Cada día 15 minutos y un descubrimiento

Seguramente una gran mayoría de las personas tiene más de un momento a lo largo del año en los que se siente agobiado. Esos momentos en los que todo pesa, te subes por las paredes, casi cualquier cosa te produce una reacción que no puedes o no quieres controlar (con todo lo que esto puede llegar a provocar).

Cuando ya te encuentras en estos momentos, puedes hacer diferentes cosas para disminuir esta tensión acumulada, que sigues acumulando y que finalmente te hace explotar. Personalmente prefiero la vía preventiva y de esta forma no tener que llegar a explotar pero principalmente para no tener que recoger todos los restos provocados por la explosión.

De vías preventivas también hay muchas. Es importante dedicar un tiempo, el que sea necesario, para que cada uno encuentre la  que le funcione. Pueden existir más de una. Incluso estas vías pueden tener características diferentes entre sí, pero por lo general cumplirán con una que es esencial: ayudarte a vivir en el momento presente. A partir de ahí, que lo disfrutes o no, es decisión tuya.

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Te ofrecezco dos vías que personalmente hago y que me ayudan a valorar y disfrutar del momento presente, así como a liberar la tensión que las actividades diarias me pueden generar. Estas son dos que ahora me funcionan, puede que dentro de un tiempo no lo hagan. Pero ahora mismo me encajan perfectamente con mi situación actual.

La primera es una variante del clásico “reserva un tiempo para ti cada día”. En este caso yo me reservo 15 minutos cada día. En estos 15 minutos no hago una única cosa y tampoco tengo ubicado este espacio de tiempo en un momento concreto del día. La flexibilidad es importante. No obstante, es cierto que escojo un momento en el que pueda estar centrado en mi y lo aprovecho para enfocarme en las cosas importantes a hacer ese día si es por la mañana, repasar y extraer aprendizajes si es por la noche o centrarme entre una actividad y otra para poderlas hacer al 100% reflexionando, leyendo, escuchando música, viendo un vídeo o conferencia…

La segunda, a veces ligada a la anterior pero otras no, es la de saciar y cultivar a la vez mi curiosidad. Procuro encontrar algo, un pequeño descubrimiento por llamarlo de alguna manera, que me permita otro enfoque, percibir alguna situación de una forma diferente, aprender. En definitiva descubrir algo que me posibilite un nuevo punto de vista y que me active para seguir creciendo o me aporte algo novedoso por lo menos para mí.

Estas dos opciones me permiten no llegar a esos momentos de estrés extremo que te acaban pasando factura a todos los niveles. Busca una, dos o las que quieras que te sirvan y te generen un compromiso contigo mismo para realizarlas solas o combinadas y poder disfrutar de sus beneficios. Del beneficio máximo que es vivir que en definitiva es lo que único que estás obligado a hacer con tú vida, vivirla.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Abandonados a su suerte

Es una sensación que tengo desde hace ya unos años y que por desgracia crece cada año. Es desagradable y genera un grado de impotencia considerable. Tengo la sensación de que la sociedad tiende a abandonar a su suerte a una serie de colectivos.

Niños y niñas de familias que llevan a sus hijos e hijas a la escuela de primaria, podemos incluir a los adolescentes de secundaria obligatoria, por obligación legal. No tienen ningún interés más allá de cumplir legalmente así que su colaboración con la escuela es la estrictamente necesaria. Otro caso son los que si tienen interés pero se encuentran con unos Servicios Sociales hipersaturados para poder orientarles u ofrecerles diferentes servicios que les podrían aportar beneficios a su situación actual y futura.

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Universitarios o estudiantes de ciclos que siguen avanzando por la inercia de los estudios, pocas veces claramente integrados en la realidad. Muchas veces al iniciarlos se encuentran con que no saben qué hacen allí. Otra opción, aún más común, es acabarlos, incluida una formación post universitaria, y a no ser que se encuentren directamente engullidos por un puesto de trabajo, no saben hacia dónde dirigir sus pasos. Llevan 22-23 años dirigidos y ahora….

