Dando lecciones. La prepotencia formadora

A lo largo de mi vida he asistido a cursos, seminarios, talleres y otros tipos de formaciones de forma continua. Sigo haciéndolo pero ahora además también los ofrezco. Desde el lado de asistente, nunca he aguantado a los formadores que actúan como si lo supieran todo. Ellos o ellas son la verdad, las auténticas eminencias sobre el tema.  Desde el lado formador, el respeto por los asistentes es máximo y básico en mi forma de actuar. Algo que por desgracia he echado de menos en numerosas ocasiones como asistente.

Es algo que nunca he entendido. La necesidad de alguno de mirar de quedar por encima, de menospreciar al que ha ido al curso a saciar su curiosidad o aprender. Incluso puedo llegar a  entenderlo en parte en auténticos expertos reconocidos en algunos ámbitos. Pero en formaciones concretas que se basan en aspectos generales en los que los contextos pueden marcar diferencias o las opciones de aplicación son múltiples, no lo entiendo.

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Más si cabe cuando vas a una de esas formaciones de forma obligada. En esos casos, encontrarte con un prepotente delante faltándote al respeto puede ser ya la gota que colme el vaso. Cuando te tratan como si uno no fuera un profesional en su sector… puede pasar cualquier cosa.

No sé cuál es el objetivo de los que actúan así. Esos formadores que piensan que su verdad es la única verdad y que deben demostrarlo para dejarlo claro. Mostrar su superioridad por encima de todo, por encima del que está delante, por encima del que ha pagado…

Por suerte, decido a qué formaciones asistir para evitar en la medida que puedo a estos personajes. Me queda mucho por aprender pero yo decido cómo y con quien hacerlo. Mi tiempo es mío y decido con quien lo comparto. En las últimas formaciones que he hecho, he actuado así y son de las que más contento estoy.

Y como formador tengo claro que las personas que han decidido libremente asistir a mis formaciones se merecen lo mejor que les pueda dar. Empezando por un respeto máximo a su persona y a todo lo que representan. No voy dando lecciones a nadie. Pienso que los que lo hacen, pierden la opción de recibir aprendizajes desde la otra parte. Y yo no me cierro a aprender que es una de las cosas que más me gusta.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Y uno más! ¡Ya son 4!

Cuatro años ya desde aquel 24 de septiembre de 2012 en el que me atreví, con bastante respeto a lo que me esperaba, a hacer público este blog. A partir de ahí, la idea de blog colaborativo ha ido creciendo año tras año. Sin prisa pero sin pausa.

Hace un año os presentaba con la mayor de las ilusiones la renovación del blog y su página de Facebook. Y tengo que admitir mi alegría por el paso dado. Los artículos del blog y las publicaciones en la página de Facebook se complementan muy bien.

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Por supuesto, agradecer a todas las personas que han colaborado en que esto siga siendo posible. Colaboraciones regulares como las de Albert Valldosera pero también otras más puntuales como la de Àlex Heras o Sergio Vera. Pero también a las personas que me han sugerido temas, inspirado, aportado documentales o reportajes. Sin la ayuda de todas estas personas esto no sería posible.

Seguirán las colaboraciones. De todo tipo y todo tema como siempre. Pero también miraremos de aportar alguna novedad.

Aprovecho este cuarto aniversario para animar a todos aquellos y aquellas que se han ofrecido a colaborar en alguna ocasión o a los que yo personalmente se lo he ofrecido a que venzan aquello que le frena y publiquen. Todos tienen muchas cosas a aportar y espero que podáis disfrutar de ellas y leerlas (o cualquier otro formato) como yo disfruto al hablar con estas personas.

De nuevo gracias a todos por participar en que esta idea siga creciendo y que cada vez más personas conecten con nosotros.

