Excusándose en el talento y en el reglamento

Os expongo tres casos para poneros en situación.

Caso 1: Chico premini de segundo año (8-9 años) muy grande en todos los sentidos,  muy alto para la edad y muy ancho, con las dificultades de movilidad que todo esto conlleva. En defensa esta a mucha distancia del suyo y persigue la pelota a la mínima que puede siempre que se acerca a su aro. En ataque hace lo mismo, juega alrededor del aro. Si recibe la pelota fuera de esa zona no mira la canasta, no bota nunca ni tampoco pasa, sus compañeros cogen la pelota en un mano a mano. Una vez que la pasa, su entrenador le dice: “Espera a que vengan a cogerla y luego a tu zona, en la que estás cómodo”. Ante la cara de sorpresa del árbitro y del entrenador rival, dice: “Tengo que proteger su talento”.

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Caso 2: Chico mini de primer año (10-11 años) con una estructura corporal normal para la edad. Tira de una forma muy rápida para edad y con una efectividad bastante elevada, desde una distancia como mucho de 5 metros. No bota. En una ocasión recibe en un contraataque y da un bote para finalizar en una entrada no muy bien hecha. Su entrenador le dice: “Bien pero recuerda que eres tirador y que desde fuera de la zona vale de 3. Tira siempre”. Se gira y le dice a su ayudante “Es lo que sabe hacer y además nos beneficia por el reglamento, pues que tire”.

Caso 3: Chico mini de segundo año (11-12 años) algo grande y con una buena movilidad, pero bastante discontinuo en su esfuerzo. En defensa casi no defiende y en ataque si tiene la pelota tira de cualquier sitio o intenta hacer un 1 contra 1 de la forma que sea. No pasa ni una a los compañeros. Las veces que no tiene la pelota, hace directamente un bloqueo directo a su compañero para que este penetre o se la pase en la continuación. El árbitro le comenta al entrenador que no debería hacer bloqueos ya que el reglamento no lo permite. La respuesta del entrenador es: “El reglamento no dice nada de eso (es cierto), no están prohibidos. Además yo no se lo he enseñado, es su forma jugar”. Una persona de la mesa le comenta que podría decir al niño que no los hiciera y su respuesta es: “Yo no voy a cohibir su talento si esa es su forma de jugar y además mete puntos”.

Después de estos casos, dos que me explicaron y uno que lo viví como entrenador contrario, empecé a pensar. Últimamente se lee y se publica mucho sobre proteger el talento y dejar que los jugadores se expresen libremente. Es algo en lo que estoy de acuerdo y sobre lo que yo también escribo. Existen muchas personas que sólo valoran esto en función del resultado obtenido y del beneficio que pueden obtener. De igual forma que otras pasan de un extremo a otro, rígidos al máximo como robots (haz sólo lo que te he dicho que hagas) o libertad que realmente es libertinaje (me da igual lo que hagas si consigues canasta). Además buscan lo que les interesa del reglamento para que los ayude a darle mayor credibilidad a esta farsa que los disfraza de defensores del talento.

Debemos poner todos de nuestra parte y tener claro que al margen de las distintas formaciones para los entrenadores, el día a día es el principal centro de aprendizaje. Todos tenemos nuestra función para ayudar a formar sin matar la creatividad de los noveles ni actuar con prepotencia por tener más experiencia. Humildad entre los entrenadores para que de esta forma todos nos podamos centrar en crear el marco idóneo para que todos los jugadores y jugadoras se desarrollen en su máximo potencial. Para eso deben mantener y mejorar/perfeccionar lo que les es natural y aprender e ir puliendo lo que más les cuesta, menos les gusta.

El equilibrio no es fácil, pero esa es la gracia.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

A mitad del camino

Las competiciones llegan prácticamente a su ecuador. En estos momentos, una gran cantidad de equipos, de clubs, de entrenadores, de jugadores y de familias se están planteando como enfocar lo que queda de temporadas. Había unos objetivos a inicio de temporada y ahora ya puedes hacer un análisis con bastante información de cómo has funcionado hasta ahora y lo que se ha logrado de esa forma. También puedes hacer otra proyección al futuro, puede que más ajustada de la que realizaste en a inicios de temporada.

