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Una detrás de otra. Encadenar acciones

En la actualidad, principalmente debido a la evolución tecnológica constante, parece que todo lo que hagas debe ir acompañado. Vamos, que no puedes hacer sólo una cosa y que debes de hacer varias acciones a la vez. He dicho debes conscientemente. Parece una obligación, incluso una necesidad en algún caso.

Todo esto te permite escribir un email mientras escuchas música, consultas otra página de internet, atiendes los WhastApps entrantes o envías alguno, escuchas y hablas a la persona que tienes al lado y…sumadle todas aquellas acciones que queráis. Podemos debatir sobre lo que realmente es hacer diferentes acciones a la vez y lo que no lo es, incluso de la calidad con las que las hacemos (¿realmente estamos escuchando a esa persona?) pero además hay otro problema. ¿Y después?

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Hay un problema con el hecho de encadenar acciones una detrás de otra. Antes de la explosión tecnológica ya se observaba. Personas que podían hacer actividades simultáneas pero al acabarlas les costaba realizar la siguiente, necesitaban su tiempo. Ahora se observa muchas veces de forma más clara. Somos capaces de realizar esas acciones a la vez, pero cuando acaba ese grupo de actividades nos sigue costando a horrores pasar a las siguientes.

En el deporte y en la educación todo esto es observable claramente. Un jugador o una jugadora defiende teniendo que realizar una serie de multitareas y necesita su tiempo para pasar al ataque (al revés suele ser más notorio, pasar de atacar a defender). En este lapso de tiempo suelen cometerse muchos errores.

En educación se ve de distintas formas en función de las actividades. Pero es observable tanto en las clases como en los patios o espacios donde se realiza la educación física. Yo lo observo muy claramente en mis clases de educación física. Miran de hacer muchas acciones a la vez y eso no les permite aprovechar la actividad al 100%.

Por eso procuro hacer actividades secuenciales para ayudarles a tomar consciencia de todo lo que hacen de forma automática en multitud de ocasiones. Que quede claro que hacerlo automático no es malo. Lo que puede ser malo (aunque no me gusta la palabra pero deja más claro el concepto) es la poca consciencia que tienen sobre lo que hacen y eso no les permite, en ocasiones, apreciarlo, valorarlo e incluso buscar formas de mejorarlo.

Con las actividades secuenciales eso no pasa. Detectan dónde han cometido el error, mejoran cada proceso de forma consciente, etc. Pero además, todo esto permite que cuando pasas de grupos de acciones de un tipo a otro distinto (de atacar a defender como he dicho antes, aplicado a juegos como la bandera por ejemplo) la calidad global mejora.

Y lo mejor es que, poco a poco, te dicen que piensan más rápido antes de empezar a moverse. Saben que lo han hecho pero ha sido tan rápido que casi ni lo notan. Y también piensan mejor, deciden mejor, cuando ya están en movimiento y los estímulos se incrementan.

A veces olvidamos que, aunque ya se haga de forma automática, puede que separar las acciones para poder unirlas después y encadenarlas a las siguientes, ayude mucho más a integrarlo globalmente y transferirlo a otras actividades.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Esperaba más nivel de idiomas

Ir de vacaciones es algo que, para los que se lo pueden permitir y saben sacarle provecho, el que cada uno quiera, te permite ver la el día a día a otra velocidad. Normalmente esa velocidad es más lenta aunque también puede darse lo contrario.

A esa velocidad puedes prestar atención a muchas cosas tanto de forma consciente como de forma inconsciente. Algunas de esas situaciones pueden ir llamándote la atención cada vez más. A mí me ha pasado. Aunque debo admitir que es un tema al que le presto atención casi siempre por dos motivos. El primero es que siempre me ha gustado, fascinado e incluso se puede decir que he llegado a sentir algo de envidia, positiva diría yo, de las personas que son capaces de cambiar de un idioma a otro de forma fluida, automática podríamos decir, y con un buen nivel en cada una de las lenguas. Me refiero a ir cambiando entre 4 idiomas o más. El segundo es mi propia incapacidad para hacerlo más allá de mis dos idiomas maternos, aunque estoy trabajando en ello.