¡Ah! Y por supuesto, ¡no os olvidéis de seguir jugando!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Valorar el silencio natural

Nuestro día a día es ruidoso. El silencio suele brillar por su ausencia. Coches arriba y abajo, personas hablando (o gritando) por el móvil, notificaciones que llegan sin parar, la salida de un colegio o instituto… podría estarme horas enumerando sonidos. Algunos son más agradables que otros, por suerte. Vivimos rodeados de sonidos.

Estamos tan habituados a ellos que cuando no existen, los echamos de menos. Cada vez más, encontrar espacios con un silencio natural es más complicado. Digo natural, no forzado por una norma o una ley. Esas normas que buscan un silencio absoluto. Pero eso no es natural.

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El silencio natural contiene sonidos. Estos fluyen de forma acorde con el silencio y por supuesto no le quitan protagonismo. Son esos momentos en los que todo tiene una misma baja, incluso dulce, intensidad y cuando no hay ninguno de esos sonidos, el silencio surge sin que nos demos cuenta.

En esos momentos es muy fácil estar en el aquí y ahora con atención plena a lo que estamos haciendo ya sea escribir o simplemente admirar un paisaje. Son esas situaciones que muchas veces nos han aportado momentos únicos en los que nuestro rendimiento ha sido excepcional. Son auténticos estados de flujo.

Sé perfectamente que sabes de lo que te hablo. Estoy convencido de que ahora mismo alguna de esas situaciones, esos momentos, guardada en tu inconsciente está aflorando en tu consciente. Puede que incluso ahora la valores más de lo que lo hiciste en su momento.

Tenemos que valorar y disfrutar de estas situaciones. Identificarlas para vivirlas plenamente y poderlas reproducir a voluntad. Son más fáciles de generar de lo que puede parecer. Nos aportan más beneficios de los que llegamos a ser conscientes en innumerosas ocasiones.

El silencio natural es ese olvidado, incluso menospreciado, que está presente en numerosos de nuestros mejores momentos. Protagonista invisible de suma importancia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

El líder se siente amenazado

Es algo habitual y que se puede observar en muchas ocasiones. El terreno deportivo es un buen ejemplo de esto, aunque extrapolable a todos los sectores. Un club ficha a un o unos entrenadores y a la temporada siguiente ya no siguen. Motivos pueden haber muchos pero en más de un caso, al investigar, descubres que el líder del club se ha sentido amenazado y ha reaccionado.

¿Pero está actuando como líder?

No. Ha percibido lo que ha interpretado como una amenaza, un peligro, y ha tomado una decisión.

¿El peligro es real?

Para el líder sí que lo es y eso es lo que cuenta, sobre todo si, como pasa en muchos casos, tiene el poder de decisión único o prácticamente único.

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¿El peligro es para él o para el proyecto/empresa/negocio/etc?

Para él en la gran mayoría de ocasiones aunque en su percepción e interpretación suele existir un razonamiento de “defensa a…” o “es lo mejor para…” que le ayuda a convencerse de la decisión.

Entonces, se puede decir que actúa contra lo que él defiende. ¿De qué clase de amenaza se trata?

Una amenaza a su posición de líder. Pueden ser de diferente tipo pero en muchas ocasiones se mezclan inseguridades personales de diversa índole con otras de carácter profesional  como una falta de habilidades directivas, de gestión, de comunicación,…en general, falta de capacidad de liderazgo.

¿Entonces como puede actuar en esos momentos?

Lo mejor es actuar antes de que se puedan percibir esas situaciones. Es decir, que el líder, como tal sea un ejemplo en el desarrollo personal y profesional que le permitan ampliar su mapa perceptivo. Una vez ya percibidas las amenazas, existen diferentes alternativas y habría que ver qué objetivos persigue realmente ya que eso determina su estrategia de actuación.

Para el buen líder, por lo general, no existen las amenazas a su posición. Esto ya elimina gran parte de la carga emocional que en estos casos influye en la toma de decisiones. En las amenazas al proyecto, equipo, empresa… su decisión se rige por una serie de valores, normas, directrices, etc. conocidas por los afectados. Esto hace que sus decisiones tengan el peso positivo del liderazgo (credibilidad y confianza por ejemplo).