Incluso muchos de los engullidos por una oferta laboral se encuentran de golpe en un mundo que les es desconocido. Esto hace ampliar el tiempo de adaptación y el tiempo necesario para aportar rendimiento a la empresa. Provocando esto que en muchas ocasiones esa primera experiencia laboral post estudios no acabe bien. Muchas veces fruto de aspectos no directamente ligados al puesto laboral.

En distintas edades, por diversos motivos, antes de llegar a la plena madurez, la sociedad tira a los leones a sus jóvenes directa o indirectamente. No pretendo decir que se los proteja ni mucho menos pero si ayudarlos a desarrollarse de forma competente para que puedan aportar y mejorar la sociedad actual, no sólo sufrirla.

En este abandono hay jóvenes de toda clase, que de forma adaptada a su entorno, son dejados de lado ya que no cumplen las expectativas, los dogmas.

Todas estas personas son carne de cañón. De esta forma, aunque muchas veces se piense que se siembra una paz y estabilidad social, lo que realmente se está sembrando es la semilla de la decadencia social. Una decadencia que en algún momento sale a la luz de la manera más insospechada.

Los jóvenes son el futuro de toda sociedad y en ellos hay que volcarse para que construyan, renueven, evolucionen la sociedad actual con los valores humanos que hayan podido experimentar. No se puede pretender que una persona sea justa cuando no para de percibir actos de injusticia en todo su entorno próximo y también en aspectos universales. Pero no para que copien y ya está. Deben poder aportar, incluso aspectos que de inicio puede chocar. Los grandes avances, la creatividad, la evolución suele chocar con la actualidad.

La sociedad futura se siembra hoy.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

La República de la Ingenuidad

Cuando era pequeño y conocía a alguien que era abogado, maestro, ingeniero, médico, bombero,… daba por supuesto que estas personas tenían unas características especiales. Vas creciendo y empiezas a ver que algunas de esas características no se cumplen en muchos casos pero sigues pensando que unos mínimos si se cumplen. Incluso puedes empezar a conocerlos con la palabra valor. De golpe eres adulto y observas como esos valores no están presentes en las personas que se dedican a esas profesiones. En muchos casos, desgraciadamente, ni siquiera los mínimos que se podrían considerar valores profesionales básicos.

Personalmente opino que lo peor es que todo esto nos parece normal. Nos parece normal un médico de familia poco empático, un maestro o profesor egoísta, un político corrupto… en general nos parece normal un mal profesional.

Ante todo debemos respetar que todas las personas somos diferentes. Pero en función del rol que desarrollamos y lo que eso implica a nivel relacional, pienso que hay unos mínimos de profesionalidad y exigirlos es nuestro derecho y deber.

Más complicado es cuando en tu propia actividad profesional te encuentras rodeado de compañeros y compañeras que no cumplen esos mínimos. Si te centras en eso, tu propia actividad profesional (rendimiento) se verá afectado. Seguramente también serán los compañeros que más exigirán en general y más te exigirán a ti en particular. La decisión es tuya.

Cada uno actúa como considera y si tú lo haces en función de esos valores mínimos y los otros no, cada uno ha tomado su decisión. Asúmela pese a lo que te digan, pese a lo que te cueste. Decide tu respuesta ante esa situación sin excusarte en ella.

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Seguramente te dirán que eres ingenuo, que actuando así tal y cual, que la vida real no es como imaginas y que tu forma de actuar lo único que te proporcionará será dolor de cabeza.

Yo he decidido ser ingenuo. Lo he sido hasta ahora, lo soy en la actualidad en mis profesiones y lo seré (espero que siempre tome la decisión de serlo) en el futuro. No pienso obligar a nadie a serlo. Si me preguntan, explicaré mis motivos de forma asertiva, sin intentar convencer a nadie. Mis motivos son válidos para mí pero no tienen porqué serlo para otro. El que quiera ser invitado a esta República de la Ingenuidad, descubrirá que se trata de una autoinvitación. Nadie decide si entras o no en ella, lo decides tú.

