Donar per suposat

La societat actual funciona en general a la màxima velocitat. Moltes vegades busca reduir situacions, automatitzar-les o eliminar-les de cara a poder “perdre” el menor temps possible en segons què.

Això fa que, en diverses ocasions, quan parlem o ens situacions comunicatives comuns mirem de guanyar temps i donem per suposat diferents aspectes. Ho fem tots alguna vegada i segurament quasi cada dia.

Però donar per suposat, no és ni bo ni dolent. El problema és la gestió emocional d’allò que donem per suposat.

Quan aquesta la fem en positiu, ens pot generar unes expectatives de futur que no tenen per què ser reals.

I en negatiu? Moltes vegades és l’espurna per un conflicte, al mateix moment o més tard. Realment, és un conflicte que potser ser fàcil de solucionar però en aquests casos es produeix un efecte cadena que pot ser molt perillós.

No he descobert res que ningú no sàpiga i igualment, és molt probable que totes les persones que llegeixen aquesta entrada, avui hagin donat per suposat alguna cosa.

I ho continuarem fent. És còmode i per més situacions desagradables que pugui aportar-nos, preferim assumir aquest risc a preguntar o tenir la certesa en segons quina situació.

Donar per suposat no és més que una altra manera de les moltes que fem servir al llarg del dia, de la setmana, de la vida, de mirar de fer-nos la vida més fàcil. No ens enganyem, aquest és l’objectiu de moltes i moltes persones. Respectable, per suposat, però per mi és incomplet.

Prou complicada és ja la vida per complicar-se-la si un pot fer-se-la més fàcil. Tot i que, potser podem trobar altres formes de fer-ho, no donar per suposat tantes coses i comunicar-nos una mica més entre nosaltres.

És cert que les nostres experiències ens condicionen però segurament, així, la nostra vida, també seria més fàcil.

Daniel Barreña

Coach esportiu, educatiu i de desenvolupament personal

@dbarresi5

Reducir el problema para evitar las decisiones

No se cuantas veces lo habré observado. Problemas con posibles soluciones dentro de una empresa, una escuela o cualquier sitio, detectados por todas las partes implicadas y a los que es posible mirar de poner una solución… pero al final no se hace nada.

Estas situaciones no se engloban dentro de las decisiones drásticas que a veces hay que tomar. Son situaciones observables, que incluso tienen el quorum de todos. Normalmente son problemas que con algún cambio en la estructura o en el planteamiento, podrían desaparecer, disminuir o por lo menos se sabría que eso tampoco sirve.

Es cierto que estos casos se producen más cuando no existe una solución clara. El mismo acuerdo de todas las partes para detectar el problema no suele estar en la solución a aplicar ya que no se tiene la certeza de que vaya a ser así. Esa certeza normalmente no existe.

Lo importante para mí es la forma en la que se suele proceder y esta pasa por una reducción del problema para evitar tomar decisiones. El motivo es simple, tomar una decisión suele conllevar algún cambio y alguien puede verse perjudicado. No tiene porqué ser así, pero esa es una percepción bastante extendida.

De un día para otro, el problema ya no es tan importante. Al día siguiente de que todas las partes vean la oscuridad del problema, alguna parte de destapa viendo tallos verdes. Así que ya no es necesario tomar ninguna decisión porque el panorama no es tan negro como se pintaba…

Y al final no se actúa.

Por supuesto que las situaciones se deben observar y percibir desde el máximo de puntos posibles, pero esa no puede ser una excusa para dilatar la toma de decisiones. Esto suele acabar con una decisión tomada en un momento crítico con menor análisis y rigor ya que la situación, se ha convertido en urgente.

Aunque se reduzca un problema, este sigue existiendo si así se considera. ¿No es preferible actuar y mirar de eliminarlo que no inhibirse y mirar su evolución natural?

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

La educación llevada a los extremos

La educación, el sistema educativo, se encuentra en un momento de cambio, de discusión, de reenfocar planteamientos, de adaptarse al siglo XXI como dicen muchos… Esto de por si no tiene que ser ni bueno ni malo. Debería ser un continuo dentro del sistema educativo de cara a buscar la mejora.

Pero no es así, y ahora nos encontramos en tiempos muy activos en este debate. Lo que no me gusta de todo esto es como las diferentes formas de pensar han llevado todo esto al extremo. Hablo desde la experiencia propia, vivida y observada, enriquecida por experiencias de otras personas.