El buen líder no se siente amenazado.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

No me gusta lo que veo

Cada persona vive su particular vuelta a la rutina de forma diferente, poniendo en práctica diferentes estrategias que le sirven para ir adaptando su cuerpo y principalmente su cabeza al ritmo en el que vive gran parte del año. Al volver de un periodo de vacaciones se suele producir un cambio de ritmo en el día a día que puede conllevar algún inconveniente. Si además, lo que ves a la vuelta no te gusta… todo se complica.

Las personas percibimos nuestra realidad de diversas formas, en función del mapa mental de cada uno de nosotros. También tendemos a proyectar al futuro, con todas las consecuencias que eso puede tener de diversa índole. El día anterior a la vuelta, o alguno antes, muchas personas proyectan cómo será su vuelta al trabajo, rutina. ¿Qué pasa cuando ves que estas expectativas no se cumplen? No es agradable.

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Podemos reaccionar de muy diversas formas. Y todas ellas son adecuadas si te permiten acercarte al objetivo que quieras, sea este el que sea. Claro, pero yo no tengo objetivo. Mentira.

Si has decidido que lo que has percibido al volver no te gusta, tendrías unas expectativas, desearías algo. Puede estar relacionado o no directamente con el trabajo. Puede que lo que te encuentras te afecte para posteriores actividades personales. O la opción que prefieras. Pero por algún sitio tenías algún objetivo, más grande o más pequeño, y por algún motivo lo que ahora percibes no encaja con lo que esperabas, con el mapa que habías diseñado.

¿Y ahora qué? Muchos caen en soluciones irreales del tipo, entrar en bucle recordando las cosas buenas de las vacaciones y que pena que se hayan acabado, con lo bien que estaba yo,… Esto puede durar unos días hasta que te das cuenta que no es una solución o como les pasa a muchas personas, la vorágine del día a día te engulle.

Otra de las diversas opciones podría ser revisar tus expectativas ahora que tienes nueva información, adaptarlas a la nueva realidad que percibes y buscar la estrategia de actuación que te acerque a tu objetivo.

Es decisión tuya. En mi caso, yo ya he decidido y me quedo con la segunda opción, enriquecida con otras cosas de las que alguna vez hemos hablado o hablaré en el futuro. En breve, estoy seguro, que me gustará lo que veo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Centrarse en la olimpiada para disfrutar los Juegos

Una vez acabados los Juegos Olímpicos empieza la olimpiada. Es cierto que muchas veces la palabra olimpiada se utiliza como sinónimos de los Juegos, e incluso está así aceptado por la RAE, pero esta palabra también se refiere principalmente al periodo que existe entre la celebración de unos Juegos Olímpicos y otros.

Durante la disputa de los Juegos es habitual disfrutar de diversos deportes que habitualmente no tienen presencia en la gran mayoría de espacios deportivos existentes en los diferentes medios de comunicación. De vez en cuando, si algún deportista de alguna de esas disciplinas consigue algún título europeo o mundial, puede ser que se mencione de forma puntual. Eso sí, llegan los Juegos y con ellos las diferentes previsiones de medallas.

Estas previsiones muchas veces van acompañadas de una exigencia en hacerlas realidad que demuestra un desconocimiento general de lo que es el deporte en sí y de aportar una presión extra al deportista. Se ve que un deportista que trabaja 4 años para algo, que con suerte puede vivir dignamente de ese deporte (con mucha suerte) y que en muchos casos sabe que de no lograr un buen puesto es posible que no pueda seguir viviendo de ese deporte, no tiene suficiente presión.

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Todos sabemos que esto no es lógico y que una gran parte de los medallistas están condenados a volver al anonimato durante la olimpiada, a no ser que rompan moldes y se conviertan en mediáticos o mediáticas y entonces en alguna de las competiciones que realicen se les haga seguimiento. El ejemplo de Mireia Belmonte es claro. Pocos la conocían antes de Londres. Otros y otras llegan a los Juegos y en muchos casos deben recordar a la audiencia lo que han hecho durante ese tiempo ya que han pasado desapercibidos. Ejemplos son, puede que en diferente medida, Saúl Craviotto, Maialen Chourraut o Joel González.

