Entradas

Todo lo que envuelve un torneo

Un torneo es especial en muchos sentidos. Para los que lo organizan es un esfuerzo enorme, la culminación de muchos días de trabajo. En caso de existir un equipo anfitrión, es algo especial poder disfrutar de una actividad así creada por el club al que perteneces. Para el resto de participantes también es algo especial ya que es un evento que rompe la rutina competitiva a lo largo de la temporada. Por último, asistir como espectador suele darte la opción de ver partidos igualados, competitivos,… en un ambiente distinto a una jornada de liga habitual.

He asistido a muchos y en general me encantan. Acabas muy cansado si haces un seguimiento exhaustivo de toda la competición que allí se desarrolla o si participas en él. Pero por lo general los he disfrutado. Observar las relaciones que se establecen entre los distintos participantes y el buen rollo que suele haber también es muy agradable de ver. Son esos momentos que te hacen ver de primera mano la importancia del deporte y sus valores.

basketball-409838_1280

Claro que también son eventos donde puede existir una gran carga emocional concentrada en pocas horas. Malos partidos que se encadenan y que todos ellos suceden en el mismo día por ejemplo. Más las habituales gestiones que se tienen que ir solventando habitualmente en los equipos (juego poco, este no la pasa, no entiendo el cambio,…). Son momentos en los que la gestión emocional del jugador por parte de los entrenadores sale a la luz. La gestión colectiva también, por supuesto.

También hay que sumar algo que particularmente pienso que antes no era tan visible. Ves a muchos scouts mirando jugadores, a padres/ madres entablando relaciones con otros clubs con intenciones de cambiar en un futuro, etc. Esas cosas que pervierten un poco el espíritu de los torneos. Seguramente siempre han existido, pero hoy día son muy visibles y se producen de forma descontrolada.

Todo torneo tiene de todo. Yo prefiero quedarme con la parte competitiva, las relaciones que se establecen y en definitiva vivir los torneos como experiencias puntuales que pueden proporcionar un plus en el aprendizaje general de toda la temporada.

La otra parte, siempre está ahí e incluso se puede decir que forma parte del juego. Con que no lo condicione tengo bastante.

Un torneo es una fiesta. No conozco ninguno que no desee que todos los participantes lo vivan así. Disfrutemos de ellos y valoremos todo el esfuerzo que hay detrás.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Dando lecciones. La prepotencia formadora

A lo largo de mi vida he asistido a cursos, seminarios, talleres y otros tipos de formaciones de forma continua. Sigo haciéndolo pero ahora además también los ofrezco. Desde el lado de asistente, nunca he aguantado a los formadores que actúan como si lo supieran todo. Ellos o ellas son la verdad, las auténticas eminencias sobre el tema.  Desde el lado formador, el respeto por los asistentes es máximo y básico en mi forma de actuar. Algo que por desgracia he echado de menos en numerosas ocasiones como asistente.

Es algo que nunca he entendido. La necesidad de alguno de mirar de quedar por encima, de menospreciar al que ha ido al curso a saciar su curiosidad o aprender. Incluso puedo llegar a  entenderlo en parte en auténticos expertos reconocidos en algunos ámbitos. Pero en formaciones concretas que se basan en aspectos generales en los que los contextos pueden marcar diferencias o las opciones de aplicación son múltiples, no lo entiendo.

military-662863_1280

Más si cabe cuando vas a una de esas formaciones de forma obligada. En esos casos, encontrarte con un prepotente delante faltándote al respeto puede ser ya la gota que colme el vaso. Cuando te tratan como si uno no fuera un profesional en su sector… puede pasar cualquier cosa.

No sé cuál es el objetivo de los que actúan así. Esos formadores que piensan que su verdad es la única verdad y que deben demostrarlo para dejarlo claro. Mostrar su superioridad por encima de todo, por encima del que está delante, por encima del que ha pagado…

Por suerte, decido a qué formaciones asistir para evitar en la medida que puedo a estos personajes. Me queda mucho por aprender pero yo decido cómo y con quien hacerlo. Mi tiempo es mío y decido con quien lo comparto. En las últimas formaciones que he hecho, he actuado así y son de las que más contento estoy.

Y como formador tengo claro que las personas que han decidido libremente asistir a mis formaciones se merecen lo mejor que les pueda dar. Empezando por un respeto máximo a su persona y a todo lo que representan. No voy dando lecciones a nadie. Pienso que los que lo hacen, pierden la opción de recibir aprendizajes desde la otra parte. Y yo no me cierro a aprender que es una de las cosas que más me gusta.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cambio de paradigma en minibasket

Después de 10 temporadas, volvía a entrenar en minibasket. Pese a que llevaba tiempo sin entrenar directamente, nunca he perdido el contacto del todo. Veía más de un partido cada temporada y hablaba con más de un entrenador. Pero es verdad que este año me he podido empapar mucho más de lo que hoy día existe en el minibasket.