Hablo de toda clase de objetivos. Seguramente los que tienen que ver con los resultados son los más claros de todos. Pensar en lograr ganar unos partidos que te permitirán competir a un nivel y puede que incluso optar a excelentes clasificaciones y encontrarte con derrotas que no esperabas y que te han alejado de las metas a las que pensabas que llegarías. Pero también de otros objetivos como el estilo de juego, la evolución individual de los jugadores, la cohesión del equipo, etc. Todos estos también vistos desde el otro extremo: lo ganamos todo, jugamos como nunca, cada día soy mejor jugador,…

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Cada uno lo afronta como considera oportuno, pero pienso que hay tres enfoques básicos que pueden marcar lo que queda de temporada. Estos tres aspectos están presentes cada día en las acciones que realizamos continuamente. En los momentos de evaluación salen a la superficie pero a todo el mundo le iría mejor si los tuviera presentes de forma más continua, cada uno en su justa proporción.

Enfocado al pasado. Como la temporada va mal, cometemos errores que nos cuestan partidos, no evoluciono con este entrenador,… todo lo que hago me recuerda aquella acción que nos costó un partido, la lesión de un jugador, aquella explicación que no comprendí y sigo sin entender. La mochila pesa y me frena y no paro de añadirle peso porqué me es fácil encontrar situaciones que me las confirmen. Teníamos un objetivo a principio de temporada y como este se ha complicado en exceso o ya es imposible ya todo está hecho. No soy capaz de generar nuevos objetivos adaptados a la nueva realidad. Las responsabilidades se diluyen o se aceptan sin oponer resistencia, sin ofrecer alternativas.

O al revés. Todo lo que ha pasado hasta ahora me reafirma. Doy por hecho que los objetivos se lograran por lo que ya hemos hecho a día de hoy. Hay que seguir igual sin salirse para nada del camino que llevamos. No hago nuevas aportaciones ya que así nos va bien.

Enfocado al presente. La realidad con la que me encuentro no cumple con las expectativas que tenia. Ya no podemos luchar por el campeonato, sigo siendo el jugador o jugadora que era a principio de temporada o incluso algo peor, cada día jugamos peor y además hay mal rollo. Pero ante esto actúo. Admito que los objetivos ya no se pueden cumplir o están muy complicados y genero otros más adaptados a la realidad. Esto no quiere decir que sean objetivos más fáciles de cumplir. Ahora dispongo de información nueva y puedo modificar mis acciones para que estas me lleven a lograr estas metas.

La realidad es la imaginada o superior. Valoro lo realizado hasta ahora y busco los aciertos y los errores para generar el aprendizaje que pueda aplicar en este momento y que ayude a que la realidad se mantenga e incluso mejore. Busco enriquecer desde la base de trabajo ya creada.

Enfocado al futuro. Proyecto lo que hemos hecho hasta hoy a lo que queda por delante y todo esto se repetirá hasta final de temporada. Los partidos igualados que tengamos por delante los perderemos y la situación que hoy tenemos será cada semana peor. Entro en un bucle de profecía autocumplida que no hará más que confirmar todo lo que sé que pasará. Y también en positivo. Si todo nos ha salido bien hasta hoy, ¡vamos a por todo!  La ambición crece y añado nuevas formas de jugar, adelanto pasos de la planificación y le aporto nuevos contenidos, mi nivel de exigencia aumenta cegado por lo que podemos lograr. Las alas que me aporta lo logrado hasta hoy me impulsan con tanta fuerza que perdemos la esencia de lo construido hasta ahora.

Por lo general nadie enfoca al 100% en una sola de estas opciones pero una suele predominar en todo lo que hacemos.

Lo más importante es que ahora estás a mitad del camino, queda la otra mitad. No lo olvides. Tampoco olvides que no sólo existe un camino pero que sí tendrás que tomar decisiones para saber cuál te llevará a donde quieres y cómo tu quieres llegar allí.

Recuerda que el camino es tu día a día y que todo el proceso para lograr el objetivo que deseas, en definitiva, es lo que te construye, construye tu equipo, te hace mejorar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La receta de lo simple

A veces el dinero, los focos y todo lo que rodea al deporte profesional de élite nos aleja de la esencia del juego. Existe la convicción (equivocada, o no) que el rendimiento va ligado necesariamente al nivel de recompensa económica e incluso social de tu trabajo. En el caso que aquí nos ocupa, del rendimiento como deportista. Es innegable que sentir el reconocimiento a tu esfuerzo y valor como deportista/persona es un motor de energía incalculable para potenciar tu rendimiento en cualquier faceta. A todos nos gusta que se nos pague justamente y se nos valore en nuestro trabajo. Eso, sin duda, ayuda a que trabajemos mejor y más a gusto.

