Aturem la llei de la selva

Fa uns anys, veient com a entrenador de categories de formació com funcionava el món del bàsquet per a nens menors d’edat, reflexionava en un article sobre el concepte de pedrera al món de l’esport (Què és la pedrera? L’autèntica veritat). Doncs bé, després d’aquest temps, he comprovat com la tendència dels clubs de bàsquet de fitxar nens no només s’ha mantingut sinó que s’ha potenciat, arribant a desfer-se equips fins i tot en edat premini per aquest motiu.

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No entraré, altre cop, a analitzar la situació ni a debatre si els culpables són uns pares cada cop més disfressats de mànagers dels seus fills en lloc d’adults realistes com convindria o bé uns clubs amb un afany de protagonisme i de fama absolutament desaforats. Però la situació final és que ens trobem amb unes víctimes, els nens (recordem, nens), que canvien de club de forma constant i perden més i més temps recorrent desenes de quilòmetres per fer el que els agrada, jugar a bàsquet. I em consta que això passa també al món del futbol (segurament de forma encara més acarnissada) i probablement també en altres esports.

El que hauríem de pensar ja, doncs, és en intentar trobar solucions. Vist que el codi ètic implementat fa uns anys no ha tingut resultats, crec els toca a Federacions, Consejos i organismes varis encarregats de dirigir aquest món amateur, assentar-se i acordar amb els clubs noves formes d’intentar aturar i controlar el món de la selva en que s’ha convertit tot això. Sé que no és fàcil, més si s’han de conjugar els factors legals afegits tan farragosos, com llibertats personals, etc., però crec que estem arribant a un punt surrealista i fins i tot diria que fastigós. Però estic segur que poden sorgir noves idees i fórmules que facin canviar aquesta tendència i tornin a fer d’aquest esport de base un món més sa.

Espero, doncs, pel bé dels clubs i del bàsquet en general però sobretot dels nens, que aquests organismes s’adonin de lo greu de la situació i tinguin ganes de posar-s’hi de veritat.

Albert G. Samaranch

Entrenador de Bàsquet

Gestionar la derrota. ¿Perder o ganar de cualquier forma?

Soy consciente que voy a tocar un tema delicado. Perder un partido, una derrota es algo que no gusta ni a entrenadores ni a jugadores. Muchas veces nos llenamos la boca con frases típicas estilo “unas veces se gana y otras se pierde” para no afrontar la derrota de forma directa. Es más, si hablas y escuchas atentamente a muchos entrenadores y jugadores (da igual el deporte) lo ves claramente. Unos de forma más directa y otros menos, te transmiten la idea de que es mejor ganar jugando a la peor versión tuya o de tu equipo que puedas imaginar que perder. Se podría entender en categorías senior o profesionales, pero también pasa en formación.

Diría que ya se empieza a ver mi opinión. No me gusta perder pero tampoco me gusta ganar cuando mi equipo no lo merece. Entiendo que tanto la victoria como la derrota en un partido son uno de los aspectos a tener en cuenta para valorar el trabajo, la trayectoria, etc en función del objetivo. No son el aspecto determinante generalmente. Admito que cambiar según qué aspectos de los grupos puede ser más fácil con las victorias que con las derrotas. Pero no me gusta la huida de muchos entrenadores o jugadores de la derrota.

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¿Qué es lo que me he encontrado muchas veces? Varias situaciones de las que voy a comentar las más habituales o las que más me llaman la atención.

La primera sería algo así como la trascendencia. Se le otorga a toda derrota, a todo partido perdido, un grado de importancia que supera el estándar establecido. Eso hace que todo lo que ocurriera de negativo allí, sea aún más grave. Además, en muchas ocasiones, lo positivo se olvida o relativiza entre el resto de aspectos negativos. Esto muchas veces es a nivel interno e individual. Pero también existe un factor externo. Tanto dentro del grupo, entre jugadores, entrenadores y jugadores, como con el entorno: familias, club, otros equipos, redes sociales,… ¿Qué dirán….de mi/de nosotros?

Otro aspecto es qué exige de mí. Ahora que hemos perdido, tengo que exigir más o exigirme más. De este enfoque se puede extraer el siguiente: tú exigencia depende del resultado. Pero para los que la palabra exigencia no guste (y hoy día parece que está mal vista) voy a poner otras ideas. Tu nivel de trabajo, de mejora, de implicación, de compromiso depende de un resultado. A mí esta no me gusta ya que se aleja de algo para mi ligado al deporte que es la trasmisión de valores.