Vivo en la República de la Ingenuidad de forma consciente, no vivo sólo, estoy muy bien acompañado. En ella siempre hay sitio para el que lo desee. Te esperamos si quieres.

#LaRepúblicadelaIngenuidad

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

La reflexión conduce al cambio

Por lo general, a las personas les gusta llegar a un cierto nivel que les proporcione una rutina. En muchos casos el esfuerzo necesario para llegar a lograr esa rutina, conseguir una forma de actuar y organizarse que casi convierta el día a día en una cadena de automatismos, ha sido grande, incluso muy grande. Por eso, una vez logrado ese objetivo, el siguiente suele ser vivir esa rutina sin darle muchas más vueltas.

Pero, ¿qué pasa cuando esto se altera? Puede ser de mil formas: un hecho inesperado, alguien te comenta algo que te parece atractivo, te das cuenta de que los días pasan sin más,… Muchas veces esto activa una parte de ti que empieza a hacerte preguntas. Estas preguntas también suelen activar en ti otra parte de ti que intenta acallarlas. Pero empiezas a pensar sobre lo que haces.

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Esta reflexión te hace descubrir y valorar aspectos de esa rutina que te pasaban desapercibidos. En numerosas ocasiones, tu percepción sobre cómo estás viviendo el tiempo, tu tiempo, empieza a hacerte ver que no lo estás viviendo, simplemente lo estás pasando, seguramente ni lo ves pasar. Pero ahora que te has parado y reflexionas sí que lo ves. De forma automática te surgen una serie de preguntas.

Más reflexiones y cada vez ves más aspectos que no te acaban de convencer u opinas que de otra forma podrían gustarte más. En ese momento la otra parte de ti, esa activada por las preguntas que te cuestionan, se alza con fuerza para recordarte lo que te ha costado llegar hasta donde estás, que todo va bien, para qué arriesgarte,…

Es el momento. ¿Qué decides hacer? Las opciones son múltiples y certeza lo que se dice realmente certeza de cómo va a salir todo, no la tienes. ¿Hacia dónde se inclina la balanza dentro de tu cerebro?

Todo esto es fruto de pensar. Reflexionar y ver cosas a cambiar, a muchos les asusta. Por eso deciden pasar su tiempo en lugar de vivirlo. ¿Qué tiene de malo cambiar? Nada, pero los humanos muchas veces lo enjuiciamos todo y ese juicio nos frena.

Pensar, reflexionar sobre lo que haces en sí no es ni bueno ni malo. Y si pensar te lleva a cambiar algo en la forma de afrontar, de vivir tu vida, es tu decisión. El problema no es reflexionar y cambiar, el problema es cuando cambias por lo que otros reflexionan. Eso sí que es un problema.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Estoy bien (aunque bueno…)

Algo habitual en las conversaciones que tenemos todos los días es aquella típica pregunta de “¿Cómo estás?”. La respuesta suele ser otro tópico “Estoy bien”. Si la pregunta es sincera y no una mera cordialidad, en demasiados casos podremos detectar que la historia no acaba en el bien y que por desgracia lo que falta por explicar no suele ser bueno o positivo.

Se puede considerar normal no ir publicando las preocupaciones propias a los cuatro vientos (por más que sea habitual hoy día hacerlo a través de las redes sociales). También suele influir bastante la persona que genera la pregunta y la consideración personal que tengamos sobre ella.

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Otro aspecto, y pienso que este es el preocupante, es no ser consciente de las propias necesidades de uno mismo. Contestar que uno está bien pese a que no duerma por las noches, coma compulsivamente o necesite de una pastilla que lo o la relaje cada cierto tiempo. Este es el verdadero problema que para darle aún mayor importancia, en demasiadas ocasiones no se detecta hasta que ya se trata de un problema grave.

Hoy día muchas personas se llenan la boca con palabras bonitas, citas de todo tipo, las virtudes de tener o poseer según que características personales y demás. Hay muchas palabras de moda que muchos no utilizan de la forma adecuada para el peso que tiene la palabra. Esto nos lleva a malinterpretaciones sobre lo que es o no es tal cosa.