Esta reflexión también se produce después de una corta conversación que tuve aproximadamente hace un mes con un informador arbitral, árbitro de reconocido prestigio que vino a observar al árbitro que dirigía mi partido. Transcribo una parte:

– Muchas gracias Dani por no comerte al árbitro por más que te ha dado opciones para hacerlo y ayudarle en todo lo que has podido.

– No hay de qué, es una de mis funciones como formador.

– Y sobre todo gracias por darle la mano al final del partido.

– Es lo mínimo y es lo habitual, ¿no?

– No. Te sorprendería cuántos entrenadores y entrenadoras de minibasket no lo hacen. Yo me sorprendía en octubre pero ahora en marzo ya no.

9ec5addc67447038d196a2fc30522c2d_XL

Esto me chocó e intercambiamos dos o tres frases más sobre el tema. Después pensando bien, al entrenar esta temporada en minibasket he visto más partidos de esta categoría, no me sorprendió tanto. Y es una auténtica pena.

Se ven jugadores que únicamente piensan en meter puntos sea como sea, con acciones técnicas mal realizadas y que cuando se lo comentan, en los casos en que eso pasa, claramente se ve que les da igual. Sólo les preocupa el resultado del partido y si este no es visible no paran de buscar como saberlo. En los casos en que los entrenadores no se lo dicen, preguntan directamente a la grada sin ningún inconveniente.

Se ven entrenadores que avanzan cuestiones tácticas impropias de la edad como son situaciones de mano a mano, bloqueos indirectos e incluso directos. La forma de dirigir los partidos está centrada exclusivamente en ganar no en que los jugadores y jugadoras mejoren. Aprietan de forma indiscriminada a los árbitros y la mayoría, si conocen el reglamento, se lo intentan saltar de cualquier forma, principalmente pidiendo tiempos muertos después de canasta recibida y si la mesa amateur no se lo da, protestan de tal forma que el árbitro al final para el partido por el escándalo. En ese momento no les concede el tiempo y cuando el juego se reanuda, anulan el tiempo. Ya han parado el partido. También están los que en su campo y con su mesa les van indicando cuando tienen que dejar correr el tiempo o pararlo en función del interés y los que camuflan zonas de todo tipo (aunque algunos ni las camuflan y se ofenden cuando se lo dicen).

Los árbitros que muchas veces se complican el partido con situaciones que podían ahorrarse como entrenadores con ficha de delegado que les montan un show minuto tras minuto. Normalmente, también ellos están en formación pero cuando se encuentran con entrenadores que les miran de ayudar, no son muy receptivos.

Las familias se merecerían unos cuantos artículos para ellas solas. Simplemente, muchas deberían verse en vídeo. Confío en que una mayoría reflexionaría. El resto, las que gritan a los contrarios, insultan a los árbitros y en general se olvidan de que un padre y una madre no dejan de ser un modelo para sus hijos, simplemente deberían no asistir a los partidos por el bien de sus hijos.

Es necesario y urgente un cambio de paradigma. Pasar de esa obsesión por el resultado a valorar el proceso de mejora y aprendizaje que se vive en el minibasket.

Entre todos nos estamos cargando el minibasket. Me incluyo porque todos somos responsables: jugadores/as, entrenadores/as, familias, clubs/colegios, federaciones. Todos de una forma o de otra hacemos que la realidad sea esa, también cuando vemos situaciones que no tocan y las catalogamos como normales.

Algo hay que hacer para que el minibasket vuelva a ser lo que toca. Un espacio de aprendizaje y disfrute máximo y que cuando esta etapa se acaba, haya jugadores en formación con una base deportiva, competitiva, técnica, táctica, coordinativa, etc. pero sobre todo una base humana que enriquezca al resto de categorías que a esos deportistas aún les queda por vivir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Estoy bien (aunque bueno…)

Algo habitual en las conversaciones que tenemos todos los días es aquella típica pregunta de “¿Cómo estás?”. La respuesta suele ser otro tópico “Estoy bien”. Si la pregunta es sincera y no una mera cordialidad, en demasiados casos podremos detectar que la historia no acaba en el bien y que por desgracia lo que falta por explicar no suele ser bueno o positivo.

Se puede considerar normal no ir publicando las preocupaciones propias a los cuatro vientos (por más que sea habitual hoy día hacerlo a través de las redes sociales). También suele influir bastante la persona que genera la pregunta y la consideración personal que tengamos sobre ella.

quiero-estar-bien

Otro aspecto, y pienso que este es el preocupante, es no ser consciente de las propias necesidades de uno mismo. Contestar que uno está bien pese a que no duerma por las noches, coma compulsivamente o necesite de una pastilla que lo o la relaje cada cierto tiempo. Este es el verdadero problema que para darle aún mayor importancia, en demasiadas ocasiones no se detecta hasta que ya se trata de un problema grave.

Hoy día muchas personas se llenan la boca con palabras bonitas, citas de todo tipo, las virtudes de tener o poseer según que características personales y demás. Hay muchas palabras de moda que muchos no utilizan de la forma adecuada para el peso que tiene la palabra. Esto nos lleva a malinterpretaciones sobre lo que es o no es tal cosa.