Por otro lado están los que se mueven casi exclusivamente por alejamiento de la derrota. Sus planteamientos individuales o de grupo se nutren de alejarse de ella. Incluso su forma de hablar o charlas. La utilizan como el lobo con el peligro que eso tiene. Muchas veces, sin darse cuenta, están sembrando ideas que, cuando el lobo llega, son las que realmente pueden llegar a crear una crisis de un solo día.

Perder un partido es una posibilidad. Saber gestionar la derrota, así como la victoria, es un aprendizaje fantástico que seguramente no siempre conseguirás con los mismos resultados. Entran muchas cosas en juego a nivel de liderazgo, tanto personal como grupal. Una clave para mí es que el grupo no sea un grupo, sea un equipo. Si es un equipo de verdad, ¿una derrota lo puede destruir? Puede ser, aunque en general no. Enfócate en el proceso, en tu objetivo y lo que no puedas controlas, no dependa de ti, recógelo, sé flexible, aprende de ello y aprovéchalo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¡Y uno más! ¡Ya son 4!

Cuatro años ya desde aquel 24 de septiembre de 2012 en el que me atreví, con bastante respeto a lo que me esperaba, a hacer público este blog. A partir de ahí, la idea de blog colaborativo ha ido creciendo año tras año. Sin prisa pero sin pausa.

Hace un año os presentaba con la mayor de las ilusiones la renovación del blog y su página de Facebook. Y tengo que admitir mi alegría por el paso dado. Los artículos del blog y las publicaciones en la página de Facebook se complementan muy bien.

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Por supuesto, agradecer a todas las personas que han colaborado en que esto siga siendo posible. Colaboraciones regulares como las de Albert Valldosera pero también otras más puntuales como la de Àlex Heras o Sergio Vera. Pero también a las personas que me han sugerido temas, inspirado, aportado documentales o reportajes. Sin la ayuda de todas estas personas esto no sería posible.

Seguirán las colaboraciones. De todo tipo y todo tema como siempre. Pero también miraremos de aportar alguna novedad.

Aprovecho este cuarto aniversario para animar a todos aquellos y aquellas que se han ofrecido a colaborar en alguna ocasión o a los que yo personalmente se lo he ofrecido a que venzan aquello que le frena y publiquen. Todos tienen muchas cosas a aportar y espero que podáis disfrutar de ellas y leerlas (o cualquier otro formato) como yo disfruto al hablar con estas personas.

De nuevo gracias a todos por participar en que esta idea siga creciendo y que cada vez más personas conecten con nosotros.

¡Ah! Y por supuesto, ¡no os olvidéis de seguir jugando!

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

No me gusta lo que veo

Cada persona vive su particular vuelta a la rutina de forma diferente, poniendo en práctica diferentes estrategias que le sirven para ir adaptando su cuerpo y principalmente su cabeza al ritmo en el que vive gran parte del año. Al volver de un periodo de vacaciones se suele producir un cambio de ritmo en el día a día que puede conllevar algún inconveniente. Si además, lo que ves a la vuelta no te gusta… todo se complica.

Las personas percibimos nuestra realidad de diversas formas, en función del mapa mental de cada uno de nosotros. También tendemos a proyectar al futuro, con todas las consecuencias que eso puede tener de diversa índole. El día anterior a la vuelta, o alguno antes, muchas personas proyectan cómo será su vuelta al trabajo, rutina. ¿Qué pasa cuando ves que estas expectativas no se cumplen? No es agradable.

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Podemos reaccionar de muy diversas formas. Y todas ellas son adecuadas si te permiten acercarte al objetivo que quieras, sea este el que sea. Claro, pero yo no tengo objetivo. Mentira.

Si has decidido que lo que has percibido al volver no te gusta, tendrías unas expectativas, desearías algo. Puede estar relacionado o no directamente con el trabajo. Puede que lo que te encuentras te afecte para posteriores actividades personales. O la opción que prefieras. Pero por algún sitio tenías algún objetivo, más grande o más pequeño, y por algún motivo lo que ahora percibes no encaja con lo que esperabas, con el mapa que habías diseñado.

¿Y ahora qué? Muchos caen en soluciones irreales del tipo, entrar en bucle recordando las cosas buenas de las vacaciones y que pena que se hayan acabado, con lo bien que estaba yo,… Esto puede durar unos días hasta que te das cuenta que no es una solución o como les pasa a muchas personas, la vorágine del día a día te engulle.

Otra de las diversas opciones podría ser revisar tus expectativas ahora que tienes nueva información, adaptarlas a la nueva realidad que percibes y buscar la estrategia de actuación que te acerque a tu objetivo.

