Entradas

Cuando calienta el sol

El sol es imprescindible en nuestras vidas. El estado de ánimo de muchas personas depende de si ven o no el sol a lo largo del día. Cuando a la presencia del sol le sumas otras situaciones como pasa en julio, pueden pasar muchas cosas. Incluso alguna de impensable.

En julio el ambiente que se respira es distinto y esto también se alarga a agosto. Estés de vacaciones o trabajando, hay algo distinto en el aire. No voy a ocultar que el verano también es un momento tenso para muchas personas. La estructura de tiempo que nos acompaña el resto del año se rompe, incluso se hace añicos. Esto no es fácil para muchos.

Ese ambiente. Ese sol omnipresente, aunque su presencia ya se esté reduciendo no somos conscientes de ello hasta finales de agosto. Todo esto nos afecta, nos lleva a hacer cosas. De esas que no hacemos el resto del año, con lo bueno y lo malo que eso puede conllevar.

Puedes encontrarte de todo. Personas que caminan, que cada día están en una terraza distinta con distintas personas o en la misma terraza con las mismas personas, que hacen algún curso de formación para ser mejores profesionales o simplemente porque les apetece, etc. ¡Incluso puedes encontrarte a gente que lee libros!

Todo esto está genial, que quede claro. Pero a mí me lleva a realizarme una pregunta. ¿De verdad no puedes hacer nada de esto el resto del año? Para los que rápidamente contestan NO, les preguntaría lo siguiente: ¿seguro que no hay nada que puedas cambiar y que te permita hacer alguna de estas cosas si así lo deseas?

Por otro lado, tener claro un momento del año en el que realizar cosas distintas, a mucha gente le va muy bien y le funciona a la perfección. Vuelvo a dejar claro que no estoy hablando de las vacaciones y punto. Personas que trabajan todo el verano, también incluyen diferentes actividades en este tiempo.

Eso sí, te voy a proponer algo. Intenta mantener alguna de esas actividades que incluyes en verano el resto del año. Pongamos que añades tres actividades distintas, ¿una de ellas no puedes seguir haciéndola a partir de septiembre? Puede que no igual, pero estoy seguro que no es necesario dejar de hacerla.

Alguno aquí puede asociar esto al mito de los 21 días necesarios para crear un hábito. No creo en él así que, por favor no hagáis esta vinculación.

¡Que el sol caliente vuestras vidas! Pero tampoco es necesario pasarse de calor si eso…

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

¡Quiero aburrirme! Aburrirse es bueno.

Los niños y niñas de hoy día no pueden aburrirse. Esta es una de las máximas que rigen la vida de muchas familias. Todo debe ser divertido. Bueno, puede que esto no siempre. Pero si que deben estar ocupados. Llegando a lo que muchas veces se conoce como la tiranía de la ocupación. Esta tiranía es la que para muchos expertos mata la creatividad de las nuevas generaciones. Vayamos por partes.

¿Qué problema hay en que un niño o niña se aburra? Me refiero al problema que esto es para las familias. El principal es que reclama nuestra atención. Solución: darle algo para hacer, algo para que pase el tiempo. Puede que se le ofrezcan diferentes actividades a escoger o directamente se le dé una. La cuestión es que durante un rato este ocupado.

6093472630_8a0b302f93_b

Si esto lo puedo anticipar… puedo establecer las actividades con antelación. Pasar de una actividad a otra en el mínimo tiempo posible. Ocupar el tiempo para que no sea consciente de que en algún momento no está haciendo nada. Incluso puedo planear qué hacer entre una actividad y otra si existe un desplazamiento. Todo controlado.

Eso es. Todo controlado, planificado de cabo a rabo. No vaya a ser que en algún momento se aburra, piense, cree y decida hacer algo inesperado. ¡Qué no se salga del  plan!

Cuando una persona se aburre, busca alternativas. Es lógico que para un niño o niña una de las primeras sea que el adulto de turno me solucione este problema. Bueno, para él o ella no es un problema realmente. Es una situación a cambiar. Somos los adultos los que vivimos la situación como un problema.

Pero si esto no pasa. ¿De verdad alguien piensa que se van a quedar ahí sentaditos, en silencio, mirando al vacío, sin hacer nada? Está claro que no, pensarán que hacer si tienen ganas de hacer algo. Buscarán que pueden hacer. Crearán su actividad. Y a medida que vayan creando más actividades, irán generando nuevas relaciones entre ellas, nuevas ideas, etc. Desarrollarán la creatividad. El aburrimiento, aburrirse en sí, es uno de los motores de la creatividad.