Una de estas palabras es resiliencia. Ser resiliente o tener la capacidad de superar la adversidad de aquello que nos surja en la vida es una capacidad muy útil para el día a día y para conseguir vivir el presente de una forma productiva. Pero ser resiliente no es no tener dolor o malestar emocional. Es asumirlo, aceptarlo, aprender de él y saber gestionar todo lo que este me produce.

Para lograrlo debo ser consciente de estas dificultades y ver mis necesidades ante ellas. De esta forma podré buscar cómo superarlas e incluso extraer un aprendizaje. No valorándolas o negándolas lo único que consigo es cubrirlas y que, por lo general, poco a poco se vayan haciendo más grandes hasta que dominen mi vida y le otorgue al hecho de no dormir por las noches la etiqueta de normal cuando no lo es.

Recursos para afrontar estas situaciones tenemos todos y nacen de una actitud adecuada ante estas situaciones, aquella que me lleve a la acción, y de una gran autoconfianza. Puede ser algo que tengas que aprender, pero no lo disfraces u ocultes. Toma consciencia de tus necesidades y actúa.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Fomentar la entrenabilidad

Una de las características que cada vez se tienen más en cuenta en la selección de personal, supongo que esto está influido por el auge del coaching, es lo que se ha denominado como ser entrenable. Es algo que puede que en empresa no se tuviera muy presente o por lo menos con ese nombre, pero para los que estamos en el mundo del deporte la entrenabilidad es una característica indispensable.

Que un jugador sea entrenable tiene diferentes matices y muchos de ellos están directamente relacionados con los valores personales de cada persona. Muchas veces se iguala la entrenabilidad con la capacidad de aprender, que es un aspecto indispensable. Pero esto se deja ahí, a ese nivel, sin bajarlo al nivel diario, a las actitudes y comportamientos habituales de la persona. Lo dejamos en la teoría, capacidad de aprender cómo si fuera un aspecto académico tradicional, pero no lo atendemos en la práctica, en esas acciones que vemos un día de entrenamiento o partido. Esos hábitos que nos muestran valores individuales que tienen incidencia sobre el aprendizaje.

IMG_8177

Aspectos a tener en cuenta pueden ser muchos y cada uno lo puede enfocar desde numerosos puntos de vista. Yo los voy a ligar a tres valores indispensables que considero que todo jugador que de verdad quiere llegar a aprender lo máximo posible en el deporte que practica debe tener y practicar de forma constante. Estos no son otros que compromiso, respeto y humildad. Habrá comportamientos que se mezclen entre los tres y, por supuesto, hay muchos más que se verán reflejados, pero estos probablemente son de los tres que más se nombran al tratar este tema.

Trabajando correctamente estos tres valores se puede influir sobre actitudes básicas como puede ser la puntualidad, escuchar con atención, la comunicación con el entrenador/a  o con los compañeros/as si se trata de un deporte de equipo, la honestidad con uno mismo y su entorno, la generosidad, la constancia, la flexibilidad, la iniciativa, el autocontrol, la paciencia, el optimismo, la creatividad, la empatía o el liderazgo.

Todos ellos aspectos importantísimos que podrían, y muchas veces deben, tratarse por sí solos en más de un caso. Pienso que una posible forma de actuar para mejorar esta indispensable capacidad y que los jugadores, principalmente los que están en edades de formación (aunque con este enfoque, esta nunca acaba), puedan ser cada vez más entrenables y desarrollarse individualmente formando su personalidad propia y única es esta. Crear la base de una pirámide (como la de John Wooden pero aplicada a este aspecto) con el compromiso, el respeto y la humildad, juntamente con otros dos valores básicos como son la curiosidad y la confianza. Una muy buena y sólida base sobre la que edificar, todo unido con la inteligencia emocional.

Estos valores que he mencionado están presentes en lo que se conoce como los valores del deporte. En esta ocasión, enfocados a algo concreto y siempre viendo cómo se pueden transmitir de la mejor forma posible, adaptada a cada deporte y a cada jugador, para que por lo menos reflexione sobre si los adopta o no, pero que los conozca, reconozca y valore.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Excusándose en el talento y en el reglamento

Os expongo tres casos para poneros en situación.

Caso 1: Chico premini de segundo año (8-9 años) muy grande en todos los sentidos,  muy alto para la edad y muy ancho, con las dificultades de movilidad que todo esto conlleva. En defensa esta a mucha distancia del suyo y persigue la pelota a la mínima que puede siempre que se acerca a su aro. En ataque hace lo mismo, juega alrededor del aro. Si recibe la pelota fuera de esa zona no mira la canasta, no bota nunca ni tampoco pasa, sus compañeros cogen la pelota en un mano a mano. Una vez que la pasa, su entrenador le dice: “Espera a que vengan a cogerla y luego a tu zona, en la que estás cómodo”. Ante la cara de sorpresa del árbitro y del entrenador rival, dice: “Tengo que proteger su talento”.

dia-del-minibasket-todo-exito-plasencia-1398879534454

Caso 2: Chico mini de primer año (10-11 años) con una estructura corporal normal para la edad. Tira de una forma muy rápida para edad y con una efectividad bastante elevada, desde una distancia como mucho de 5 metros. No bota. En una ocasión recibe en un contraataque y da un bote para finalizar en una entrada no muy bien hecha. Su entrenador le dice: “Bien pero recuerda que eres tirador y que desde fuera de la zona vale de 3. Tira siempre”. Se gira y le dice a su ayudante “Es lo que sabe hacer y además nos beneficia por el reglamento, pues que tire”.