En el deporte seguramente pase lo mismo porque, no nos olvidemos, los deportistas de élite que se esconden detrás de las portadas de la prensa, los anuncios de television, las fiestas de alto standing… también son personas como tú o como yo. Y aunque los billetes puedan llenar sus bolsillos más de lo que jamás muchos de nosotros podamos imaginar, lo que verdaderamente les permitirá brillar en sus respectivos campos será ser fieles a la esencia del juego, a la pasión. La misma que seguramente les movió cuando eran niños y que les hace conectar con su ‘yo’ lejos de todo aquello que pueda rodear su figura en este preciso momento.

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Actualmente existen dos casos de éxito que evidencian el por qué el juego está por encima de todas las cosas. No seré yo quien descubra a Stephen Curry o el tridente formado por Messi, Suárez o Neymar. Pero ya sea en baloncesto, fútbol o aquello que queráis desarrollar parece bastante claro que una de las grandes claves para alcanzar la cima es simplemente disfrutar de lo que haces. Y este es el denominador común en el caso de Curry con los Warriors o la famosa ‘MSN’ del FC Barcelona. Ambos gozan de reconocimiento mundial, mueven cifras mareantes de dinero, nunca les faltarán aduladores allá por donde caminen pero en el juego, a la hora de saltar a una pista o un terreno de juego el objetivo sigue siendo el mismo que cuando Stephen, Messi o Neymar comenzaban a descubrir los secretos del baloncesto y el fútbol a edades tan tempranas como las de aquellos a los que hoy muchos de nosotros tenemos en nuestras manos en tantos y tantos equipos de barrio.

Se divierten, disfrutan, se solidarizan, son insaciables y saben qué necesitan de sus compañeros para ser los mejores. El otro día leía una entrevista a Neymar donde le preguntaban acerca de cómo gestionan los egos tres cracks mundiales de la talla como los que forman la actual delantera azulgrana. La respuesta fue: “No hay egos. Solo queremos divertirnos”. Y discrepo. Ego sí hay, todos lo tenemos en mayor o menor medida, pero si el ego no te deja disfrutar plenamente de lo que haces jamás alcanzarás una plenitud de rendimiento. Precisamente por eso nada de lo que les ocurre es casualidad. Y no deja de ser curioso que en la complejidad de un mundo repleto de focos y presión diaria extrema sea lo más simple la receta para triunfar e, incluso en sus casos, para DOMINAR. Tienen talento, han trabajado pero se lo pasan bien. Y ahí está su verdadero motor. El famoso “Sal y disfruta” de Johan Cruyff antes de la final de la Copa de Europa de 1992 o como le dijo Guardiola a Simeone en pleno apogeo del Pep Team con el ‘Cholo’ visitando técnicos de alto nivel para completar su formación: “Tengo la gran suerte de tener un grupo de jugadores a los que les enloquece jugar a la pelota”. Y no seré yo quien le quite méritos a la labor de Pep Guardiola al frente del Barça pero impacta que, al final, una de las grandes claves para dibujar al mejor Barça de la historia sea que simplemente a Iniesta, Xavi o Messi les apasione reencontrarse cada mañana con el balón.

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Y llegados a este punto dejénme hacer un pequeña reflexión. Si los más ‘grandes’ simplifican – entendido como la imperiosa necesidad de disfrutar y divertirse – el día a día en el deporte de élite para triunfar hasta ese mínimo punto… ¿Por qué en un porcentaje muy elevado el resto de terrestres nos empeñamos en hacer de los más pequeños jugadores de élite donde el GANAR pasa por encima de lo más elemental? El ego del entrenador es grande (enorme, en ocasiones) pero no olvidemos que nuestros jugadores/as necesitan pasárselo bien y conectar con el juego de la misma manera que Curry o Messi lo hacían y, lo más importante, lo siguen haciendo. Y esto no es precisamente lo mismo que pretender que aquellos a los que intentamos formar hagan las cosas como Curry o la ‘MSN’  para – no nos engañemos – únicamente saciar nuestro hambre (personal) de victorias y palmaditas en la espalda. Preguntémonos si hacemos que nuestros jugadores/as disfrutan a la vez que les ayudamos a crecer deportivamente. Y que nadie me malinterprete, la competición no es incompatible con la diversión. Como jugador he disfrutado como nadie compitiendo, sufriendo, trabajando y sinténdome exigido. Es imprescindible saber trazar la línea donde no encorsetar a los jugadores y ahogarles alejándoles de la propia esencia del juego. Una pelota, una canasta. Cinco contra cinco. Tan fácil pero tan complicado. Que nuestro ansia por querer controlarlo todo jamás les corte las alas a aquellos que quieren volar. Ahí estará nuestro éxito… ¡y el suyo! Ahí reside el maravilloso secreto de los dos entes que dominan hoy el baloncesto y el fútbol mundial. Siéntense y sobre todo… ¡Veánles divertirse! El día que dejen de pasárselo así de bien será el día en que no vibraremos viéndoles jugar. Que les dure por mucho tiempo.