Es decisión tuya. En mi caso, yo ya he decidido y me quedo con la segunda opción, enriquecida con otras cosas de las que alguna vez hemos hablado o hablaré en el futuro. En breve, estoy seguro, que me gustará lo que veo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Quién asesora a estos deportistas?

Da igual el momento. Puede ser a mitad de una temporada, a principios de ella, entre una y otra, en una concentración de una selección,… Da igual. Cada año, cada temporada conoces a algún deportista que mete la pata en alguna declaración pública, en caso de ser profesional o famoso, o la mete en otras situaciones si es amateur.

Típico jugador de equipo, que sin ninguna necesidad en una rueda de prensa expresa su disconformidad con su situación personal sin que nadie le pregunte o casi. Aprovechan el micrófono para propagar su visión personal. Lo malo de esto es que obvia el contexto general y estas explosiones se producen en cualquier momento, sin tener presente si el grupo las puede asumir o no en ese momento. También nos lo encontramos con deportistas de deportes individuales, sobre todo si tienen un equipo detrás como puede ser en el ámbito del motor.

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Estas situaciones no son patrimonio exclusivo de los profesionales. En el ámbito no profesional e incluso en formación te encuentras las mismas situaciones, adaptadas al deporte y a la repercusión que tenga todo el entorno en sí.

Lo común en todos estos deportistas es que la gran mayoría tienen alguien que los asesora en sus vidas, decisiones, comportamientos, etc. También es bastante común que estas explosiones hayan sido consensuadas con estos asesores (o sea que 100% respuestas impulsivas no son). Estos asesores pueden ser parejas, familia, managers, representantes o vete a saber qué en función de la persona, nivel, expectativas,…

Llegamos a la cuestión en si. ¿Qué clase de asesor (sea lo que sea además de asesor como amigo, padre, representante,…) piensa que es bueno para su deportista asesorado hacer según que declaraciones o tener según que actitudes?  ¿Qué les hace pensar que actuar de esa manera es positivo para su situación actual y/o futura? Podríamos poner aquí multitud de preguntas por el estilo.

Estos asesores no pueden ser inconscientes de lo que en general provocan y en algunos casos dudo que no sean conscientes. Demuestran egoísmo ya que les da igual la situación del equipo y las repercusiones que esto puedan tener en el grupo. Demuestran falta de respeto hacia el grupo, sea un equipo en deportes colectivos, o hacia la propia competición en algunos casos individuales. Demuestran no vivir en el presente y pensar que son los deportistas que en algún momento fueron a lo largo de su carrera o ya son los deportistas que pueden llegar a ser por el potencial que tienen. Y ligado a este último en general, demuestran un descontrol en sus expectativas y una falta de asunción del error en ellas al ver la realidad y buscar culpables.

Hay más, pero pienso que es suficiente. Igualmente, os animo a añadir más opciones para poder enriquecer el artículo.

Por suerte, conozco algún caso que después de estas salidas de tono o como lo queráis llamar, ha prescindido o cambiado de asesor (incluido algún padre o madre), pero son los que menos. En muchos casos estos actos suelen marcar, puede que no el futuro entero pero si a corto plazo, y hacerlo en negativo.

La solución no sé cuál es. Puede que un poco de reflexión desde distintos puntos de vista ayude. Y por supuesto, también ayuda que los deportistas estén mejor formados, aunque se pueden equivocar igual pero que por lo menos tengan un criterio propio. Esperemos que poco a poco estos casos se reduzcan.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Cuál de tus puntos fuertes piensas potenciar?

La temporada para la gran mayoría de los deportistas ha concluido. Ya seas jugador o entrenador empieza un periodo de tiempo que, incluso sin que te des cuenta, puede marcar el desarrollo de la próxima temporada.

Una de las principales cosas que tienes que hacer, o por lo menos deberías, es desconectar. Aunque también tienes que tener claros momentos de desconexión durante la temporada, este es un buen momento para revitalizarte al completo. Tú sabes cómo hacerlo y hazlo. La sensación de llegar a septiembre u octubre y ver que ya te falta el oxigeno en todos los sentidos es difícil de superar. Este es el momento preventivo para hacerlo.

Pero no sólo de desconexión vive el deportista. Buscar puntos de mejora y trabajar en ellos es otro de los aspectos claves. Este proceso, pienso o puede que las redes sociales nos hagan llegar a la conclusión de que así es aunque ya se hiciera antes, se ha extendido en los últimos tiempos. La concienciación general de que es necesario trabajar y mejorar en verano es algo que cada temporada se extiende más. Opciones hay muchas.