Una de estas palabras es resiliencia. Ser resiliente o tener la capacidad de superar la adversidad de aquello que nos surja en la vida es una capacidad muy útil para el día a día y para conseguir vivir el presente de una forma productiva. Pero ser resiliente no es no tener dolor o malestar emocional. Es asumirlo, aceptarlo, aprender de él y saber gestionar todo lo que este me produce.

Para lograrlo debo ser consciente de estas dificultades y ver mis necesidades ante ellas. De esta forma podré buscar cómo superarlas e incluso extraer un aprendizaje. No valorándolas o negándolas lo único que consigo es cubrirlas y que, por lo general, poco a poco se vayan haciendo más grandes hasta que dominen mi vida y le otorgue al hecho de no dormir por las noches la etiqueta de normal cuando no lo es.

Recursos para afrontar estas situaciones tenemos todos y nacen de una actitud adecuada ante estas situaciones, aquella que me lleve a la acción, y de una gran autoconfianza. Puede ser algo que tengas que aprender, pero no lo disfraces u ocultes. Toma consciencia de tus necesidades y actúa.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Demasiado buena

Simplemente reflexionando sobre lo que para cada uno de nosotros significan las dos palabras que forman el título de este artículo, podríamos tener una charla muy entretenida y enriquecedora. Cada una de las dos por separado y el significado que le otorgamos nos daría muchísima información de la personalidad del que lo dice. Si las juntamos aún más. Y si además a estas dos palabras unidas le adjuntamos una tercera que sea “persona”, el debate puede ser simplemente espectacular.

Si hablamos de personas demasiado buenas en algo, ¿exactamente qué es lo que queremos decir con eso? ¿Se es demasiado bueno en algo? ¿Quiere decir que ya no puede mejorar en ese aspecto? ¿Es perfecta/o?

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Cuando decimos esto de alguien, pienso que lo que realmente estamos haciendo es limitar sus posibilidades de crecimiento, la búsqueda de la excelencia. Puede ser que sea lo que alguno desee… pero pienso que generalmente no pensamos que decir esto puede limitar a la persona que lo recibe. Claro está que si limita a la persona, lo decide ella ya que por más que te lo digan, eres tu el que decide si quieres aprender o mejorar más en algo. Por poder siempre se puede, aunque puede que no lo parezca.

¿Qué pasa cuando lo dice la propia persona? Alguien que dice que es demasiado bueno en algo. Muchas veces va acompañado de una coletilla final que es “para ti”. ¿Qué podemos pensar? Muchas cosas como casi siempre. Que se está limitando como ya hemos dicho anteriormente. Pero también una falta de humildad y respeto importante. Te indica que en esa situación, en esa experiencia que está compartiendo contigo, de ti no puede aprender. Un punto de vista que para los que nos apasiona aprender es de los más erróneos posibles ya que actúa como freno para vivir esa actividad, dar lo mejor de uno mismo y porqué somos conscientes, e incluso creyentes, de que en la mayoría de situaciones de cualquier persona puedes extraer un aprendizaje.

¿Y si cambiamos el orden y hablamos de demasiado buena persona? La cultura popular suele continuar esta frase “Eres demasiado buena persona…” con un final no muy agradable “…tanto que pareces tonta”. ¿Se puede ser demasiado buena persona? ¿El problema lo tiene la persona que lo es o la que se lo dice? ¿De verdad la sociedad necesita que las personas no sean demasiado buenas personas por qué si no lo que hace es aprovecharse de ellas?

En más de una ocasión he tenido conversaciones con padres y madres que me expresaban esta preocupación. Sus hijos e hijas eran demasiado buenas personas y la gente se aprovecharía de ellos. En general al ser buenas personas le añadían otro aspecto que las haría parecer tontas que es la inocencia. No sabían que podían hacer. “¿Qué lo que queréis hacer? ¿Qué no sea buena persona?”  Ante estas preguntas su respuesta directa era no pero claro… sufrirían en algún momento de sus vidas… y no querían eso. “Claro, pues que no sean buenas personas por algo que puede pasar en un futuro indeterminado, puede que dentro de 50 años. Mejor que no sea buena persona durante 50 años a que lo sea y dentro de 50 años sufra.” Todas las conversaciones cambiaron a partir de ahí.