Sergio Vera

Entrenador y periodista

@sergio_vera87

 

¿Para qué uso la pizarra en minibasket?

Recuerdo cuando empecé a entrenar y a ver multitud de partidos de diversas categorías para aprender y ser consciente de todo lo que me faltaba por aprender. Hoy día sigo haciéndolo y sigo siendo consciente de lo que me falta por mejorar. En todos estos años he visto muchos cambios a nivel de juego y dirección de partidos. Uno de los que más he apreciado ha sido la presencia cada vez en partidos con jugadores y jugadoras más pequeños de entrenadores armados con sus pizarras tácticas.

Una de las imágenes más curiosas se producen al solicitar un tiempo muerto en categorías minis (10-12 años) y preminis (8-10 años). El entrenador o la entrenadora cogiendo su pizarra y mirando a los jugadores como se acercan al banquillo, destapando el rotulador, preparando el discurso solucionador de problemas, si le hacen caso por supuesto. A partir de aquí existen diferentes estilos, pero abundan los que utilizan la pizarra para corregir aspectos de juego colectivos y como quiere que se juegue acto seguido. ¿De verdad es esto necesario y bueno para la evolución de los jugadores?

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Estoy a favor de un uso pedagógico de la pizarra. Comparto que a los jugadores de segundo año de mini se les puede dar a conocer una herramienta más que debe estar a su servicio para ayudarles. Pero seguramente se debería utilizar más en entrenamientos apoyando la explicación de algún ejercicio y de esta forma dar pie a que se fueran familiarizando con ella. Su uso en partidos debería ser para ayudar a explicar y reconocer situaciones que los hagan crecer individualmente y siempre de forma muy ocasional.

No estoy para nada a favor de uso para cuestiones colectivas en estas edades. Puede ser que hacia final de la temporada de mini de segundo año…en una situación puntual… para aportar y no para recriminar o corregir… Pero admito que me cuesta verlo.

Lo que sí que veo es a entrenadores que las utilizan para cohibir a sus jugadores y forzar el crecimiento del juego colectivo sin tener en cuenta si su equipo está preparado para ello. Vamos, entrenadores con ansias de demostrar que son futuros entrenadores profesionales y que sus jugadores y la progresión de estos está al servicio de su currículum como entrenador y ya.

Además, considero que este uso de la pizarra en niños y niñas tan pequeños puede convertirse en un obstáculo comunicativo que no ayudará a la conexión necesaria para el desarrollo de todos. La pizarra es fría y si la usas como medio principal de comunicación con tus jugadores, la comunicación también lo será.

Invito a los entrenadores de minibasket que la utilizan a que reflexionen sobre ello y que piensen alternativas comunicativas para transmitir lo que consideran que deben comunicar a sus equipos. Estas alternativas existen y estoy seguro que ayudan mucho más a que los jugadores y protagonistas del juego, cada día lo amen más y deseen aún con más ganas que llegue el próximo entrenamiento, el próximo partido.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Rígido y convencional o flexible y original

Desde siempre me ha gustado leer libros. Supongo que como todos, he tenido momentos de prodigarme más en esta actividad y otros en los que casi no he leído ninguno. En los últimos tiempos me gusta leer cada vez más, casi diría que me apasiona.

Hace un tiempo leí un libro referencia para muchos. Se trata de Fluir (Flow) de Mihaly Csikszentmihalyi. Cuando lo leí me llamaron la atención diferentes puntos que en él se trataban, algunos los he aplicado a mi vida y otros, sin ser consciente de ello, ya formaban parte de ella. Hubo uno en concreto, que además de intentar aplicarlo en las distintas facetas de mi vida, he mirado de ir observando en las diferentes situaciones que vivo o me transmiten y poder así construir unas conclusiones más ricas. Se trata de la diferencia entre los conceptos convencional y original.