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Por otro lado están los que consideran que ya hacen suficiente durante la temporada y no hacen nada desde el último entrenamiento de la postemporada hasta el primer entrenamiento de la pretemporada. Con un poco de suerte, y si disponen de él, pueden hacer algo del plan físico que les han dado. Normalmente estos deportistas tienen unas expectativas que, por la falta de trabajo de mejora realizado en verano, una vez empieza la competición, estas no se cumplen. Muchas veces esto origina una situación problemática.

Descanso- desconexión y mejora de puntos débiles son las dos cosas que tanto jugadores y jugadoras como entrenadores y entrenadoras tienen en la cabeza. ¿Y los puntos fuertes qué? ¿No se tienen que mejorar y potenciar? Sin trabajarlos, ¿seguirán siendo fuertes? Puede ser…aunque seguramente perderán relevancia.

Tan importante como saber en qué periodo entre las dos temporadas desconectarás o que aspectos quieres mejorar es saber cuál de tus fortalezas vas a mejorar. Por lo menos una, aunque tampoco pasa nada si son dos, que seguro que tienes más de una. El problema para alguno es que muchas veces mejorar algún aspecto débil puede verse fácil y tener claro cómo hacerlo. Pero potenciar y perfeccionar un punto fuerte… puede no ser tan fácil o puede que no se tenga tan claro cómo hacerlo.

Siempre hay opciones y muchas de ellas son más fáciles de lo que en un principio pueden parecer. Pero lo más importante es que hagas las tres cosas. Esa será la primera piedra para que la siguiente temporada la puedas disfrutar y mostrar una mejor versión de ti mismo.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Falsas ilusiones

A nuestro cerebro le encanta crear escenarios, imaginar diferentes posibilidades. Muchas veces, esta habilidad que tenemos la utilizamos para reafirmar nuestras convicciones. De esta forma creamos en nuestra cabeza unas posibilidades, unas opciones que aplicamos a una situación real en las que, en demasiadas ocasiones, obviamos información que conocemos o las adaptamos para que encajen en nuestro mapa mental. Estamos creando una ilusión, una falsa ilusión.

Una de las preferidas es “si yo hubiera estado, eso no hubiera pasado”. Puede hacer referencia a uno mismo o a otra persona. Esta ilusión se crea como consecuencia de alguna situación negativa vivida como protagonista directo o indirecto. ¡Y te la crees a pies juntillas! Nada de lo que te digan te hace cambiar de opinión. Aunque haya mil variables que no dependan de tu presencia o de la presencia de alguien, ya has decidido que ese escenario, esa ilusión que te has generado es la realidad.

Otra de las más utilizadas es “¿pero por qué dije eso?” o su antónima “¿pero por qué no dije esto?”. Tu cerebro ha creado un escenario alternativo al que estás viviendo en el que todo lo que ocurre en él te parece una mejor opción.

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Estas dos opciones se pueden aplicar a todos los escenarios y de esta forma encontrar nuevos ejemplos más específicos. Por ejemplo en el ámbito deportivo, un partido en el que se produce un desenlace fatal (canasta último segundo o gol en la última jugada) en la que un jugador que no participa en la acción y se encuentra en el banquillo dice “conmigo ese gol no lo mete/ conmigo esa canasta no la mete”. Esto no deja de ser una variante del primer ejemplo. O en educación cuando ante un profesor un alumno o alumna dice algo que le conlleva consecuencias negativas o cualquiera de nosotros en una pequeña conversación con cualquier persona con las que nos relacionamos y ante un comentario nos quedamos callados, fuera de juego, para una vez la conversación ya ha acabado caer en posibles respuestas. Son claros ejemplos del segundo.

Existen diferentes consecuencias de todo esto. Una de las que más me preocupa es que al realizar esto, las posibilidades de actuar en el presente de una forma, voy a llamarla coherente, son menores. Básicamente porque sigues, o te quedas,  viviendo en el pasado, principalmente a nivel emocional y eso afecta a las decisiones que tomas en el presente.

Así que te toca elegir. Vivir situaciones y luego juzgarlas de forma excesiva creándote opciones que ahora no puedes aplicar y revivir la situación y volver a revivirla. O una vez hayas tomado una decisión, si te vienen nuevas opciones a la cabeza y no las puedes utilizar en aquel momento, tenerlas presentes si te gustan como un aprendizaje cara al futuro o descartarlas si no te aportan nada que apetezca y seguir con la siguiente situación o acontecimiento que aparece en tu vida y poder así disfrutarlo.