Si no podemos tener personas buenas a nuestro lado, es nuestro problema no el suyo. Igual que no se es demasiado bueno en algo, no existen las personas demasiado buenas. Existen las personas sin ética y sin escrúpulos. Pero no os engañéis, estas se aprovechan de todas las personas, no sólo de las buenas. ¿Prefieres que te rodee la mediocridad o la excelencia? Yo lo tengo claro.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Esa sensación que invade tu cuerpo

Unos dicen que la vida es una colección de objetivos…otros que se trata de una continuidad de acciones…o una acumulación de vivencias… Definiciones hay muchísimas. Seguramente tantas como personas en el mundo. En lo que seguramente una mayoría estarán de acuerdo es en que uno de los mejores momentos que podemos experimentar es cuando vemos que avanzamos hacia algo que deseamos.

Ese deseo  bajado a la realidad como objetivo de la forma que se predica y enseña en multitud de sitios o artículos con unas pautas que te ayudan a verlo más factible. Ese deseo convertido en objetivo, en definitiva con las palabras e ideas que cada uno decide por su forma de ser, pensar y actuar, que has ido desgranando paulatinamente en pequeños objetivos, acciones a realizar, puede que también en pequeñas acciones, simples detalles vistos desde fuera pero que para ti no lo eran. Y ahora, ese deseo, ese objetivo, esas acciones desmenuzadas… ves que se están haciendo realidad…

Entonces, sientes que algo llena tu cuerpo. Lo invade de manera que no lo puedes evitar y aunque ahora que lees esto te pueda parecer mentira, es muy probable que alguna vez hayas intentado detenerlo. No sabes cómo llamarlo. Es algo distinto. Algo que notan todas las personas, no de la misma manera, pero si lo notan, lo perciben, lo percibimos todas. Algo que rompe con tus esquemas en ese momento… una sensación que te inunda, que activa tu cerebro y que hace que la dopamina te desborde.

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Esas pequeñas acciones se juntan y forman una acción que probablemente veías como muy complicada o lejana en el tiempo y resulta que ya está ahí. Ya la puedes tocar, notas ese gran avance. Como el siguiente paso que parecía estar en un horizonte muy lejano, resulta que está ahí, casi lo puedes tocar. El deseo, ese deseo que incluso en algunos momentos te producía vértigo por lo que suponía para ti, para tu vida, resulta que ya no está tan lejos, ha cambiado. Lo ves de otra forma, más grande, más cercano, más vivo, más real. En definitiva lo ves posible y cerca de ser conseguido. Y todo esto te llena, te aporta más energía que tu diriges a ese foco convirtiéndolo en algo aún más cercano todavía. Quedan pasos, pero afrontas su dificultad con unas ganas, ilusión, expectativas renovadas que te permiten ser flexible y buscar soluciones alternativas, generarlas y ponerlas en práctica.

Todo porqué en un momento concreto, una sensación invade tu cuerpo de la cabeza a los pies.

¿Tan difícil es sentir esto? Hay de todo, pero lo que está claro es que si no la buscas, esta sensación no vendrá a buscarte. Nace de tu trabajo, de tus pasiones, de tus deseos y de cómo lo haces para que se cumplan o por lo menos exista alguna opción de que se hagan realidad. No nace del dejarse llevar y que pasen los días que ya estoy bien como estoy.

Seguro que en algún momento la has sentido. ¿De verdad no quieres volver a sentirla?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

I tu com ho veus?

Arriba el dilluns i és habitual sentir a algú com parla del cap de setmana que tot just ha finalitzat. Moltes vegades això provoca que d’altres persones presents també expliquin el seu. Després, a mesura que s’apropa el divendres pots anar sentint diferents planificacions o necessitats a cobrir el següent. En arribar el divendres això es dispara amb històries de tota mena.