En alguna ocasión, al llegar los Juegos, también se habla de la falta de fondos en la mayoría de las disciplinas para ofrecer las mejores condiciones a los deportistas y de la poca repercusión en muchos casos, aspecto que aleja por lo general a la inversión privada. Es algo que se repite ya que no se hace nada para corregirlo.

Ahora empieza el momento importante, la olimpiada. El momento en el que los deportistas tienen que verse y sentirse apoyados antes de los próximos Juegos. Que pueden centrarse en este ciclo de preparación y mejorar para poder llegar a los Juego y disfrutar de la competición.

No digo que se tengan que regalar becas pero tienen que existir, acompañadas de otros aspectos para acercar al patrocinio privado al deporte. No es tan complicado realizar una ley de mecenazgo deportivo y cultural y favorecer de alguna forma que esas aportaciones lleguen a disciplinas minoritarias.

Esto es un trabajo conjunto de todos. Gobiernos, medios, federaciones (algunas tienen mucho trabajo para que sus ligas sean coherentes y de nivel porque sólo se centran en las selecciones olvidando el resto –pan para hoy…-) y en general de la sociedad. La cultura del deporte y que esta sea pluridisciplinar es un beneficio indiscutible a nivel social. Centrarse en un único deporte o casi, es un error del que mucho viven y viven bien a costa de empobrecer al resto.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Me subo por las paredes!

Por lo general, me gusta encontrarme con gente por la calle o en los sitios a los que voy y poder charlar un momento con estos conocidos o incluso que la charla se alargue tomando algo en algún sitio para poder hablar tranquilamente. Los días que la gente suele tener menos cosas que hacer, estas situaciones suelen ser más fáciles (fines de semana, puentes, vacaciones,…). Esos momentos en los que todos tenemos menos actividades, para muchas personas son sus momentos más tensos, más estresantes. Más de una vez la frase “cuando no hago nada me subo por la paredes” o alguna de similar, sale en la charla.

¿Por qué ocurre esto? Respuestas hay muchas y cada uno tendrá sus motivos, tanto personales como profesionales. Los dos casos que más me he encontrado en estas situaciones son los que comentaré a continuación, aunque hay otras opciones.

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El primero de ellos es la clásica rutina. Enfocada de la siguiente forma según cuando se suba el protagonista por las paredes. En fines de semana o puentes se rompe la dinámica establecida para muchos en cuanto a horarios (laborales y personales) y según tu situación personal o familiar se pueden romper también los momentos de espacio personal. Por otro lado, si hablamos de en vacaciones… aquí muchos perciben que los horarios y el espacio personal no es que se rompa, se destruye directamente.

El segundo es qué hacer en esos momentos libres. Es más, puede que no os hayáis dado cuenta pero hay bastantes personas que no utilizan la palabra tiempo libre. Utilizan tiempo de ocio, en familia, para estar con los amigos, para leer, para…lo que sea. Pero no dicen libre. Le dan un enorme poder a la palabra libre. Simplemente porque entienden que en esos momentos están forzados a decidir qué hacer. Vamos, a tomar decisiones ellos mismos. Algo que me ahorro si digo que es tiempo para la familia (ya decidirá la familia) o los amigos (siempre habrá alguno que tenga alguna idea válida).

Estás dos situaciones, junto con otras, pueden crear esos momentos en los que de repente quieras huir de donde estés al margen de lo que tengas delante, sea una pared o cualquier otra cosa que para ti lo represente.

