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¿Soy consciente de todo lo que hago?

Suena el despertador. Son las 6:30 de la mañana. Cinco minutos más… puede que sean 10. Tengo tiempo. Voy al lavabo. ¡Qué sueño tengo! Será mejor que me meta en la ducha. ¡Qué bien se está! Oigo ruido, ya se han levantado. Será mejor salir y vestirse.

Son las 7. Toca ver qué tal va todo. La grande se ha levantado ya y el pequeño también. Bien, hoy podrán desayunar sin correr, vamos bien.

Ya estamos todos desayunando. A ver qué hora es… las 7:15. Perfecto. A y media ya estaremos y a menos veinte podremos irnos sin prisas, tranquilos.

¡Ya vamos mal! ¡Ya teníamos que haber salido! ¡Son menos cuarto! Por fin arranco el coche y… el semáforo de las narices. Ya está, como cojamos otro… no llegamos al instituto a las 8. ¡Ui! Casi cogemos este. Menos mal. Vale, mi hija en el instituto Ahora a dejar al pequeño en casa de su amigo para que vayan juntos al cole y a la reunión a las 9. Sobrados.

¡Qué hace ese camión ahí! ¡Ahora pasas a recoger la basura! ¡Vaya tela! 5 minutos al garete. ¡Por fin! Llegamos. Niño con su amigo A ver qué hora es… ¡Mierda! Y media. El camión de las… Voy a avisar de que llegaré justo, justo pero muy justo al inicio de la reunión. ¡Este semáforo no! Ya no llego.

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Ya he llegado. Son las 9:10. Por suerte, no ha empezado la reunión. Pero la de hoy es larga. O empezamos ya o entre una cosa y otra… no podré hacer el resto de cosas. Ya llegan todos. Bien. Sólo son y cuarto. Si no hay nada imprevisto a las 12 como mucho estamos fuera. Podré llamar a esos dos clientes antes de comer y después repaso los otros proyectos y fuera. Día hecho.

¡Las una y media! ¡Ahora salimos! Esa manía del “ya que estamos todos aquí…” y añadir puntos al guión de las reuniones. Ya no puedo llamar a los clientes. Mejor voy a comer.

Ya está. A casa. Y eso que uno de los clientes se ha enrollado con una tontería. Pero bueno, sólo es media hora más tarde lo normal. Ahora a casa a descansar. ¡Ups! Tengo que comprar y pasar a recoger al pequeño de inglés. Primero lo recojo y luego, de camino a recoger a su hermana de kick boxing paramos a comprar.

¡Vaya! Hoy sale tarde de inglés. Ahí sale. Sí que hay circulación hoy. ¡Y el supermercado está a reventar! A ver la lista… no hay nada urgente. Bueno si, algo para cenar… la verdad es que no tengo ganas de cocinar… ¿Pedimos unas pizzas para cenar hijo?

Ya estamos en casa. ¡Qué tarde! Haced los deberes mientras pido y vienen las pizzas. Espero que tengan tiempo…

Ya hemos cenado y todo recogido y se han ido a dormir. Un poco de relax. No mucho que casi son las 11.

¡Ostras las 12! Me preparo y a dormir que ya es tarde.

Buenas noches. Las 12:30. En seis horas en pie. ¡No he preparado la lavadora de mañana! Lo hago al levantarme… Y algo más tenía que hacer…. ¿qué era? No recuerdo. ¡Bufff! La 1, ya me acordaré.

Esto, con variaciones personales de cada uno, se parece mucho a un día habitual de muchas personas. ¿Somos conscientes de la cantidad de cálculos que hacemos a lo largo de un día? Esta historia es en parte mía y en parte de Lluís Segarra, divulgador de matemáticas, que la utilizó para demostrar la presencia de las matemáticas y el cálculo en la vida diaria sin que nos demos cuenta de ello.

Yo le doy otra vuelta de tuerca. ¿Eres consciente de la cantidad de pensamientos y acciones que haces a lo largo de un día? Seguramente no. Presta algo de atención y descubrirás algún pensamiento o alguna acción que puede que desees cambiar. También podrás disfrutar más de esos pensamientos y acciones. Toma consciencia y disfruta más de todo.

¡Ah! Y si decides cambiar algo, estaré encantado de que me lo cuentes.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Acepta todos los lados de las cosas

Todos somos conscientes que las situaciones que vivimos diariamente tienen diferentes lados, caras. Aunque seguramente no todos somos conscientes de cómo realmente son todos esos lados. Normalmente nos quedamos con el lado bueno y el lado malo. En función de cada uno y de la actividad, daremos más peso a uno o a otro. Aunque es bastante habitual tratar de eliminar el lado malo.

