La hora de la verdad

Ya está. Ya pasó. Una vez se acaba la Semana Santa, todo el implicado en proyectos que se acaban o evalúan en mayo/junio tiene claro que encara la recta final.

Lo que pase ahora puede marcar el futuro de muchos. Algunos, en relojfunción de lo que hagan, pueden tener la opción de cambiar todo lo que han hecho hasta ahora en el curso, año o temporada y conseguir el objetivo marcado. Otros no podrán. Si hasta este momento no han dado la cara y no han conseguido situarse en una posición mínima que le siga permitiendo conseguir su éxito, por más que estos dos meses consigan resultados excepcionales, estos se verán marcados por todo lo anterior. Si esto pasa y la persona quiere, no será un esfuerzo en vano, se producirá un aprendizaje de gran valor para futuros retos.

Los estudiantes se encuentran ante el final del curso que realicen. Sobre todo los que concluyen una etapa y ante todo los que terminan una etapa socialmente mediática. No es lo mismo acabar primaria que acabar el bachillerato. En una como mucho te preguntarán a qué instituto vas a ir y en la otra qué piensas hacer con tu vida ahora. Preguntas un poco diferentes.

En estos dos casos y en los otros posibles, ahora concluye un tiempo invertido y se verán unos resultados. No es una palabra que me guste utilizar en educación, principalmente porqué se tiende a pensar que los resultados son inmutables y se les otorga un poder que no tienen, se interpretan erróneamente.

Los deportistas, no los que prácticamente comienzan la temporada ahora, se encuentran en la misma situación. Las ligas colectivas están llegando a su fin. Los objetivos marcados en pretemporada por muchos pueden estar muy lejos (se supone que este caso se habrán redefinido) o ser aún posibles. El trabajo realizado hasta ahora, como siempre, hará más factible o menos que se hagan realidad.

Estudiantes, deportistas, empresarios y/o empresas que también se marcan objetivos para cumplir antes del verano (algo lógico por la estructura social en la que nos encontramos) todos, con sus variables, se encuentran en la misma situación.

Hayas hecho las cosas bien hasta ahora o las hayas hecho algo peor, se avecinan días de estrés, angustia, tensión, incertidumbre, nervios,… Y más si todo esto se interpreta como una amenaza.

Muchas veces nos olvidamos de que pase lo que pase, la vida sigue luego. Pase lo que pase tendré nuevos proyectos en julio/agosto/septiembre. Esa amenaza se hace más grande y nos impide ver más allá del horizonte.

Tal y como este ahora, ya no puedo cambiarlo. Si que puedo actuar en lo que haga de ahora en adelante y dependa de mi. Pues vamos allá. ¿Para qué perder el tiempo en si hubiera estudiado 1258234785694para aquel examen, si hubiéramos defendido en zona en aquel partido, si hubiese tirado aquel penalti de otra manera, si hubiera cambiado los términos del contrato con aquel cliente? O al contrario, alargando una situación de éxito en lugar de trabajar para volverla a repetir: ¡qué bien hice aquel trabajo! ¡Menos mal que hicimos aquella jugada y ganamos! ¡Cómo rematé aquel centro! ¡Qué gran cliente he conseguido!

Una vez reflexionado sobre esos aspectos y extraídas las conclusiones que me permitan una mejora en ambos casos, no vale la pena invertir más tiempo en ellos sin que haya una acción de mejora o cambio que los apoye. Esta pérdida de tiempo en un análisis poco productivo se da prácticamente siempre pero más en situaciones donde vemos un final.

Enfocar la situación como un final tampoco ayuda. Es cierto que en muchos casos lo es. Pero no es un punto y final, en algunos ni siquiera es un punto y aparte. Como he dicho antes, siempre que la persona quiera, se producirá un aprendizaje (a veces incluso sin querer) que podremos aplicar en situaciones futuras porqué habrá situaciones y proyectos futuros. Un final que me proporcionará un nuevo inicio. Por lo menos a mí me gusta más.

Esta recta final, esta hora de la verdad que la mayoría de nosotros encaramos ahora más que una amenaza es un reto, nuevo o no. Todo reto tiene sus riesgos es cierto. ¿Cuántas cosas en la vida no tienen riesgos? Pues, ¡a por ellos!

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