Pero esto crea un nuevo problema para las familias. Lo que aún no ha sido creado, no puede ser controlado. Es decir, si no sé lo que va hacer mi hijo o hija, ¿cómo voy a saber que no le va a pasar nada y que va a estar bien? No lo vas a saber. Tú decides como vivir estos momentos de incertidumbre.

¡Quiero aburrirme! Esta frase me la ha dicho más de un niño. De igual forma que más de uno me ha dicho que a lo que tiene miedo es a aburrirse.

Enfoquemos el aburrimiento como una forma de crecimiento no como una molestia a evitar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Acción- reacción. Gestión emocional básica

Muchas veces los adultos nos complicamos la vida en muchas cosas. En demasiadas seguramente. Dejamos de lado situaciones que nos parecen sencillas, habituales, etc. sin prestarle un mínimo de atención. Al hacer esto, perdemos numerosas oportunidades de aprendizaje. Esto pasa en todos los entornos en los que actuamos.

El mundo educativo no es una excepción. Muchas veces nos estrujamos la cabeza buscando actividades perfectas para poder trabajar y ver desarrollar diferentes aspectos importantes del aprendizaje. La gestión emocional es uno de ellos. Hoy en día está en boca de todos y se buscan multitud de actividades para trabajarla de muy distintas formas. Pero muchas veces no nos damos cuenta de que la gestión emocional básica está presente en todo aquello que realizamos.

human-726332_1280

Muchas actividades están repletas de situaciones claras donde la gestión emocional entra en juego. Simplemente pensad en todas las situaciones de relación o de comunicación que se establecen y ya podréis empezar a realizar un listado de situaciones a las que no se presta mucha atención, o ninguna.

Pasa en todas las áreas. La educación física no es una excepción y en su desarrollo, de forma constante, la gestión emocional de cada uno de los participantes está presente. Vamos a pensar un juego sencillo y muy habitual, que recibe diversos nombres en función de la zona o de la persona que lo explique. No es otro que la bola de fuego, matar o tocar a todos, todos contra todos, mataconills,… y seguro que me estoy dejando muchos otros.

El juego consiste en tocar al resto de compañeros y compañeros con una pelota, sin que estos la cojan y evitar que toquen a uno. Todo esto con multitud de variantes y diferentes normas a aplicar en función del objetivo que se quiera trabajar. Al tratarse de un juego que puede llegar a ser muy dinámico, es una buena actividad para trabajar las situaciones de acción- reacción. Uno intenta tocarte pero falla y tú coges la pelota y lo persigues ¿por qué te ha intentado tocar o por qué es la mejor opción?

Esta situación es una constante durante el juego. Hacer reflexionar sobre ella y ver cómo, de forma progresiva, identifican esas situaciones y otras que surgen y les generan diferentes emociones. Emociones muy distintas como la frustración, la alegría, la satisfacción, excitación, envidia, impaciencia, etc. que aparecen y les afectan en el desarrollo del juego de diversa forma.

Trabajarlas en esos momentos les permite adquirir un aprendizaje de gran valor transferible a otras situaciones comunes para ellos y ellas.

Esto también pasa en muchísimas otras actividades que se realizan diariamente. Seamos conscientes de ellas y aprovechémoslas ya que muchas nos aportan un contexto mucho más natural para trabajarlas que en otras situaciones artificiales que creamos específicamente para poderlas enseñar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Me subo por las paredes!

Por lo general, me gusta encontrarme con gente por la calle o en los sitios a los que voy y poder charlar un momento con estos conocidos o incluso que la charla se alargue tomando algo en algún sitio para poder hablar tranquilamente. Los días que la gente suele tener menos cosas que hacer, estas situaciones suelen ser más fáciles (fines de semana, puentes, vacaciones,…). Esos momentos en los que todos tenemos menos actividades, para muchas personas son sus momentos más tensos, más estresantes. Más de una vez la frase “cuando no hago nada me subo por la paredes” o alguna de similar, sale en la charla.