Respira, relájate y quítale importancia a esos momentos. Vívelos en presente y disfrútalos como te venga en gana en ese momento, sin juzgarlos. Dejarás de ver paredes donde en realidad lo que tienes es el inmenso placer de poder decidir qué hacer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Esperaba más nivel de idiomas

Ir de vacaciones es algo que, para los que se lo pueden permitir y saben sacarle provecho, el que cada uno quiera, te permite ver la el día a día a otra velocidad. Normalmente esa velocidad es más lenta aunque también puede darse lo contrario.

A esa velocidad puedes prestar atención a muchas cosas tanto de forma consciente como de forma inconsciente. Algunas de esas situaciones pueden ir llamándote la atención cada vez más. A mí me ha pasado. Aunque debo admitir que es un tema al que le presto atención casi siempre por dos motivos. El primero es que siempre me ha gustado, fascinado e incluso se puede decir que he llegado a sentir algo de envidia, positiva diría yo, de las personas que son capaces de cambiar de un idioma a otro de forma fluida, automática podríamos decir, y con un buen nivel en cada una de las lenguas. Me refiero a ir cambiando entre 4 idiomas o más. El segundo es mi propia incapacidad para hacerlo más allá de mis dos idiomas maternos, aunque estoy trabajando en ello.

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Vivir en una ciudad como Barcelona te aporta numerosas oportunidades de ir contrastando este tema. Sinceramente pensaba que en los últimos años mejoraba a buen paso. Cierto es, que en mi opinión esta atención al público multilingüe mejoraba por la falta de oportunidades laborales para los jóvenes en los respectivos sectores para los que habían estudiado en la universidad y se encontraban trabajando o alargando un trabajo en el sector servicios por necesidad.

Otro tema bien distinto son las zonas turísticas que, aunque en algún caso tienen reclamos que les hacen no depender de únicamente una estación del año, consiguen un elevado porcentaje de sus ingresos en una determinada estación del año. En estos casos he observado un nivel bastante pobre en situaciones comunicativas habituales para ese trabajo o de un nivel simple.

Todos sabemos que los idiomas no son una de nuestras virtudes, en términos generales. Pero pienso que en este sector en concreto parece que se siga apostando, en general, por el volumen más que por la calidad y la fidelización del cliente ofreciendo de forma real (no sólo publicitaria) un servicio más completo. Aún queda mucho camino por recorrer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Por algún sitio habrá que empezar

Estamos en las vacaciones escolares y como siempre surgen las clásicas noticias de cada año sobre si son demasiado largas, la cara de los profesores que encima se quejan, el fracaso escolar… y todo lo que podáis pensar relacionado o no con la educación. Todas estas noticias se ponen dentro de una batidora, se trituran bien y se van dejando salir sin ton ni son para que así nos ocupe tiempo en los medios ya que ahora en verano, hay menos noticias. Utilizamos la educación como relleno. Empezamos mal.

El calendario escolar es algo muy importante o por lo menos debería serlo. Admito que es algo difícil. Pero en mi humilde opinión, principalmente es difícil por las pocas ganas que tienen gran parte de la sociedad en cambiar ciertos aspectos. Por lo general, todo cambio conlleva momentos de incertidumbre y mucha gente prefiere continuar con su vida gris y quejarse de alguna cosilla de vez en cuando pero que no le toquen su certidumbre. Aunque lo futuro pueda ser mejor… al no ser seguro… mejor me quedo con lo que conozco no vaya a ser… Todo esto aplicable a muchos aspectos de la vida pero sigo con la educación.

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Cuando llegan las vacaciones escolares, la queja más extendida es la de quién se ocupa ahora de los niños y niñas. ¿Por qué tanto tiempo sin colegio? Es decir, partimos de la idea de que el colegio sirve para aparcar o guardar o dejar (escoged la palabra que más os guste) a los niños durante el día. A esta idea le añadimos otra clásica que es cuanto más mejor. Es decir, con más horas de clase y más días lectivos todo iría mejor. La cantidad por encima de la calidad. Las reclamaciones sobre todo esto a los colegios y a los maestros que son los que hacen el calendario… Ya nos gustaría… pero somos los últimos monos ¿lo sabían?