Es una de las cosas buenas que tiene la vida y que muchas veces olvidamos. La vida es una sucesión constante de acontecimientos y si me quedo en uno que pasó hace una hora y sigo alterado, seguramente puedo estar dejando de ver algo que me cambie esa perspectiva, quien sabe si algo que me cambie la vida. Fácil puede que no sea, pero por probarlo no pierdes nada.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Los momentos clave, momentos únicos

Estamos en los momentos finales de la temporada. Muchas competiciones ya han acabado, ya se han vivido los partidos clave que han decidido clasificaciones para playoffs, descensos, campeonatos,… En algunas queda el momento más importante aún. Como todos, son momentos únicos aunque cargados de un simbolismo especial.

A todos esos momentos se llega después de una trayectoria a lo largo de toda la temporada. En ese camino cuenta todo, absolutamente todo lo acontecido desde el primer momento. No todo tiene el mismo peso pero todo tiene algún tipo de peso. Además ese peso puede variar, en algunos casos concretos, en cuestión de segundos.

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Hay jugadores/as y entrenadores/as que saben gestionar estas situaciones a las mil maravillas. Es posible que no sean conscientes de lo que hacen ni de como lo hacen (por suerte cada vez hay menos de estos casos). Son escenarios en los que ejecutan su gestión emocional a la perfección (por lo general lo hacen siempre). Esto es básico y también es importante que tu entorno, compañeros y entrenadores si eres jugador o jugadores y staff técnico si eres entrenador te reconozcan para que el mensaje que quieres transmitir sea efectivo.

Por desgracia, también existen otros y otras que no consiguen vivir esas situaciones de forma natural, como una parte más del proceso competitivo en el que están, una experiencia más de la temporada. Para algunos de estos incluso puede darse el caso, sobre todo si existen experiencias previas negativas, que vivan casi todo lo que envuelve a ese evento puntual como si se tratara de una amenaza directa.

En ambos casos, como ya he dicho antes, la gestión emocional es la que manda. Por más que algunos lo reduzcan a cómo se actúa ante esos retos puntuales, pienso que la clave está en un trabajo preventivo. A lo largo de la temporada, el tiempo para dotar de herramientas y saberlas adaptar a cada persona es mayor. También se suelen dar situaciones análogas a estos eventos finales que nos pueden hacer ver pautas de comportamiento que se pueden mejorar para facilitar un mayor rendimiento y un mayor disfrute de la experiencia.

De todas maneras, cada final es un mundo. Aunque se suele decir que la historia recuerda al campeón, los protagonistas sí que recuerdan la experiencia. Y éstas son únicas.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Cambio de paradigma en minibasket

Después de 10 temporadas, volvía a entrenar en minibasket. Pese a que llevaba tiempo sin entrenar directamente, nunca he perdido el contacto del todo. Veía más de un partido cada temporada y hablaba con más de un entrenador. Pero es verdad que este año me he podido empapar mucho más de lo que hoy día existe en el minibasket.

Esta reflexión también se produce después de una corta conversación que tuve aproximadamente hace un mes con un informador arbitral, árbitro de reconocido prestigio que vino a observar al árbitro que dirigía mi partido. Transcribo una parte:

– Muchas gracias Dani por no comerte al árbitro por más que te ha dado opciones para hacerlo y ayudarle en todo lo que has podido.

– No hay de qué, es una de mis funciones como formador.

– Y sobre todo gracias por darle la mano al final del partido.

– Es lo mínimo y es lo habitual, ¿no?

– No. Te sorprendería cuántos entrenadores y entrenadoras de minibasket no lo hacen. Yo me sorprendía en octubre pero ahora en marzo ya no.

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Esto me chocó e intercambiamos dos o tres frases más sobre el tema. Después pensando bien, al entrenar esta temporada en minibasket he visto más partidos de esta categoría, no me sorprendió tanto. Y es una auténtica pena.

Se ven jugadores que únicamente piensan en meter puntos sea como sea, con acciones técnicas mal realizadas y que cuando se lo comentan, en los casos en que eso pasa, claramente se ve que les da igual. Sólo les preocupa el resultado del partido y si este no es visible no paran de buscar como saberlo. En los casos en que los entrenadores no se lo dicen, preguntan directamente a la grada sin ningún inconveniente.

Se ven entrenadores que avanzan cuestiones tácticas impropias de la edad como son situaciones de mano a mano, bloqueos indirectos e incluso directos. La forma de dirigir los partidos está centrada exclusivamente en ganar no en que los jugadores y jugadoras mejoren. Aprietan de forma indiscriminada a los árbitros y la mayoría, si conocen el reglamento, se lo intentan saltar de cualquier forma, principalmente pidiendo tiempos muertos después de canasta recibida y si la mesa amateur no se lo da, protestan de tal forma que el árbitro al final para el partido por el escándalo. En ese momento no les concede el tiempo y cuando el juego se reanuda, anulan el tiempo. Ya han parado el partido. También están los que en su campo y con su mesa les van indicando cuando tienen que dejar correr el tiempo o pararlo en función del interés y los que camuflan zonas de todo tipo (aunque algunos ni las camuflan y se ofenden cuando se lo dicen).

