Eternamente adolescentes

Probablemente todos somos conscientes de que la sociedad está cambiando. Hacia dónde se dirige es un tema tan amplio que necesitaría de un debate intenso y largo para no llegar a ninguna conclusión firme ya que todo dependerá, entre otras cosas, de la visión de cada uno respecto a la sociedad y a sus expectativas sobre ella.

Pero algo que sí es fácilmente observable es la presencia de cada vez más eternos adolescentes que parece que prolongan sin fin su etapa de instituto. En su mayoría se encuentran en edades comprendidas entre los 20 y 30 años, aunque también los hay con más edad. No se trata de los típicos cotillas de toda la vida. Se trata de gente que transforma  todo su entorno y todas sus relaciones, profesionales y personales, en un instituto perpetuo y todo funciona como tal.

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Eso quiere decir entre otras cosas que la diferenciación entre lo personal y lo profesional es algo prácticamente inexistente. Toda crítica o consejo ya sea por un igual o por un superior, es visto como una imposición. Cumplen a nivel profesional si existe la supervisión y entienden la flexibilidad en el trabajo como un permiso para tomarse libertades que le hagan disminuir sus responsabilidades. Una frase típica es “no era obligatoria hacerlo, ¿no?” Por lo general entienden su trabajo como una obligación y pocos se apasionan. Buscan un espacio de poder y crear un grupo para poder ir haciendo visibles sus pensamientos y su forma de actuar e incluso llegar a mirar de imponer su punto de vista ante el resto. Si el resto se resiste a someterse con argumentos sólidos, entienden que es un ataque personal y, llega la peor parte. Empiezan los cuchicheos, rumores, sonrisas falsas, secretitos…

Podría seguir poniendo más ejemplos, pero estoy convencido que con los anteriores, vuestra memoria ya os habrá traído a la mente situaciones que habéis vivido. Es una mezcla entre trabajar rodeado de adolescentes con hipoteca o alquiler y la casa de Gran Hermano o uno de sus platós.

Qué hacer ante esto es complicado. Algunas de estas personas son personas inteligentes, no tienen porqué ser personas preparadas académicamente, pero sí que son capaces de plantearse aceptar otros argumentos de forma natural e incluso replantearse los suyos propios. Cierto es, que para que algunas de estas personas den este paso se las debe alejar de la presión del grupo. Con otras poco se puede hacer y es mejor armarse de paciencia. Puede que alguna situación de sus vidas les haga replantearse sus actos pero esto no es seguro por el simple hecho de que esta forma de actuar se extiende.

Es necesaria una reflexión social ante esto y que todos los estamentos colaboren. La educación es clave y también afianzar valores sociales que promuevan otros modelos. Cada etapa tiene su inicio y su fin y no deben ni anticiparse ni alargarse. De un sosegado paso entre ellas depende que una no colonice al resto e imponga su criterio.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

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