el mundo se sintiera representado y aportar un marco común que fuera reconocible por los protagonistas.

Pero hay tres aspectos más a tener en cuenta para que esta obsesión por no cometer errores sea cosa del pasado: congruencia, paciencia y control de expectativas. Congruencia en la actitud de todos en todo lo que podamos controlar ya sea en un entrenamiento o en un partido. Paciencia porque este cambio no se producirá de la noche a la mañana. Control de expectativas ajustando los objetivos de forma adecuada para mitigar la posible frustración.

De esta forma, con el tiempo, el juego que os he propuesto al inicio lo podríamos dedicar a observar otros aspectos mucho más agradables.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Y tú jugador qué objetivos tienes?

Empiezan las temporadas de los distintos deportes, principalmente de los deportes de equipo aunque muchos individuales también se reactivan tras el verano. Eso quiere decir volver a entrenar con compañeros y compañeras, incorporar a esos entrenamientos a las nuevas incorporaciones. Empiezas a escuchar a tus entrenadores hablar de objetivos de equipo y de comprometerse con ellos para lograr el éxito. Compromiso, una de esas bonitas palabras que pensamos que los otros entienden de la misma forma que nosotros. Incluso puedes tener entrenadores (pienso que cada vez más) que te preguntan por tus objetivos individuales. Incluso puede ser que por tus objetivos más allá del deporte como puede ser en la parte educativa.

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Todo esto está muy bien. Pero avanza la temporada y ves que nadie vuelve a preguntarte por tus objetivos personales. Bueno, siempre está la excepción cuando las cosas no van como se esperaban. En deportes de equipo tu aportación no es la esperada o los resultados del equipo tampoco son los que se querían, por lo general. En individuales puede variar algo más ya que suele existir un seguimiento más personalizado, pero si lo deportivo funciona se entiende que todo funciona. Error y grande por parte de los entrenadores. Error y enorme por parte del jugador.

Como jugador o jugadora, tú tienes tus objetivos ya que eres una persona por más que formes parte de un equipo o no. Incluso aunque compartas, y ayuda mucho, los objetivos del equipo, tienes los tuyos propios. Con ellos si debes estar comprometido al máximo, al margen de que tu entrenador se acuerde de ellos o no, y esto no te hace ser una persona egoísta ni mucho menos. Te hace ser una persona que busca sus propias metas y lucha por lograrlas.

Eso sí, hay una serie de cosas que tienes que tener en cuenta para que esto sea realmente bueno para ti. El cómo te dices a ti mismo esos objetivos seguramente es por donde empieza todo. No es tan fácil como parece y muchas veces escogemos palabras que ya directamente no nos ayudan a lograr ese objetivo. Decírtelo de la mejor forma posible y expresarlo de la misma forma es un paso básico para que el proceso necesario para lograr el objetivo, que es lo más importante, se pueda dar. No hay fórmulas mágicas, por más que te las vendan. Una palabra que a uno motiva a otro no le hace ni fu ni fa. Cada uno tiene su forma de hablarse y de hablar, se puede cambiar pero tienes que saber por qué y para qué y también tienen que ser congruente contigo mismo.

Ahora respóndete la pregunta que da título a este escrito. Una vez lo hagas, hazte esta otra: ¿es esta la mejor forma en que me lo puedo decir a mí mismo? Y plantéate diversas opciones si es que no lo has hecho antes. Estoy convencido en que cuando encuentres esa forma de formularte tus objetivos, notarás que tus opciones de lograrlos son más grandes.

¿A qué esperas? ¿Te atreves a descubrir cómo hablarte?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El tiempo lo pone todo en su lugar

Por más que uno trate de evitarlo, siempre llega el momento de evaluar un proyecto, una decisión… Pienso que lo aconsejable es ir realizando una evaluación continua que te permita ir enriqueciendo o modificando aquellas acciones a realizar que te acercaran a tus objetivos, pero igualmente existente momentos clave en los que evaluar. Todo proyecto necesita su tiempo y por lo general, de vez en cuando surgen piedras en el camino que debes superar. Los proyectos deportivos son un claro ejemplo de esto.

Da igual el deporte y la edad de los protagonistas. Es muy difícil, a ojos externos, que la progresión de un deportista o de un equipo sea algo lineal y creciente. Este factor externo condiciona, queramos o no. Crear una burbuja que aísle al deportista o al equipo del mundo externo es prácticamente imposible (más hoy día) y personalmente pienso que poco recomendable para el desarrollo del plan establecido. Filtrar esos inputs es otro cantar y algo más extenso a tratar.