Los árbitros que muchas veces se complican el partido con situaciones que podían ahorrarse como entrenadores con ficha de delegado que les montan un show minuto tras minuto. Normalmente, también ellos están en formación pero cuando se encuentran con entrenadores que les miran de ayudar, no son muy receptivos.

Las familias se merecerían unos cuantos artículos para ellas solas. Simplemente, muchas deberían verse en vídeo. Confío en que una mayoría reflexionaría. El resto, las que gritan a los contrarios, insultan a los árbitros y en general se olvidan de que un padre y una madre no dejan de ser un modelo para sus hijos, simplemente deberían no asistir a los partidos por el bien de sus hijos.

Es necesario y urgente un cambio de paradigma. Pasar de esa obsesión por el resultado a valorar el proceso de mejora y aprendizaje que se vive en el minibasket.

Entre todos nos estamos cargando el minibasket. Me incluyo porque todos somos responsables: jugadores/as, entrenadores/as, familias, clubs/colegios, federaciones. Todos de una forma o de otra hacemos que la realidad sea esa, también cuando vemos situaciones que no tocan y las catalogamos como normales.

Algo hay que hacer para que el minibasket vuelva a ser lo que toca. Un espacio de aprendizaje y disfrute máximo y que cuando esta etapa se acaba, haya jugadores en formación con una base deportiva, competitiva, técnica, táctica, coordinativa, etc. pero sobre todo una base humana que enriquezca al resto de categorías que a esos deportistas aún les queda por vivir.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La presión de ser líder

La competición y la presión en determinados niveles van unidas. Muchas veces se escuchan debates sobre que equipos sufren más la presión, los que encabezan la clasificación o los que la cierran. Todo depende principalmente de los objetivos iniciales que cada uno tuviera. Pero tiendo más a pensar que en todas las situaciones la presión está presente, siempre y cuando se quiera mejorar o mantener la situación presente. En muchas ocasiones, no se entiende que el que va líder hable de la presión ya que muchas veces se da por hecho que cuando te encuentras en una posición de privilegio, la presión es para el resto. Eso sí, si fallas, todos dicen que te pudo la presión.

Hablando con amigos entrenadores que se han encontrado en situaciones de encabezar sus clasificaciones correspondientes, cada uno a su nivel pero todos en categorías senior, todos me dicen que han notado más la presión estando en los puestos de cabeza, campeonato o ascenso que en los puestos finales o de descenso.

Motivos puede haber muchos pero dos sobresalen por encima del resto. El primero es que todos los que están luchando contigo por esos puestos o te persiguen en la clasificación o tenían tus mismos objetivos y ahora ya no pueden lograrlos…desean que las cosas dejen de irte bien. Ese deseo actúa en muchas ocasiones como motivador para muchos de tus rivales en los partidos, que junto con otros aspectos que se pueden dar (batir al líder, al invicto, conseguir lo que otros no, rivalidades geográficas o históricas) y las propias necesidades de cada equipo, les hace dar un plus en el partido jugando por encima de su nivel medio hasta la fecha. Esto es algo que no depende de ti, así que tenerlo presente te ayuda a dibujar de forma más completa el escenario competitivo, pero si intentas controlarlo vas a destinar energía a aspectos sobre los que no tienes margen de acción.

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El segundo me lo han expresado de diversas formas, algunas muy particulares de la persona, pero se puede resumir en a qué atribuyes tú tu situación actual. Es decir, ¿por qué piensas que estás en ese puesto? ¿Nos merecemos estar ahí? La multitud de respuestas posibles es interminable. La cuestión es que esos pensamientos pueden empezar a despertar en ti unas emociones que hasta ese momento no habías sentido y que te lleven a actuar de una forma distinta que la que has hecho hasta la fecha. Esto en sentido positivo o negativo. En positivo entrarían aspectos de superación, crecimiento, enriquecimiento. En negativo se podría minusvalorar lo que has hecho hasta la fecha, como si no te lo merecieras, entrando en escena, entre otras opciones, una sensación de relajación que bajaría tu nivel competitivo o también puede pasar que el equipo mismo se exija en esos momentos mucho más de lo hecho hasta la fecha de forma desmesurada. La clave en todas las respuestas posibles es cómo afecta eso a tu nivel de activación óptimo para competir al máximo.