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Vivir en una ciudad como Barcelona te aporta numerosas oportunidades de ir contrastando este tema. Sinceramente pensaba que en los últimos años mejoraba a buen paso. Cierto es, que en mi opinión esta atención al público multilingüe mejoraba por la falta de oportunidades laborales para los jóvenes en los respectivos sectores para los que habían estudiado en la universidad y se encontraban trabajando o alargando un trabajo en el sector servicios por necesidad.

Otro tema bien distinto son las zonas turísticas que, aunque en algún caso tienen reclamos que les hacen no depender de únicamente una estación del año, consiguen un elevado porcentaje de sus ingresos en una determinada estación del año. En estos casos he observado un nivel bastante pobre en situaciones comunicativas habituales para ese trabajo o de un nivel simple.

Todos sabemos que los idiomas no son una de nuestras virtudes, en términos generales. Pero pienso que en este sector en concreto parece que se siga apostando, en general, por el volumen más que por la calidad y la fidelización del cliente ofreciendo de forma real (no sólo publicitaria) un servicio más completo. Aún queda mucho camino por recorrer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Por algún sitio habrá que empezar

Estamos en las vacaciones escolares y como siempre surgen las clásicas noticias de cada año sobre si son demasiado largas, la cara de los profesores que encima se quejan, el fracaso escolar… y todo lo que podáis pensar relacionado o no con la educación. Todas estas noticias se ponen dentro de una batidora, se trituran bien y se van dejando salir sin ton ni son para que así nos ocupe tiempo en los medios ya que ahora en verano, hay menos noticias. Utilizamos la educación como relleno. Empezamos mal.

El calendario escolar es algo muy importante o por lo menos debería serlo. Admito que es algo difícil. Pero en mi humilde opinión, principalmente es difícil por las pocas ganas que tienen gran parte de la sociedad en cambiar ciertos aspectos. Por lo general, todo cambio conlleva momentos de incertidumbre y mucha gente prefiere continuar con su vida gris y quejarse de alguna cosilla de vez en cuando pero que no le toquen su certidumbre. Aunque lo futuro pueda ser mejor… al no ser seguro… mejor me quedo con lo que conozco no vaya a ser… Todo esto aplicable a muchos aspectos de la vida pero sigo con la educación.

Imagen de Daniel Barreña

Cuando llegan las vacaciones escolares, la queja más extendida es la de quién se ocupa ahora de los niños y niñas. ¿Por qué tanto tiempo sin colegio? Es decir, partimos de la idea de que el colegio sirve para aparcar o guardar o dejar (escoged la palabra que más os guste) a los niños durante el día. A esta idea le añadimos otra clásica que es cuanto más mejor. Es decir, con más horas de clase y más días lectivos todo iría mejor. La cantidad por encima de la calidad. Las reclamaciones sobre todo esto a los colegios y a los maestros que son los que hacen el calendario… Ya nos gustaría… pero somos los últimos monos ¿lo sabían?

Se habla mucho de conciliación familiar pero ¿se hace realmente algo para mejorarla? Poco o nada. Se trata de una transición de modelo social que debe ser consensuada para que todos estemos de acuerdo. Lo escribo y no puedo evitar reírme. Si todos tenemos que estar de acuerdo no se va a hacer nunca (es un cambio y los cambios atacan a la certidumbre de las personas). Siempre que se habla de este tema, surge la pregunta: ¿por dónde empezamos? Y se acaba la discusión. Hace unos días, en una entrevista a la consellera de Ensenyament de la Generalitat de Catalunya, Meritxell Ruiz, le preguntaron sobre este tema del calendario escolar a raíz de Cantabria. Su respuesta fue clara. El sistema educativo no puede empezar. ¿Entonces quién? (como bien dice aquella canción escolar típica de autocar) Y todos se van pasando la pelota.

Muchas familias son conscientes de que la mejora de los resultados escolares de sus hijos depende mucho de la atención que tengan en casa de sus padres y madres. Lo saben perfectamente pero prefieren un horario escolar (junto con las actividades extraescolares en algún caso) que cuadre con su horario laboral o que incluso lo exceda (más cantidad…) Nosotros los maestros somos conscientes que muchos de nuestros alumnos pasan más horas despiertos con nosotros en un año (incluidas las vacaciones) que con sus padres y madres. La sociedad también lo sabe pero prefiere que todo siga igual. Es más fácil decir que los profesores tienen muchas vacaciones a decir que las jornadas laborales no son productivas porque un elevado porcentaje de personas van a fichar u otros ejemplos conocidos.