Caso 3: Chico mini de segundo año (11-12 años) algo grande y con una buena movilidad, pero bastante discontinuo en su esfuerzo. En defensa casi no defiende y en ataque si tiene la pelota tira de cualquier sitio o intenta hacer un 1 contra 1 de la forma que sea. No pasa ni una a los compañeros. Las veces que no tiene la pelota, hace directamente un bloqueo directo a su compañero para que este penetre o se la pase en la continuación. El árbitro le comenta al entrenador que no debería hacer bloqueos ya que el reglamento no lo permite. La respuesta del entrenador es: “El reglamento no dice nada de eso (es cierto), no están prohibidos. Además yo no se lo he enseñado, es su forma jugar”. Una persona de la mesa le comenta que podría decir al niño que no los hiciera y su respuesta es: “Yo no voy a cohibir su talento si esa es su forma de jugar y además mete puntos”.

Después de estos casos, dos que me explicaron y uno que lo viví como entrenador contrario, empecé a pensar. Últimamente se lee y se publica mucho sobre proteger el talento y dejar que los jugadores se expresen libremente. Es algo en lo que estoy de acuerdo y sobre lo que yo también escribo. Existen muchas personas que sólo valoran esto en función del resultado obtenido y del beneficio que pueden obtener. De igual forma que otras pasan de un extremo a otro, rígidos al máximo como robots (haz sólo lo que te he dicho que hagas) o libertad que realmente es libertinaje (me da igual lo que hagas si consigues canasta). Además buscan lo que les interesa del reglamento para que los ayude a darle mayor credibilidad a esta farsa que los disfraza de defensores del talento.

Debemos poner todos de nuestra parte y tener claro que al margen de las distintas formaciones para los entrenadores, el día a día es el principal centro de aprendizaje. Todos tenemos nuestra función para ayudar a formar sin matar la creatividad de los noveles ni actuar con prepotencia por tener más experiencia. Humildad entre los entrenadores para que de esta forma todos nos podamos centrar en crear el marco idóneo para que todos los jugadores y jugadoras se desarrollen en su máximo potencial. Para eso deben mantener y mejorar/perfeccionar lo que les es natural y aprender e ir puliendo lo que más les cuesta, menos les gusta.

El equilibrio no es fácil, pero esa es la gracia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mitad del camino

Las competiciones llegan prácticamente a su ecuador. En estos momentos, una gran cantidad de equipos, de clubs, de entrenadores, de jugadores y de familias se están planteando como enfocar lo que queda de temporadas. Había unos objetivos a inicio de temporada y ahora ya puedes hacer un análisis con bastante información de cómo has funcionado hasta ahora y lo que se ha logrado de esa forma. También puedes hacer otra proyección al futuro, puede que más ajustada de la que realizaste en a inicios de temporada.

Hablo de toda clase de objetivos. Seguramente los que tienen que ver con los resultados son los más claros de todos. Pensar en lograr ganar unos partidos que te permitirán competir a un nivel y puede que incluso optar a excelentes clasificaciones y encontrarte con derrotas que no esperabas y que te han alejado de las metas a las que pensabas que llegarías. Pero también de otros objetivos como el estilo de juego, la evolución individual de los jugadores, la cohesión del equipo, etc. Todos estos también vistos desde el otro extremo: lo ganamos todo, jugamos como nunca, cada día soy mejor jugador,…

descarga7

Cada uno lo afronta como considera oportuno, pero pienso que hay tres enfoques básicos que pueden marcar lo que queda de temporada. Estos tres aspectos están presentes cada día en las acciones que realizamos continuamente. En los momentos de evaluación salen a la superficie pero a todo el mundo le iría mejor si los tuviera presentes de forma más continua, cada uno en su justa proporción.

Enfocado al pasado. Como la temporada va mal, cometemos errores que nos cuestan partidos, no evoluciono con este entrenador,… todo lo que hago me recuerda aquella acción que nos costó un partido, la lesión de un jugador, aquella explicación que no comprendí y sigo sin entender. La mochila pesa y me frena y no paro de añadirle peso porqué me es fácil encontrar situaciones que me las confirmen. Teníamos un objetivo a principio de temporada y como este se ha complicado en exceso o ya es imposible ya todo está hecho. No soy capaz de generar nuevos objetivos adaptados a la nueva realidad. Las responsabilidades se diluyen o se aceptan sin oponer resistencia, sin ofrecer alternativas.

O al revés. Todo lo que ha pasado hasta ahora me reafirma. Doy por hecho que los objetivos se lograran por lo que ya hemos hecho a día de hoy. Hay que seguir igual sin salirse para nada del camino que llevamos. No hago nuevas aportaciones ya que así nos va bien.