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Siempre existen diferentes lados. Seguramente tanto buenos como malos, aunque seguramente el etiquetarlos sea el primer error que muchos cometen. Estamos habituados a hablar y oír hablar de ellos. En la excelente película “El lado bueno de las cosas” miran de mostrar que en toda situación, hay algo de positivo. También lo encontramos en el primer libro de Anxo Pérez, “Los 88 peldaños del éxito”, cuando nos habla sobre aceptar la base del cubo. Me parecen dos buenos ejemplos, distintos entre sí, pero que muestran de forma clara la clave de todo esto.

Nos gusta etiquetar las cosas. Y las que no nos gustan tratamos de cambiarlas, borrarlas, eliminarlas… Ya he dicho antes que probablemente este sea el primer error. Básicamente lo es porque te enfocas en juzgar esa actividad. Al juzgarla, muchas veces se maximiza todo y lo que no te gusta buscas cambiarlo. Y si es posible lo más rápido que puedas. Así que reaccionas lo más rápido posible y posiblemente de la forma más precipitada posible. Es posible que alguna vez te salga bien. Pero cuando no es así, fácilmente las emociones negativas que ese juicio ha despertado en ti, son más profundas.

¿Entonces qué puedo hacer? Aceptar todo lo que envuelve a tus decisiones y tus acciones. Todo lo que hagas genera diferentes resultados, esos lados o caras que comentamos. Descúbrelos, conócelos y acéptalos para así poderlos disfrutar y ver que existen lados de todo tipo y todos ellos te enseñan, te hacen una persona mejor.

Pero sobre todo, te hacen una persona que puede saborear mucho más todo lo que hace. Disfrutarlo de forma natural. Toda decisión, toda acción afecta a algo. Para que eso no pase, no tendrías que hacer nada. Esta opción no me convence. Prefiero aceptar lo que pase y disfrutar de todos esos lados aprendiendo de ellos.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Una detrás de otra. Encadenar acciones

En la actualidad, principalmente debido a la evolución tecnológica constante, parece que todo lo que hagas debe ir acompañado. Vamos, que no puedes hacer sólo una cosa y que debes de hacer varias acciones a la vez. He dicho debes conscientemente. Parece una obligación, incluso una necesidad en algún caso.

Todo esto te permite escribir un email mientras escuchas música, consultas otra página de internet, atiendes los WhastApps entrantes o envías alguno, escuchas y hablas a la persona que tienes al lado y…sumadle todas aquellas acciones que queráis. Podemos debatir sobre lo que realmente es hacer diferentes acciones a la vez y lo que no lo es, incluso de la calidad con las que las hacemos (¿realmente estamos escuchando a esa persona?) pero además hay otro problema. ¿Y después?

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Hay un problema con el hecho de encadenar acciones una detrás de otra. Antes de la explosión tecnológica ya se observaba. Personas que podían hacer actividades simultáneas pero al acabarlas les costaba realizar la siguiente, necesitaban su tiempo. Ahora se observa muchas veces de forma más clara. Somos capaces de realizar esas acciones a la vez, pero cuando acaba ese grupo de actividades nos sigue costando a horrores pasar a las siguientes.

En el deporte y en la educación todo esto es observable claramente. Un jugador o una jugadora defiende teniendo que realizar una serie de multitareas y necesita su tiempo para pasar al ataque (al revés suele ser más notorio, pasar de atacar a defender). En este lapso de tiempo suelen cometerse muchos errores.

En educación se ve de distintas formas en función de las actividades. Pero es observable tanto en las clases como en los patios o espacios donde se realiza la educación física. Yo lo observo muy claramente en mis clases de educación física. Miran de hacer muchas acciones a la vez y eso no les permite aprovechar la actividad al 100%.

Por eso procuro hacer actividades secuenciales para ayudarles a tomar consciencia de todo lo que hacen de forma automática en multitud de ocasiones. Que quede claro que hacerlo automático no es malo. Lo que puede ser malo (aunque no me gusta la palabra pero deja más claro el concepto) es la poca consciencia que tienen sobre lo que hacen y eso no les permite, en ocasiones, apreciarlo, valorarlo e incluso buscar formas de mejorarlo.

Con las actividades secuenciales eso no pasa. Detectan dónde han cometido el error, mejoran cada proceso de forma consciente, etc. Pero además, todo esto permite que cuando pasas de grupos de acciones de un tipo a otro distinto (de atacar a defender como he dicho antes, aplicado a juegos como la bandera por ejemplo) la calidad global mejora.

Y lo mejor es que, poco a poco, te dicen que piensan más rápido antes de empezar a moverse. Saben que lo han hecho pero ha sido tan rápido que casi ni lo notan. Y también piensan mejor, deciden mejor, cuando ya están en movimiento y los estímulos se incrementan.

