¿Qué sería del deporte sin ellos?

Se trata de un deporte universal. Además se trata de uno de los deportes que se practica durante más tiempo seguido. Puede durar días, semanas e incluso en algún momento hasta meses. También se trata de un deporte que llena páginas y páginas en diarios, blogs o webs y minutos en las noticias televisivas o en incluso horas en las tertulias televisivas o radiofónicas. Vamos, que también es rentable económicamente aunque los protagonistas no sean los que reciban ese beneficio económico. El deporte en cuestión se puede llamar de diferentes formas. Algunas de ellas podrían ser: machacar al árbitro, el culpable siempre es el del silbato, el que pita que no se equivoque o que se atenga a las consecuencias, etc.

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Una de las cosas que más fácil es de observar durante los partidos del deporte que sea es esa falta de respeto hacía la persona que ejerce una función básica para poder disputar ese partido. Entrenadores, jugadores, clubes, espectadores y todos estamos implicados, también los propios árbitros. Da igual la clase de partidos que sean. Entre equipos de formación o entre equipos profesionales o semi.

No soy capaz de discernir cuál es el origen de todo esto. Aunque sí que tengo claro que la falta de educación deportiva, la falta de respeto hacia las personas y el inmovilismo de algunos estamentos y la poca capacidad de autocrítica real por los protagonistas y sus superiores, sí que son partes importantes en este problema convertido en hábito y que ya es un vicio.

La falta de respeto a la persona es un clásico. Como educador no entiendo que una sociedad conciba como “algo normal” insultar y faltar a una persona y a su familia por el simple hecho de desarrollar una actividad profesional o amateur. Se olvida muy fácilmente a la persona, mujer u hombre, que decide que su granito de arena para que un deporte se desarrolle en función de su reglamento es aplicar este lo mejor posible.

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Considero que un problema individual que tienen bastantes árbitros es su falta de autocrítica. Están habituados a que sus respectivos comités les realicen informes y a que estos en ocasiones se dediquen más en apuntar sus debilidades que en apreciar sus fortalezas. Esto provoca que lo que en ocasiones debiera ser una conversación normal y corriente entre un entrenador o jugador y un árbitro, no sea tal. Llegan con un escudo protector y autoritario que les hace perder una de las que debería ser sus fortalezas, la capacidad empática. De esta forma no participan de forma activa en la conversación y las posibles críticas constructivas, que podrían incluir o corregir en ese mismo momento en su toma de decisiones si así lo consideran, se interpretan como ataques a su capacidad. Se olvidan que como personas que son se equivocan y prefieren escudarse tras su poder a admitir un error.

Sus dirigentes por lo general no les ayudan precisamente. En algunos deportes las ayudas tecnológicas son mal vistas. En otros, su principal actividad es la de juzgar a los árbitros y no ofrecerles las suficientes opciones formativas adecuadas para su mejora. En otras ocasiones no valoran la capacidad actual del árbitro o árbitra en cuestión y lo valoran por su pasado o por su posible futuro. Esto segundo no ayuda a la formación de estos implicados. Personalmente, en cuanto a la formación arbitral se refiere, últimamente veo errores de reglamentación básicos que no deberían producirse, que además se repiten, y que pueden ser trabajados fácilmente. En esto sí que deberían ser implacables, asegurarse de una formación inicial de alta calidad. Otro aspecto a tener en cuenta es cuando se realizan cambios reglamentarios. Los dirigentes de mayor rango serán consultados pero esas normas afectan a todos y algunas de ellas en contextos formativos por ejemplo, son de difícil aplicación.

Llegamos a la falta de educación deportiva. Por desgracia existen muchas personas que no entienden que ver un partido del deporte que sea por la tele y uno de su hijo o hija de 10 años en directo el sábado por la mañana son dos situaciones distintas. Igual que insultan al de la tele, lo hacen con el que arbitra a su hijo, faltando a la persona como ya he comentado anteriormente. Pero además se olvidan de algo básico que con un poco de cultura deportiva sabrían. Cuando un deporte tiene árbitro es porque para la aplicación de su reglamento es lo que se considera mejor. Es más, en muchos casos sin árbitro no se podría practicar ese deporte.

arda-tira-botaNo negaré que como entrenador he tenido mis diferencias con algunos árbitros aunque por lo general me suelo llevar bien con ellos. Recuerdo hace años que en un partido como visitante, un árbitro conocido mío paró el partido y estuvo a punto de irse por la actuación de los padres de ambos equipos. Hablamos ambos entrenadores con él, yo hablé con los padres de mis jugadores, el otro entrenador no, y el partido continuó con alguna queja excesiva de algún familiar local y finalmente concluyó. Ese día mis jugadores comprendieron la indefensión que viven muchos árbitros cada fin de semana. Algunos no lo olvidaron, otro sí.

Ese día decidí incorporar una frase que me acompaña en mis funciones de entrenador y que suelo decirles a mis jugadores: el árbitro es la única persona imprescindible para poder jugar un partido. Algo que todos deberíamos tener en cuenta y no olvidar jamás, siempre y cuando de verdad queramos un deporte de nivel, competitivo, formativo y con valores.

Daniel Barreña

Coach deportivo y educativo

@dbarresi5

 

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