Bàsicament trobes dues formes d’encarar el cap de setmana. Una d’elles és la del cap de setmana ple d’activitats i l’altre bàsicament l’oposada.

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Unes persones esperen, moltes vegades amb un desig desmesurat, l’arribada del cap de setmana per poder fer un munt de coses sense parar. Pots trobar-te que siguin activitats desitjables i això t’anima i fa més grans les teves ganes de que arribi el divendres tarda o llevar-te el dissabte. Tot i que també poden ser activitats que no et venen gaire de gust fer però et veus obligat, o com a mínim ho penses, a fer-les.

D’altra banda, estan les persones que quan arriba el cap de setmana no fan res o fan el mínim d’activitats possibles. Pot ser que no tinguin i en realitat si que estarien disposats a fer-ne. Però també està allò de fer servir el cap de setmana per descansar. Alguns bàsicament diuen que no pensen moure’s del sofà tret de per anar al llit.

Segurament pensareu que està una mica portat a l’extrem, i en part és veritat. No he posat exemples amb la intenció de que a cada persona, segons vagi llegint, li vinguin al present els records que el seu subconscient desitgi. Estic convençut que els exemples propis ajudaran molt més a la reflexió que els que pugui escriure jo.

Malauradament tots dos tenen en molts casos un origen comú. Aquest no és un altre que el fet de que una gran part de les persones no són capaces de gaudir del dia a dia, principalment de dilluns a divendres. Davant d’això, i torno als extrems, alguns han decidit gaudir al màxim com si no hi hagués cap més cap de setmana i que això els proporcioni ganes, alegria, motius per viure… i d’altres han escollit l’opció d’utilitzar-los per recuperar-se i descansar. Tots dos volen el mateix: tenir energia (aconseguir-la o recuperar-la) per afrontar la resta de la setmana.

És això el que vols? Decidir què fer dos dels set dies i la resta, sobreviure? Penso que en molts casos hi ha d’altres opcions. A mi com a mínim, no em compensa i penso que a molta gent tampoc. Falta atrevir-se a prendre decisions per canviar això. Gaudint i vivint del dia a dia, els caps de setmana encara seran millor o fins i tot a nivell personal no trobis gaire diferència entre els dies de la setmana. Qui sap. Tu decideixes.

Daniel Barreña

Coach esportiu i educatiu

@dbarresi5

Cuando decir basta (no es abandonar)

Siempre que nos planteamos nuevos retos, nuevos objetivos, intentar hacer realidad deseos que aparecen en nuestra mente o que ya estaban instalados en ella, partimos de una situación inicial que nos permite alguna esperanza de lograr lo que nos proponemos. Por lo general si no ves ninguna opción de conseguir ese deseo, ni lo intentas.

Estos objetivos pueden ser de muchos tipos y pueden implicarnos exclusivamente a nosotros o a nosotros junto a otra persona o a un grupo de personas. De tratarse de una meta con otra u otras personas, estas pueden ser conscientes de este deseo o no como podrían ser objetivos de mejorar relaciones personales. Hacer realidad algo propio en relación a otros.

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La cuestión es cuándo decir basta durante el proceso que realizamos para poder optar a lograr esa meta. Es decir o como muchos se lo dicen a sí mismos, cuándo abandonar. Usar esta palabra, aceptándola con las connotaciones habituales que se le suelen otorgar,  es uno de los motivos por los que muchas veces seguimos buscando lograr alguna cosa de cualquier forma y que en muchas ocasiones nos tapa algo en lo que no pensamos hasta llegar al final de la situación: el precio pagado por ello. Si a uno la palabra abandonar lo motiva para seguir buscando alternativas para lograr su meta de una forma ecológica para él, adelante. Yo prefiero otras alternativas.

Lo que tengo claro es que no igualo en significado las acciones de decir basta y de abandonar. Puede parecer una ridiculez, pero son distintas. Un símil que he utilizado con jugadores es que abandonar es apretar el STOP e irte a otro tema pero decir basta es darle a la PAUSA, darte tiempo para ver el conjunto para poder evaluar, plantearte alternativas, reorientar tus acciones o dotarlas de mayor sentido y posteriormente continuar con más opciones, con más energía para poder alcanzar lo deseado.

