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La educación llevada a los extremos

La educación, el sistema educativo, se encuentra en un momento de cambio, de discusión, de reenfocar planteamientos, de adaptarse al siglo XXI como dicen muchos… Esto de por si no tiene que ser ni bueno ni malo. Debería ser un continuo dentro del sistema educativo de cara a buscar la mejora.

Pero no es así, y ahora nos encontramos en tiempos muy activos en este debate. Lo que no me gusta de todo esto es como las diferentes formas de pensar han llevado todo esto al extremo. Hablo desde la experiencia propia, vivida y observada, enriquecida por experiencias de otras personas.

Al principio de este tiempo de debate, los tradicionalistas (por ponerles un nombre) hacían una defensa a ultranza de sus metodologías. Ya lo he comentado en algún otro artículo, pero estas personas no eran las más veteranas precisamente.

En estos momentos, la vertiente innovadora ataca sin piedad a todo lo que no se plantee desde su visión. Todo es todo, incluido lo que no es tradicional ni de lejos pero no encaja, según su perspectiva, en sus metodologías.

La educación tiene un problema. Básicamente porque ambas vertientes han defendido y atacado desde su posicionamiento partiendo de una frase que no es otra que esta:

“La educación no es eso, es…”

Que bien aplicada podría ser buena, no voy a negarlo. Pero no es así. Marca una frontera, una delimitación. Una cosa es educación y lo otro no. No da lugar a matices. Y ese extremismo es muy peligroso. Pero por encima de todo, es antieducativo.

En mi opinión, la educación que genera un molde para todos no es apropiada. Y esto lo hacen las dos. Incluso los que dicen adaptarse individualmente al alumno con las metodologías innovadoras. Algunas de ellas, acaban aplicándose igual para todos.

La opción de poder adoptar diferentes metodologías educativas de todo tipo, a mí es la que más me atrae. No todas son aplicables ya que los contextos educativos son muy dispares. Así que, en lugar de menospreciar y atacar unas u otras, soy más de aprender y buscar lo más apropiado para cada sitio y alumno. Y puede ser casi cualquier metodología.

Pienso que esto es más enriquecedor que quedarme únicamente con una.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Juego de Educación Física: Tocar cosas en el patio

Muchas veces, en todas las profesiones, nos complicamos la vida. No somos conscientes de lo que nos rodea y por ese motivo no lo aprovechamos al máximo. Un día me hice esta misma reflexión estando en el patio del colegio en el que trabajo.

En cuanto a espacio, tengo suerte. Dispongo de dos patios grandes. Uno tiene una pista de baloncesto dibujada pero perfectamente podrían ser más hasta tres sin contar un porche que no está nada mal. El otro tiene una pista de futbol sala más otro porche con espacio a considerar. Estos espacios están unidos por unas escaleras y entre ellos se encuentra una zona amplia semicubierta que acoge los vestuarios en la que también puedes desarrollar actividades. Por todo esto, es habitual que durante mis clases se escuche que jugamos en los tres patios.

Procuro aprovecharlos y adaptar o crear actividades para hacerlo y generar así un espacio de juego amplio y con multitud de posibilidades. Uno de los juegos que utilizo se basa en tocar cosas u objetos que se encuentran en el patio. En ocasiones también valen personas pero no siempre para no molestar, aunque cuando está opción es posible la motivación sube aún más. Lo explique brevemente en el artículo 3 juegos de memoria y concentración, pero he decidido ampliar la explicación ya que, además de las ya explicadas, cada vez que lo pongo en práctica veo crecer sus posibilidades como herramienta de ayuda al desarrollo de los niños y niñas.

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El juego consiste en tocar un número de cosas en un tiempo determinado. Una norma que siempre está es que a partir de que el juego da comienzo, una vez empiecen a correr, no pueden dejar de hacerlo. Claro está que pueden bajar el ritmo por cansancio y que en función de la edad se es más o menos flexible con la norma. El motivo es para que piensen en movimiento ya que observé que pensaban antes de empezar a correr, pocos la verdad, pero que durante el juego, para pensar y hacer memoria de lo que les faltaba por tocar se volvían a parar.