Al principio de este tiempo de debate, los tradicionalistas (por ponerles un nombre) hacían una defensa a ultranza de sus metodologías. Ya lo he comentado en algún otro artículo, pero estas personas no eran las más veteranas precisamente.

En estos momentos, la vertiente innovadora ataca sin piedad a todo lo que no se plantee desde su visión. Todo es todo, incluido lo que no es tradicional ni de lejos pero no encaja, según su perspectiva, en sus metodologías.

La educación tiene un problema. Básicamente porque ambas vertientes han defendido y atacado desde su posicionamiento partiendo de una frase que no es otra que esta:

“La educación no es eso, es…”

Que bien aplicada podría ser buena, no voy a negarlo. Pero no es así. Marca una frontera, una delimitación. Una cosa es educación y lo otro no. No da lugar a matices. Y ese extremismo es muy peligroso. Pero por encima de todo, es antieducativo.

En mi opinión, la educación que genera un molde para todos no es apropiada. Y esto lo hacen las dos. Incluso los que dicen adaptarse individualmente al alumno con las metodologías innovadoras. Algunas de ellas, acaban aplicándose igual para todos.

La opción de poder adoptar diferentes metodologías educativas de todo tipo, a mí es la que más me atrae. No todas son aplicables ya que los contextos educativos son muy dispares. Así que, en lugar de menospreciar y atacar unas u otras, soy más de aprender y buscar lo más apropiado para cada sitio y alumno. Y puede ser casi cualquier metodología.

Pienso que esto es más enriquecedor que quedarme únicamente con una.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Cinco años. Nuevas etapas

El blog llega a su quinto aniversario. Prácticamente sin darme cuenta, aquella idea que surgió en mi cabeza y que puse en funcionamiento tal día como hoy en 2012, sigue activa. Algunos amigos se sorprenden de que el blog siga activo, pero ahí está. Vivo y activo.

Eso sí, algo distinto. El espíritu sigue igual. Blog colaborativo, abierto a toda persona que quiera escribir desde el respeto. Las temáticas también. Unas más concretas y otras más abiertas. Lo que si cambiará, ya ha cambiado a partir de este verano, es la cantidad de publicaciones.

Por más que sea un blog colaborativo, mis artículos son los más numerosos, seguidos por los de mi amigo y colaborador Albert Valldosera. Como sabéis, en mi vida diaria realizo diferentes actividades y como todos, para lograr los objetivos que me marco, hay que tomar decisiones. Esto me lleva a reducir el número de publicaciones y la periodicidad de las mismas.

¿Por qué decido esto? Muy fácil, no quiero que este blog se convierta en una obligación. Quiero seguir disfrutándolo. Además, romper con esa periodicidad, aunque Google y algunos seguidores me puedan penalizar, me aporta libertad para escribir en los momentos que me apetezca, compatibilizándolo con las otras actividades y mis otros artículos.

No obstante, sigo dándole vueltas a como realizar más actividades en el blog. Seguiré buscando colaboraciones, me planteo artículos en otros formatos como podcast o demás… Vamos que el blog está muy vivo aunque no esté tan activo.

Y sigue vivo gracias a vosotros. A vuestras lecturas, a vuestras visitas, a compartir los artículos. Entrar en él y ver artículos con más de 10000 lecturas, ver más de 30000 visitas al año, llena de energía.

¡Muchas gracias a todos por estar ahí! ¡Seguimos jugando!

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

El interruptor que mueve nuestra vida

La imagen del interruptor es clara para todos. Es cierto que los avances tecnológicos, seguramente en breve, harán que tengamos casas o edificios en los que no haya ninguno visible. Por ahora nos sigue siendo útil jugar con su imagen.

Muchas personas dicen que actúan en su vida igual que un interruptor. En su vida de cada día el interruptor está encendido y en sus días de descanso lo apagan. No dudo que hay gente que lo hace y que le funciona muy bien. Principalmente cuando todo está más pautado es más fácil. Vida de lunes a viernes y vida de fin de semana.

Pero después de periodos más largos, en ambos casos, tanto de actividad normal (por decirlo de una forma fácil de entender) o de descanso, este proceso cuesta más. Parece que el interruptor no hace las conexiones adecuadas. Todo me pesa, va a un ritmo al que yo no puedo o incluso no quiero ir, etc. Esto nos puede generar situaciones de estrés y/o ansiedad que no nos ayudan.