A veces olvidamos que, aunque ya se haga de forma automática, puede que separar las acciones para poder unirlas después y encadenarlas a las siguientes, ayude mucho más a integrarlo globalmente y transferirlo a otras actividades.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Sacar la basura

¿Alguien no conoce esta expresión? Estoy convencido de que todos las hemos escuchado en algún momento o utilizado. Ya sea en sentido real o en sentido metafórico. Existen muchas frases cortas como esta que están llenas de significado y que pueden dar tanto juego o generar multitud de situaciones.

Vamos a empezar por el sentido real. En este caso se corresponde con llevar los deshechos al contenedor. Sean de la clase que sean y por supuesto al contenedor correspondiente para reciclar y por lo menos en esto, aportar un pequeñísimo grano de arena. Pero realmente, ¿cuántos casos conocemos de discusiones originadas en una vivienda porqué alguno de los ocupantes de la misma no ha sacado la basura? ¿Cuántas discusiones por ver quién la saca, a quién le toca?

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Muchas y seguramente ahora mismo, sentados en el sofá con la tablet, en la silla ante el ordenador o en el metro leyendo esto mediante el smartphone os parecerá algo sumamente ridículo. ¿Pero quién puede discutir por algo así? Si, parece ridículo y lo es. Pero es habitual que cuando existen problemas en una relación, las cosas ridículas, los detalles, son gotas que suman para llenar el vaso. La basura real no es el problema pero ayuda a la metafórica a que esta se muestre y se exprese, por lo general de una forma inadecuada.

Vamos ahora a por el sentido metafórico. Existen diversas definiciones que nos explican y nos hacen entender su importancia para tener una buena salud mental. Se trata de dejar salir aquellas cosas, acciones, conductas,… que hemos percibido y nos reconcomen por dentro afectando a nuestra salud mental ya que están ahí presentes, de forma constante o casi, provocando que mis emociones estén sobreexcitadas, preparadas para hacerme perder el control en el momento en el que perciba algo más del mismo estilo.

¿Y cómo podemos sacar esta basura para que no nos coma por dentro? Existen diversas opciones pero a mí me atraen dos en especial: ser resiliente y tener una buena comunicación asertiva.

La resiliencia es la capacidad del ser humano para sobreponerse a dolores emocionales y a situaciones adversas. Se trata de una capacidad humana que en función de nuestras vidas podemos estar utilizando de forma diaria o puede que únicamente lo hayamos hecho en momentos puntuales. Seguramente no seremos conscientes de que lo que estamos haciendo se llama así (puede que hoy día sí) y lo conoceremos como sobreponerse a las dificultades, salir adelante pase lo que pase o de alguna otra forma más coloquial.

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La comunicación asertiva, para no extenderme, es aquella que te coloca entre la respuesta pasiva y la agresiva ante una situación vivida. Manifiestas tus convicciones y defiendes tus derechos.

Ambos temas son apasionantes y por sí solos tienen interés suficiente para dedicarles más tiempo. Son la base para una buena salud emocional y mental y te permiten no acumular basura como si fueras un contenedor. El color lo eliges tú.

Ya sea real o metafórica se trata de una percepción individual que afecta emocionalmente. Así que, por tu salud, asegúrate de tener algún momento al día para sacar la basura. ¿Cuál de los dos tipos? Eso ya es cosa tuya y de cómo lo gestiones.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Buscando otras alternativas

¿Cuántas conversaciones o reuniones en las que habéis participado se han convertido en auténticos campos de batalla? Ya sean personales, privadas o laborales. Da igual el tipo de conversación del que se trate. Cuando percibimos que hay algo más aparte del tema del que estamos debatiendo, sobre todo si es algo más personal, aparecen nuestros juicios. Los famosos juicios de valor que, por lo general, en estas situaciones nos activan la señal de alarma, nos descontrolan emocionalmente. ¡Nos están atacando!

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Y la conversación cambia. El tema original pierde valor, en algunos casos hasta se nos olvida ipso facto. Eso sí, el ataque lo tenemos tremendamente claro, cristalino. Ya no hay debate, conversación, reunión,… Existe un campo de batalla en el que uno gana y el otro pierde. Participar no cuenta, ahora es cara o cruz. Otras opciones no sirven para nada.

De esta forma tan sencilla y de forma rapidísima, las personas nos encontramos dentro de estas situaciones. La razón desaparece y las reacciones se suceden. Todo fluye de una forma totalmente descontrolada en la que ninguna de las partes conoce el final.

Gano-pierdes, pierdo- ganas. Ninguna otra opción pasa por nuestra cabeza. Las emociones se suceden y nos es complicado mantener una actitud de control de la situación. Los pensamientos se agolpan como auténticos torbellinos y decimos cosas sin pensarlas del todo. Imposible saber cómo finalizará.