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El principal detonante de ese incremento de la presión externa son, en todos los deportes, los resultados obtenidos en un momento concreto en función de las expectativas generadas. En función del deporte y de la edad de los deportistas, esa presión la ejercen diferentes fuentes que van desde los medios de comunicación hasta las propias familias de los deportistas en caso de los deportes de formación. Cierto es, que existen casos puntuales a nivel profesional de entrenadores que se han ganado que el tiempo que se les concede a sus proyectos sea más grande que el de la media de sus colegas de profesión. En formación también conozco algún caso aunque la obsesión por el resultado inmediato y la comparación con iguales cada vez lo complica más.

Aquí entra el tiempo en juego. Una buena gestión del tiempo para ser concretos. Esa gestión hará que a ojos internos esos momentos complicados, esas piedras en el camino, se conviertan en momentos de crecimiento, de evolución y ayuden al deportista a enfocar su atención en su proceso no en el entorno y lo que este dice. Este reenfoque debe ser creíble, verdadero, y contar con el deportista para así fomentar en él su compromiso y confianza en el proceso.  De esta manera será más fácil gestionar las emociones que le surgirán ante los obstáculos e incluso será capaz de trasmitir esa confianza al exterior generando en este la paciencia necesaria para que todo proyecto crezca.

Al concluir una temporada, es fácil analizar que deportistas o equipos han sido capaces de crecer, pese a los obstáculos que todos han tenido, y de extraer conclusiones sobre cómo se han afrontado esos momentos  y lo que estos han aportado al proceso en sí. La credibilidad del proyecto y la confianza en el mismo son la base para que nazca la paciencia que deje que el tiempo lo ponga todo en su lugar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

El proceso de Coaching desde dentro

La verdad es que cuando se decide iniciar un proceso de Coaching personal se cree que se sabe más o menos cómo se van a desarrollar los acontecimientos, o eso se piensa. Uno llega con una idea en la mente, algo que quiere trabajar, algo que le frena o que simplemente quiere mejorar o conseguir. Pero eso que piensas que quieres trabajar no es ni una milésima parte de lo que vas a encontrar durante el proceso.

Vas a descubrir cosas que ni siquiera sabías que existían. La presencia del coach ayuda a ver con más claridad hechos, procesos mentales y emociones que tú experimentabas sin un porqué aparente.

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Vivir un proceso de Coaching te ofrece la oportunidad de mirarte desde una perspectiva distinta. Te invita a mirarte desde dentro, tú eres el foco de ti mismo y de todo lo que te rodea. Te enseña cosas de ti que quizá desconocías, algunas buenas y otras puede que no tanto. Pero además te da herramientas para poder gestionar todo lo que te está ocurriendo.

El acompañamiento del coach te brinda un escenario seguro en el que exponer todas tus limitaciones y contribuye a convertirlas en palancas. Te enseña una nueva manera de enfrentarte a la realidad ayudándote a cambiar todo aquello que no te sirve para avanzar en ella. El coach no te juzga y te invita a que tú tampoco lo hagas. El coach confía en tus posibilidades de lograr vivir cómo deseas, de alcanzar lo que quieres, y además te ánima a que tú también lo hagas. También explora tus valores y tus creencias y te apoya para revisar juntos todo aquello que sientas que no está en consonancia con lo que quieres alcanzar.

De este modo, puedesdescubrir cosas maravillosas de ti misma y aprender a redirigir aquellas que no lo son tanto.  Puedes descubrir tus pasiones más ocultas, habilidades jamás imaginadas y un sentimiento y una fuerza de luchar por crear tu propia vida incalculables.

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Pero todo esto no tiene valor ni sentido sin un compromiso férreo por tu parte. Debes estar preparada para encontrar y analizar eventos dolorosos que te impiden avanzar. Has de estar dispuesta a aceptar que quizá no sea fácil y que vendrán momentos complicados en los que desearás desistir y dejar de tener una consciencia plena de ti misma. Pero por encima de todo, y por mucho que tu mente te intente hacer huir o abandonar, debes saber que si consigues tu propósito, una vida nueva llena de conocimientos y posibilidades se abrirá ante ti.

El Coaching no es una obligación, es una opción; el único compromiso que adquieres al realizar un proceso, es contigo y con la búsqueda de esa nueva versión mejorada de ti misma.