En estos aspectos internos del entrenador, de los jugadores, del equipo, sí que se dispone de margen de acción. Es algo controlable en muchos aspectos y por lo tanto es algo entrenable.

También es entrenable otra situación que puede darse en estos casos. Los objetivos que te planteabas a inicio de temporada, esas expectativas generadas en tu entorno, se están cumpliendo o estás a punto de hacerlo. El OBJETIVO pasa a ser el único centro de atención de todos, dejando de lado lo hecho hasta la fecha. Esas expectativas se disparan, empiezas a escuchar al entorno hablar más en futuro que en presente, olvidando incluso todo lo hecho hasta la fecha. No valen las jornadas anteriores si ahora no culminas el final de temporada da igual el formato en que compitas. Ese OBJETIVO que casi todos ya estáis tocando con la yema de los dedos… ¿Y si ahora no lo logramos? ¿Y si se nos escapa esta oportunidad? LA OPORTUNIDAD. Los focos te iluminan y te deslumbran. Planteado así, las opciones de no lograrlo crecen.

Todo líder debe tener los pies en el suelo, vivir el presente. El presente es lo que te lleva a ese futuro deseado. Vivir fuera del presente, cambia el futuro que te encuentras cuando este se convierte en realidad. Disfrutar del día a día y seguir un proceso de crecimiento progresivo, razonado y enriquecido por las emociones para activarnos de forma óptima y hacernos fluir en nuestra competición como hasta ahora lo hemos hecho. Por eso estamos en la situación que mucho desean, envidian. Dar lo mejor de nosotros mismos de forma natural nos ayuda a rendir al máximo de nuestras opciones centrándonos en lo que podemos controlar.

Soy líder, somos líderes y actuamos como tal. Cada día doy lo mejor que tengo ese día. Esa es mi presión. El resto que hagan y digan lo quieran. Puedo fallar y cometer errores pero hasta hoy nadie me quita lo que hemos logrado. Soy líder, somos líderes y el futuro ya se verá, pero hoy estoy en esta posición porqué nos lo merecemos y lo hemos trabajado. Si la quieres, tendrás que ganártela. No esperes que la presión te la regale.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Jugar con una tranquilidad rápida

Todos los entrenadores tenemos nuestro estilo de juego predilecto. Ese que haríamos si dispusiéramos de los jugadores o jugadoras acordes. Es más, existen muchos entrenadores que sólo tienen ese estilo y tratan de hacerlo realidad siempre. Esto no es ni bueno ni malo, pero este tema lo dejaremos para otra ocasión. La cuestión es que a muchos nos gusta que nuestros equipos, siempre de una forma adaptada al nivel, edad, competición,… jueguen de una forma alegre. Esto tiene sus pros y sus contras, claro está.

Ese juego alegre, rápido, intenso tanto en ataque como en defensa obliga por lo general a pensar a alta velocidad afectando esto a la toma de decisiones durante las acciones del partido. Fácilmente se llega a la precipitación en diversas acciones, ya sea por la velocidad de ejecución o por el cansancio acumulado por la intensidad del juego y la “falta de aire” que muchas veces se dice para pensar con clarividencia, dando la imagen de un juego nervioso o convirtiéndose en eso.

He hablado muchas veces de este tema con diversos amigos. Cada uno desde su punto de vista y su forma de procurar llevarlo a cabo, argumenta sus matices personales. Pero existen conexiones comunes para lo que es jugar rápido pero tranquilo o con una tranquilidad rápida. Seguramente no es la mejor forma de decirlo a nivel lingüístico pero pienso que así es fácil de entender. Una tranquilidad llena de energía por cierto.

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Para lograr jugar así o por lo menos tener alguna opción de conseguirlo es necesario que los jugadores no tengan ningún miedo al error. Se van a cometer equivocaciones seguro, se perderá alguna pelota y se concederá alguna canasta fácil. Esta forma de jugar tiene su riesgo y se debe asumir y analizar desde el origen del error no lo que este produce. Ya sea por una mala ejecución técnica o por una toma de decisiones no adecuada.

Este aspecto es muy importante. Jugar así implica que todos los actores en escena tomen decisiones de forma prácticamente constante, principalmente los protagonistas de las escenas: los jugadores. Este aspecto tiene que estar entrenado a conciencia ya que también afecta a la gestión emocional del propio jugador y del equipo, tanto para bien como para mal. Es decir, una serie de decisiones erróneas perturbará la confianza del equipo en su juego y también al revés. Decisiones consecutivas positivas pueden alterar el grado de activación óptimo de los jugadores cayendo en la precipitación. El control adecuado de todo ese despliegue de energía es necesario para jugar así.