Cierto es que existen personas que actúan o provocan estas situaciones de forma premeditada. Por lo general, son las personas que se plantean prácticamente toda conversación desde una posición de superioridad sobre el otro. Ellos o ellas ganan, en todo. Ya sea un acuerdo empresarial o en una decisión importante o se trate de quién recoge a los niños del colegio o baja la basura.

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Ante estas situaciones, forzadas o no, y ante estas personas, es tremendamente importante tener una mente abierta hacia las alternativas que genera un pensamiento win-win. Con una actitud en la que el deseo y objetivo principal es que ambas partes ganen, las acciones que cada una desarrollará irán enfocadas a lograr ese objetivo. Esto proporcionará un incremento de la seguridad que se verá reflejado en una mejora de nuestro control emocional. De esta forma, incluso al sentirnos atacados, nuestra reacción será estable. Así, podremos seguir con acciones que seguirán orientadas a realizar nuestro objetivo, pese a la otra parte.

Estas acciones ayudaran a que la conversación continúe centrada en su tema y harán que la otra parte vuelva a centrarse en lo que se debate. De no ser así, y si vemos que realmente lo que desean es ganar si o si, o accedemos o no hay trato. Pero siempre desde la consciencia y no desde la reactividad.

Lograr que una persona acostumbrada a situaciones de ganar- perder, valore una alternativa en la que ambas ganen, aunque él gane menos, no es fácil. Pero seguro que las sensaciones que tienen en una conversación en la que todas las partes desean que todas las partes ganen algo, llena humanamente más que en una conversación en la que alguien salga sintiendo herido o menospreciado. Además de otras posibles, la alternativa en la que todos ganamos no me parece mala opción.

Ganar/ganar se basa en la creencia de que existe una alternativa. No se trata de tu éxito o el mío, sino de un éxito mejor, de un camino superior.

Stephen R. Covey

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

Inversiones de futuro

Hay veces que realizamos acciones en el presente que en un futuro pueden condicionarnos de una forma que ni siquiera nos podemos llegar a plantear. Me refiero a pequeñas cosas, incluso se pueden considerar pequeños detalles. Pondré un ejemplo para que se entienda mejor.teach-children-tie-shoelaces-200X200

Vamos a imaginarnos a un niño o a una niña, al gusto del lector. Un niño pequeño con unas zapatillas deportivas de cordones al que no se le ha enseñado cómo debe hacerlo para atárselos de una forma apropiada. Cuando llega el momento de calzarse o se le desabrochen los cordones, es la persona que sepa atárselos que se encuentre a su alcance el que tiene más números para atenderlo. Si ve a alguien de confianza se dirigirá a esta persona. Hasta aquí, en función de la edad, se podría considerar normal.

Si observamos algunos de estos casos, fácilmente nos encontramos con niños que llevan un tiempo a tener en cuenta con calzado de cordones que no tienen ni idea de cómo deben atárselos ellos mismos. Es más, si observas cuando se los atan, verás al niño poner el pie perfectamente para que se los aten pero su cabeza mira para otro lado y no presta ninguna atención a lo que le están haciendo. ¿Exactamente qué es lo que está aprendiendo?

descargaOtro ejemplo que me he encontrado es el siguiente. Alumno de primaria aprendiendo a dividir. Comete errores como todos cuando aprendemos algo. Se le dice que está mal hecha. El alumno borra toda la división y vuelve a realizarla de cero. En bastantes ocasiones vuelve a cometer el mismo error. Seguramente la instrucción recibida no es la adecuada. Pero más tarde, cuando se cambia la instrucción y se le dice, por ejemplo, que la repase buscando el error, observas como vuelve a borrarla por completo. ¿Qué es lo que ha aprendido anteriormente?

Debemos ser conscientes de que en todo proceso de aprendizaje es necesaria la implicación de la persona para poder aprender y que existe un tiempo mínimo necesario para el aprendizaje de todo. De igual forma es necesario afrontar el error de forma natural ya que forma parte del proceso de aprendizaje. Si a todo esto le sumamos que el adulto tenga la paciencia necesaria y no caiga en la solución fácil (¡Ya te los ato yo!) y que aporte, cuando sea necesario, instrucciones que generen algún tipo de respuesta activa facilitando así el compromiso del aprendiz con su aprendizaje y la valoración de este trabajo realizado en función primordialmente del proceso (¡Lo has hecho bien casi perfecto! Pero hay algo que falla. Encontrarlo por ti mismo es tan importante como el resto. Cuando lo encuentres, el resto será sencillo. ¡Ya sabes cómo hacerlo!) ayudaremos sin duda a otorgar un valor cualitativo al aprendizaje.

Todo esto influirá de una forma u otra en cómo se encaren futuros aprendizajes. ¿De verdad es tan complicado?