Buscando otras alternativas

¿Cuántas conversaciones o reuniones en las que habéis participado se han convertido en auténticos campos de batalla? Ya sean personales, privadas o laborales. Da igual el tipo de conversación del que se trate. Cuando percibimos que hay algo más aparte del tema del que estamos debatiendo, sobre todo si es algo más personal, aparecen nuestros juicios. Los famosos juicios de valor que, por lo general, en estas situaciones nos activan la señal de alarma, nos descontrolan emocionalmente. ¡Nos están atacando!

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Y la conversación cambia. El tema original pierde valor, en algunos casos hasta se nos olvida ipso facto. Eso sí, el ataque lo tenemos tremendamente claro, cristalino. Ya no hay debate, conversación, reunión,… Existe un campo de batalla en el que uno gana y el otro pierde. Participar no cuenta, ahora es cara o cruz. Otras opciones no sirven para nada.

De esta forma tan sencilla y de forma rapidísima, las personas nos encontramos dentro de estas situaciones. La razón desaparece y las reacciones se suceden. Todo fluye de una forma totalmente descontrolada en la que ninguna de las partes conoce el final.

Gano-pierdes, pierdo- ganas. Ninguna otra opción pasa por nuestra cabeza. Las emociones se suceden y nos es complicado mantener una actitud de control de la situación. Los pensamientos se agolpan como auténticos torbellinos y decimos cosas sin pensarlas del todo. Imposible saber cómo finalizará.

Cierto es que existen personas que actúan o provocan estas situaciones de forma premeditada. Por lo general, son las personas que se plantean prácticamente toda conversación desde una posición de superioridad sobre el otro. Ellos o ellas ganan, en todo. Ya sea un acuerdo empresarial o en una decisión importante o se trate de quién recoge a los niños del colegio o baja la basura.

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Ante estas situaciones, forzadas o no, y ante estas personas, es tremendamente importante tener una mente abierta hacia las alternativas que genera un pensamiento win-win. Con una actitud en la que el deseo y objetivo principal es que ambas partes ganen, las acciones que cada una desarrollará irán enfocadas a lograr ese objetivo. Esto proporcionará un incremento de la seguridad que se verá reflejado en una mejora de nuestro control emocional. De esta forma, incluso al sentirnos atacados, nuestra reacción será estable. Así, podremos seguir con acciones que seguirán orientadas a realizar nuestro objetivo, pese a la otra parte.

Estas acciones ayudaran a que la conversación continúe centrada en su tema y harán que la otra parte vuelva a centrarse en lo que se debate. De no ser así, y si vemos que realmente lo que desean es ganar si o si, o accedemos o no hay trato. Pero siempre desde la consciencia y no desde la reactividad.

Lograr que una persona acostumbrada a situaciones de ganar- perder, valore una alternativa en la que ambas ganen, aunque él gane menos, no es fácil. Pero seguro que las sensaciones que tienen en una conversación en la que todas las partes desean que todas las partes ganen algo, llena humanamente más que en una conversación en la que alguien salga sintiendo herido o menospreciado. Además de otras posibles, la alternativa en la que todos ganamos no me parece mala opción.

Ganar/ganar se basa en la creencia de que existe una alternativa. No se trata de tu éxito o el mío, sino de un éxito mejor, de un camino superior.

Stephen R. Covey

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

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