Esperaba más nivel de idiomas

Ir de vacaciones es algo que, para los que se lo pueden permitir y saben sacarle provecho, el que cada uno quiera, te permite ver la el día a día a otra velocidad. Normalmente esa velocidad es más lenta aunque también puede darse lo contrario.

A esa velocidad puedes prestar atención a muchas cosas tanto de forma consciente como de forma inconsciente. Algunas de esas situaciones pueden ir llamándote la atención cada vez más. A mí me ha pasado. Aunque debo admitir que es un tema al que le presto atención casi siempre por dos motivos. El primero es que siempre me ha gustado, fascinado e incluso se puede decir que he llegado a sentir algo de envidia, positiva diría yo, de las personas que son capaces de cambiar de un idioma a otro de forma fluida, automática podríamos decir, y con un buen nivel en cada una de las lenguas. Me refiero a ir cambiando entre 4 idiomas o más. El segundo es mi propia incapacidad para hacerlo más allá de mis dos idiomas maternos, aunque estoy trabajando en ello.

20160721_140708

Vivir en una ciudad como Barcelona te aporta numerosas oportunidades de ir contrastando este tema. Sinceramente pensaba que en los últimos años mejoraba a buen paso. Cierto es, que en mi opinión esta atención al público multilingüe mejoraba por la falta de oportunidades laborales para los jóvenes en los respectivos sectores para los que habían estudiado en la universidad y se encontraban trabajando o alargando un trabajo en el sector servicios por necesidad.

Otro tema bien distinto son las zonas turísticas que, aunque en algún caso tienen reclamos que les hacen no depender de únicamente una estación del año, consiguen un elevado porcentaje de sus ingresos en una determinada estación del año. En estos casos he observado un nivel bastante pobre en situaciones comunicativas habituales para ese trabajo o de un nivel simple.

Todos sabemos que los idiomas no son una de nuestras virtudes, en términos generales. Pero pienso que en este sector en concreto parece que se siga apostando, en general, por el volumen más que por la calidad y la fidelización del cliente ofreciendo de forma real (no sólo publicitaria) un servicio más completo. Aún queda mucho camino por recorrer.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

¿Quién asesora a estos deportistas?

Da igual el momento. Puede ser a mitad de una temporada, a principios de ella, entre una y otra, en una concentración de una selección,… Da igual. Cada año, cada temporada conoces a algún deportista que mete la pata en alguna declaración pública, en caso de ser profesional o famoso, o la mete en otras situaciones si es amateur.

Típico jugador de equipo, que sin ninguna necesidad en una rueda de prensa expresa su disconformidad con su situación personal sin que nadie le pregunte o casi. Aprovechan el micrófono para propagar su visión personal. Lo malo de esto es que obvia el contexto general y estas explosiones se producen en cualquier momento, sin tener presente si el grupo las puede asumir o no en ese momento. También nos lo encontramos con deportistas de deportes individuales, sobre todo si tienen un equipo detrás como puede ser en el ámbito del motor.

microphone-298587_1280

Estas situaciones no son patrimonio exclusivo de los profesionales. En el ámbito no profesional e incluso en formación te encuentras las mismas situaciones, adaptadas al deporte y a la repercusión que tenga todo el entorno en sí.

Lo común en todos estos deportistas es que la gran mayoría tienen alguien que los asesora en sus vidas, decisiones, comportamientos, etc. También es bastante común que estas explosiones hayan sido consensuadas con estos asesores (o sea que 100% respuestas impulsivas no son). Estos asesores pueden ser parejas, familia, managers, representantes o vete a saber qué en función de la persona, nivel, expectativas,…

Llegamos a la cuestión en si. ¿Qué clase de asesor (sea lo que sea además de asesor como amigo, padre, representante,…) piensa que es bueno para su deportista asesorado hacer según que declaraciones o tener según que actitudes?  ¿Qué les hace pensar que actuar de esa manera es positivo para su situación actual y/o futura? Podríamos poner aquí multitud de preguntas por el estilo.