La gestión de todo esto por parte del entrenador es clave. Además, saber transmitir esta idea de velocidad desde la tranquilidad para poder pensar y ejecutar de forma congruente y ayudando a generar la activación física y mental adecuada no es fácil. El estilo de dirección de equipo, de entrenamiento y de partido debe estar en consonancia para poder crear la base de confianza necesaria en el grupo.

Estos apuntes son extrapolables a la gran mayoría de estilos de juego. El caso es que es muy fácil observar a un entrenador o entrenadora con su equipo dirigiéndolo en un entrenamiento y/o partido mirando de jugar rápido pero alterándose al mínimo error en la toma de decisiones del jugador. O jugadores tomando decisiones rápidas y acertadas pero mal ejecutadas a nivel técnico produciendo esto que tomen decisiones erróneas en las siguientes acciones. Es el pan de cada entrenamiento o partido. Esto lo he observado mucho más en los entrenadores que tratan de jugar así que no en los que buscan un control férreo sobre todo lo que pasa en la pista y tienen un estilo de juego de menos posesiones.

Personalmente disfruto con los equipos que me transmiten esa tranquilidad rápida, a alta velocidad de ejecución en todos los sentidos. Opino que se trata de un estilo de juego en el que los jugadores y jugadoras pueden crecer y desarrollarse plenamente y transferir esos aprendizajes a otros ámbitos. Esos equipos y jugadores que te transmiten energía desde la inteligencia e intensidad en el juego son una delicia de ver o entrenar.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

Fomentar la entrenabilidad

Una de las características que cada vez se tienen más en cuenta en la selección de personal, supongo que esto está influido por el auge del coaching, es lo que se ha denominado como ser entrenable. Es algo que puede que en empresa no se tuviera muy presente o por lo menos con ese nombre, pero para los que estamos en el mundo del deporte la entrenabilidad es una característica indispensable.

Que un jugador sea entrenable tiene diferentes matices y muchos de ellos están directamente relacionados con los valores personales de cada persona. Muchas veces se iguala la entrenabilidad con la capacidad de aprender, que es un aspecto indispensable. Pero esto se deja ahí, a ese nivel, sin bajarlo al nivel diario, a las actitudes y comportamientos habituales de la persona. Lo dejamos en la teoría, capacidad de aprender cómo si fuera un aspecto académico tradicional, pero no lo atendemos en la práctica, en esas acciones que vemos un día de entrenamiento o partido. Esos hábitos que nos muestran valores individuales que tienen incidencia sobre el aprendizaje.

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Aspectos a tener en cuenta pueden ser muchos y cada uno lo puede enfocar desde numerosos puntos de vista. Yo los voy a ligar a tres valores indispensables que considero que todo jugador que de verdad quiere llegar a aprender lo máximo posible en el deporte que practica debe tener y practicar de forma constante. Estos no son otros que compromiso, respeto y humildad. Habrá comportamientos que se mezclen entre los tres y, por supuesto, hay muchos más que se verán reflejados, pero estos probablemente son de los tres que más se nombran al tratar este tema.

Trabajando correctamente estos tres valores se puede influir sobre actitudes básicas como puede ser la puntualidad, escuchar con atención, la comunicación con el entrenador/a  o con los compañeros/as si se trata de un deporte de equipo, la honestidad con uno mismo y su entorno, la generosidad, la constancia, la flexibilidad, la iniciativa, el autocontrol, la paciencia, el optimismo, la creatividad, la empatía o el liderazgo.

Todos ellos aspectos importantísimos que podrían, y muchas veces deben, tratarse por sí solos en más de un caso. Pienso que una posible forma de actuar para mejorar esta indispensable capacidad y que los jugadores, principalmente los que están en edades de formación (aunque con este enfoque, esta nunca acaba), puedan ser cada vez más entrenables y desarrollarse individualmente formando su personalidad propia y única es esta. Crear la base de una pirámide (como la de John Wooden pero aplicada a este aspecto) con el compromiso, el respeto y la humildad, juntamente con otros dos valores básicos como son la curiosidad y la confianza. Una muy buena y sólida base sobre la que edificar, todo unido con la inteligencia emocional.

Estos valores que he mencionado están presentes en lo que se conoce como los valores del deporte. En esta ocasión, enfocados a algo concreto y siempre viendo cómo se pueden transmitir de la mejor forma posible, adaptada a cada deporte y a cada jugador, para que por lo menos reflexione sobre si los adopta o no, pero que los conozca, reconozca y valore.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5