En septiembre observar esto es muy fácil. Volver de vacaciones y en los primeros días te invade esa sensación de no llegar a lo que quieres. Pretender rendir lo mismo que mayo o junio.

Lo ves por todos lados. Jugadores que empiezan la pretemporada y literalmente no meten una o parece que jueguen con un melón en lugar de con una pelota. Entrenadores que pretenden que sus equipos cometan los mismos errores que en febrero. Profesionales que para hacer un proyecto necesitan el doble de tiempo. Podéis añadir más ejemplos que seguro que en estos días habéis visto unos cuantos.

Escuchas frases que hablan de conectar, de estar presente, etc. pero observas que falla algo. La frustración sobrevuela el ambiente.

Todo esto es normal. Ese interruptor que nos ayuda durante gran parte del año, ahora no. Pero nos olvidamos que ese interruptor ha estado quieto, sin moverse nada, durante unas semanas o meses. Y pretendemos que luego su conexión sea estable, perfecta. Me parece complicado. ¿Qué te ha pasado a ti cuando has estado toda la tarde tumbado en el sofá? ¿Te has levantado y andado sin ningún problema ni molestia de ningún tipo? ¿No has notado nada diferente?

Ahora imagínate que te estás en el sofá, en la misma posición durante un mes. ¿Te levantarás y estarás preparado para correr al ritmo habitual? No, seguro que no.

Dale tiempo al interruptor para que rehaga las conexiones, que reaprenda e incluso sume nuevas opciones que te hagan conectar y desconectar más fácilmente. Paciencia y perspectiva suele funcionar más que el estrés y la ansiedad.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Números que marcan tu forma de vivir

Me gustan los números. Contar y calcular cosas me sale de forma natural. No puedo evitarlo. No lo intento, no os voy a engañar. Como muchas personas, también tengo mis números favoritos o números que me hacen especial gracia. No soy un obseso de ellos pero me gustan. Ya sean por sonoridad o por algún vínculo especial que he establecido con ellos.

Últimamente han ganado importancia otros números. La verdad es que siempre han estado ahí pero ahora he decidido que marquen para bien mi vida. Me encanta que así sea y lo disfruto. Sin presionarme ni obsesionarme con ellos pero saboreándolos. Mejor que os los presente.

Estos son los números que marcan mi vida y que te animo a que introduzcas en tu vida: 60, 3.600, 86.400, 2.592.000 y 31.536.000. Hay un detalle que no os había dicho. A estos números hay que ponerle una palabra que los acompaña y que los dota de sentido. Esa no es otra que segundos. Esa palabra los convierte en algo único y yo decido lo que hago con cada uno de ellos.

Tomarme durante el día 60 segundos para tomar aire me permite enfocar mi actividad para rendir y aprovechar el siguiente segundo al máximo. Pero esos segundos también los aprovecho para evaluar, buscar mejoras y ponerlas en práctica al llegar a 60.

Pensar en los 3.600 segundos que tiene una hora me aporta energía para aprovechar esa actividad desde el primero de ellos hasta el último.

Los 86.400 segundos que tengo cada mañana al levantarme con el día que para mí nace me llenan de sensaciones espectaculares para sacarle el máximo provecho que considere a cada día.

Los 2.592.000 segundos de un mes (de 30 días) me permiten organizarme de una forma atractiva para mi cerebro y que me hace ver más posibilidades de las que de otra forma he visto hasta ahora.

Por últimos los 31.536.000 segundos que tienen un año me ayudan a ver la multitud de opciones que existen y las que tengo opción de generar.

¿Pero por qué en segundos y no en horas o días? Fácil. La vida cambia en un segundo. Cuando tomas una decisión, el segundo posterior a ella es distinto en función de la decisión que tomas. Cuando la aplicas pasa lo mismo. Todo cambia en un momento, en un segundo.

Lo mejor de todo es que, si no te sirven estos, siguiendo con el razonamiento puedes crearte los tuyos totalmente personalizados. Puede que te sirvan los 4.500 de un entreno de baloncesto. O los 2.700 que utilizas cuando estudias al máximo. O los 1.800 de cuando sales a hacer running, lees en el sofá o quedas para tomar algo con algún amigo o amiga.

Eso es cosa tuya. Adopta estos, créate los tuyos. Lo que quieras. ¡Pero disfrútalos!