Se habla mucho de conciliación familiar pero ¿se hace realmente algo para mejorarla? Poco o nada. Se trata de una transición de modelo social que debe ser consensuada para que todos estemos de acuerdo. Lo escribo y no puedo evitar reírme. Si todos tenemos que estar de acuerdo no se va a hacer nunca (es un cambio y los cambios atacan a la certidumbre de las personas). Siempre que se habla de este tema, surge la pregunta: ¿por dónde empezamos? Y se acaba la discusión. Hace unos días, en una entrevista a la consellera de Ensenyament de la Generalitat de Catalunya, Meritxell Ruiz, le preguntaron sobre este tema del calendario escolar a raíz de Cantabria. Su respuesta fue clara. El sistema educativo no puede empezar. ¿Entonces quién? (como bien dice aquella canción escolar típica de autocar) Y todos se van pasando la pelota.

Muchas familias son conscientes de que la mejora de los resultados escolares de sus hijos depende mucho de la atención que tengan en casa de sus padres y madres. Lo saben perfectamente pero prefieren un horario escolar (junto con las actividades extraescolares en algún caso) que cuadre con su horario laboral o que incluso lo exceda (más cantidad…) Nosotros los maestros somos conscientes que muchos de nuestros alumnos pasan más horas despiertos con nosotros en un año (incluidas las vacaciones) que con sus padres y madres. La sociedad también lo sabe pero prefiere que todo siga igual. Es más fácil decir que los profesores tienen muchas vacaciones a decir que las jornadas laborales no son productivas porque un elevado porcentaje de personas van a fichar u otros ejemplos conocidos.

Imagen de Daniel Barreña2El calendario escolar y los horarios de clase, en general, no se crean siguiendo criterios pedagógicos. Estos criterios (que además suelen ser creados por profesionales que no han pisado un aula en su vida) son uno más de los criterios a tener en cuenta pero no es el que más peso tiene. Es como si para decidir el horario de apertura de tu negocio, en lugar de decidirlo tú en función de los criterios que consideres, te viniera impuesto por tu vecino y lo que él piense.  Aspectos así de ridículos se reproducen constantemente en nuestra sociedad. Por ejemplo, nos preocupa mucho el abandono del deporte a partir de los 16 años y sobre todo a partir de los 18, así como la poca experiencia de vida laboral con la que acaban nuestros universitarios. Por eso muchas universidades tienen horarios en los que sus alumnos, para poder llegar a todo, deben dejar el deporte o no pueden trabajar y compatibilizar las diversas actividades. Pero luego nos quejamos cuando nos llega una persona de 22-23 años que no ha trabajado en su vida y no conoce aspectos básicos o nos alarmamos de los pocos hábitos saludables que tienen. Totalmente lógico.

Primero nos quejamos de lo que no nos gusta pero una vez hecha la queja, ¿hacemos algo más? Pedimos soluciones que nos convengan pero no las promovemos de verdad, no vaya a ser que esos momentos de incertidumbre que todo cambio tiene alguien me los tire en cara. Así que finalmente, sólo cambiamos por obligación

A mí cambiar así no me gusta, así que ¿por dónde empezamos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Crea tu propio clima

¿Cuántas veces habéis escuchado algo parecido a esto? ¡Con este tiempo es normal que me sienta así! El tiempo atmosférico es uno de nuestros principales motivos para explicar nuestro comportamiento. Es cierto que algunos aspectos nos influyen, unos más que otros, pero la incidencia de estos también depende de otros como puede ser nuestro estado físico y mental. Estos detalles dotarán de mayor o menor certeza a esta excusa.

Pero muchas veces nos centramos en el clima meteorológico como si fuera el único clima capaz de tener influencia en nuestra conducta, en nuestra vida. Existen otros que pueden influirnos. Incluso me atrevería a decir que pueden incidir mucho más en nuestro día a día. Por eso es tan importante que cada uno aprenda a crearse su propio clima, aquella situación en la que cada uno puede vivir plenamente el momento presente y asumir como uno o una decida lo que allí ocurra.