Judit Olalde

Psicóloga- Coach deportivo

El entrenador ayudante

Cada vez estoy más convencido de la importancia de esta figura dentro de los equipos de formación. Cierto es que normalmente la presencia de un entrenador ayudante, segundo entrenador, adjunto al entrenador o como se le quiera llamar, no es discutida. Pese a ello pienso que no recibe la valoración que le corresponde.

Ya cuando era jugador, agradecía la presencia de una segunda persona que aportara ideas, hiciera reflexionar y tuviera otro tipo de relación con los jugadores. Quién sabe si la falta de esta figura en mis dos años de junior fue la que precipitó que colgara las botas e incluso tuviera que dejar el baloncesto un tiempo.

rugby-formacion-escuelaComo entrenador he tenido diversa suerte con los ayudantes con los que he trabajado. Haya sido una experiencia positiva o no, siempre me ha servido para crecer como entrenador y eso es algo de lo que estoy agradecido a todos con los que he compartido trabajo al frente de un equipo. También he aprendido mucho de mis experiencias como ayudante. Unas veces más y otras menos pero siempre experiencias de las que no me arrepiento y útiles en mi progreso y evolución como entrenador.

Suele decirse que el valor a un entrenador ayudante se lo otorga el primer entrenador o entrenador principal. En este aspecto, discrepo y añado otro factor. El valor a este rol es también responsabilidad de la dirección técnica de cada club. Pienso que en los clubes de formación, que son la mayoría, debe ser una figura imprescindible. No acabo de entender esos clubes que le dicen al entrenador que de buscar ayudante ellos no se encargan o si quieres ayudante que salga de tu sueldo (llamarlo sueldo es algo bastante discutible) y otras circunstancias igual de bochornosas. Además considero que es un rol importante en la formación de nuevos técnicos que el club debe de potenciar entre los jugadores de sus equipos, ya sea como segundo o tercer entrenador colaborador. Esa figura del aprendiz que es tan necesaria, incluso para la supervivencia de los clubes.

En las últimas temporadas he tenido, por desgracia, la experiencia de no tener un ayudante a mi lado. Unas veces por motivos comprensibles y dificultades no esperadas para encontrarlo o fruto de la situación económica actual. Otras veces por falta de interés por parte de la dirección técnica que adquiere el compromiso de buscar a la persona adecuada pero no realiza esta función y te acaba colocando como ayudante a una persona con la que no sabe qué hacer…en enero. Estás experiencias me han hecho valorar aún más la importancia de la presencia de esta o estas figuras en el proceso formativo de los deportistas.

Tampoco voy a negar que además del papel para el desarrollo del deportista, como entrenador también es importante el hecho de tener alguien a tu lado con el que puedas hablar tranquilamente de los aspectos que envuelven al equipo, te aporte otra visión y viva contigo situaciones que la competición te aporta pero que cada persona procesa de diferente forma. Te ayude a enriquecer las diferentes perspectivas desde las que analizar los hechos que se producen. Cierto es que hay entrenadores que ven a sus ayudantes como rivales y que cuando estos les hacen la más mínima crítica constructiva u opinión que contradiga sus ideas, no la tienen en cuenta o incluso la menosprecian.images (6)

Hoy día también hay que luchar contra la situación social actual. El entorno de crisis no ayuda. Si el papel del entrenador ya no está bien recompensado en muchas ocasiones, el del entrenador ayudante aún menos y eso actualmente es una dificultad añadida. Encontrar personas que puedan tener ese grado de compromiso necesario para este papel a desarrollar se convierte en casi un quimera en demasiadas ocasiones y en otras no admiten la parte de responsabilidad propia del cargo.

Hablando con conocidos y amigos de diversos deportes, en ninguno se duda de la importancia de la figura del entrenador ayudante de cada equipo pero si de la falta de reconocimiento general a sus funciones. En la élite hay ciertos ejemplos muy válidos para poder acogerse a ellos y utilizarlos para reivindicar esta figura y la del cuerpo técnico en general.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

¿La compartimos?

El ser humano es un ser social y en una gran parte de las acciones que realiza existen diversos factores que influyen en la consecución de estas. Lograr o no algo, básicamente depende de uno mismo pero no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del entorno.