Enfocado al presente. La realidad con la que me encuentro no cumple con las expectativas que tenia. Ya no podemos luchar por el campeonato, sigo siendo el jugador o jugadora que era a principio de temporada o incluso algo peor, cada día jugamos peor y además hay mal rollo. Pero ante esto actúo. Admito que los objetivos ya no se pueden cumplir o están muy complicados y genero otros más adaptados a la realidad. Esto no quiere decir que sean objetivos más fáciles de cumplir. Ahora dispongo de información nueva y puedo modificar mis acciones para que estas me lleven a lograr estas metas.

La realidad es la imaginada o superior. Valoro lo realizado hasta ahora y busco los aciertos y los errores para generar el aprendizaje que pueda aplicar en este momento y que ayude a que la realidad se mantenga e incluso mejore. Busco enriquecer desde la base de trabajo ya creada.

Enfocado al futuro. Proyecto lo que hemos hecho hasta hoy a lo que queda por delante y todo esto se repetirá hasta final de temporada. Los partidos igualados que tengamos por delante los perderemos y la situación que hoy tenemos será cada semana peor. Entro en un bucle de profecía autocumplida que no hará más que confirmar todo lo que sé que pasará. Y también en positivo. Si todo nos ha salido bien hasta hoy, ¡vamos a por todo!  La ambición crece y añado nuevas formas de jugar, adelanto pasos de la planificación y le aporto nuevos contenidos, mi nivel de exigencia aumenta cegado por lo que podemos lograr. Las alas que me aporta lo logrado hasta hoy me impulsan con tanta fuerza que perdemos la esencia de lo construido hasta ahora.

Por lo general nadie enfoca al 100% en una sola de estas opciones pero una suele predominar en todo lo que hacemos.

Lo más importante es que ahora estás a mitad del camino, queda la otra mitad. No lo olvides. Tampoco olvides que no sólo existe un camino pero que sí tendrás que tomar decisiones para saber cuál te llevará a donde quieres y cómo tu quieres llegar allí.

Recuerda que el camino es tu día a día y que todo el proceso para lograr el objetivo que deseas, en definitiva, es lo que te construye, construye tu equipo, te hace mejorar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Ganar a cualquier precio

Es empezar la competición escolar o de formación y te empiezan a llegar noticias que no cuadran con lo que el deporte a esa edad debería ser. Vaya por delante que soy competitivo y defiendo la competición como un escenario necesario para el aprendizaje en cualquier deporte. Pero de ahí al resultadismo puro y duro que se ve muchas veces, hay una gran diferencia.

La gran mayoría de deportes realizan adaptaciones del reglamento de los adultos, profesional o como se le quiera llamar, para en teoría favorecer el desarrollo de los jóvenes deportistas. En principio los entrenadores  de esas edades deberían conocer esas adaptaciones y utilizarlas en beneficio de la progresión de los jugadores y jugadoras.

2b474165a35f02f4

Me sorprende la gran cantidad de partidos en los que se cometen irregularidades por el mero hecho de mirar de ganar. Principalmente en los reglamentos que estipulan un tiempo mínimo y máximo de juego por cada jugador que participa en el partido, se infringe esta norma para llevarse el partido. Puede haber un error de desconocimiento del reglamento, algo que ya me parece grave. Puede ser un despiste o error debido a diversas circunstancias que se pueden producir a lo largo del partido y que alguna te lleve a cometer el error de alineación. También se puede hacer voluntariamente para ver si nadie se da cuenta y ganamos el partido, aprovechándome de que el árbitro también es una persona novel en el arbitraje. Esta última situación en concreto, en dos deportes distintos, me la han explicado en los últimos días.

Siguiendo con el reglamento adaptado, mirar de sacar beneficio aprovechándose de una norma del reglamento de mayores, no existente en el adaptado. El ejemplo más claro (me han explicado otros de otros deportes pero no las conozco tanto) es en minibasket el momento de pedir un tiempo muerto. En el baloncesto de reglamento FIBA, este se puede pedir después de recibir una canasta. El reglamento de minibasket no lo permite. Demasiados entrenadores los piden sabiendo esta norma y los reclaman hasta parar el partido. Si el árbitro en ese instante no se lo concede y le argumenta que no puede ser después de canasta, igualmente ya ha logrado su objetivo: parar el partido. Muy fácil de observar jornada tras jornada.

Otro aspecto que denota el ir a por el resultado en exclusiva es la forma de jugar. No ya sólo el reparto de minutos que en ocasiones es escandaloso, sino estilo de juego propuesto. En este apartado también hago referencia a la utilización de la técnica y centrarse solamente en aquella que proporciona el resultado fácil, ya sea canasta o gol por ejemplo, obviando el aprendizaje y las necesidades futuras para seguir progresando y disfrutando del juego.