¿Por qué ocurre esto? Respuestas hay muchas y cada uno tendrá sus motivos, tanto personales como profesionales. Los dos casos que más me he encontrado en estas situaciones son los que comentaré a continuación, aunque hay otras opciones.

wall-110034_1280

El primero de ellos es la clásica rutina. Enfocada de la siguiente forma según cuando se suba el protagonista por las paredes. En fines de semana o puentes se rompe la dinámica establecida para muchos en cuanto a horarios (laborales y personales) y según tu situación personal o familiar se pueden romper también los momentos de espacio personal. Por otro lado, si hablamos de en vacaciones… aquí muchos perciben que los horarios y el espacio personal no es que se rompa, se destruye directamente.

El segundo es qué hacer en esos momentos libres. Es más, puede que no os hayáis dado cuenta pero hay bastantes personas que no utilizan la palabra tiempo libre. Utilizan tiempo de ocio, en familia, para estar con los amigos, para leer, para…lo que sea. Pero no dicen libre. Le dan un enorme poder a la palabra libre. Simplemente porque entienden que en esos momentos están forzados a decidir qué hacer. Vamos, a tomar decisiones ellos mismos. Algo que me ahorro si digo que es tiempo para la familia (ya decidirá la familia) o los amigos (siempre habrá alguno que tenga alguna idea válida).

Estás dos situaciones, junto con otras, pueden crear esos momentos en los que de repente quieras huir de donde estés al margen de lo que tengas delante, sea una pared o cualquier otra cosa que para ti lo represente.

Respira, relájate y quítale importancia a esos momentos. Vívelos en presente y disfrútalos como te venga en gana en ese momento, sin juzgarlos. Dejarás de ver paredes donde en realidad lo que tienes es el inmenso placer de poder decidir qué hacer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Rígido y convencional o flexible y original

Desde siempre me ha gustado leer libros. Supongo que como todos, he tenido momentos de prodigarme más en esta actividad y otros en los que casi no he leído ninguno. En los últimos tiempos me gusta leer cada vez más, casi diría que me apasiona.

Hace un tiempo leí un libro referencia para muchos. Se trata de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi. Cuando lo leí me llamaron la atención diferentes puntos que en él se trataban, algunos los he aplicado a mi vida y otros, sin ser consciente de ello, ya formaban parte de ella. Hubo uno en concreto, que además de intentar aplicarlo en las distintas facetas de mi vida, he mirado de ir observando en las diferentes situaciones que vivo o me transmiten y poder así construir unas conclusiones más ricas. Se trata de la diferencia entre los conceptos convencional y original.

fluir-mihaly-csikszentmihalyi-trabalibros

El ejemplo que pone el libro para explicar esta diferencia es el siguiente que cito textualmente: “Mientras que un artista convencional pinta el lienzo sabiendo lo que quiere pintar y mantiene la intención original hasta que el trabaja está terminado, un artista original con igual entrenamiento técnico comienza teniendo en mente una meta indefinida, pero hondamente sentida, modifica el cuadro según los colores y las formas que emergen sobre el lienzo y acaba con un trabajo terminado que probablemente no se parecerá en nada a como empezó. Si el artista responde a sus sentimientos interiores, sabe lo que le gusta y lo que no le gusta, y presta atención a lo que sucede sobre el lienzo, seguramente hará un buen cuadro. Por otra parte, si mantiene su idea preconcebida de cómo debería ser la pintura, sin responder a las posibilidades sugeridas por las formas que se desarrollan ante él, la pintura probablemente sea mediocre”

¿Cuántas veces empezamos algo con un objetivo tan definido hasta el extremo que nos impide ver situaciones o aspectos que nos encontramos por el camino y que nos permitirían incluso obtener un resultado final mucho más rico o satisfactorio? La respuesta que yo he observado a esta pregunta es que esto nos pasa en demasiadas ocasiones. Definir un objetivo lo mejor posible nos ayuda mucho a hacerlo realidad. La ecología del mismo y poderlo dividir en pequeños objetivos o metas durante la consecución del mismo también. Pero no debemos olvidarnos de la flexibilidad para enriquecerlo.