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Para ayudar a desarrollar el clima ideal de cada uno de nosotros existen diferentes métodos. Cada uno tiene que encontrar la forma de aplicar a su vida el método que decida. En algunos momentos, existe la tendencia a considerar que esto, ser capaz de generarte tu propio clima,  simplemente se consigue teniendo una buena actitud. Y además, hoy en día es muy fácil de encontrar ejemplos de todo tipo, esta actitud es fruto únicamente de tu decisión y por lo tanto si te la exiges ya está todo hecho.

Esto no es así. La actitud es una forma de ver el mundo. Nuestra forma de ver el mundo la construimos a partir de muchas cosas y no todas las decidimos nosotros ya que no decidimos toda la información que nos llega de nuestro entorno. Nuestras experiencias juegan un papel muy importante.

Por lo tanto, uno es capaz de escoger su actitud si sabe cómo hacerlo. En definitiva si en algún momento ha aprendido las herramientas que necesita para ello. De no ser así, por más que te la exijan o te la exijas será muy complicado adquirirla. Entre otros aspectos porqué en nuestras experiencias las emociones juegan un papel muy relevante en muchas ocasiones. Un papel que hace que puedan llegar a ganar a todos los razonamientos perfectos e ideales que queramos plantearnos.

Para que te puedas crear ese clima que tanto te agrada y que te hace disfrutar de la vida, necesitas herramientas que te permitan hacerlo. La gran mayoría ya las tienes pero puede que tengas que aprender a utilizarlas de otra forma. No te preocupes si esto te parece complicado, depende de tu cerebro y a este le encanta aprender.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

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Imparcialidad periodística

Seguramente la explicación más fácil es la que se escuda en la envidia. Pero no deja de decir bastantes cosas de la sociedad en la que vivimos cuando pasan estas cosas. Y no precisamente buenas. Pero voy a centrarme en el periodismo deportivo.

Cuando nos encontramos con un deportista o equipo del deporte que sea que genera un entusiasmo general por ser distinto a lo habitual, ser mejor, más espectacular, innovador, marcar diferencias o incluso puede estar pasando a la historia por todos estos motivos, rápidamente salen los que desean su fracaso.

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Se disfraza de rivalidad deportiva pero la información tiene un elevado porcentaje de subjetividad. Más de lo habitual. Además las informaciones que se persiguen también tienen un objetivo claro: destruir.

En sentido contrario también pasa. Todo se ensalza de forma excesiva e incluso se mira de ridiculizar al resto con odiosas comparaciones. Como si todo el mundo tuviera que pensar igual.

Ambas actitudes subjetivas pueden provocar lo mismo. La infravaloración por un extremo y la sobrevaloración por otro, en general el fanatismo en uno u otro sentido, genera una valoración irreal de lo aportado por el deportista o equipo.

Los dos extremos inciden y alteran el desarrollo propio de la situación. Dotan a todo de un poder de influencia mayor del real y lo utilizan en su beneficio. Generan un entorno de nube en la que todo es maravilloso a la que cuesta aceptar los malos tiempos o de infierno que sólo apaga sus llamas con la desgracia ajena.

Los dos extremos se conectan, se comunican con una de las velocidades más elevadas que existen. El sentido común llama al equilibrio pero este se rompe constantemente con la excusa de la venta de diarios, suscripciones, tráfico o audiencia.

¿Sería posible transmitir la información de forma clara y objetiva? Está claro que las opiniones que se forman a partir de la información coherente y veraz son interesantes. Para mí sería mucho más interesante poder leer y escuchar informaciones claras, asertivas y sobre todo que diferencian claramente la parte objetiva de la subjetiva.

Así se podría informar de todo, opinar de todo y sobre todo disfrutar y valorarlo todo en su justa medida, sin tener que polarizar el deporte. Cuando esto pasa, los valores que el deporte aporta a la sociedad se desvirtúan y eso es algo que ninguna sociedad se puede permitir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

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