Salir a ganar un partido es normal. Ser capaz de hacer cualquier cosa por conseguirlo y priorizarlo por delante de que los jugadores aprendan, disfruten, evolucionen,… simplemente es no saber qué quiere decir ser entrenador de alguien. Entre todos estamos consiguiendo que el deporte formativo pierda su esencia. De todos nosotros depende valorar lo que realmente es importante a cada edad para poder disfrutar, cuando llegue el momento, de los mejores deportistas de élite dentro de una sociedad con una cultura deportiva mucho más rica.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Obsesionados por no cometer errores

Os propongo un juego: ir a un entrenamiento de un equipo de baloncesto y dedicaros a observar a los jugadores o jugadoras. Sirve casi cualquier equipo y de cualquier edad, pero si es uno de formación mejor. Simplemente mirar y observar a los jugadores con el objetivo de ver cómo cada uno asume los errores que cometerá a lo largo del entrenamiento.

Cierto es que existen muchas variables, algunas de ellas que condicionan muchísimo,  como pueden ser la actitud del entrenador o entrenadora ante los errores, los ejercicios propuestos y el objetivo de cada uno de ellos, etc. Pero en general en un entrenamiento tipo en el que esos condicionantes estén bajo un determinado control, lo que observaremos es una clara diferencia entre los que asumen el error como algo habitual cuando se entrena y los que lo perciben como una amenaza. Si este juego lo transportamos a un partido de competición aún podremos extraer más conclusiones y puede que de mayor calidad.

tomic-efe-644x362

Cada vez más jugadores y jugadoras crecen obsesionados por no cometer errores. Es más, muchos encaran un nuevo aprendizaje con una presión extra que les hace querer desarrollarlo de una forma básica inicial y basta. Puede que con el tiempo acumulen alguna riqueza a ese nuevo movimiento técnico, lectura,… pero les cuesta muchísimo cuestionarse el primer aprendizaje adquirido para poder desarrollarlo más allá de unos principios básicos. Sería cuestionarse su certidumbre, lo que ellos ya saben y conocen.

Motivos existen muchos y algunos los he mencionado anteriormente. Todos tienen su importancia y este hecho va más allá del aprendizaje de un deporte en concreto. Pienso que uno de los más importantes es el valor cultural que se otorga al error. Equivocarse, es algo habitual y por lo menos no debería ser penalizado, principalmente en entornos de desarrollo.

Los entrenamientos deberían ser un sitio en el que los errores estén desdramatizados. ¡Ojo! Me refiero a los que se cometen con el máximo de implicación y compromiso por aprender de la persona que lo comete y de la persona, entrenador, que ayuda en este proceso. El resto de errores son otro cantar y se deben tratar de otras formas en función del origen del mismo.

Cómo hacerlo es fácil y difícil al mismo tiempo. Las adaptaciones individuales a cada jugador son la base, así como crear un ambiente apropiado durante el entrenamiento. Ese ambiente debería recoger particularidades individuales para que todo el mundo se sintiera representado y aportar un marco común que fuera reconocible por los protagonistas.

Pero hay tres aspectos más a tener en cuenta para que esta obsesión por no cometer errores sea cosa del pasado: congruencia, paciencia y control de expectativas. Congruencia en la actitud de todos en todo lo que podamos controlar ya sea en un entrenamiento o en un partido. Paciencia porque este cambio no se producirá de la noche a la mañana. Control de expectativas ajustando los objetivos de forma adecuada para mitigar la posible frustración.

De esta forma, con el tiempo, el juego que os he propuesto al inicio lo podríamos dedicar a observar otros aspectos mucho más agradables.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Quiero la pelota

Tener jugadores decisivos es algo que todo entrenador desea. Seguramente, en función de la forma de pensar y jugar que cada uno disponga y del deporte en que se compita, la cantidad deseada por cada entrenador de tener jugadores decisivos en sus plantillas variará. ¿Pero cuántos jugadores son realmente decisivos?images (3)

Muchas veces hemos escuchado o leído aquello de “no rinde en los momentos importantes”. Es una información muy fácil de encontrarse en los momentos cumbre de las diferentes competiciones. Jugadores importantes a lo largo de la temporada, básicos en los esquemas de juego que incluso han decidido partidos, pero que hacen el peor partido en el momento clave, en ese cruce, en esa final. Casi ni aparecen en el partido o sus aportaciones positivas al conjunto del equipo son inferiores a las habituales.

Por el contrario también existen los jugadores que siempre aparecen en esos momentos y que rinden por encima de lo que suele ser habitual. Al margen de aspectos económicos o contractuales que también pueden influir, ¿qué es lo que pasa?

Las respuestas son múltiples. Una de las primeras que se suele escuchar es la capacidad de liderazgo del jugador. Pero para que alguien pueda liderar de una forma positiva primero debe estar en unas condiciones psicológicas propias adecuadas que le permitan transmitir al resto ese liderazgo del que puede o no disponer. Un líder excelente pero que no controla en un momento puntual su propia ansiedad, ¿qué transmite a su equipo?