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El ejemplo que pone el libro para explicar esta diferencia es el siguiente que cito textualmente: “Mientras que un artista convencional pinta el lienzo sabiendo lo que quiere pintar y mantiene la intención original hasta que el trabaja está terminado, un artista original con igual entrenamiento técnico comienza teniendo en mente una meta indefinida, pero hondamente sentida, modifica el cuadro según los colores y las formas que emergen sobre el lienzo y acaba con un trabajo terminado que probablemente no se parecerá en nada a como empezó. Si el artista responde a sus sentimientos interiores, sabe lo que le gusta y lo que no le gusta, y presta atención a lo que sucede sobre el lienzo, seguramente hará un buen cuadro. Por otra parte, si mantiene su idea preconcebida de cómo debería ser la pintura, sin responder a las posibilidades sugeridas por las formas que se desarrollan ante él, la pintura probablemente sea mediocre”

¿Cuántas veces empezamos algo con un objetivo tan definido hasta el extremo que nos impide ver situaciones o aspectos que nos encontramos por el camino y que nos permitirían incluso obtener un resultado final mucho más rico o satisfactorio? La respuesta que yo he observado a esta pregunta es que esto nos pasa en demasiadas ocasiones. Definir un objetivo lo mejor posible nos ayuda mucho a hacerlo realidad. La ecología del mismo y poderlo dividir en pequeños objetivos o metas durante la consecución del mismo también. Pero no debemos olvidarnos de la flexibilidad para enriquecerlo.

Entrenadores que plantean un partido de una forma para ganar y no ven o saben ver opciones que surgen durante el partido para poder lograr el objetivo de otra forma, puede que más fácil. O que tienen las rotaciones de cambios predefinidas (al margen de que sean por aspectos conductuales) y  no las cambian pase lo que pase. Deportistas incapaces de ver diversos caminos en su mejora que les harían dar el salto que desean y que únicamente trabajan alguno muy específico o demasiado general, logrando o no lo deseado pero no a un nivel superior o que de verdad les haga marcar la diferencia en su deporte. Maestros o profesores que se preparan una clase y la dan pase lo que pase, siendo incapaces de aprovechar una oportunidad de enriquecer la experiencia de aprendizaje de los alumnos por algo que surge en el momento y que puede que se desvíe un poco del objetivo de la sesión o suponga destinarle más tiempo, pero que podría enriquecerlo a un nivel mucho más significativo para todo el grupo, profesor incluido. Personas que se plantean el día de una determinada forma para poder hacer multitud de actividades y que cuando piensan en ello por la noche, empiezan a ver alternativas que podían haber realizado y les hubiesen facilitado mucho todo el día.

ser_original¿Y todo esto por qué? Simplemente por ser poco flexible y limitar algo imprescindible para lograr cualquier cosa como es dirigir nuestro foco de atención. Nos centramos en exceso en algo muy concreto y esto nos impide ver algunas cosas con la suficiente perspectiva para poder enriquecer lo que hacemos. En otras ocasiones hemos creado un plan tan específico y que nos ha costado tanto que entendemos que todo lo que no está en él, es una amenaza. Más que un plan de acción, creamos un búnker que nos aísla de todo el mundo exterior ya que es una distracción.

De esta forma nuestras actividades, nuestros resultados no tienen ese plus que podían tener si al marcarme mi objetivo final y mis objetivos intermedios analizara de forma constante todo lo que está pasando y que seguramente escapa de mi control. Detectaría situaciones que me enriquecerían y que me acercarían a poder construir y generar de forma original, marcando la diferencia. La flexibilidad me ayuda a crear de forma más personal e implicada conmigo mismo consiguiendo así ser original para mi propia vida.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Ganar a cualquier precio

Es empezar la competición escolar o de formación y te empiezan a llegar noticias que no cuadran con lo que el deporte a esa edad debería ser. Vaya por delante que soy competitivo y defiendo la competición como un escenario necesario para el aprendizaje en cualquier deporte. Pero de ahí al resultadismo puro y duro que se ve muchas veces, hay una gran diferencia.

La gran mayoría de deportes realizan adaptaciones del reglamento de los adultos, profesional o como se le quiera llamar, para en teoría favorecer el desarrollo de los jóvenes deportistas. En principio los entrenadores  de esas edades deberían conocer esas adaptaciones y utilizarlas en beneficio de la progresión de los jugadores y jugadoras.