¿Es posible que la PAUSA se convierta en un STOP? Sí, es posible. Pero esa decisión será tomada con un análisis que te facilita la PAUSA que también te ayudará a gestionar tus emociones y poder pensar con mayor claridad.

El día a día de la sociedad nos ayuda a vivir en los extremos, pasar de uno a otro y perdernos todo lo que hay en medio. Pensamos que todo va a alta velocidad y que no existe el tiempo necesario para poder pensar relajadamente y otorgamos las mismas características a cosas que no son iguales. Todo esto hace que como sólo pensamos en los extremos, se nos complique aún más algo que por lo general cuesta: la toma de decisiones.

Las palabras finalmente tienen las connotaciones que cada uno le da. La dotas de un valor, de un poder que provoca una reacción en ti. Cada uno decide pero enriquece tu vocabulario y no hagas sinónimos exactos dónde no los hay. Un BASTA a tiempo seguro que ayudaría a solventar mucho problemas o situaciones que surgen simplemente por la inercia del día a día.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Tengo un problema: no soy guay

  • ¡Hola Dani! ¿Qué tal todo? ¿Se porta bien mi hermano contigo?
  • ¡Hola! ¿Qué haces por aquí si normalmente no vienes a buscar a tu hermano? Se porta más o menos como tú a su edad.
  • Pero yo era bueno… a días ¡jeje!
  • Bueno…a días ¡jeje!
  • Dani, ¿qué puedo hacer para que me respeten mis compañeros?
  • ¿Por qué dices que no te respetan tus compañeros?670px-Become-Popular-at-a-New-School-Step-1
  • Es lo que siento. Cuando estamos hablando es como si no me escucharan. Ya puedo decir lo que sea que parece que ninguno me escuche.
  • ¿Quién te ha dicho que no te escuchan?
  • Pero es lo que veo. Actúan así. Después otro dice casi lo mismo que yo he dicho o lo mismo y a todos les parece una idea genial. Claro, como es él y él es, como decirlo, es guay. Yo no y lo intento, pero nada de lo que cuelgo gusta.
  • Vaya palabra. ¿Qué es para ti ser guay?
  • Pues eso. Que me escuchen, que me respeten, que me aprecien,… Cómo a él. Todo el mundo le quiere, todo lo hace bien, sabe de todo, le piden consejo,… Deberías ver su Insta o su Face. Cualquier cosa que haga y cuelgue, un montón de likes, de comentarios. Todos le abren Whats a todas horas para hablar con él…
  • Eso es para ti ser guay, que te pongan likes, que hablen contigo por Whats…
  • Bueno no. Es respeto, que guste lo que haces.
  • ¿Es eso lo que entiendes por respeto?
  • Bueno, que mis amigos me tengan en cuenta. Nunca hacemos lo que yo digo.
  • Que te obedezcan.
  • No, no. No es eso. Que me tengan en cuenta, que me escuchen.
  • ¿Tú te tienes en cuenta?
  • ¿Qué quieres decir?
  • ¿Qué opinas sobre lo de colgar tu vida en Instagram o Facebook?
  • No me gusta. Cuelgo cosas que no pondría, pero las pongo porqué pienso que a mis amigos les gustará verlas. Algunas sólo las hago para poder poner la foto. Y ni así.
  • ¿Y te lo dices a ti mismo?
  • Si claro. Pero también me digo que a los otros les gustará seguro.
  • Tampoco parece que te escuches mucho a ti mismo…
  • Pero Dani… Yo… Entonces… ¿Me escucho?
  • ¿Qué pasaría si lo hicieras?
  • Seguiría sin ser guay seguro. Como ahora.
  • ¿A ti te gustarían más las cosas que haces? ¿Las cosas que colgases en las redes?
  • A mi si, seguro. Colgaría menos cosas y serían cosas que me gustaría compartir con mis amigos. Me escucharía a mí mismo y decidiría.
  • Y fuera de la redes, ¿cambiaría algo?
  • Estaría más contento conmigo mismo seguro. Me respe… Me respetaría.
  • Tu cara ha cambiado, hasta medio sonríes.
  • No me estoy respetando mucho. Si lo hago podré comportarme como yo quiero. Y seguro que el resto me escuchan y valoran lo que proponga.
  • ¿Y si no les gusta?
  • Pues bueno, si se dice otra cosa también yo puedo decir que no. No pasa nada.
  • ¿Te gusta lo que estás diciendo?
  • Sí, mucho. Me gusta lo que oigo.
  • ¿Y entonces serás guay?
  • No sé. Para mi si y eso me sirve.
  • Muy interesante todo lo que has dicho.
  • Porqué me has querido escuchar. Gracias Dani. Me voy que veo que mi hermano está allí esperándome. ¡Hasta otra!
  • ¡Hasta otra!