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

Artículo originalmente publicado en  Daniel Barreña Coaching

Fem grans els nostres problemes habituals?

A la teva millor versió d’aquesta setmana ens fem aquesta pregunta: fem grans els nostres problemes habituals del nostre dia a dia?

Hi ha una tendència bastant freqüent que és la d’utilitzar prismàtics d’augment per mirar els problemes i els conflictes. Fer-ho tot gros, magnificar-ho, fer-nos les víctimes, dramatitzar tot el que passa… 

Deixant de banda situacions que realment són molt doloroses, moltíssim! I sobre les que cal tenir un gran respecte; la majoria de les situacions en les que ens trobem no són tan dramàtiques com ens pensem: un canvi de plans inesperat, un dinar que no ens ha sortit tan bé com haguéssim desitjat, una averia al cotxe, un oblit que ens ha fet quedar malament, algú que no ens ha prestat tota l’atenció que esperàvem, una petita frustració, indecisions que s’allarguen, un dit trencat…

Tot això és la vida! Una gran font d’experiències que ens fan créixer; un entrenament gratuït que ens fa forts, que ens enriqueix i que ens ajuda a valorar el que tenim; una inspiració constant de la nostra creativitat i una ocasió de posar en pràctica el millor del nostre sentit de l’humor i de la nostra paciència.

I no diguem quan en aquests “grans problemes” entre cometes hi ha algun responsable! Llavors sí que carreguem les tintes…

Davant d’aquestes situacions tenim dues opcions que des del meu punt de vista ens poden ajudar: una, girar els prismàtics i veure-ho tot més petit. I una altra per si aquesta no ens convenç, mirar les coses tal com són en la seva justa mesura. És qüestió de perspectives!

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (13:49- 16:42)

Albert Valldosera

Coach

 

Cocina del siglo XXI. Liderazgo del siglo XX

Me gusta la cocina. En muchos momentos, cocinar me relaja y me permite liberar la creatividad y aplicarla allí o en otros proyectos. Más de una vez me han visto remover algo y salir corriendo a apuntar una idea.

A nadie se le escapa que en este siglo, el boom culinario es espectacular. En muchos aspectos se ha producido una revolución de conceptos acompañada de una evolución en técnicas y tecnología. La alta cocina se ha convertido, pienso que ya lo era pero no para el gran público, en un sector muy importante a nivel económico.

La hostelería no es un mundo desconocido para mí ni para mí familia. Gracias a ello, he tenido contacto con diversas cocinas de distintos niveles y visto en primera persona diversas formas de funcionar. Cierto es que no he tenido contacto con ningún equipo de cocineros y staff de una cocina con estrellas Michelin ni he podido observarlos trabajando, algo que por mi actual profesión me encantaría poder hacer.

Imagen de https://pericomactualidad.wordpress.com/

En televisión siempre han existido programas relacionados con la cocina. Desde “Con las manos en la masa” hasta el archiconocido Karlos Arguiñano. Dos programas, distintos, se llevan hoy la atención culinaria en TV: Top Chef y MasterChef.

En ambos se ven recetas espectaculares, seguramente más en Top Chef ya que los protagonistas son profesionales de la cocina. Y en ambos se ve una ejecución del liderazgo y de la gestión de equipo más propia del siglo pasado que de la cocina de este.

Gritos por doquier (en situaciones en las que no es necesario por exceso de ruido) y muchas frases que hacen referencia a la persona que manda dejando claro que el otro obedece o debe obedecer sin chistar, son habituales en cada programa. ¿Necesarios?

La respuesta habitual en estos casos es que sí ya que la presión que existe en estas cocinas es muy elevada. Algo en lo que estoy de acuerdo, es una presión enorme. Pero pienso que hay muchas circunstancias que se deberían gestionar de otra manera. El liderazgo impuesto tal y como se ve, choca con la idea de originalidad, creatividad, pulcritud, vanguardia y otras muchas etiquetas que se asocian a esta alta cocina.

Me encantaría poder observar a un equipo real de este nivel y poder tener mejores conclusiones, además de poder ver puntos de mejora, que seguro que los hay. El famoso ABaC de Jordi Cruz es el más cercano a mí casa y La Lluerna de Victor Quintillà, ya que soy colomense, son los dos que más me llaman.