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Me sorprende la gran cantidad de partidos en los que se cometen irregularidades por el mero hecho de mirar de ganar. Principalmente en los reglamentos que estipulan un tiempo mínimo y máximo de juego por cada jugador que participa en el partido, se infringe esta norma para llevarse el partido. Puede haber un error de desconocimiento del reglamento, algo que ya me parece grave. Puede ser un despiste o error debido a diversas circunstancias que se pueden producir a lo largo del partido y que alguna te lleve a cometer el error de alineación. También se puede hacer voluntariamente para ver si nadie se da cuenta y ganamos el partido, aprovechándome de que el árbitro también es una persona novel en el arbitraje. Esta última situación en concreto, en dos deportes distintos, me la han explicado en los últimos días.

Siguiendo con el reglamento adaptado, mirar de sacar beneficio aprovechándose de una norma del reglamento de mayores, no existente en el adaptado. El ejemplo más claro (me han explicado otros de otros deportes pero no las conozco tanto) es en minibasket el momento de pedir un tiempo muerto. En el baloncesto de reglamento FIBA, este se puede pedir después de recibir una canasta. El reglamento de minibasket no lo permite. Demasiados entrenadores los piden sabiendo esta norma y los reclaman hasta parar el partido. Si el árbitro en ese instante no se lo concede y le argumenta que no puede ser después de canasta, igualmente ya ha logrado su objetivo: parar el partido. Muy fácil de observar jornada tras jornada.

Otro aspecto que denota el ir a por el resultado en exclusiva es la forma de jugar. No ya sólo el reparto de minutos que en ocasiones es escandaloso, sino estilo de juego propuesto. En este apartado también hago referencia a la utilización de la técnica y centrarse solamente en aquella que proporciona el resultado fácil, ya sea canasta o gol por ejemplo, obviando el aprendizaje y las necesidades futuras para seguir progresando y disfrutando del juego.

Salir a ganar un partido es normal. Ser capaz de hacer cualquier cosa por conseguirlo y priorizarlo por delante de que los jugadores aprendan, disfruten, evolucionen,… simplemente es no saber qué quiere decir ser entrenador de alguien. Entre todos estamos consiguiendo que el deporte formativo pierda su esencia. De todos nosotros depende valorar lo que realmente es importante a cada edad para poder disfrutar, cuando llegue el momento, de los mejores deportistas de élite dentro de una sociedad con una cultura deportiva mucho más rica.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Mi formación como jugador

Como apasionado de la formación continua que soy, no deja de sorprenderme encontrarme con jugadores y jugadoras que se complacen con lo que ya conocen, saben o dominan en un momento concreto de su vida. Incluso algunos de estos, que entienden y llegan a ser conscientes que puede que en un futuro, próximo o lejano, necesiten una evolución de estos conocimientos o incorporar nuevos, no toman la decisión de hacer algo al respecto.

Las razones de esto son diversas y de muy diferente origen. No vamos a ocultar que los estímulos que reciban los jugadores y jugadoras de sus respectivos entornos familiares y deportivos tienen su peso en este proceso. Los entrenadores que hayan tenido también tienen su influencia en estos casos. Pero me voy a centrar en los propios jugadores.

Siendo claros, cuando afrontas un proceso de formación, debes estar dispuesto a pagar el precio que eso supone. No me refiero al precio económico, que también influye. Principalmente voy a hablar de dos: el tiempo y la certidumbre.

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Todo proceso de mejora necesita de una inversión de tiempo por parte del que desea mejorar. Es algo de sentido común pero algunas veces no le damos el valor o peso cuando tomamos la decisión que después realmente tiene. Para poder mejorar, aprender, evolucionar, perfeccionar o como lo quieras llamar que te parezca más atractivo, vas a tener que dedicar una parte de tu tiempo a aquello en lo que quieras ser mejor. Esto es algo que por lo general todo el mundo tiene claro. Lo que no se tiene claro, aunque parezca mentira, es que entonces no tendré tiempo para otras cosas o que me tendré que organizar de otra forma. Esta es una de las razones más utilizadas como excusa para dejar un proceso de aprendizaje.

Pues sí, el tiempo del que disponemos es finito. No ya la vida sino las 24 horas que tiene el día. Pero hay tiempo de sobra para hacer lo que quieras si sabes organizarte y priorizar en cada momento. Habrá una parte que no dependa de ti pero otra si y en esa puedes actuar seguro (si no hay ninguna que dependa de ti, seguramente deberías hacer otro planteamiento).