En todo proceso formativo existes tres factores básicos: la persona protagonista del proceso, la persona u organización que ofrece el proceso formativo y el entorno de la persona que recibe la formación. Cierto es que este tercer factor depende del primero, pero en casos como niños/as o adolescentes principalmente, por mi experiencia, prefiero separarlos. Los adultos somos responsables de nuestro entorno pero un niño…

La persona que realiza una formación es el protagonista de la misma y en mi opinión todo el resto de implicados deben tenerlo claro. Ese protagonismo también otorga una responsabilidad, que en función de la edad puede variar, pero siempre existe. El alumno tiene responsabilidad sobre su aprendizaje.images3

Los centros u organizaciones que ofertan la formación y la personas o personas que directamente la imparten deben hacer patente su máxima implicación en favor de todos los protagonistas de sus formaciones. Tienen la responsabilidad de ofrecer sus mejores servicios en función de las demandas del protagonista o de los que ellos como profesionales puedan detectar que ayudará más en su evolución al alumno o aprendiz.

El entorno de la persona, principalmente en casos de menores de edad, es clave. Pienso que principalmente como modelo de conducta y asumiendo su responsabilidad que pasa por poder facilitar el acceso a los procesos formativos y colaborando con los expertos que la ofrecen. Otro aspecto es ayudar a hacer comprender al alumno su responsabilidad en su aprendizaje.

Resumiendo: en todo proceso de aprendizaje, todos los implicados tienen su responsabilidad para la consecución de la formación. Y este aspecto por lo general se olvida.

Si hablamos de la escuela, a esta se la carga de un porcentaje de responsabilidad más elevado del que le corresponde y principalmente a los maestros, a los profesores algo menos. Pero resulta que los medios de los que disponen estos no son los que se necesitan para atender y ofrecer lo mejor y más adaptado a las características individuales de cada niño/a.

alberto-berrocal-620-001Si pensamos en aspectos de formación deportiva, y aunque hay casos de toda clase, los entrenadores asumen en muchos casos, un porcentaje más elevado del que les corresponde. Si en la escuela se puede observar la sobreprotección del entorno, esta es aún superior en actividades lúdico-competitivas. Sobre todo cuando se olvida el carácter lúdico y se centra en exclusiva en la competición, dejándose de pasada la formación y el aprendizaje por el camino. Existen muchos jugadores y equipos que no asumen su parte de responsabilidad, su compromiso con su propia evolución.

Un buen amigo me explicó una experiencia de este tipo. La temporada que estaba realizando con su equipo entraba dentro de lo previsto, aunque una parte de los jugadores y sus familias esperaban mejores resultados. No existía un compromiso con su propio trabajo para mejorar esos resultados que ellos consideraban pobres y también hubo problemas ajenos a la dinámica del equipo que afectaron al equipo.

Una situación puntual en un partido, retrató la falta de respeto existente a la labor realizada por el entrenador y este les propuso que se plantearán sus objetivos hasta final de temporada y qué les impedía conseguirlos. Si él era un obstáculo, no había problema. El objetivo era hacerles ver la realidad y aunque algunos la veían, otros no y aprovecharon la ocasión para centrar las culpas en el entrenador, decidiendo como equipo que lo mejor era que hubiera un cambio de entrenador. Dejó el equipo. Al salir de la instalación se encontró con un grupo de padres y madres de los que se despidió y a continuación pasó esto:

–          ¿Cómo? ¿No sigues?- dijo una madre.

–          No. Ellos lo han decidido.

–          Pero a ellos no les corresponde. Les has pasado la responsabilidad.

–          ¿Les he pasado?

–          Sí, sí. Se la has pasado.

–          Ese es el problema –intervino otro padre que hacía funciones de delegado-. Ellos no han cogido su parte en toda la temporada. Y nosotros los hemos dejado excusarse en él. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y ni nosotros ni ellos la hemos cogido y se la hemos pasado toda a él. Ahora se quedan sin escudo y nosotros también.

Al margen de compartir o no la resolución del problema (puso en práctica muchas posibles soluciones durante la temporada y la comunicación individual y colectiva era fluida) es un claro ejemplo de una mentalidad social muy extendida y muy fácil de realizar: excusarse. Buscar excusas es muy sencillo y mucho más fácil que aceptar y asumir la propia responsabilidad.

Todo sería mucho más enriquecedor y productivo para todas las partes si se asumieran las responsabilidades de cada elemento presente en el proceso. En definitiva si se compartiera la responsabilidad. Soy responsable de mis conductas y si realizo acciones con otras personas, todos somos responsables de algo, el grado de responsabilidad de cada uno es variable.

Entonces, con el mejor de los propósitos y de que todo sea más positivo para todos (win-win)… ¿La compartimos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5