Hasta que tenga esa opción de estudio, si la tengo algún día, me gustaría que en estos dos programas se reflejaran más estilos de liderazgo que los que se observan hoy día. Ayudarían a extender en la sociedad cambios a nivel empresarial que son necesarios en este siglo y que lo serán cada día más.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

El salario emocional sigue olvidado

Cada día se pueden ver, escuchar, leer muchísimas aportaciones de diversos expertos sobre liderazgo y gestión de personas y grupos. Hay conceptos, que no son nuevos, que de vez en cuando salen como el de salario emocional. Una idea que algunos rechazan ya que no paga facturas. O eso es lo que dicen.

Se entiende por salario emocional todo aquello con lo que una empresa o un gestor retribuye a los trabajadores o miembros del grupo/ equipo que no sea en forma económica. Para más de un experto, con los que estoy de acuerdo, un ejemplo de esto es la decisión de Honda, McLaren y Fernando Alonso para que este último corra las 500 Millas de Indianápolis.

Pese a todo, he estado en muchas conversaciones sobre este tema y una gran mayoría no lo veían así. Su enfoque era distinto, respetable por supuesto, pero mucho más negativo. Particularmente, pienso que Honda y McLaren han dado un ejemplo de gestión en un ambiente hiperprofesionalizado. Las consecuencias de esta decisión las veremos en el futuro.

Llevando esto a la realidad en su entorno profesional de muchos, ves que realmente aún hay muchas empresas que obvian esta idea. Además, muchas veces, al tener contacto con compañeros, amigos, coachees, etc. tengo la sensación de que esto pasa más en los profesionales de la función pública que en las personas que trabajan en la empresa privada o en su propia empresa o negocio.

Es como si por el hecho de trabajar en un puesto público, la gestión de las personas pueda hacerse mal y no tener aspectos que entran dentro del salario emocional. Algo que para mí no tiene ningún sentido.

Particularmente me encuentro esto en el ámbito educativo. Compañeros, amigos, conocidos o clientes que están quemados o casi al límite de este burn out o simplemente quieren cambiar de centro. Pero no por sus alumnos, ni siquiera por las familias, aunque ambos tengan peso en la decisión. El motivo principal es la gestión de su equipo directivo del día a día en un centro. No tanto de los aspectos que le vienen dados de más altas instancias, sino básicamente por la gestión interna.

Es algo preocupante y que demuestra que la gestión de personas tiene aún mucho margen de mejora por delante.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

De què tenim por?

A la teva millor versió d’aquesta setmana ens fem aquesta pregunta: de què tenim por?

Potser la primer resposta que ens pot venir al cap o a la boca és que no tenim por de res; però si ens aturem una mica potser sí que descobrim algunes pors en els diversos àmbits de la nostra vida; i algunes pors són més grans i altres de més petites.

Por pel futur, per si ens quedem sense feina, per si ens faltaran mitjans per tirar la nostra família endavant, per si l’hem encertada amb aquella persona que volem compartir la nostra vida; por per si ens podrem casar, por del compromís; por de la malaltia, d’estar sols, de la vellesa, de la mort;…

Por de quedar malament, del què diran, de fracassar, de no arribar a les expectatives; por d’arriscar-nos, de no dominar la situació, por de ser diferents, por per no ser políticament correctes; por perquè ens coneguin tal com som; por de manifestar els nostres sentiments o de no saber com fer-ho; por de no estar equivocats; por del dubte; por del canvi; por de no superar certes situacions que ens estanquen o ens paralitzen; por de tenir la sensació que ens han guanyat, por del perdó, por de mostrar-nos febles; por de nosaltres mateixos…

I segurament hi ha pors més raonables que d’altres, o més fonamentades. Perquè hem de reconèixer que a vegades les nostres pors són de coses que difícilment passaran.  I això és un patiment inútil que només serveix per amargar-nos la vida.

A la pel·lícula Coach Carter també es parla de la por inspirant-se en unes paraules de Marianne Williamson en el seu llibre “Volver al amor” i diu així: “Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo. No hay nada inteligente en encogerse para que otros se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños. No es cosa de unos pocos sino de todos. Y al dejar brillar nuestra propia luz insconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo nuestra presencia libera automàticamente a otros…

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (14:37- 18:27)

Albert Valldosera

Coach

 

Normalizando lo anormal

¿Qué es normal y qué es anormal? Por sí sola, esta pregunta ya nos daría un tema de debate largo y profundo. Bueno, algunos lo acabarían rápido ya que para estas personas, lo normal es lo que ellas opinan y lo anormal el resto. Puede que todos seamos un poco así…

En general, la conversación sería interesante y se pondrían en juego las distintas formas de pensar que tenemos todos. Lo que también es cierto, es que en una de las cosas que podríamos estar de acuerdo es que hoy día hay situaciones que de inicio no nos sorprenden pero que si nos ponemos a pensar en ellas sí. Hemos normalizado una situación anormal.