Valoro mucho mi tiempo y pienso en él cada vez que deseo hacer algo, de lo más mínimo o insignificante o lo más complejo. Y esto lo ligo con la certidumbre. Cuando empiezo a leer desde el más pequeño artículo o libro o asisto a una formación lo primero que me planteo es si estoy preparado para que ataquen mi certidumbre sobre las cosas. Puede que atacar no guste a más de uno pero es una forma de entender mucho más extendida de lo que reconocemos cuando alguien se atreve a poner en duda alguna de nuestras creencias. Si en ese momento no me apetece plantearme nada, no lo hago. Valoro mi tiempo y mis creencias.

Pero cuando deseas aprender debes estar dispuesto a esto. No es fácil ver como se tambalea algo a lo que tú le das un valor. Incluso cuando buscas perfeccionar un movimiento concreto, esa duda surge y también te puede llevar a dejar el proceso de mejora.

Algunos lo reducen a la motivación y puede ser. Es cierto que cuando el objetivo planteado no centra tu atención, aparecen el resto de distractores o impulsos que te llevan a otros lados. Sobre esto no tengo dudas aunque tiendo a pensar que el origen es otro, es a lo que mi experiencia me ha llevado a pensar.

Este no es más que el plantearse el objetivo de una forma poco real o adaptada a la persona. Existen muchas fórmulas mágicas para plantearlos y no todas son válidas para todos. Lo que sí que pienso y defiendo es que es muy importante que este objetivo expresado se genere partiendo de unas expectativas realistas y se pueda dividir en mini objetivos que me ayuden a logran el gran objetivo. Esto me ayudará a gestionar la posible frustración en algún momento y a mantener la motivación centrándome en esos mini objetivos evitando que me atraigan otros estímulos puntuales.

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En todo deporte hay ejemplos de deportistas que mejoran sin parar en sus prestaciones a lo largo de toda su carrera. Puede que uno de los más claros actualmente sea el de Felipe Reyes pero estoy seguro que se pueden encontrar en todos los deportes y a todos los niveles. Tener un modelo de formación continua, un referente, también ayuda y mucho.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Tercer aniversari. Les ganes de créixer es disparen!

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Ja van tres! Aquest projecte de bloc col·laboratiu arriba al tercer aniversari i cada cop és més engrescador. Això és el que ens ha fet prendre dues decisions que ja hem posat en pràctica.

La primera és renovar la imatge, actualitzar-la i mirar de facilitar la lectura dels diferents articles que es publiquen de forma regular. Hi ha detalls que encara s’han d’anar perfilant però a hores d’ara ja trobem que és un bloc que transmet dinamisme i netedat, partint com sempre de l’espectacular fotografia del meu amic Iván Faure.

La segona es la creació d’una pàgina de Facebook pròpia del bloc. Podeu accedir a ella mitjançant la icona a la part superior dreta i també la trobareu baixant a la barra lateral. Si algú vol anar encara més directe, premeu aquí. A ella anirem publicant els articles del bloc de forma regular però també informacions dels nostres col·laboradors i d’altres que estiguin relacionades amb els valors i estil de vida que volem transmetre.

Amb tot això l’objectiu és ben fàcil: animar encara a que més gent jugui cada dia de la seva vida. Hi ha tantes formes de poder jugar!

Daniel Barreña

Coach esportiu i educatiu

@dbarresi5

Obsesionados por no cometer errores

Os propongo un juego: ir a un entrenamiento de un equipo de baloncesto y dedicaros a observar a los jugadores o jugadoras. Sirve casi cualquier equipo y de cualquier edad, pero si es uno de formación mejor. Simplemente mirar y observar a los jugadores con el objetivo de ver cómo cada uno asume los errores que cometerá a lo largo del entrenamiento.

Cierto es que existen muchas variables, algunas de ellas que condicionan muchísimo,  como pueden ser la actitud del entrenador o entrenadora ante los errores, los ejercicios propuestos y el objetivo de cada uno de ellos, etc. Pero en general en un entrenamiento tipo en el que esos condicionantes estén bajo un determinado control, lo que observaremos es una clara diferencia entre los que asumen el error como algo habitual cuando se entrena y los que lo perciben como una amenaza. Si este juego lo transportamos a un partido de competición aún podremos extraer más conclusiones y puede que de mayor calidad.

