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Demasiada ambición. No por más será mejor

Existen expertos en evolución humana que consideran que la ambición ha sido y es uno de los grandes motores de la humanidad. Algunos le otorgan un papel fundamental dentro de la selección natural. Lo dicen desde un punto de vista de generarse metas a lograr para mejorar. Lo que hoy conocemos como metas motivadoras. La ambición también es una de esas palabras etiquetadas dicotómicamente como si esto fuera posible. ¿Buena o mala? Ni una cosa ni la otra.

Cuando nos encontramos en una situación que deseamos mejorar, nuestra ambición es uno de esos motores que nos ayudan a pasar a la acción y actuar. Pero como todos los extremos, cuando esta ambición se desboca nos puede surgir algún inconveniente no previsto.

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Esa ambición desbocada nos puede llevar a introducir cambios sin fin, que modifiquen nuestra forma de pensar, sentir y actuar, en esos escenarios que queremos cambiar. Esto provocará en la mayor parte de las ocasiones que la situación varíe pero es posible que lo haga de forma brusca e incluso que todos los cambios que se producen nos cojan de improviso, por sorpresa, no pudiendo asumirlos y…

¿Y entonces qué? Pues aparecen diferentes sensaciones y emociones que nos sobrepasan y nos pueden llevar a conclusiones que no tienen porqué estar relacionadas. Se podría generar algún tipo de resistencia de cara al futuro.

Una forma de no llegar a estas situaciones es aplicar el principio clásico “no por más será mejor”. Es muy sencillo. Está claro que para cambiar cosas debo variar o cambiar algo para obtener resultados distintos, como decía Einstein con otras palabras. ¿Pero qué cantidad de cambios?

Cada persona decide. Pero al aplicar el principio antes mencionado, me doy cuenta que un cambio ya puede generar resultados diferentes. Es más, en muchas circunstancias, un cambio no va sólo e directa o indirectamente produce (provoca) otro. Esto variará el resultado y me proporcionará nueva información que puede serme útil para introducir nuevos cambios, si son necesarios.

No olvido que puede haber situaciones que necesiten cambios drásticos. Ahí, que nuestra ambición se desboque,  nos puede proporcionar un flujo de energía espectacular para lograr cambios. Pero en situaciones menos extremas, la ambición es uno de los motores y debe actuar en la medida que nosotros decidamos de forma consciente. Aplica el principio. No por más será mejor.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Demasiado pronto. De la escuela al instituto

Con cada cambio legislativo educativo estamos en las mismas de siempre. Los criterios que se siguen nunca son estrictamente educativos, las leyes están hechas desde los despachos y no desde la realidad y por supuesto no están dotadas del presupuesto económico para ponerlas en práctica, estés de acuerdo con ellas o no lo estés.

Una de esas leyes, la LOGSE, introdujo diferentes novedades, siendo una de ellas la enseñanza obligatoria hasta los 16 años. La estructura quedó en Educación Infantil y Primaria y Educación Secundaria Obligatoria. Este cambio también provocó la llegada de los niños y niñas de 12 años al instituto y no con 14 como pasaba hasta entonces. Esto es algo que las siguientes leyes educativas no han tocado.

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Personalmente fui protagonista de ese cambio educativo. Cursé 8º de EGB y posteriormente 3º de ESO. Fue en Bachillerato cuando desembarcaron los primeros alumnos de 1º de ESO en mi instituto. Posteriormente, gracias a mis profesiones, he tenido contacto de forma permanente con este cambio. Como maestro de primaria me he encontrado y conversado con más de un ex alumno/a de primaria y con alguna familia. La conclusión en la mayoría de ocasiones y por todas las partes implicadas es la misma: es un cambio de institución educativa que se produce demasiado pronto.

Vaya por delante que los culpables no son ni los colegios ni los institutos. Simplemente son dos entornos muy diferentes, un cambio excesivamente brusco para los alumnos. En sus inicios, los tutores de 1º y 2º de ESO provenían de la antigua EGB, tenían otra forma de proceder e incluso de tratar a los alumnos. Aunque por desgracia también hay muchos que no, dedicarse a la primaria suele ser más vocacional que a la secundaria. Además, por más que se ataque a la formación del profesorado de primaria, está más enfocada a la educación que la gran mayoría de formaciones, por más máster que se le añada para poder impartir clases. Y esto se nota, le pese a quien le pese.

Otro aspecto es la tutoría. Por lo general, en primaria los alumnos pasan una gran parte del tiempo con su tutor. En secundaria esto se ve reducido al mínimo en muchos casos. La falta de referentes en secundaria es una de las quejas que más me han transmitido, principalmente referentes adultos a nivel humano.