Estos asesores no pueden ser inconscientes de lo que en general provocan y en algunos casos dudo que no sean conscientes. Demuestran egoísmo ya que les da igual la situación del equipo y las repercusiones que esto puedan tener en el grupo. Demuestran falta de respeto hacia el grupo, sea un equipo en deportes colectivos, o hacia la propia competición en algunos casos individuales. Demuestran no vivir en el presente y pensar que son los deportistas que en algún momento fueron a lo largo de su carrera o ya son los deportistas que pueden llegar a ser por el potencial que tienen. Y ligado a este último en general, demuestran un descontrol en sus expectativas y una falta de asunción del error en ellas al ver la realidad y buscar culpables.

Hay más, pero pienso que es suficiente. Igualmente, os animo a añadir más opciones para poder enriquecer el artículo.

Por suerte, conozco algún caso que después de estas salidas de tono o como lo queráis llamar, ha prescindido o cambiado de asesor (incluido algún padre o madre), pero son los que menos. En muchos casos estos actos suelen marcar, puede que no el futuro entero pero si a corto plazo, y hacerlo en negativo.

La solución no sé cuál es. Puede que un poco de reflexión desde distintos puntos de vista ayude. Y por supuesto, también ayuda que los deportistas estén mejor formados, aunque se pueden equivocar igual pero que por lo menos tengan un criterio propio. Esperemos que poco a poco estos casos se reduzcan.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

La família és la família

A la teva millor versió d’aquesta setmana vull seguir parlant d’un dels nostres tresors més grans: la família. I ho vull fer plantejant aquesta pregunta: estimem les nostres famílies amb fets concrets i determinats?

I faig aquesta pregunta perquè està clar que si ens preguntessin si estimem a les nostres famílies tots sense dubtar-ho massa diríem que sí.

Però una cosa és dir-ho i l’altre és fer-ho. Estimar la pròpia família requereix decisió i generositat. Requereix que donem el millor de nosaltres mateixos, que nos ens acostumem a tractar amb mediocritat aquells amb els que ja tenim tanta confiança.

entendimiento41-1024x682

Per això és bo que ens fem algunes preguntes que ens poden ajudar en la nostra reflexió i ens els nostres objectius personals de millora: Quin tipus de mare o pare vull ser? Què m’agradaria que diguessin de mi els meus fills? Quin tipus de germà vull ser? Què m’agradaria que diguessin de mi els meus germans? I els meus pares, què m’agradaria que diguessin de mi?

Aquestes preguntes ens les hem de fer de tant en quant per prendre consciència d’on estem i per adonar-nos si a la pràctica la família és per a nosaltres tan important com diem. I també per rectificar si ens adonem que els nostres comportaments no estan en sintonia amb els nostres valors o amb allò que voldríem ser. I això és normal que passi perquè la rutina, el cansament i les inèrcies sempre ens afecten d’una manera o altra.

Chesterton ens diu que la família és un espai físic, psicològic, moral, intel·lectual i espiritual a on l’home i la dona són lliures i per tant poden arribar a ser el que són, però també a on poden per la mateixa raó sacrificar-se i ser millors del que eren. Un lloc a on l’ésser humà pot entregar-se a l’altre sense perdre res de la seva persona o de la seva alegria. És l’únic lloc, on pots ser lliure de veritat, a on manar és obeir, regnar servir i a on es fa un goig poder patir pels altres. Quan això es viu amb aquells que són la nostra família el goig es nota només de mirar-los als ulls.

La família i els amics (que de fet són com família) són els nostres oasis personals on es posa en joc el més gran de cada persona: la nostra capacitat d’estimar. Ja ho deia el Padrino: “la família és la família…”

Podeu trobar aquesta reflexió al següent enllaç del programa Fórmula Estel de Ràdio Estel (16:15- 21:00)

Albert Valldosera

Coach

Por algún sitio habrá que empezar

Estamos en las vacaciones escolares y como siempre surgen las clásicas noticias de cada año sobre si son demasiado largas, la cara de los profesores que encima se quejan, el fracaso escolar… y todo lo que podáis pensar relacionado o no con la educación. Todas estas noticias se ponen dentro de una batidora, se trituran bien y se van dejando salir sin ton ni son para que así nos ocupe tiempo en los medios ya que ahora en verano, hay menos noticias. Utilizamos la educación como relleno. Empezamos mal.