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Cada vez más jugadores y jugadoras crecen obsesionados por no cometer errores. Es más, muchos encaran un nuevo aprendizaje con una presión extra que les hace querer desarrollarlo de una forma básica inicial y basta. Puede que con el tiempo acumulen alguna riqueza a ese nuevo movimiento técnico, lectura,… pero les cuesta muchísimo cuestionarse el primer aprendizaje adquirido para poder desarrollarlo más allá de unos principios básicos. Sería cuestionarse su certidumbre, lo que ellos ya saben y conocen.

Motivos existen muchos y algunos los he mencionado anteriormente. Todos tienen su importancia y este hecho va más allá del aprendizaje de un deporte en concreto. Pienso que uno de los más importantes es el valor cultural que se otorga al error. Equivocarse, es algo habitual y por lo menos no debería ser penalizado, principalmente en entornos de desarrollo.

Los entrenamientos deberían ser un sitio en el que los errores estén desdramatizados. ¡Ojo! Me refiero a los que se cometen con el máximo de implicación y compromiso por aprender de la persona que lo comete y de la persona, entrenador, que ayuda en este proceso. El resto de errores son otro cantar y se deben tratar de otras formas en función del origen del mismo.

Cómo hacerlo es fácil y difícil al mismo tiempo. Las adaptaciones individuales a cada jugador son la base, así como crear un ambiente apropiado durante el entrenamiento. Ese ambiente debería recoger particularidades individuales para que todo el mundo se sintiera representado y aportar un marco común que fuera reconocible por los protagonistas.

Pero hay tres aspectos más a tener en cuenta para que esta obsesión por no cometer errores sea cosa del pasado: congruencia, paciencia y control de expectativas. Congruencia en la actitud de todos en todo lo que podamos controlar ya sea en un entrenamiento o en un partido. Paciencia porque este cambio no se producirá de la noche a la mañana. Control de expectativas ajustando los objetivos de forma adecuada para mitigar la posible frustración.

De esta forma, con el tiempo, el juego que os he propuesto al inicio lo podríamos dedicar a observar otros aspectos mucho más agradables.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Dicen por ahí… Digo yo…

Dicen por ahí  que aceptes lo que tienes y luches para no perderlo pero no trates de cambiar nada a mejor ya que te arriesgas a perder lo que tienes.

Dicen por ahí que más vale pájaro en mano que ciento volando.

Dicen por ahí que contra lo que no puedes luchar lo que tienes que hacer es agachar la cabeza y seguir sin mirar hacia atrás, no vaya a ser que veas alternativas que podrías haber hecho y te arrepientas de algo.

Dicen por ahí que si esa voz estridente y torturadora que a veces escuchas dentro de tu cabeza te dice algo, algo habrás hecho tú para que te lo diga y que lo que te toca es aguantarte y hacerle caso.

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Dicen por ahí que esforzarse al máximo es muy importante siempre y cuando te esfuerces en lo que ellos te han dicho que tienes que lograr.

Dicen por ahí que el que no llora no mama.

Dicen por ahí que dónde fueras haz lo que vieras.

Dicen por ahí que si todos te dicen algo, por algo será.

Dicen por ahí que te dejes llevar por la corriente, si todos hacen lo mismo eso es lo bueno.

Dicen por ahí que los resultados son lo que hablan de tu trabajo, da igual las formas, los resultados son lo que la gente recuerda.

Dicen por ahí….

Dicen sin parar de decir y tú tienes que escuchar sin pararte a pensar,  ya que ya lo han hecho ellos por ti.

Y digo yo, ¿por qué no hablar uno mismo en lugar de escuchar lo que otros dicen por ti?

Digo yo que cada uno piensa y actúa en función del contexto de lo que vive y como lo percibe, así que no existe respuesta, acción, sentimiento o pensamiento perfecto para cada situación.

Digo yo que como todos somos diferentes, todos tenemos derecho a decidir en función de nuestros pensamientos, valores y sentimientos y que lo que tengo que hacer es ser congruente con ellos, con los míos, y si puede ser con lo del resto mejor ya que no dejo de ser un animal social.

Digo yo que si no me gusta lo que veo puedo mirar de cambiarlo y si para ello me equivoco, ¿dónde está el drama? Pruebo otra forma.

Y también puedo decir yo sin parar, pero lo que puede resumirlo todo es:

Digo yo que si cada uno se centra en su proceso de vivir y se dice a sí mismo lo que quiere escuchar, seguro que encontrará alternativas para crear sus propias estructuras acordes a los diferentes contextos y ser él mismo en todo lo que haga.

¡Digo yo que es así de fácil!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5