Expectativas, ansiedad, estrés, responsabilidad, autoconfianza, presión, miedos,… Todos estos aspectos influyen. Cierto es que hay personas que de forma natural saben afrontarlos, convivir con ellos y seguir consiguiendo un rendimiento alto o incluso óptimo. Una gran mayoría no es capaz de realizar este trabajo. También existen los que son capaces de rendir cuando todo transcurre de forma positiva, fluye de forma natural, hasta que en un momento se encuentran cometiendo errores de forma consecutiva por más que se esfuercen.

La capacidad de vivir en el presente es la base para poder superar estos momentos. El presente es el único momento en que uno puede actuar, mostrar su talento y todas sus aptitudes y actitudes. Este es un aspecto entrenable y que se puede mejorar trabajándolo de diversas formas.  Con tiempo, de forma preventiva y como un aprendizaje, una competencia imprescindible para todo jugador. De esta forma la cantidad de jugadores decisivos, resolutivos, se podrán incrementar o por lo menos mejorar la capacidad competitiva de todos.

Puede que igualmente, en momentos cumbre, no todos quieran la pelota pero por lo menos si les llega estén preparados para poder contribuir de forma positiva.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿La compartimos?

El ser humano es un ser social y en una gran parte de las acciones que realiza existen diversos factores que influyen en la consecución de estas. Lograr o no algo, básicamente depende de uno mismo pero no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del entorno.

En todo proceso formativo existes tres factores básicos: la persona protagonista del proceso, la persona u organización que ofrece el proceso formativo y el entorno de la persona que recibe la formación. Cierto es que este tercer factor depende del primero, pero en casos como niños/as o adolescentes principalmente, por mi experiencia, prefiero separarlos. Los adultos somos responsables de nuestro entorno pero un niño…

La persona que realiza una formación es el protagonista de la misma y en mi opinión todo el resto de implicados deben tenerlo claro. Ese protagonismo también otorga una responsabilidad, que en función de la edad puede variar, pero siempre existe. El alumno tiene responsabilidad sobre su aprendizaje.images3

Los centros u organizaciones que ofertan la formación y la personas o personas que directamente la imparten deben hacer patente su máxima implicación en favor de todos los protagonistas de sus formaciones. Tienen la responsabilidad de ofrecer sus mejores servicios en función de las demandas del protagonista o de los que ellos como profesionales puedan detectar que ayudará más en su evolución al alumno o aprendiz.

El entorno de la persona, principalmente en casos de menores de edad, es clave. Pienso que principalmente como modelo de conducta y asumiendo su responsabilidad que pasa por poder facilitar el acceso a los procesos formativos y colaborando con los expertos que la ofrecen. Otro aspecto es ayudar a hacer comprender al alumno su responsabilidad en su aprendizaje.

Resumiendo: en todo proceso de aprendizaje, todos los implicados tienen su responsabilidad para la consecución de la formación. Y este aspecto por lo general se olvida.

Si hablamos de la escuela, a esta se la carga de un porcentaje de responsabilidad más elevado del que le corresponde y principalmente a los maestros, a los profesores algo menos. Pero resulta que los medios de los que disponen estos no son los que se necesitan para atender y ofrecer lo mejor y más adaptado a las características individuales de cada niño/a.

alberto-berrocal-620-001Si pensamos en aspectos de formación deportiva, y aunque hay casos de toda clase, los entrenadores asumen en muchos casos, un porcentaje más elevado del que les corresponde. Si en la escuela se puede observar la sobreprotección del entorno, esta es aún superior en actividades lúdico-competitivas. Sobre todo cuando se olvida el carácter lúdico y se centra en exclusiva en la competición, dejándose de pasada la formación y el aprendizaje por el camino. Existen muchos jugadores y equipos que no asumen su parte de responsabilidad, su compromiso con su propia evolución.

Un buen amigo me explicó una experiencia de este tipo. La temporada que estaba realizando con su equipo entraba dentro de lo previsto, aunque una parte de los jugadores y sus familias esperaban mejores resultados. No existía un compromiso con su propio trabajo para mejorar esos resultados que ellos consideraban pobres y también hubo problemas ajenos a la dinámica del equipo que afectaron al equipo.

Una situación puntual en un partido, retrató la falta de respeto existente a la labor realizada por el entrenador y este les propuso que se plantearán sus objetivos hasta final de temporada y qué les impedía conseguirlos. Si él era un obstáculo, no había problema. El objetivo era hacerles ver la realidad y aunque algunos la veían, otros no y aprovecharon la ocasión para centrar las culpas en el entrenador, decidiendo como equipo que lo mejor era que hubiera un cambio de entrenador. Dejó el equipo. Al salir de la instalación se encontró con un grupo de padres y madres de los que se despidió y a continuación pasó esto:

–          ¿Cómo? ¿No sigues?- dijo una madre.

–          No. Ellos lo han decidido.

–          Pero a ellos no les corresponde. Les has pasado la responsabilidad.

–          ¿Les he pasado?

–          Sí, sí. Se la has pasado.

–          Ese es el problema –intervino otro padre que hacía funciones de delegado-. Ellos no han cogido su parte en toda la temporada. Y nosotros los hemos dejado excusarse en él. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y ni nosotros ni ellos la hemos cogido y se la hemos pasado toda a él. Ahora se quedan sin escudo y nosotros también.