Imagen de Daniel Barreña2El calendario escolar y los horarios de clase, en general, no se crean siguiendo criterios pedagógicos. Estos criterios (que además suelen ser creados por profesionales que no han pisado un aula en su vida) son uno más de los criterios a tener en cuenta pero no es el que más peso tiene. Es como si para decidir el horario de apertura de tu negocio, en lugar de decidirlo tú en función de los criterios que consideres, te viniera impuesto por tu vecino y lo que él piense.  Aspectos así de ridículos se reproducen constantemente en nuestra sociedad. Por ejemplo, nos preocupa mucho el abandono del deporte a partir de los 16 años y sobre todo a partir de los 18, así como la poca experiencia de vida laboral con la que acaban nuestros universitarios. Por eso muchas universidades tienen horarios en los que sus alumnos, para poder llegar a todo, deben dejar el deporte o no pueden trabajar y compatibilizar las diversas actividades. Pero luego nos quejamos cuando nos llega una persona de 22-23 años que no ha trabajado en su vida y no conoce aspectos básicos o nos alarmamos de los pocos hábitos saludables que tienen. Totalmente lógico.

Primero nos quejamos de lo que no nos gusta pero una vez hecha la queja, ¿hacemos algo más? Pedimos soluciones que nos convengan pero no las promovemos de verdad, no vaya a ser que esos momentos de incertidumbre que todo cambio tiene alguien me los tire en cara. Así que finalmente, sólo cambiamos por obligación

A mí cambiar así no me gusta, así que ¿por dónde empezamos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mí me funciona

Las personas somos muy dadas a dar consejos. Lo hacemos toda nuestra vida. Muchos con el tiempo, aún lo hacen más. Aconsejar entre iguales o a personas más jóvenes es algo a lo que muchos no pueden reprimirse. Entre estudiantes, y más en épocas de exámenes, los consejos para poder estudiar mejor circulan a una velocidad cercana a la de la luz.

En muchos casos (puede que también sea aplicable a muchos consejos que se dan en general) todo parte de lo que a uno le funciona sin tener muy en cuenta las diferencias individuales que existen entre todos nosotros. Uno cree firmemente en lo que a uno le funciona y piensa que esto se puede aplicar al resto. Y esto no tiene porqué ser así.

Existen muchos factores a tener en cuenta que se nos escapan habitualmente ante estas situaciones. Se tiende a pensar que la nota de un examen refleja lo que sabes de esa asignatura y también lo que has estudiado. Dos premisas que pueden ser falsas fácilmente. Existen exámenes fantásticamente bien configurados para que reflejen todo lo que se sabe de la asignatura, pero no todos los exámenes son así. Pueden tocar todo lo trabajado, ¿pero a qué nivel de profundidad? ¿Reflejan de verdad la forma en que esos conceptos se aplicarían en una situación real? Por otro lado, eso de que reflejan lo que has estudiado… pienso que casi cae por su peso, pero demasiada gente sigue pensando igual.

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Existen diversas técnicas de estudio muy extendidas y fáciles de encontrar en la red. Unas de adaptan mejor a unos contenidos que otras pero en general se puede encontrar una forma flexible de utilizarlas para casi todo. Pero no a todas las personas les funciona una técnica concreta de la misma forma. De esto puede depender algo importantísimo como es la forma en que se aprovecha el tiempo de estudio.

El tiempo destinado es otro de los grandes consejos que suelen circular. No existe un tiempo concreto. Existen unas recomendaciones generales basadas en estudios realizados. Lo importante del tiempo, más que su duración, es su calidad. Para eso es importante que el contexto me permita focalizar mi grado de atención óptimo en el estudio. Lugar de estudio, temperatura y humedad, ruidos o sonidos existentes, etc. Multitud de variables. Pero importantes, ya que este apartado fácilmente influye en la alimentación, el descanso, las necesarias pausas o descansos,… Un tema que considero primordial en general, no solo en los estudios.