Esos referentes adultos son sustituidos en demasiadas ocasiones por los adolescentes con los que conviven en el instituto. Niños y niñas de 12 años comparten sus vivencias con adolescentes de 16, 17 y 18 años. Los intereses son muy diferentes y la forma de actuar también lo es, pero algunos los acogen como modelos a seguir. Además hay que sumar las tecnologías de comunicación que se utilizan y las redes sociales. Estas redes multiplican exponencialmente cualquier aspecto vivido ejerciendo en muchos casos una presión inapropiada para estos preadolescentes.

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Todo este coctel hace que los niños y niñas de 12 años se vean forzados a madurar de forma prematura. Esto es algo observable en su forma de vestir, de relacionarse, en el vocabulario que utilizan…en sus conductas y actitudes ante lo que viven.

Hay muchos cambios a asimilar en poco tiempo que cada uno intenta sobrellevar a su manera, con los recursos de los que dispone. La sensación de abandono a su suerte está presente en muchos y ya no les deja de acompañar hasta que acaban su periodo formativo obligatorio. No tengo muy claro que esta sea la mejor manera de que los niños y niñas maduren.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Debe ser muy aburrido

Aprender, curiosear, investigar, analizar, experimentar, decidir, equivocarme, asumir las consecuencias de lo que hago,…es algo presente en mi día a día. Procuro trabajar mi imaginación para que esta vaya creciendo y desarrollándose todo lo posible. Aún y así, no puedo imaginarme un día sin realizar todas las acciones que antes he escrito y algunas otras que no he puesto para no alargar la lista.

Existen personas que transmiten que todas estas acciones que enriquecen la vida de la mayoría, las tienen superadas y no le son necesarias para nada. Nacieron sabiendo o eso es lo que parece. Son esas clásicas personas que cuando alguien nuevo llega a su entorno, principalmente el entorno profesional/laboral, y se trata de una persona con poca o nula experiencia, lo primero que hacen es recalcar todo lo que esta persona no sabe hacer y el trabajo le exigirá, sus carencias profesionales.Sabelotodo

Aportaciones del tipo ¿Esto no lo has hecho nunca?, ¿No sabes cómo funciona este …?, ¿Nunca has trabajado en un sitio como este? Y otras por el estilo. Declaraciones que no pretenden ayudar precisamente a la persona recién llegada. No tengo claro que objetivo persiguen expresando estas opiniones. ¿Reafirmarse en su posición? ¿Alertar al nuevo para que valore la dificultad del puesto? Si que tengo claro que no se trata de una posición empática con el nuevo o la nueva y que claramente olvidan que ellos se encontraron en la misma situación. En algún momento, también fueron los nuevos, los recién llegados.

¿Qué puede pasar si, en estas situaciones, la persona acabada de llegar no tiene un buen nivel de autoestima y autoconfianza en sus capacidades y posibilidades de adaptación? Nada bueno. Lo que esta persona recibe no es una agradable bienvenida y esto se suma a las posibles dudas, presión sobre uno mismo para demostrar su valía profesional,…que toda nuevo en un sitio tiene.

Existen conceptos que no se pueden mezclar. No haber hecho una cosa nunca no quiere decir que no seas capaz de hacerlo bien hecho. Esta idea sobrevuela sobre la cabeza de estas personas que lo saben todo. La capacidad de aprendizaje de una persona no es algo de lo que se pueda dudar sin razones fundadas. Es más, en muchas ocasiones y en según qué situaciones, esta capacidad de aprendizaje es capaz de sorprender hasta a los propios protagonistas.

Cuando se produce un cambio, una nueva situación, todos los implicados deben afrontarla. Cada uno decide la forma. Te puedes oponer al cambio, resistirte, pero en la mayoría de ocasiones si el cambio ya se ha iniciado o producido en su totalidad la opción de volver a la situación anterior no es una posibilidad. Otra opción es percibir el cambio como una nueva oportunidad. Una opción de aprender cosas nuevas, crecer, desarrollarse, descubrir posibles nuevas sinergias. Para esto es necesario disponer de una mente abierta a estas situaciones. Desde este enfoque, lo que ocurra en la nueva realidad se percibirá como una nueva ocasión de mejorar y enriquecerse, no como una amenaza a mi status.

Vivir diariamente sin querer incorporar nuevas experiencias, sin asumir riesgos, percibiendo toda novedad desde un punto de vista negativo, debe ser como mínimo aburrido. Y claro, cuando el nuevo o la nueva, hacen caso omiso de sus negros pronósticos y simplemente acepta la nueva realidad y la aprovecha para aprender, desarrollarse y poner en práctica sus aptitudes e incluso aprender nuevas, genera sorpresa. Incredulidad por asumir de forma natural lo que para otro era imposible por no haberlo realizado antes.mentoring

Existen demasiadas personas que viven y se relacionan desde esta postura, lo saben todo y han olvidado como lo aprendieron ellos. Seguramente si fueran más abiertos al cambio, incluyeran más flexibilidad a sus pensamientos y conductas, confiaran más en la gente, todo sería más enriquecedor. Puede que hasta más divertido.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5