Esto no fueron más que dos o tres minutos en la puerta de un colegio con un exalumno. Se pueden sacar muchas conclusiones. Yo saqué las mías. Espero que vosotros saquéis las vuestras y actuéis en función de vuestras posibilidades.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Eternamente adolescentes

Probablemente todos somos conscientes de que la sociedad está cambiando. Hacia dónde se dirige es un tema tan amplio que necesitaría de un debate intenso y largo para no llegar a ninguna conclusión firme ya que todo dependerá, entre otras cosas, de la visión de cada uno respecto a la sociedad y a sus expectativas sobre ella.

Pero algo que sí es fácilmente observable es la presencia de cada vez más eternos adolescentes que parece que prolongan sin fin su etapa de instituto. En su mayoría se encuentran en edades comprendidas entre los 20 y 30 años, aunque también los hay con más edad. No se trata de los típicos cotillas de toda la vida. Se trata de gente que transforma  todo su entorno y todas sus relaciones, profesionales y personales, en un instituto perpetuo y todo funciona como tal.

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Eso quiere decir entre otras cosas que la diferenciación entre lo personal y lo profesional es algo prácticamente inexistente. Toda crítica o consejo ya sea por un igual o por un superior, es visto como una imposición. Cumplen a nivel profesional si existe la supervisión y entienden la flexibilidad en el trabajo como un permiso para tomarse libertades que le hagan disminuir sus responsabilidades. Una frase típica es “no era obligatoria hacerlo, ¿no?” Por lo general entienden su trabajo como una obligación y pocos se apasionan. Buscan un espacio de poder y crear un grupo para poder ir haciendo visibles sus pensamientos y su forma de actuar e incluso llegar a mirar de imponer su punto de vista ante el resto. Si el resto se resiste a someterse con argumentos sólidos, entienden que es un ataque personal y, llega la peor parte. Empiezan los cuchicheos, rumores, sonrisas falsas, secretitos…

Podría seguir poniendo más ejemplos, pero estoy convencido que con los anteriores, vuestra memoria ya os habrá traído a la mente situaciones que habéis vivido. Es una mezcla entre trabajar rodeado de adolescentes con hipoteca o alquiler y la casa de Gran Hermano o uno de sus platós.

Qué hacer ante esto es complicado. Algunas de estas personas son personas inteligentes, no tienen porqué ser personas preparadas académicamente, pero sí que son capaces de plantearse aceptar otros argumentos de forma natural e incluso replantearse los suyos propios. Cierto es, que para que algunas de estas personas den este paso se las debe alejar de la presión del grupo. Con otras poco se puede hacer y es mejor armarse de paciencia. Puede que alguna situación de sus vidas les haga replantearse sus actos pero esto no es seguro por el simple hecho de que esta forma de actuar se extiende.

Es necesaria una reflexión social ante esto y que todos los estamentos colaboren. La educación es clave y también afianzar valores sociales que promuevan otros modelos. Cada etapa tiene su inicio y su fin y no deben ni anticiparse ni alargarse. De un sosegado paso entre ellas depende que una no colonice al resto e imponga su criterio.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5