Al margen de compartir o no la resolución del problema (puso en práctica muchas posibles soluciones durante la temporada y la comunicación individual y colectiva era fluida) es un claro ejemplo de una mentalidad social muy extendida y muy fácil de realizar: excusarse. Buscar excusas es muy sencillo y mucho más fácil que aceptar y asumir la propia responsabilidad.

Todo sería mucho más enriquecedor y productivo para todas las partes si se asumieran las responsabilidades de cada elemento presente en el proceso. En definitiva si se compartiera la responsabilidad. Soy responsable de mis conductas y si realizo acciones con otras personas, todos somos responsables de algo, el grado de responsabilidad de cada uno es variable.

Entonces, con el mejor de los propósitos y de que todo sea más positivo para todos (win-win)… ¿La compartimos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La hora de la verdad

Ya está. Ya pasó. Una vez se acaba la Semana Santa, todo el implicado en proyectos que se acaban o evalúan en mayo/junio tiene claro que encara la recta final.

Lo que pase ahora puede marcar el futuro de muchos. Algunos, en relojfunción de lo que hagan, pueden tener la opción de cambiar todo lo que han hecho hasta ahora en el curso, año o temporada y conseguir el objetivo marcado. Otros no podrán. Si hasta este momento no han dado la cara y no han conseguido situarse en una posición mínima que le siga permitiendo conseguir su éxito, por más que estos dos meses consigan resultados excepcionales, estos se verán marcados por todo lo anterior. Si esto pasa y la persona quiere, no será un esfuerzo en vano, se producirá un aprendizaje de gran valor para futuros retos.

Los estudiantes se encuentran ante el final del curso que realicen. Sobre todo los que concluyen una etapa y ante todo los que terminan una etapa socialmente mediática. No es lo mismo acabar primaria que acabar el bachillerato. En una como mucho te preguntarán a qué instituto vas a ir y en la otra qué piensas hacer con tu vida ahora. Preguntas un poco diferentes.

En estos dos casos y en los otros posibles, ahora concluye un tiempo invertido y se verán unos resultados. No es una palabra que me guste utilizar en educación, principalmente porqué se tiende a pensar que los resultados son inmutables y se les otorga un poder que no tienen, se interpretan erróneamente.

Los deportistas, no los que prácticamente comienzan la temporada ahora, se encuentran en la misma situación. Las ligas colectivas están llegando a su fin. Los objetivos marcados en pretemporada por muchos pueden estar muy lejos (se supone que este caso se habrán redefinido) o ser aún posibles. El trabajo realizado hasta ahora, como siempre, hará más factible o menos que se hagan realidad.

Estudiantes, deportistas, empresarios y/o empresas que también se marcan objetivos para cumplir antes del verano (algo lógico por la estructura social en la que nos encontramos) todos, con sus variables, se encuentran en la misma situación.

Hayas hecho las cosas bien hasta ahora o las hayas hecho algo peor, se avecinan días de estrés, angustia, tensión, incertidumbre, nervios,… Y más si todo esto se interpreta como una amenaza.

Muchas veces nos olvidamos de que pase lo que pase, la vida sigue luego. Pase lo que pase tendré nuevos proyectos en julio/agosto/septiembre. Esa amenaza se hace más grande y nos impide ver más allá del horizonte.

Tal y como este ahora, ya no puedo cambiarlo. Si que puedo actuar en lo que haga de ahora en adelante y dependa de mi. Pues vamos allá. ¿Para qué perder el tiempo en si hubiera estudiado 1258234785694para aquel examen, si hubiéramos defendido en zona en aquel partido, si hubiese tirado aquel penalti de otra manera, si hubiera cambiado los términos del contrato con aquel cliente? O al contrario, alargando una situación de éxito en lugar de trabajar para volverla a repetir: ¡qué bien hice aquel trabajo! ¡Menos mal que hicimos aquella jugada y ganamos! ¡Cómo rematé aquel centro! ¡Qué gran cliente he conseguido!

Una vez reflexionado sobre esos aspectos y extraídas las conclusiones que me permitan una mejora en ambos casos, no vale la pena invertir más tiempo en ellos sin que haya una acción de mejora o cambio que los apoye. Esta pérdida de tiempo en un análisis poco productivo se da prácticamente siempre pero más en situaciones donde vemos un final.

Enfocar la situación como un final tampoco ayuda. Es cierto que en muchos casos lo es. Pero no es un punto y final, en algunos ni siquiera es un punto y aparte. Como he dicho antes, siempre que la persona quiera, se producirá un aprendizaje (a veces incluso sin querer) que podremos aplicar en situaciones futuras porqué habrá situaciones y proyectos futuros. Un final que me proporcionará un nuevo inicio. Por lo menos a mí me gusta más.

Esta recta final, esta hora de la verdad que la mayoría de nosotros encaramos ahora más que una amenaza es un reto, nuevo o no. Todo reto tiene sus riesgos es cierto. ¿Cuántas cosas en la vida no tienen riesgos? Pues, ¡a por ellos!