La asignatura o actividad a estudiar también tiene su importancia. Además de por el propio feeling que pueda haber con ella, por la propia estructura en sí que pueda tener. Detectarla facilita mucho la organización del estudio.

Si hablamos del examen en sí, lo principal es la gestión emocional que cada uno realiza de sí mismo en esas situaciones de estrés y la activación que esto le genera, afectando a su nivel de concentración para afrontar el examen. Sobre este tema existe multitud de material e información muy fácil de encontrar.

Algo que a veces se olvida del examen, y que puede afectar tanto al afrontarlo como en su preparación previa, es la información que tengo de este. La clase de examen que va a ser es un aspecto a tener en cuenta y que en ocasiones se obvia. Claro está hasta que te encuentras con un tipo de examen que no te esperas.

Considero que estos aspectos son importantes para tenerlos en cuenta. Existen otros que también pero tratando estos expuestos, pienso que son más fáciles de incluir en la propia organización individual.

Lo más importante es que cada uno se conceda un tiempo para plantearse todos estos aspectos y no se ponga a estudiar por inercia o siguiendo los consejos de otra persona que vive en unas circunstancias distintas. Escuchar los consejos sí, pero no darlos por perfectos ni aplicables directamente. Todos somos distintos, para estudiar también.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Desatendiendo al cliente

Una de las máximas universales más conocidas es esa que dice que “El cliente siempre tiene razón”. Admito que cuando he realizado trabajos en los que esta máxima se podía aplicar, la aplicaba sí esta era real, pero de no ser así, siempre con respeto y buenos argumentos, se lo hacía saber al cliente, por más que a este no le gustara. La razón no es propiedad exclusiva de nadie. Eso sí, la situación va degenerando a pasos agigantados hasta prácticamente llegar al opuesto de esta clásica máxima.

Las grandes empresas, todos sabemos de qué sectores principalmente, están a la cabeza de esta moda. Aunque pueda parecer que esto sólo ocurre cuando los “supuestos” servicios de atención al cliente son telefónicos o a distancia, cada vez más esto ocurre también en la atención presencial.

La atención telefónica es seguramente la que más falta al respeto al cliente de su compañía. Se basan en unos protocolos rígidos que cuando no les son productivos o el cliente tiene muy clara su demanda, tienden a convertirse en un bucle sin salida hasta que ya te han hecho perder el tiempo suficiente como para pensarse tu petición o que desistas desesperado.

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En ocasiones se encuentran con verdaderos problemas fruto de su incompetencia (o de la de alguno de sus compañeros de atención al cliente u otro departamento) ante el cual tiene como respuesta dejarte en espera. Se supone que así te relajarás (eso dice su protocolo). Suele pasar cuando te dicen que harán algo y no lo cumplen. Primero lo niegan y luego lo vuelven a negar ya que esa no es su forma de proceder. Cuando les recuerdas, que tal y como ellos te dicen, la conversación está grabada y que lo comprueben, es cuando te vuelven a dejar en espera o según el caso, te dicen o insinúan que mientes (me ha pasado con tres compañías diferentes).

La atención por email o por chat suele seguir el mismo patrón de conducta pero de forma escrita. Un listado de frases predeterminadas que recuerdan a los libros en los que puedes escoger cómo deseas que continúe la historia. Con la salvedad de que esta historia no va a llegar a ninguna parte que te pueda medio agradar…

En la presencial, cuando te atienden y no te dicen que esa clase de problemas tienen que tratarlos la central de atención al cliente (por teléfono o email, por supuesto), cada vez más se acogen a protocolos preestablecidos con los que ya ni siquiera te escuchan. Ya no de forma activa y/o empática, no te escuchan y te sueltan su rollo. Esto es algo que cada vez se observa más y engrandece el problema y la falta de confianza en resolver un problema en cuestión que preocupa al cliente.