De este tipo de acciones o conductas que no deberían ser normales pero que nos lo parecen existen muchas. Es más, alguna de ellas, de inicio, nos pueden parecer ridículas y sin importancia.

Poner el intermitente mientras se conduce es uno de estos actos. Recuerdo que en la autoescuela me dijeron que existía la costumbre en ciertos conductores de cambiarse de carril y poner el intermitente cuando ya han efectuado el cambio de carril. Hoy día, supongo que ante la inutilidad de esta conducta anterior, es muy fácil ver cambios de carriles, giros y cualquier situación al volante que debería indicarse con los intermitentes, realizarla sin ellos. Lo que era anormal hoy es normal y ahora lo anormal es ver funcionar los intermitentes.

Otra situación normal hoy día es hablar con alguien sin mirarle. No digo a los ojos o a la cara, mirarle en general. Lo habitual es estar hablando con alguien pero estar mirando el móvil. Ver un grupo de personas sentadas en una mesa, intercambiando frases entre ellos (no lo considero charlas o conversar) mientras todos miran sus correspondientes móviles es habitual en cualquier terraza o bar.

Y si te paras a pensar detenidamente, aceptamos muchos comportamientos que en una sociedad civilizada no se deberían aceptar. Entre nosotros, de los políticos, de los medios, etc. Pero ahí están y ya no nos sorprenden.

Aunque pensándolo bien, puede que haya abierto otro debate sin querer. ¿Realmente somos una sociedad civilizada cuando te pones a observar y analizar cosas que suelen pasar de forma cotidiana?

Esto mejor lo dejamos para otro día. Aunque podéis hacerme llegar vuestras opiniones y así saldrá un artículo más completo.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

@dbarresi5

La salida del colegio un día cualquiera

Observa la salida de un colegio. Da igual el día. También, hasta cierto punto, da igual la clase de colegio que sea o la zona y las características de las familias que allí acudan. Es posible que ya lo hayas hecho alguna vez o que formes parte del grupo de personas que te digo que observes. Puede que incluso pienses que todos los días son iguales y que no pasa nada especial. Desde tu punto de vista seguro que tienes razón y te entiendo.

Ahora voy a explicarte mi punto de vista y te invito a que lo veas desde otra perspectiva. Por supuesto que no es ni mejor ni peor que el tuyo. Simplemente es otro punto de vista que miraré de explicarte con un fin muy sencillo. Este no es otro que si consideras que lo que te expongo puede tener algo de sentido y no te gusta, pongas tu granito de arena para que pase a ser historia. Sería fantástico que eso pasara. ¡Allá voy!

Pues bien la salida de un colegio, sobre todo con los más pequeños, debería ser un momento de reencuentro. Salen después de pasar el día en un entorno diferente al de casa y alguien los recoge. Por lo general alguien que les quiere aunque esto muchas veces no quede del todo claro.

Ves de todo. Padres y madres que según los recogen, se dan la vuelta y caminan hacia la salida del colegio o hacia el coche sin intercambiar una sola palabra o gesto afectuoso con el niño o niña. También están los que llaman de lejos con el coche en doble fila y cuando el niño está de camino al coche, ya se suben o lo arrancan para salir rápido una vez esté dentro del coche.

En otros casos ves a la persona que sea que sigue haciendo exactamente lo mismo que estaba haciendo antes de recogerlo. Sigue hablando por el móvil o por WhatsApp o hablando con el amigo o amigo en el caso de hermanos mayores o siguen escuchando música con los auriculares pese a ir caminando por la calle en compañía del recién recogido.

Lo peor es que esto ya es normal. Lo nefasto es que estas personas no se dan cuenta de que están siendo modelos y que el que lo recibe, luego lo hará. Y seguramente se lo hará a esta misma persona. Claro pero cuando uno lo recibe no es lo mismo…

¿Te suena lo que acabo de explicar? ¿Te gusta? Actúa en consecuencia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5