Entrenadores que plantean un partido de una forma para ganar y no ven o saben ver opciones que surgen durante el partido para poder lograr el objetivo de otra forma, puede que más fácil. O que tienen las rotaciones de cambios predefinidas (al margen de que sean por aspectos conductuales) y  no las cambian pase lo que pase. Deportistas incapaces de ver diversos caminos en su mejora que les harían dar el salto que desean y que únicamente trabajan alguno muy específico o demasiado general, logrando o no lo deseado pero no a un nivel superior o que de verdad les haga marcar la diferencia en su deporte. Maestros o profesores que se preparan una clase y la dan pase lo que pase, siendo incapaces de aprovechar una oportunidad de enriquecer la experiencia de aprendizaje de los alumnos por algo que surge en el momento y que puede que se desvíe un poco del objetivo de la sesión o suponga destinarle más tiempo, pero que podría enriquecerlo a un nivel mucho más significativo para todo el grupo, profesor incluido. Personas que se plantean el día de una determinada forma para poder hacer multitud de actividades y que cuando piensan en ello por la noche, empiezan a ver alternativas que podían haber realizado y les hubiesen facilitado mucho todo el día.

ser_original¿Y todo esto por qué? Simplemente por ser poco flexible y limitar algo imprescindible para lograr cualquier cosa como es dirigir nuestro foco de atención. Nos centramos en exceso en algo muy concreto y esto nos impide ver algunas cosas con la suficiente perspectiva para poder enriquecer lo que hacemos. En otras ocasiones hemos creado un plan tan específico y que nos ha costado tanto que entendemos que todo lo que no está en él, es una amenaza. Más que un plan de acción, creamos un búnker que nos aísla de todo el mundo exterior ya que es una distracción.

De esta forma nuestras actividades, nuestros resultados no tienen ese plus que podían tener si al marcarme mi objetivo final y mis objetivos intermedios analizara de forma constante todo lo que está pasando y que seguramente escapa de mi control. Detectaría situaciones que me enriquecerían y que me acercarían a poder construir y generar de forma original, marcando la diferencia. La flexibilidad me ayuda a crear de forma más personal e implicada conmigo mismo consiguiendo así ser original para mi propia vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Venirse arriba

La planificación personal es algo en lo que una gran mayoría de las personas podemos mejorar. Algunos lo intentamos e incluso en algunas cosas lo conseguimos. Otros directamente se excusan en el “yo soy así” cuando se dan de bruces con un problema ocasionado por una pésima organización personal. Un problema que cuando alguien se lo razona, ve que era muy fácil de evitar, pero claro… admitir que la otra persona tiene razón…

DSC_0494

Hay momentos clave a lo largo del año y alguno de ellos es cuando empiezan determinadas formaciones (cursos, postgrados o másters) o actividades de diferente índole. El quererse formar de manera continua es algo básico en mi forma de entender mi vida. Tener ilusión por aprender diferentes cosas, algunas propias de tu rama laboral o académica u otras que pueden no estarlo, y por realizar actividades nuevas o no, que te gusten o puedan llegar a gustarte, es algo que aporta vitalidad y energía a la vida, siempre y cuando lo lleves a la realidad y finalmente lo hagas. Pero muchas veces esa ilusión nos desborda. Nos venimos arriba de una forma espectacular.

Te plantas ante diversas opciones, todas ellas te gustan y como el tomar decisiones y priorizar es algo que por desgracia nos cuesta horrores… ¿Que levante la mano el que en algún momento de su vida no ha tenido un subidón y se ha apuntado a más cosas de las que podía hacer? Entonces priorizas por narices y si el máster es más caro, después de trabajar vas al máster, pero al gimnasio o a las clases de inglés de la academia pues va a ser que no vas a ir tanto como pensabas. De inicio en lugar de 3 días irás 2, luego 1 y después ya veremos. Te convertirás en el cliente estrella del gimnasio y la academia, que paga pero no va. Porque la mayoría siguen pagando, no vaya a ser que un día pueda ir y ya no pueda.

Todo esto no es más que una mala planificación personal. Una sobrestimación de lo que puedes hacer y un menosprecio  hacia actividades básicas (limpiar tu casa o comprar comida) y que necesitan un tiempo y espacios libres y flexibles para que uno haga lo que desea o pueda afrontar con calma imprevistos. Olvidamos que los imprevistos existen y sólo nos acordamos de ellos en medio del ataque de ansiedad que nos producen cuando aparecen.

Controlar la euforia y conducirla hacia la cantidad de actividades que realmente uno puede hacer sin estresarse en función de los compromisos y obligaciones que tenga. Elegir y priorizar para aprovechar esa euforia en la actividad, ya sea un postgrado o desestresarse con una partida de pádel a la semana con los amigos, y sacarle partido integrando el beneficio.

Así, el venirse arriba lo disfrutas y no te genera nada que no apetezca tener en tu vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5