La falta de respeto es tal que, en todos ellos, incluso cuando no te han solucionado nada, concluyen agradeciendo tu colaboración en una encuesta posterior o intentando venderte algún otro producto de la compañía. Otro aspecto de poca consideración por el cliente es cuando la propia empresa, en sus campañas de publicidad, te acosa para que les contrates (aún siendo ya su cliente) o no deja de ofrecerte repetidamente más servicios por más que los desestimes. Acoso que se produce a cualquier hora y cualquier día.

La sociedad no puede permitir que esto siga así. Debemos incrementar nuestra exigencia ante esta clase de empresas y no tenerles miedo. Siempre hay alternativas a los servicios que estas nos ofrecen, aunque alguna vez nos pueda costar encontrarlos. De igual manera, debemos premiar y confiar en las empresas que de verdad se toman en serio la atención al cliente, que también las hay.

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Infografía de Vanessa Suárez Martínez @ipollyrocker

Las empresas deberían tener siempre en cuenta que los clientes son personas y no únicamente números en sus balances. El retorno de una buena atención al cliente tiene un valor muy alto y no es algo tan complicado. La calidad del producto también se ve incrementada por tu posterior reacción ante los posibles problemas que puedan surgir. Muchas veces las soluciones fáciles y rápidas ayudan a generar más confianza en el cliente, algo que tendrá presente en próximas compras. Esto es algo que muchos protocolos olvidan, no adaptándose a las realidades ni a las soluciones flexibles.

La atención al cliente es un arte que debe ser valorado socialmente para que de esta forma se pueda humanizar.

“El servicio al cliente no es un departamento, es una actitud”.

                              Anónimo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Hiperconéctate y aprende a desconectar

Llega octubre y la rutina de cada uno ya está establecida. El primer mes de pleno otoño que nos deja bien claro que las vacaciones de verano ya son historia. La rutina de cada uno variará según sus compromisos.

Cada día más, y en gran parte fruto de los avances tecnológicos, si no tenemos control sobre nuestras actividades, el trabajo se puede alargar de forma inconsciente. Recibo un mail de trabajo según llego a casa que no puedo dejar de mirar, una llamada, pienso en organizarme el día siguiente en el viaje de vuelta a casa o mientras recojo a los niños….

Una cosa es que los horarios laborales, en muchas profesiones liberales o empresas propias, queden desdibujados y no sean fijos, y otra cosa es que no exista control sobre ese tiempo laboral. Tener claro cuando trabajo y cuando no, es cuestión de profesionalidad, alguno lo duda pero para mí también lo es, y es cuestión de salud personal.qualityvsquantity11

Pienso que la palabra clave es calidad. Debes darlo todo en aquello que hagas e imprimirle el máximo de calidad posible a tu trabajo. Esto no quiere decir el mayor número de horas posible. Más horas no aseguran una calidad mayor. A este trabajo de calidad se le suma la aglomeración de información y medios tecnológicos que nos pueden ayudar, en unas profesiones más que en otras, en nuestro mundo laboral. Las opciones de reunirnos por Skype, grupos de trabajo de Whatsapp, compartir material con Dropbox, Drive o Mega, etc. nos facilitan el trabajo o por lo menos nos generan alternativas. Es lo que muchos llaman hiperconectarse. Estar conectado con todo lo necesario para realizar el trabajo de la mejor forma posible, máxima calidad en el tiempo necesario para realizar el trabajo.

El tiempo necesario. Concepto que también debe entenderse. Si doy de verdad mi máximo en todos los aspectos, tengo también un máximo de tiempo para rendir a ese nivel. Son necesarios descansos, pequeños breaks. Desconexiones de verdad que redirijan mi atención a otra actividad. Depende el trabajo o momento del día pueden ser 3 minutos (escuchar una canción) o en un viaje en metro de 10 mientras leo un libro que no tenga que ver con mis estudios o actividad laboral. En otros puede que necesite más tiempo: running de 30-45 min, partido de paddle de una hora u hora y media,…. Hasta llegar a la total para dedicarme a mí mismo, la familia o simplemente lo que me apetezca para desconectar del todo y dormir tranquilo.

Hiperconectarse al máximo para darlo todo en el tiempo necesario pero desconectar después es igual de importante o incluso más. La vida de hoy nos exige todo y nosotros debemos exigirle tiempo para nosotros. Depende de cada uno.