Las variantes son múltiples: tocar cierto número de cosas en un patio, en dos o en tres, un número en cada patio pero que los objetos se puedan repetir o no, tocar objetos concretos, ir en parejas cogidos o por separado,… Y muchas más en función de lo que se quiere trabajar ese día.

Al terminar el tiempo o cuando todos vuelven empieza la segunda parte según la opción de juego escogida. Deben decir de memoria lo que han tocado. En este aspecto, con el tiempo observas una mejora considerable.

Otra clave de porqué este simple juego cada vez engancha más a mis alumnos es el aumento progresivo de dificultad. Esto les obliga a ser creativos y los que hace unos meses tocaban la portería y era un único objeto ahora tocan el poste, la cruceta, el larguero,… y los que tocaban la puerta ahora tocan el pomo, la cerradura, el marco… Y otras soluciones que os sorprenderían. Según la edad también están ampliando el vocabulario de una forma muy práctica y divertida.

Cada vez que jugamos busco una nueva variante para la próxima ocasión. Muchas me las han proporcionado ellos y ellas con su forma de actuar. Todo por aprovechar lo que forma parte de nuestras clases y está ahí aunque no lo usemos. Pues ya que está…

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿La compartimos?

El ser humano es un ser social y en una gran parte de las acciones que realiza existen diversos factores que influyen en la consecución de estas. Lograr o no algo, básicamente depende de uno mismo pero no puede dejar de tenerse en cuenta la influencia del entorno.

En todo proceso formativo existes tres factores básicos: la persona protagonista del proceso, la persona u organización que ofrece el proceso formativo y el entorno de la persona que recibe la formación. Cierto es que este tercer factor depende del primero, pero en casos como niños/as o adolescentes principalmente, por mi experiencia, prefiero separarlos. Los adultos somos responsables de nuestro entorno pero un niño…

La persona que realiza una formación es el protagonista de la misma y en mi opinión todo el resto de implicados deben tenerlo claro. Ese protagonismo también otorga una responsabilidad, que en función de la edad puede variar, pero siempre existe. El alumno tiene responsabilidad sobre su aprendizaje.images3

Los centros u organizaciones que ofertan la formación y la personas o personas que directamente la imparten deben hacer patente su máxima implicación en favor de todos los protagonistas de sus formaciones. Tienen la responsabilidad de ofrecer sus mejores servicios en función de las demandas del protagonista o de los que ellos como profesionales puedan detectar que ayudará más en su evolución al alumno o aprendiz.

El entorno de la persona, principalmente en casos de menores de edad, es clave. Pienso que principalmente como modelo de conducta y asumiendo su responsabilidad que pasa por poder facilitar el acceso a los procesos formativos y colaborando con los expertos que la ofrecen. Otro aspecto es ayudar a hacer comprender al alumno su responsabilidad en su aprendizaje.

Resumiendo: en todo proceso de aprendizaje, todos los implicados tienen su responsabilidad para la consecución de la formación. Y este aspecto por lo general se olvida.

Si hablamos de la escuela, a esta se la carga de un porcentaje de responsabilidad más elevado del que le corresponde y principalmente a los maestros, a los profesores algo menos. Pero resulta que los medios de los que disponen estos no son los que se necesitan para atender y ofrecer lo mejor y más adaptado a las características individuales de cada niño/a.

alberto-berrocal-620-001Si pensamos en aspectos de formación deportiva, y aunque hay casos de toda clase, los entrenadores asumen en muchos casos, un porcentaje más elevado del que les corresponde. Si en la escuela se puede observar la sobreprotección del entorno, esta es aún superior en actividades lúdico-competitivas. Sobre todo cuando se olvida el carácter lúdico y se centra en exclusiva en la competición, dejándose de pasada la formación y el aprendizaje por el camino. Existen muchos jugadores y equipos que no asumen su parte de responsabilidad, su compromiso con su propia evolución.