El calendario escolar es algo muy importante o por lo menos debería serlo. Admito que es algo difícil. Pero en mi humilde opinión, principalmente es difícil por las pocas ganas que tienen gran parte de la sociedad en cambiar ciertos aspectos. Por lo general, todo cambio conlleva momentos de incertidumbre y mucha gente prefiere continuar con su vida gris y quejarse de alguna cosilla de vez en cuando pero que no le toquen su certidumbre. Aunque lo futuro pueda ser mejor… al no ser seguro… mejor me quedo con lo que conozco no vaya a ser… Todo esto aplicable a muchos aspectos de la vida pero sigo con la educación.

Imagen de Daniel Barreña

Cuando llegan las vacaciones escolares, la queja más extendida es la de quién se ocupa ahora de los niños y niñas. ¿Por qué tanto tiempo sin colegio? Es decir, partimos de la idea de que el colegio sirve para aparcar o guardar o dejar (escoged la palabra que más os guste) a los niños durante el día. A esta idea le añadimos otra clásica que es cuanto más mejor. Es decir, con más horas de clase y más días lectivos todo iría mejor. La cantidad por encima de la calidad. Las reclamaciones sobre todo esto a los colegios y a los maestros que son los que hacen el calendario… Ya nos gustaría… pero somos los últimos monos ¿lo sabían?

Se habla mucho de conciliación familiar pero ¿se hace realmente algo para mejorarla? Poco o nada. Se trata de una transición de modelo social que debe ser consensuada para que todos estemos de acuerdo. Lo escribo y no puedo evitar reírme. Si todos tenemos que estar de acuerdo no se va a hacer nunca (es un cambio y los cambios atacan a la certidumbre de las personas). Siempre que se habla de este tema, surge la pregunta: ¿por dónde empezamos? Y se acaba la discusión. Hace unos días, en una entrevista a la consellera de Ensenyament de la Generalitat de Catalunya, Meritxell Ruiz, le preguntaron sobre este tema del calendario escolar a raíz de Cantabria. Su respuesta fue clara. El sistema educativo no puede empezar. ¿Entonces quién? (como bien dice aquella canción escolar típica de autocar) Y todos se van pasando la pelota.

Muchas familias son conscientes de que la mejora de los resultados escolares de sus hijos depende mucho de la atención que tengan en casa de sus padres y madres. Lo saben perfectamente pero prefieren un horario escolar (junto con las actividades extraescolares en algún caso) que cuadre con su horario laboral o que incluso lo exceda (más cantidad…) Nosotros los maestros somos conscientes que muchos de nuestros alumnos pasan más horas despiertos con nosotros en un año (incluidas las vacaciones) que con sus padres y madres. La sociedad también lo sabe pero prefiere que todo siga igual. Es más fácil decir que los profesores tienen muchas vacaciones a decir que las jornadas laborales no son productivas porque un elevado porcentaje de personas van a fichar u otros ejemplos conocidos.

Imagen de Daniel Barreña2El calendario escolar y los horarios de clase, en general, no se crean siguiendo criterios pedagógicos. Estos criterios (que además suelen ser creados por profesionales que no han pisado un aula en su vida) son uno más de los criterios a tener en cuenta pero no es el que más peso tiene. Es como si para decidir el horario de apertura de tu negocio, en lugar de decidirlo tú en función de los criterios que consideres, te viniera impuesto por tu vecino y lo que él piense.  Aspectos así de ridículos se reproducen constantemente en nuestra sociedad. Por ejemplo, nos preocupa mucho el abandono del deporte a partir de los 16 años y sobre todo a partir de los 18, así como la poca experiencia de vida laboral con la que acaban nuestros universitarios. Por eso muchas universidades tienen horarios en los que sus alumnos, para poder llegar a todo, deben dejar el deporte o no pueden trabajar y compatibilizar las diversas actividades. Pero luego nos quejamos cuando nos llega una persona de 22-23 años que no ha trabajado en su vida y no conoce aspectos básicos o nos alarmamos de los pocos hábitos saludables que tienen. Totalmente lógico.

Primero nos quejamos de lo que no nos gusta pero una vez hecha la queja, ¿hacemos algo más? Pedimos soluciones que nos convengan pero no las promovemos de verdad, no vaya a ser que esos momentos de incertidumbre que todo cambio tiene alguien me los tire en cara. Así que finalmente, sólo cambiamos por obligación

A mí cambiar así no me gusta, así que ¿por dónde empezamos?

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5