Un buen amigo me explicó una experiencia de este tipo. La temporada que estaba realizando con su equipo entraba dentro de lo previsto, aunque una parte de los jugadores y sus familias esperaban mejores resultados. No existía un compromiso con su propio trabajo para mejorar esos resultados que ellos consideraban pobres y también hubo problemas ajenos a la dinámica del equipo que afectaron al equipo.

Una situación puntual en un partido, retrató la falta de respeto existente a la labor realizada por el entrenador y este les propuso que se plantearán sus objetivos hasta final de temporada y qué les impedía conseguirlos. Si él era un obstáculo, no había problema. El objetivo era hacerles ver la realidad y aunque algunos la veían, otros no y aprovecharon la ocasión para centrar las culpas en el entrenador, decidiendo como equipo que lo mejor era que hubiera un cambio de entrenador. Dejó el equipo. Al salir de la instalación se encontró con un grupo de padres y madres de los que se despidió y a continuación pasó esto:

–          ¿Cómo? ¿No sigues?- dijo una madre.

–          No. Ellos lo han decidido.

–          Pero a ellos no les corresponde. Les has pasado la responsabilidad.

–          ¿Les he pasado?

–          Sí, sí. Se la has pasado.

–          Ese es el problema –intervino otro padre que hacía funciones de delegado-. Ellos no han cogido su parte en toda la temporada. Y nosotros los hemos dejado excusarse en él. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y ni nosotros ni ellos la hemos cogido y se la hemos pasado toda a él. Ahora se quedan sin escudo y nosotros también.

Al margen de compartir o no la resolución del problema (puso en práctica muchas posibles soluciones durante la temporada y la comunicación individual y colectiva era fluida) es un claro ejemplo de una mentalidad social muy extendida y muy fácil de realizar: excusarse. Buscar excusas es muy sencillo y mucho más fácil que aceptar y asumir la propia responsabilidad.

Todo sería mucho más enriquecedor y productivo para todas las partes si se asumieran las responsabilidades de cada elemento presente en el proceso. En definitiva si se compartiera la responsabilidad. Soy responsable de mis conductas y si realizo acciones con otras personas, todos somos responsables de algo, el grado de responsabilidad de cada uno es variable.

Entonces, con el mejor de los propósitos y de que todo sea más positivo para todos (win-win)… ¿La compartimos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Inversiones de futuro

Hay veces que realizamos acciones en el presente que en un futuro pueden condicionarnos de una forma que ni siquiera nos podemos llegar a plantear. Me refiero a pequeñas cosas, incluso se pueden considerar pequeños detalles. Pondré un ejemplo para que se entienda mejor.teach-children-tie-shoelaces-200X200

Vamos a imaginarnos a un niño o a una niña, al gusto del lector. Un niño pequeño con unas zapatillas deportivas de cordones al que no se le ha enseñado cómo debe hacerlo para atárselos de una forma apropiada. Cuando llega el momento de calzarse o se le desabrochen los cordones, es la persona que sepa atárselos que se encuentre a su alcance el que tiene más números para atenderlo. Si ve a alguien de confianza se dirigirá a esta persona. Hasta aquí, en función de la edad, se podría considerar normal.

Si observamos algunos de estos casos, fácilmente nos encontramos con niños que llevan un tiempo a tener en cuenta con calzado de cordones que no tienen ni idea de cómo deben atárselos ellos mismos. Es más, si observas cuando se los atan, verás al niño poner el pie perfectamente para que se los aten pero su cabeza mira para otro lado y no presta ninguna atención a lo que le están haciendo. ¿Exactamente qué es lo que está aprendiendo?

descargaOtro ejemplo que me he encontrado es el siguiente. Alumno de primaria aprendiendo a dividir. Comete errores como todos cuando aprendemos algo. Se le dice que está mal hecha. El alumno borra toda la división y vuelve a realizarla de cero. En bastantes ocasiones vuelve a cometer el mismo error. Seguramente la instrucción recibida no es la adecuada. Pero más tarde, cuando se cambia la instrucción y se le dice, por ejemplo, que la repase buscando el error, observas como vuelve a borrarla por completo. ¿Qué es lo que ha aprendido anteriormente?

Debemos ser conscientes de que en todo proceso de aprendizaje es necesaria la implicación de la persona para poder aprender y que existe un tiempo mínimo necesario para el aprendizaje de todo. De igual forma es necesario afrontar el error de forma natural ya que forma parte del proceso de aprendizaje. Si a todo esto le sumamos que el adulto tenga la paciencia necesaria y no caiga en la solución fácil (¡Ya te los ato yo!) y que aporte, cuando sea necesario, instrucciones que generen algún tipo de respuesta activa facilitando así el compromiso del aprendiz con su aprendizaje y la valoración de este trabajo realizado en función primordialmente del proceso (¡Lo has hecho bien casi perfecto! Pero hay algo que falla. Encontrarlo por ti mismo es tan importante como el resto. Cuando lo encuentres, el resto será sencillo. ¡Ya sabes cómo hacerlo!) ayudaremos sin duda a otorgar un valor cualitativo al aprendizaje.

Todo esto influirá de una forma u otra en cómo se encaren futuros aprendizajes. ¿De verdad es tan complicado?

¡Nos vamos de excursión!

Cuando era alumno de primaria recuerdo una ocasión en que mi tutora se quejaba amargamente del poco seguimiento que parecía que iba a tener una excursión. Comentándolo en tutoría, un compañero dijo:

–          Dice mi madre que lo que vosotros queréis es iros de fiesta…

La reacción de mi maestra fue explicarnos el por qué de las excursiones en los colegios. A esa excursión fuimos la clase al completo.

Con el paso de los años dentro de la docencia mi apoyo a las salidas pedagógicas va en aumento. Considero que al margen del momento que viva la sociedad, si están debidamente planteadas cubren un espacio muy importante en el desarrollo de los niños.

En años de bonanza económica o en momentos de crisis, las excursiones con el resto de compañeros de la clase son distintas a las que el mismo alumno puede realizar el fin de semana con su familia. El entorno social es distinto y una misma visita a una determinada montaña con la familia o con los compañeros de clase son dos experiencias distintas que favorecen sin duda el bagaje experimental del niño.

Otro aspecto a tener en cuenta es que determinadas familias no se plantean ir un domingo a visitar un museo u otras instalaciones o sitios de carácter cultural. Una parte de estas siguen pensando que se tratan de actividades caras o reservadas para unos pocos. Además de desconocer una gran cantidad de descuentos o centros con entrada gratuita, también desconocen las actividades que se preparan para los niños o para toda la familia. Otros piensan que para ir a ver unas piedras, como le dijo una madre a una compañera el curso pasado, no voy a pagar.

Cuando ya entramos en salidas pedagógicas más extensas, colonias, los que piensan que cuando un maestro se va de excursión en realidad se va de fiesta, tienden a pensar que las colonias son unas vacaciones para los maestros. De la misma forma que las salidas, las colonias cumplen una función muy importante. Considero que ambas son primordiales en el currículum escolar y es función de la escuela y de todas las administraciones implicadas ofrecer un abanico de experiencias mínimas vitales para los niños y los adolescentes a lo largo de su educación. Al margen de lo que estos puedan realizar con su familia.

Las excursiones pedagógicas tienen su sitio y pienso que en determinados centros, en función de su población escolar, son incluso claves. A todos nos gusta experimentar y descubrir cosas desconocidas. Estas salidas ayudan a asegurar que los alumnos tienen ese mínimo de experiencias a lo largo de sus vidas.